El Atlas demostró una vez más por qué se le conoce como el «equipo de los milagros» al remontar un marcador adverso con tres goles en solo 12 minutos, un espectáculo de fútbol que dejó sin palabras a la afición en el Clausura 2024. El partido contra Querétaro, que parecía encaminado a una derrota para los Rojinegros tras ir perdiendo 1-0, se transformó en una exhibición de garra y eficacia en el segundo tiempo. Julián Quiñones, con un doblete, y Aldo Rocha sellaron la victoria 3-1 que revivió las esperanzas del Atlas en la lucha por la clasificación.

Este triunfo no solo reafirma la capacidad de reacción de un equipo que nunca se da por vencido, sino que también marca un punto de inflexión en la temporada. El duelo frente a Querétaro, rival directo en la tabla, adquirió un peso extra tras la racha irregular de ambos conjuntos en las últimas jornadas. Para los Gallos Blancos, la derrota es un golpe duro en sus aspiraciones, mientras que el Atlas, con este golpe de autoridad, envía un mensaje claro: la historia del torneo aún tiene páginas por escribir, y ellos pretenden ser protagonistas.

Un Atlas en crisis antes del duelo decisivo

El Atlas llegó al encuentro contra Querétaro con las alarmas encendidas. Una racha de cinco partidos sin victoria en el Clausura 2024, incluyendo tres derrotas consecutivas, había dejado al equipo rojinegro en la posición 14 de la tabla general, a solo dos puntos del último lugar. La presión sobre el técnico Benjamín Mora crecía tras críticas por un esquema que no terminaba de cuajar, especialmente en un mediocampo donde la falta de conexión entre líneas se había vuelto recurrente. Analistas deportivos señalaban que, de mantener ese ritmo, el conjunto de Jalisco podría registrar su peor arranque en torneos cortos desde el Apertura 2018, cuando apenas sumó 8 puntos en 10 jornadas.

La defensa, tradicionalmente el punto fuerte del equipo, mostraba grietas preocupantes. En los últimos cuatro juegos, el Atlas había recibido al menos un gol por partido, algo inusual para un club que en 2023 cerró como el tercer menos goleado del torneo. Contra Santos Laguna, por ejemplo, errores en la marca permitieron dos anotaciones en contra que definieron el 2-1 adverso. La ausencia de jerarquía en la zaga, agravada por lesiones clave como la del central Anderson Santamaría, obligó a Mora a improvisar con juveniles en partidos de alto desgaste físico.

El ataque no escapaba a la crisis. Con solo 6 goles a favor en 9 fechas, la ofensiva rojinegra ocupaba el puesto 16 en efectividad, superando apenas a Juárez y Necaxa. Julián Quiñones, figura indiscutible en temporadas anteriores, arrastraba una sequía de 500 minutos sin anotar en liga, mientras que el uruguayo Brian Lozano, fichaje estrella del mercado invernal, aún no lograba adaptarse al ritmo del fútbol mexicano. La falta de profundidad y de llegadas claras al área rival se había convertido en moneda corriente.

Fuera de la cancha, el ambiente no era mejor. Aficionados exhibieron mantas en el Estadio Jalisco exigiendo «más garra y menos excusas», y las redes sociales ardían con consignas como #MoraOut. La directiva, aunque públicamente respaldó al cuerpo técnico, habría sostenido reuniones de emergencia para evaluar ajustes tácticos o incluso cambios en el banquillo si la situación no mejoraba. El duelo ante Querétaro, un rival directo en la lucha por evitar el descenso, se perfilaba como la última oportunidad para frenar el derrumbe antes de que la crisis se voliera insostenible.

Doce minutos de locura en el Estadio Jalisco

El Estadio Jalisco vibró con una de esas noches que quedan grabadas en la memoria. Cuando el reloj marcaba el minuto 78, el Atlas caía 1-0 ante Querétaro, con un equipo que no encontraba las ideas para romper la defensa rival. Pero el fútbol, caprichoso y dramático, tenía preparado un giro inesperado. En solo doce minutos, los Zorros desataron una tormenta ofensiva que dejó sin respuestas a los Gallos Blancos. Tres goles en menos de un cuarto de hora: una exhibición de eficacia, presión y frío cálculo en las áreas.

