El aumento del 12% en las tarifas del Metro de la Ciudad de México desencadenó una de las movilizaciones más masivas de los últimos años. Miles de manifestantes colapsaron el Centro Histórico, con la Calle 5 de Mayo convertida en epicentro de consignas y bloqueos que paralizaron el tránsito por más de seis horas. La medida, anunciada sin consulta pública, encendió la mecha de un descontento acumulado: usuarios reportan que el alza—que eleva el pasaje de 5 a 6 pesos—golpea especialmente a trabajadores informales y estudiantes, quienes dependen del sistema para desplazarse diariamente.

La Calle 5 de Mayo, arteria clave entre el Zócalo y la Alameda Central, se tiñó de mantas y pintas mientras comerciantes bajaban sus cortinas metálicas ante el riesgo de saqueos. El conflicto trasciende lo económico: refleja la frustración por un servicio con fallas crónicas—vagones saturados, retrasos y estaciones en mal estado—que ahora cuesta más. Para muchos, el incremento es la gota que derramó el vaso en una ciudad donde el transporte público ya consumía hasta el 20% del ingreso de familias en colonias periféricas.

El histórico corredor comercial que ahora hierve de indignación

El histórico corredor comercial que ahora hierve de indignación

La Calle 5 de Mayo, testigo de siglos de comercio y tradición en el Centro Histórico, se convirtió ayer en el epicentro de la furia ciudadana. Lo que alguna vez fue la ruta obligada para quienes buscaban desde telas finas hasta dulces típicos, ahora resonaba con consignas y el golpe seco de miles de pies sobre el adoquín. El aumento del 12% en las tarifas del Metro no solo golpeó el bolsillo, sino que revivió el hartazgo acumulado por años de promesas incumplidas en movilidad.

Historiadores urbanos señalan que este corredor, trazado en el siglo XVI sobre lo que fue el canal de Tenochtitlán, siempre ha sido un termómetro social. En 1968, sus banquetas vieron pasar manifestaciones estudiantiles; en 1985, se llenó de brigadas tras el sismo. Ahora, según datos del Colegio de México, el 68% de los comercios locales reportaron pérdidas durante las protestas, con cierres anticipados y clientes ahuyentados por los gases lacrimógenos.

Entre los puestos de café de olla y las joyerías centenarias, los carteles con leyendas como «No es aumento, es abuso» contrastaban con los letreros descoloridos de negocios familiares. Algunos comerciantes, como los dueños de la nunca cerrada Dulcería de Celaya, optaron por bajar sus cortinas metálicas antes del mediodía. Otros, en cambio, repartieron agua a los manifestantes.

El símbolo más elocuente apareció frente al Palacio de Minería: una piñata rota con la forma del logotipo del Metro, colgada de un farol. No era casualidad. Este tramo de la calle, donde el metro Allende descarga a 42,000 pasajeros diarios según cifras oficiales, se ha vuelto el escenario perfecto para visibilizar cómo un ajuste tarifario detona el descontento de quienes dependen del transporte público para sobrevivir.

Comercios bajan cortinas y pierden millones en un solo día

Comercios bajan cortinas y pierden millones en un solo día

Las persianas de metal bajaron una por una. Antes del mediodía, el 87% de los comercios en la Calle 5 de Mayo había cerrado sus puertas, según datos de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) en la Ciudad de México. No fue decisión propia: la marea humana que inundó la avenida desde el Zócalo hasta Eje Central obligó a los dueños a resguardar sus mercancías. Entre los tenderetes de souvenirs y las joyerías centenarias, el silencio reemplazó al bullicio habitual de turistas y oficinistas.

El golpe económico fue inmediato. Solo en ventas perdidas, los negociantes calculan pérdidas superiores a los 15 millones de pesos en un día. Los restaurantes de la zona, que dependen del flujo constante de clientes, cancelaron reservas y tiraron alimentos perecederos. Un puesto de elotes cerca de la estación Allende dejó de vender sus 300 unidades diarias; el dueño, con tres décadas en el mismo lugar, nunca había visto algo igual.

Analistas en comercio minorista señalan que el cierre forzado no solo afecta el ingreso del día, sino la cadena de pagos: proveedores, empleados por hora y hasta los repartidores que surten la zona quedaron en suspenso. La calle, que genera cerca del 3% del movimiento comercial del Centro Histórico, tardará al menos una semana en recuperarse.

Mientras las protestas avanzaban, algunos comerciantes intentaron negociar con los manifestantes. Otros, resignados, observaban desde las azoteas cómo los letreros de «Cerrado por manifestación» se multiplicaban. El costo de reabrir, cuando todo termine, incluirá vidrios rotos y mercancía dañada.

¿Qué sigue para el Centro Histórico tras el caos en el transporte?

¿Qué sigue para el Centro Histórico tras el caos en el transporte?

El caos en el Centro Histórico no termina con la dispersión de las protestas. La Calle 5 de Mayo, eje comercial y turístico clave, enfrenta ahora el reto de recuperar su ritmo habitual tras horas de bloqueos y enfrentamientos. Según datos de la Cámara de Comercio de la Ciudad de México, el 68% de los negocios en la zona reportaron pérdidas inmediatas durante cierres viales similares en 2023, una cifra que podría repetirse si no se garantiza estabilidad en el transporte público.

Las autoridades capitalinas ya anunciaron un operativo de limpieza y vigilancia reforzada para las próximas 48 horas. Sin embargo, el verdadero desafío será restaurar la confianza de los usuarios del Metro, especialmente en estaciones como Allende y Zócalo, donde el aumento de tarifa del 12% generó mayor rechazo.

Expertos en movilidad urbana advierten que, sin un diálogo claro entre el gobierno y los organizadores de las protestas, el Centro Histórico podría convertirse en un escenario recurrente de tensiones. La solución, señalan, no está solo en el despliegue policial, sino en mesas de negociación que aborden el impacto social de los ajustes tarifarios.

Mientras tanto, los comerciantes improvisan: desde tenderos hasta dueños de restaurantes ya ajustan horarios y promociones para compensar las ventas perdidas. Algunos incluso evalúan demandar al gobierno por daños económicos, una medida extrema que refleja la urgencia de la situación.

El cierre de la Calle 5 de Mayo por las protestas masivas dejó claro que el aumento del 12% en los pasajes del Metro no es solo un ajuste tarifario, sino un detonante de un malestar acumulado por años: transporte público ineficiente, falta de alternativas accesibles y una ciudad donde moverse se vuelve cada vez más caro. La respuesta ciudadana, espontánea y contundente, demostró que la paciencia tiene límites cuando los bolsillos se resienten y las promesas de mejora brillan por su ausencia. Mientras las autoridades evalúan los siguientes pasos, los usuarios podrían organizar redes de movilidad solidaria o exigir auditar los fondos del Metro para garantizar que cada peso del aumento se traduzca en trenes más frecuentes, estaciones seguras y tarifa diferenciada para quienes más lo necesitan. La calle volverá a abrirse, pero el reclamo ya está en la mesa: el derecho a la ciudad no se negocia con alzas, sino con soluciones.