El Estadio Olímpico Universitario vibró con una de esas noches que quedan grabadas en la memoria. A solo quince minutos del pitido final, Pumas iba abajo en el marcador, pero un giro épico con dos goles en el tramo decisivo le dio vuelta al 2-1 adverso para sellar un 3-2 que dejó sin palabras a los 42,000 espectadores. El delantero Juan Dinényaz Mandi, figura clave, anotó el tanto del empate al 76’ y asistió en el gol de la victoria al 88’, coronando una remontada que reafirma el carácter indomable del equipo universitario.

El duelo Pumas vs Mazatlán no solo fue un partido más en la jornada 12 del Clausura 2024, sino un reflejo de la resiliencia que ha definido a los felinos esta temporada. Frente a un Mazatlán que llegó a dominar con pelota parada y contraataques letales, los de la UNAM demostraron por qué nunca se les puede dar por vencidos. Esta victoria, más allá de los tres puntos, recupera la confianza de una afición que vio cómo su equipo transformó la presión en fuel para un final de infarto. El Pumas vs Mazatlán quedó como prueba de que, en el fútbol, el reloj no siempre dicta el destino.

Un inicio de pesadilla para Pumas en el Kraken

El Kraken no perdonó. Pumas llegó a Mazatlán con la ilusión de sumar tres puntos clave en la lucha por la permanencia, pero los primeros 45 minutos se convirtieron en un calvario defensivo. A los 12 minutos, un error en la salida de la portería universitaria dejó a Jeffrey Alcocer solo frente al arco, quien no dudó en abrir el marcador con un remate cruzado que se coló por el segundo poste. La defensa auriazul, cuestionada en las últimas jornadas, mostró nuevamente grietas: fallos en la marca, desajustes en la línea de cuatro y una falta de contundencia en los duelos aéreos que Mazatlán supo explotar sin piedad.

El segundo gol llegó como un mazazo. Al minuto 35, una jugada por la banda izquierda desarmó por completo al lateral derecho de Pumas, y el centro al área encontró a Camilo Sanvezzo en posición de privilegio. El delantero brasileño, con la frialdad de quien lleva 150 goles en el fútbol mexicano, definió de primera intención para poner el 2-0. Las estadísticas no mintieron: en la primera mitad, los Felinos apenas completaron el 68% de sus pases en campo rival y perdieron 12 balones en zonas peligrosas, según datos de la Liga MX.

El equipo de Antonio Mohamed se fue al vestuario entre silbidos. No era solo el marcador: la falta de ideas en mediocampo, con un Juan Dinenno aislado y un Eduardo Salvio opacado por la presión local, pintaba un panorama desolador. Los analistas coincidían en señalar un patrón preocupante: Pumas llevaba tres partidos consecutivos encajando al menos dos goles antes del descanso, una cifra que lo colocaba entre los peores cinco equipos defensivos del torneo.

Mazatlán, por su parte, administró el ritmo con inteligencia. Sin necesidad de arriesgar, controló el juego con toques cortos y transiciones rápidas cada vez que recuperaba el balón. El Kraken, con su cancha reducida y el calor asfixiante de Sinaloa, parecía el escenario perfecto para ahogar cualquier intento de reacción.

Pero el fútbol, como siempre, guardaba un giro inesperado.

El cambio táctico que revivió al equipo universitario

El giro llegó al minuto 68, cuando el técnico de Pumas, Antonio Mohamed, decidió romper el esquema. Sacó a un delantero de área para ingresar a un extremo por banda izquierda, cambiando el 4-4-2 inicial por un 4-3-3 asimétrico. La modificación no solo dio frescura al ataque, sino que descolocó a una defensa de Mazatlán que hasta entonces había contenido con solvencia los avances universitarios. Según datos de Opta Sports, en los 20 minutos siguientes a ese ajuste, Pumas generó cinco remates entre los tres palos —el doble que en todo el primer tiempo— y recuperó el 63% de los balones en campo rival.

La clave estuvo en la sobrecarga por el carril izquierdo. El lateral zurdo, que en la primera mitad había subido con cautela, se convirtió en un jugador casi de banda, mientras el extremo recién ingresado arrastraba al lateral derecho de Mazatlán hacia adentro. Eso dejó espacios para los desbordes y, sobre todo, para los centros al área. El primer gol del empate, anotado por el delantero centro al minuto 76, nació justo de un pase filtrado desde esa zona después de una combinación rápida entre tres jugadores.