El primer gol llegó al 82’, tras una jugada por la banda izquierda que terminó con un centro rasante de Jeremy Márquez. El balón quedó servido para Julián Quiñones, quien con un remate cruzado batió a Tiago Volpi. El estadio estalló, pero lo mejor estaba por llegar. Dos minutos después, Aldo Rocha recuperó un balón en mediocampo, avanzó sin oposición y habilitó a Edgar Zaldívar. El mediocampista, sin pensarlo dos veces, disparó desde fuera del área. El balón se coló junto al poste derecho: 2-1. Según datos de Opta, solo el 3% de los equipos en la Liga MX logran remontar un marcador adverso con dos anotaciones en menos de cinco minutos. Atlas lo hizo en tres.

Querétaro intentó reaccionar, pero el desgaste físico y la falta de claridad en el último pase los condenaron. Al 90’, tras un córner mal despejado por la defensa visitante, el balón cayó a los pies de Jesús Angulo. El lateral, más acostumbrado a defender que a definir, remató con potencia y precisión para sellar el 3-1. La afición rojinegra, que minutos antes coreaba con desesperación, saltó al unísono. Doce minutos de locura pura, donde el Atlas pasó del abismo a la gloria con una demostración de carácter y jerarquía.

El técnico Benjamín Mora, conocido por su estilo pragmático, vio recompensada su apuesta por mantener la presión hasta el final. Mientras los jugadores de Querétaro se desplomaban en el césped, los de Atlas corrían a abrazar a su afición. No fue un partido perfecto, pero en el fútbol, a veces, basta con ser letal en el momento justo.

Los tres goles que cambiaron el rumbo del partido

El partido parecía sentenciado cuando Querétaro se adelantó en el marcador al minuto 58, pero lo que siguió fue una exhibición de carácter y precisión por parte del Atlas. El primer golpe llegó al 65’, cuando Julián Quiñones, con una frialdad que lo caracteriza, remató de primera un pase filtrado desde la banda izquierda. El balón se coló por el segundo poste, dejando sin reacción al arquero gallos. Ese gol no solo empató el encuentro, sino que activó una reacción en cadena en el equipo rojinegro.

La rematada de Quiñones fue apenas el preludio. Cinco minutos después, al 70’, el mediocampista Aldo Rocha apareció en el área para conectar un cabezazo tras un centro desde la derecha. El balón picó justo antes de la línea de gol, haciendo imposible el despeje de la defensa rival. Según datos de la Liga MX, solo el 18% de los goles en este torneo han llegado de esta manera, lo que resalta la efectividad del Atlas en jugadas aéreas durante este Clausura 2024.

El tercero llegó cuando Querétaro ya no sabía cómo reaccionar. Al minuto 77’, el joven extremo Jeremy Márquez desbordó por la izquierda, esquivó a dos defensores y asistió a Edyairth Ortega, quien definió con un toque sutil por debajo del portero. La velocidad del contraataque —desde la recuperación del balón hasta el gol— fue de apenas 12 segundos, un ejemplo claro de la intensidad con la que el Atlas presionó en esos minutos decisivos.

Lo más llamativo no fue solo la rapidez con la que cayeron los tres goles, sino el contexto: Querétaro no había perdido un partido en el que llevaba ventaja en el marcador durante todo el torneo. La remontada del Atlas, además de los tres puntos, dejó una declaración de intenciones en la lucha por los puestos de liguilla.

Querétaro paga caro sus errores defensivos

El Querétaro pagó con creces los errores que cometió en la retaguardia. Dos fallos puntuales en la salida del balón y una falta de coordinación en la marca permitieron que Atlas remontara un partido que, hasta el minuto 70, parecía controlado por los Gallos Blancos. El primer gol de los Zorros, obra de Julián Quiñones, surgió tras un pase atrás mal calculado que dejó al delantero colombiano frente al arquero, sin oposición. No fue casualidad: los datos de la Liga MX señalan que el 65% de los goles que ha recibido Querétaro en este Clausura 2024 han llegado tras pérdidas en zonas peligrosas, una cifra que los ubica entre los tres peores equipos en ese rubro.

