El silbato final del Estadio Hidalgo selló otra página dorada en la historia del fútbol femenino mexicano. Con un contundente 2-0 sobre Tigres en la gran final, el Club de Fútbol Pachuca Femenil alzó su tercera estrella de Liga MX Femenil, consolidándose como la dinastía más dominante de la competición. Las Tuzas no solo repitieron el título obtenido en el Apertura 2023, sino que lo hicieron con un juego de control absoluto: 58% de posesión, 17 remates y una defensa imbatible que dejó en cero a un rival acostumbrado a romper récords.

Para las aficionadas que llenaron las gradas y para las nuevas generaciones que sueñan con una playera profesional, este triunfo del Club de Fútbol Pachuca Femenil trasciende lo deportivo. Es la confirmación de un proyecto serio, con una cantera que exporta talentos a ligas europeas y una filosofía de juego que prioriza la inteligencia colectiva sobre el individualismo. En un torneo donde el físico y la velocidad suelen decidir partidos, las Tuzas demostraron que la táctica y la mentalidad ganadora marcan la diferencia cuando el título está en juego.

El dominio de Pachuca en el fútbol femenino mexicano

El Pachuca Femenil no solo se coronó tricampeón de la Liga MX Femenil, sino que consolidó un dominio que pocos equipos en el fútbol mexicano pueden igualar. Con tres títulos en los últimos cinco torneos, las Tuzas demostraron una consistencia que trasciende las temporadas, combinando experiencia y renovación generacional con una claridad táctica envidiable. Su victoria 2-0 sobre el América en la final no fue casualidad, sino el resultado de un proyecto deportivo que prioriza la formación de jugadoras desde las fuerzas básicas y la incorporación estratégica de refuerzos clave.

Bajo la dirección técnica de Eva Espejo, el equipo hidalguense ha perfeccionado un estilo de juego basado en la posesión inteligente y las transiciones rápidas. Según análisis de la Liga MX Femenil, Pachuca mantuvo un promedio de posesión del 58% durante el torneo Clausura 2024, cifra que se elevó al 62% en partidos decisivos. Pero más allá de los números, lo que define a este equipo es su capacidad para adaptarse: desde superar lesiones de figuras como Charlyn Corral hasta integrar a jóvenes como Alicia Cervantes, quien con solo 20 años se convirtió en pieza fundamental en la final.

El dominio de Pachuca también se refleja en su infraestructura. Mientras otros clubes aún debaten la profesionalización del fútbol femenino, las Tuzas cuentan con un centro de alto rendimiento exclusivo para su rama femenina, instalaciones que comparte con el equipo varonil y un cuerpo médico especializado. Esta inversión no es reciente: lleva más de siete años construyendo un ecosistema donde las jugadoras tienen acceso a tecnología de análisis de rendimiento, nutrición personalizada y apoyo psicológico, elementos que marcan la diferencia en partidos de alta presión.

La afición no ha sido ajena a este crecimiento. El Estadio Hidalgo registró un lleno histórico en la final, con más de 28,000 espectadores, cifra récord para un partido de Liga MX Femenil. El apoyo masivo no solo valida el trabajo del equipo, sino que presiona a la directiva para mantener el nivel. Pachuca ya no compite solo por títulos, sino por establecer un legado que obligue al resto de la liga a elevar sus estándares.

Un partido táctico que definió la final

El Pachuca Femenil no solo ganó la final por su calidad individual, sino por una ejecución táctica que desarmó al América desde el primer minuto. Las Tuzas, bajo el esquema de un 4-3-3 con presión alta, ahogaron la salida de balón de las Águilas, obligándolas a jugar con imprecisiones en zonas peligrosas. La clave estuvo en la movilidad de las extremas: Lizbeth Ángeles y Jennifer Muñoz alternaban entre desbordes y cortes hacia el centro, generando superioridad numérica en las bandas. Según datos de Mediotiempo, el equipo hidalguense recuperó el balón 12 veces en campo rival durante el primer tiempo, un registro que refleja la intensidad de su planteamiento.

El gol de Lizbeth Ovalle al minuto 27 no fue casualidad, sino el resultado de una jugada ensayada. Un lateral corto desde la izquierda, combinado con un cambio de ritmo de Charlyn Corral, abrió espacios para que la mediocampista rematara sin marca. El América, acostumbrado a dominar la posesión, se vio obligado a jugar con pelotazos largos, algo que el Pachuca anticipó con una defensa adelantada y anticipaciones limpias de Kayla Sharples y Miriam García.