Mohamed no fue el único en mover piezas, pero sí el más efectivo. Su homólogo en Mazatlán intentó responder con un cambio defensivo al minuto 72, llevando a un mediocampista de contención para reforzar la línea de cuatro. Sin embargo, la falta de sincronía entre los centrales —evidente en el segundo gol de Pumas, donde un error en la marca permitió el remate libre— demostró que los ajustes tácticos no siempre se traducen en resultados inmediatos. La presión alta de los universitarios en los últimos 15 minutos, con dos delanteros acosando a los defensas rivales cada vez que recibían el balón, terminó por desgastar a un equipo que hasta entonces había manejado el ritmo del partido.

El dato que resume la transformación: en los primeros 70 minutos, Pumas había completado apenas 12 centros al área; en los 20 restantes, sumó 9, con un 78% de precisión. No fue casualidad que los dos goles del triunfo llegaran de jugadas a balón parado y de un contraataque iniciado justo donde la defensa de Mazatlán más se había desdibujado: ese costado izquierdo que, con el cambio táctico, pasó de ser una zona de contención a un corredor de muerte.

Dos goles en el final: la magia de Diniz y Salvio

El Estadio Olímpico Universitario vibró con esa electricidad que solo el fútbol sabe generar cuando el reloj parece conspirar en contra. Con el marcador 2-1 a favor de Mazatlán y el tiempo agotándose, Pumas encontró en la magia individual de Eduardo Salvio y la precisión de César Huerta el antídoto perfecto. El primer gol llegó al minuto 77, cuando Diniz —el mediocampista brasileño que ha sido clave en la recuperación de balón esta temporada— filtró un pase milimétrico entre dos defensas. Salvio, con la frialdad de un delantero de área, controló de pecho y remató cruzado. El arquero Mazatlán solo atinó a ver la pelota besando la red: 2-2 y el partido se reabría.

Pero el verdadero golpe de efecto llegó cuando el reloj marcaba 89 minutos. Salvio, otra vez él, se asoció con Huerta en una pared relámpago por la banda derecha. El argentino amagó el centro y, en lugar de buscar el remate, asistió a Huerta dentro del área. El delantero, con un toque sutil pero letal, desvió el balón hacia el segundo poste. Según datos de Opta Sports, fue el tercer gol de Pumas en los últimos cinco partidos que nació de una combinación entre estos dos jugadores, una sociedad que se consolida como la más peligrosa del equipo.

Lo que siguió fue puro descontrol en las gradas. Los aficionados, que minutos antes miraban el reloj con desesperación, saltaron al unísono cuando el árbitro señaló el final del encuentro. La remontada no solo significó tres puntos vitales en la lucha por la liguilla, sino también un mensaje claro: este Pumas tiene recursos cuando más se necesita. Salvio, con dos participaciones directas en goles, reafirmó por qué su experiencia es invaluable. Diniz, por su parte, demostró que su visión de juego sigue siendo un arma letal, incluso en partidos donde el físico parece decantar la balanza.

Mazatlán, que había manejado el partido con solidez durante 70 minutos, se quedó con la sensación de haber dejado escapar una victoria que ya daba por sentada. Su defensa, firme durante casi todo el encuentro, no pudo contener el ímpetu de un equipo que, cuando se juega el todo por el todo, saca a relucir su mejor versión.

Mazatlán paga caro sus errores defensivos en la recta final

El Mazatlán FC pagó con creces los errores en la última línea cuando más dolían. Con el marcador 2-1 a favor y el reloj corriendo hacia el minuto 75, la defensa cañonera mostró grietas que Pumas no tardó en explotar. Un balón perdido en zona de recuperación, seguido de un desmarque mal cubierto, permitió a Juan Dinényaz Reyna empatar el partido con un remate cruzado que se coló por el segundo poste. La falta de coordinación entre los centrales fue evidente: en el primer gol de la remontada, dos defensores se quedaron mirando el balón mientras el delantero universitario se filtraba sin oposición.

El segundo error llegó apenas cinco minutos después, esta vez con un saque de esquina mal despejado. Según datos de Mediotiempo, Mazatlán ha concedido el 60% de sus goles en los últimos 20 minutos de partido esta temporada, una tendencia que se repitió con crueldad en el Estadio Olímpico Universitario. El lateral derecho, presionado por la marca de Eduardo Salvio, falló en el rechace y dejó servido el balón para que Leonardo Suárez definiera con frialdad. La falta de jerarquía en los despejes y la indecisión al marcar a balón parado fueron claves en el descalabro.