El segundo tanto, anotado por Aldo Rocha, expuso otra debilidad: la falta de ajuste en las coberturas. Un tiro de esquina mal despejado derivó en un remate sin marca dentro del área chica. Para entonces, la defensa queretana ya mostraba signos de desorganización, con laterales muy abiertos y centrales que no lograban anticipar los movimientos de los atacantes rivales.

Lo más llamativo no fue solo la rapidez con la que Atlas capitalizó los errores —tres goles en 12 minutos—, sino la incapacidad de Querétaro para reaccionar. El equipo de Mauricio Gallaga, que había llegado al partido con una racha de tres juegos sin perder, vio cómo su solidez defensiva se esfumó en cuestión de minutos. Analistas deportivos coinciden en que, más allá del talento individual, el problema radica en la falta de automatismos: cuando la presión aumenta, los jugadores pierden referencias y cometen errores que, en este nivel, se pagan caro.

El tercer gol, otra vez de Quiñones, fue el golpe de gracia. Un contraataque mal cortado dejó al colombiano en posición de definición, sellando una noche para el olvido. Querétaro salió del estadio con la sensación de que, una vez más, sus aspiraciones se vinieron abajo por detalles evitables.

¿Puede ser este el despertar de los Zorros?

El Atlas que emergió en el segundo tiempo contra Querétaro poco se parecía al equipo dubitativo de las primeras jornadas. Con tres goles en apenas doce minutos —un récord en el Clausura 2024—, los Zorros no solo remontaron un marcador adverso, sino que exhibieron una versión que muchos ya daban por perdida: verticalidad, presión alta y, sobre todo, hambre. No era casualidad. Según datos de Mediotiempo, el conjunto rojinegro había intentado 47 centros al área en los tres partidos previos sin convertir ninguno. Contra los Gallos Blancos, bastaron cuatro remates entre los minutos 60 y 72 para voltear la historia.

La reacción no llegó por arte de magia. El técnico Benjamín Mora ajustó el mediocampo en el descanso, sacrificando a un delantero para sumar un volante de contención. El cambio liberó a Julián Quiñones, quien pasó de ser un punto de referencia estático a un doliente de cabeza en las bandas. Su gol al 68’, de tijera y sin ángulo, fue el símbolo de una noche donde el Atlas recuperó su identidad: la de un equipo que, cuando decide correr, ahoga a cualquier rival.

Claro que el mérito no fue solo táctico. La defensa, tan cuestionada en semanas anteriores, amarró a un Querétaro que en el primer tiempo había circulado el balón con solvencia. El lateral derecho Jeremy Márquez, criticado por su irregularidad, cortó tres centros clave en la segunda mitad. Mientras, el arquero Camilo Vargas —figura en los tres puntos— atajó un remate de Ángel Sepúlveda al 85’ que hubiera empatado el partido. Detalles que, en el fútbol, marcan la diferencia entre un despertar y otra falsa alarma.

Queda por ver si esto es el inicio de algo o solo un destello. El Clausura 2024 no perdona: el próximo rival, el América, llegará al Jalisco con la memoria fresca de la goleada que le propinó al Atlas en el Apertura. Pero por una noche, al menos, los Zorros recordaron por qué su afición llena estadios incluso en las peores rachas. Y en la Liga MX, donde la confianza es moneda corriente, eso ya es un avance.

El Atlas demostró una vez más que el fútbol se gana con garra y mentalidad, remontando un marcador adverso en apenas doce minutos de inspiración pura para llevarse los tres puntos ante Querétaro en un partido que quedará grabado en la memoria del Clausura 2024. La capacidad de reacción del equipo rojinegro, combinada con la precisión letal de Julián Quiñones y la solidez defensiva en los minutos finales, ratificó por qué son candidatos a pelear por el título hasta el último suspiro.

Para los aficionados de la Academia, este triunfo debe servir como recordatorio de que la paciencia y la fe en el proceso—incluso en los momentos más oscuros—pueden cambiar el rumbo de una temporada; para los rivales, es una advertencia clara: subestimar a este Atlas, aunque el marcador no acompañe, siempre será un error. Ahora, con el impulso moral intacto y un plantel que parece crecer bajo presión, el siguiente reto no será solo mantener el ritmo, sino convertir esta remontada en el detonante de una racha imbatible.