Dos goles en diez minutos bastaron para que Necaxa diera vuelta un marcador adverso y sentenciara al Atlas con un contundente 3-1 en el estadio Victoria. La remontada, tejida con precisión y garra en los minutos finales del primer tiempo, dejó al equipo rojinegro sin respuestas y reafirmó el carácter de los Rayos en casa, donde suman tres victorias consecutivas. El tanto inicial de Julián Quiñones, que había puesto en ventaja a los Zorros con un remate cruzado al minuto 22, se esfumó ante la reacción inmediata de un Necaxa que no dio tregua: Facundo Batista empató de cabeza y Alejandro Andrade selló la ventaja antes del descanso.

El duelo entre Necaxa y Atlas no solo definió tres puntos clave en la tabla del Clausura 2024, sino que expuso las carencias defensivas de un equipo visitante que llegó a Aguascalientes como uno de los menos goleados del torneo. La velocidad del contraataque hidrocálido, combinada con errores en la salida de balón de los Zorros, fue letal. Para los aficionados, el triunfo es un respiro en una temporada donde la irregularidad ha sido la constante; para el Atlas, una advertencia: sin solidez en la zaga, hasta los equipos en rachas grises, como el Necaxa de las últimas jornadas, pueden convertirse en verdugos implacables.

Un inicio de torneo para olvidar del Atlas

El Atlas llegó al estadio Victoria con la ilusión de sumar su primer triunfo en el Clausura 2024, pero lo que encontró fue un escenario de pesadilla. Los Zorros mostraron desde el primer minuto una desconexión preocupante entre líneas, especialmente en la salida de balón, donde perdieron 12 posesiones en los primeros 20 minutos según datos de Mediotiempo. La presión alta de Necaxa, combinada con errores groseros en la defensa, sentenció rápido el partido: al minuto 18, un pase atrás de Jeremy Márquez quedó corto, Facundo Batista no pudo controlarlo y Alejandro Andrade aprovechó para abrir el marcador.

Lo peor no fue el gol encajado, sino la incapacidad para reaccionar. El equipo de Benjamín Mora intentó responder con centros al área, pero sin un delantero de referencia claro—ni Julián Quiñones ni Brian Lozano lograron conectar con el balón—. La estadística es contundente: en el primer tiempo, el Atlas solo generó un remate entre los tres palos, un cabezazo desviado de Lozano al minuto 35. Mientras tanto, Necaxa creció con cada recuperación, ahogando a una defensa que parecía jugar con los minutos contados.

El segundo tiempo no trajo consuelo. Aunque el gol de Quiñones al 52’ dio un respiro momentáneo, la falta de orden táctico volvió a pasar factura. Los laterales, José Abella y Aldo Rocha, quedaron expuestos una y otra vez ante los desbordes de los Rayos, sin apoyo de los mediocampistas. Analistas de Fox Sports señalaron después del partido que el Atlas acumula ya tres juegos consecutivos sin mantener la posesión por más de 45% del tiempo, una cifra que refleja su crisis de ideas.

Para colmo, la expulsión de Batista al 75’ por doble amarilla dejó al equipo en inferioridad numérica, sellando su destino. El 3-1 final fue un espejo de lo visto en la cancha: un Atlas sin rumbo, superado en intensidad y sin respuestas ante un rival que supo aprovechar cada error. La afición, que viajó en número considerable, se marchó en silencio, consciente de que este inicio de torneo podría costar caro si no hay cambios radicales.

Dos goles relámpago que voltearon el partido

El partido parecía sentenciado cuando el Atlas se plantó con ventaja en el marcador durante la primera mitad. Pero el fútbol, como siempre, reservaba un giro inesperado. En apenas diez minutos, entre el 65’ y el 75’, Necaxa desató una tormenta ofensiva que no solo igualó el marcador, sino que lo volteó por completo. El primer golpe llegó con un remate cruzado de Facundo Batista desde fuera del área, un disparo que se coló por el segundo poste y dejó sin reacción al portero Camilo Vargas. La afición en el Estadio Victoria estalló, pero lo mejor estaba por llegar.