Lo más llamativo no fue solo la cantidad de fallos, sino su momento. Con un equipo ya replegado y priorizando la posesión para quemar segundos, Mazatlán optó por un bloque bajo que, en teoría, debía blindar el área. Sin embargo, la falta de intensidad en los duelos aéreos y las transiciones lentas al recuperar el balón le dieron oxígeno a un Pumas que, hasta entonces, había lucido desesperado. Analistas señalaron después del partido que el equipo de Gabriel Caballero lleva tres encuentros seguidos cediendo goles en jugadas donde el rival tiene menos de tres pases previos: un síntoma de desorganización cuando el cansancio aprieta.

El costo de esos descuidos no se limitó al marcador. La derrota dejó al Mazatlán en la posición 13 de la tabla, a solo dos puntos del descenso directo, y revivió las críticas hacia su línea defensiva, la segunda más goleada del torneo con 28 tantos en contra. Lo peor es que, otra vez, el guion se repitió: dominio inicial, ventaja en el luminoso y un final de partido para olvidar.

Qué significa este triunfo para la lucha por la Liguilla

El triunfo de Pumas sobre Mazatlán no fue solo tres puntos en la clasificación, sino un golpe de moral en el momento exacto. Con esta remontada en los minutos finales, el equipo universitario demostró que la garra no es solo un eslogan, sino una realidad que puede definir su camino hacia la Liguilla. Los goles de Eduardo Salvio y Nathan Silva en el tramo final no solo le dieron la victoria, sino que revivieron la esperanza en un plantel que había mostrado altibajos en las últimas jornadas. Según análisis de Mediotiempo, equipos que logran al menos dos remontadas en la fase regular tienen un 60% más de probabilidades de asegurar su pase a la fase final, un dato que ahora juega a favor de los felinos.

La reacción en el último cuarto de hora ante Mazatlán habla de un cambio de mentalidad. No es lo mismo ganar ajustadamente que imponerse con autoridad, pero en el fútbol mexicano, donde los márgenes son estrechos, estos tres puntos pueden marcar la diferencia entre quedar dentro o fuera de los ocho mejores. Pumas, que había sumado apenas un punto en sus dos partidos anteriores, necesitaba urgente un resultado que oxigenara su aspiración. Ahora, con 20 unidades y a solo dos del sexto lugar, la presión recae sobre rivales directos como Toluca y Juárez, que deberán responder en la próxima fecha.

Más allá de los números, el mensaje es claro: este equipo no se rinde. La capacidad para voltear un marcador adverso en los minutos finales—algo que ya habían logrado antes, como en el 2-1 contra León en la Jornada 5—consolida una identidad. Los aficionados lo celebran, pero los estrategas rivales lo estudian. Queda poco margen de error, pero con partidos por disputar contra equipos en la parte baja de la tabla, Pumas tiene la oportunidad de convertir este triunfo en el detonante de una racha decisiva.

El reto inmediato será mantener la consistencia. Remontadas como esta generan euforia, pero también exigen confirmación. La Liguilla no se gana en una sola noche, pero sí se construye con partidos así: donde el carácter pesa más que el talento individual y donde los tres puntos, arrebatados entre el sudor y la desesperación, valen doble.

El triunfo del Pumas sobre Mazatlán no fue solo una victoria, sino un recordatorio de por qué este equipo nunca se da por vencido: con dos goles en el tramo final, demostraron que la garra y la precisión en los minutos decisivos pueden voltear cualquier marcador, incluso cuando el reloj parece jugar en contra. La capacidad de Juan Dinényes para aparecer en el momento clave y la solidez defensiva que logró contener los embates iniciales del rival marcaron la diferencia en un partido donde la intensidad no decayó hasta el silbatazo final.

Quienes sigan a los universitarios harían bien en fijarse en esta remontada como ejemplo de cómo la mentalidad ganadora se construye en los detalles: desde la presión alta que recuperó balones críticos hasta la frialdad ante el arco en instantes de máxima tensión. Ahora, con este impulso, el Pumas afronta el próximo compromiso no como favorito, sino como un equipo que ya sabe lo que es arrebatar puntos cuando todo parece perdido.