En el complemento, el ajuste defensivo fue igual de contundente. Las Tuzas cerraron los pasillos centrales, obligando al América a buscar las bandas, donde las laterales—especialmente Myra Delgadillo—cortaron el 78% de los centros, según el reporte técnico de la Liga MX Femenil. La segunda anotación, de Jennifer Muñoz, surgió de una transición rápida tras una recuperación en mediocampo, algo que el equipo había trabajado en la semana: explotar los contraataques cuando el rival perdiera el balón en zonas de creación.

Lo más llamativo fue cómo Pachuca neutralizó a las figuras rivales. Daniela Espinosa, máxima goleadora del América en la fase regular, apenas tocó tres balones en área durante los 90 minutos. La marca personal de Miriam García y la ayuda constante de las mediocampistas dejaron a la delantera sin opciones. No fue un partido de exhibición técnica, sino de inteligencia colectiva: cada jugadora sabía su rol, desde la portería—donde Aurora Santiago no tuvo intervenciones complicadas—hasta la delantera, donde Corral y Ovalle cumplieron su función de desgastar a la defensa rival con movimientos constantes.

Las figuras clave tras el 2-0 histórico

El triunfo histórico del Pachuca Femenil no se construyó solo en los 90 minutos de la final. Detrás del 2-0 que selló su tercer título de Liga MX Femenil, hubo un trabajo colectivo donde destacaron figuras clave que marcaron la diferencia. La estratega Eva Espejo, directora técnica del equipo, consolidó un esquema táctico que neutralizó al América desde el primer minuto. Su decisión de apostar por un mediocampo compacto y transiciones rápidas fue determinante: el equipo tuvo un 62% de posesión efectiva en zonas peligrosas, según datos de la Liga MX Femenil, una cifra que refleja su dominio en la cancha.

En el terreno de juego, Charlyn Corral volvió a demostrar por qué es una de las delanteras más letales del fútbol mexicano. Su gol al minuto 23, con un remate cruzado que dejó sin opciones a la portera rival, fue el reflejo de su olfato goleador. Pero más allá del tanto, su labor de desmarque y presión alta desestabilizó constantemente a la defensa americana. A sus 28 años, Corral no solo es la máxima anotadora histórica del Pachuca Femenil, sino también una líder dentro del vestuario.

La solidez defensiva, otro pilar del título, tuvo en Natalia Gómez Junco a su mejor exponentre. La capitana y central no solo cortó balones clave en los momentos más críticos, sino que su salida limpia de juego permitió armar jugadas desde atrás. Su asociación con la joven Alexia Villaseñor (20 años) en la zaga fue impecable, combinando experiencia y frescura. Analistas deportivos, como los del programa Fútbol en Fem, destacaron cómo esta dupla logró anular por completo a las atacantes del América, especialmente en los balones aéreos.

El banco también tuvo su peso. Jugadoras como Mía Fishel, quien ingresó en el segundo tiempo, aportaron velocidad y desborde por las bandas, mientras que la contención de Daniela Espinosa en el mediocampo fue vital para mantener el equilibrio. Fue un partido donde cada pieza cumplió su rol con precisión, desde las estrellas hasta las menos mencionadas.

Y aunque los reflectores suelen enfocarse en las jugadores, el cuerpo técnico completó el rompecabezas. El preparador físico Jorge «El Chore» Martínez logró que el equipo mantuviera un ritmo alto hasta el pitazo final, algo que se notó en los últimos 20 minutos, cuando el América ya no tuvo fuerzas para reaccionar. Tres títulos no son casualidad: son el resultado de un proyecto bien aceitado, donde las figuras brillan, pero el conjunto decide.

Cómo se vivió la celebración en Hidalgo

El Estadio Hidalgo vibró como pocas veces. Más de 28 mil aficionados colmaron las gradas para presenciar un espectáculo histórico: la final de ida entre Pachuca Femenil y Tigres, donde las Tuzas se coronaron por tercera ocasión en la Liga MX Femenil. Desde horas antes del pitido inicial, las calles aledañas al recinto se tiñeron de blanco y azul, con familias enteras portando bufandas, banderas y hasta disfraces inspirados en las jugadoras. La expectativa era tal que la preventa de boletos se agotó en menos de 48 horas, algo inédito para un partido de fútbol femenino en la región.

Dentro del campo, el ambiente no fue distinto. Las jugadoras de Pachuca sintieron el respaldo desde el primer minuto, cuando el público coreó al unísono el nombre de la capitana, mientras las cámaras capturaban a niñas con los ojos brillantes imitando los gestos técnicos de sus ídolas. Analistas deportivos destacaron después que el factor cancha fue determinante: en sus últimos cinco partidos como locales en fase de liguilla, las Tuzas mantuvieron una racha de cuatro victorias y un empate, con un promedio de 2.3 goles por encuentro.

La celebración trascendió el estadio. En plazas públicas como la de Pachuca de Soto o Tulancingo, pantallas gigantes transmitieron el partido entre gritos y abrazos colectivos. Bares y restaurantes adaptaron sus menús con promociones como «el golazo» (un cóctel azul y blanco) o postres decorados con el escudo del equipo. Incluso el gobierno estatal iluminó de azul monumentos históricos, como el Reloj Monumental, en señal de apoyo.

Al finalizar el encuentro, con el 2-0 en el marcador y el trofeo en manos de las jugadoras, la fiesta se desbordó. Caravanas de autos recorrieron la Avenida Juárez con bocinas a todo volumen, mientras en redes sociales el hashtag #CampeonasTuzas se convirtió en trending topic nacional. La prensa local registró que, por primera vez, la celebración por un título de fútbol femenino superó en asistencia y duración a la de los equipos varoniles de la región.

El reto de mantenerse en la cima

Ganar un campeonato es difícil. Repetirlo, un privilegio. Consolidarse como dinastía exige algo más: una obsesión por reinventarse cuando el éxito ya parece garantizado. El Pachuca Femenil no solo logró su tercer título de Liga MX Femenil en cinco años, sino que lo hizo demostrando que la excelencia no es casualidad, sino un sistema. La final contra el América no fue solo un partido; fue la confirmación de que este equipo ha convertido la presión en combustible.

El desafío más grande para cualquier campeón es evitar la complacencia. Según análisis de la Liga MX Femenil, solo el 22% de los equipos que ganan un título logran revalidarlo en los tres años siguientes. Pachuca no solo lo ha hecho dos veces consecutivas, sino que ha mantenido un nivel de juego que obligó a sus rivales a adaptarse. La clave no está en los nombres—aunque figuras como Charlyn Corral o Lizbeth Ángeles sean decisivas—, sino en una estructura que prioriza la formación de jóvenes (como las canteranas Jimena López y Valeria Ocampo) y una identidad de juego clara: posesión con verticalidad, presión alta y transiciones letales.

La final del Clausura 2024 lo dejó en evidencia. Frente a un América que llegó con la etiqueta de favorito por su invicto en la fase regular, las Tuzas impusieron ritmo desde el primer minuto. No fue magia: fue trabajo. El gol de Lizbeth Ángeles al 27’, tras una jugada ensayada en los entrenamientos, y el cierre impecable de la defensa—con solo dos tiros al arco en contra en 90 minutos—hablan de un equipo que domina los detalles cuando más duele.

Pero mantenerse en la cima también implica gestionar expectativas. El Pachuca ya no sorpende; ahora carga con la responsabilidad de ser el estándar. Cada partido es un examen, cada torneo una oportunidad para demostrar que el hambre no se sacia con trofeos. La pregunta ya no es si pueden ganar, sino cuánto más pueden elevar el listón en un fútbol femenino mexicano que crece a pasos agigantados.

El Pachuca Femenil no solo reafirmó su dominio en el fútbol mexicano al alzarse con su tercer título de Liga MX Femenil, sino que demostró una vez más por qué es considerado el equipo a batir: con un juego táctico impecable, una defensa sólida como roca y un ataque letal que desarmó al América en la final. Este triunfo, logrado con un contundente 2-0 en el Hidalgo, consolida a las Tuzas como la dinastía del balompié femenino en México, donde la consistencia y la mentalidad ganadora marcan la diferencia entre grandes equipos y campeones.

Para los clubes que aspiran a desafiar su hegemonía, el mensaje es claro: no basta con tener talento individual, sino construir un proyecto con identidad, trabajo en equipo y una cantera que nutra de frescura al primer equipo, como lo ha hecho Pachuca con jugadoras como Charlyn Corral o Lizbeth Ángeles. El reto ahora no es solo mantenerse en la cima, sino elevar aún más el nivel de un torneo que crece en competitividad—y con este plantel, liderado por Eva Espejo, todo indica que las Tuzas no piensan ceder su trono fácilmente.