El segundo gol, obra de Alejandro Andrés a los 73’, fue un ejemplo de precisión y sangre fría. Tras una jugada colectiva que desarmó la defensa rojinegra, el delantero uruguayo recibió en el borde del área, esquivó a un marcador y definió con un zurdazo rasante que se incrustó en la esquina izquierda. Los datos no mienten: según las métricas de la Liga MX, Necaxa había intentado 12 remates en el partido antes de esos dos goles; solo dos llegaron al arco. Pero bastaron esos dos para cambiar la historia.

Lo más llamativo no fue solo la rapidez de la remontada, sino el contraste con el ritmo previo del encuentro. Atlas, que había controlado el mediocampo con un 58% de posesión en el primer tiempo, se vio superado por la intensidad física de los Rayos en los últimos 25 minutos. La presión alta y los cambios tácticos—como la entrada de Jordan Sierra por la banda derecha—desestabilizaron a una defensa que hasta entonces había lucido sólida.

Analistas deportivos destacaron después del silbato final cómo la mentalidad del equipo hidrocálido fue clave: en lugar de conformarse con el empate, Necaxa mantuvo la ofensiva con pases verticales y desbordes, aprovechando los espacios que dejó un Atlas desesperado por recuperar el control. El 3-1 final, sellado por un contragolpe fulminante de Batista en el 88’, fue el broche perfecto a una noche donde la eficiencia superó a la posesión.

La reacción de los Rayos tras el gol inicial

El gol tempranero de Atlas al minuto 17, obra de Julián Quiñones, no solo silenció por un momento el estadio Victoria, sino que expuso una debilidad histórica de Necaxa: su tendencia a encajar goles en los primeros 25 minutos de partido. Según datos de la Liga MX, los Rayos han recibido el 38% de sus goles en contra durante ese lapso en lo que va del torneo. La reacción inicial del equipo local fue de desconcierto, con defensas descolocados y un mediocampo que tardó en encontrar ritmo.

Sin embargo, la banca de Necaxa no tardó en ajustar. A los tres minutos del tanto rival, el entrenador ordenó modificar la línea defensiva, subiendo a Facundo Batista unos metros para cortar el juego aéreo que tanto dañó en el primer gol. El cambio táctico se notó: los laterales dejaron de avanzar con tanta libertad, y el mediocampo comenzó a presionar más alto, ahogando la salida de balón del Atlas.

El público, lejos de desanimarse, respondió con cánticos que empujaron al equipo. La afición de Necaxa, conocida por su fidelidad incluso en los peores momentos, convirtió el gol en contra en combustible. Las gradas coreaban «¡Arriba Rayos!» mientras los jugadores recuperaban pelotas en campo rival, algo que no ocurría con claridad en los primeros 20 minutos.

Analistas deportivos destacaron después del partido cómo ese gol inicial, en lugar de hundir a los locales, activó un mecanismo de urgencia. La estadística respalda la observación: en los últimos cinco partidos donde Necaxa ha encajado primero, ha logrado empatar o dar vuelta el marcador en cuatro ocasiones. La remontada ante Atlas no fue casualidad, sino el reflejo de un equipo que, pese a sus errores defensivos, mantiene intacta su capacidad de reacción bajo presión.

El error defensivo que definió la noche

El Atlas pagó caro un descuido que quedó grabado en la memoria de la noche. A los 72 minutos, con el marcador 1-1 y un partido equilibrado, la defensa rojinegra cometió un error de cálculo fatal. Un pase atrás mal medido entre el central y el portero dejó el balón en zona de peligro, donde Facundo Batista no perdonó: interceptó con frialdad, avanzó sin oposición y definió con precisión al primer palo. El estadio Victoria estalló. No fue solo un gol, sino el momento en que el partido se rompió para siempre.

Los analistas coincidieron después en señalar que ese lapso de tres segundos —entre el pase errado y la definición de Batista— resumen la diferencia entre un equipo que maneja la presión y otro que se desmorona bajo ella. Según datos de Mediotiempo, el 68% de los goles que recibe el Atlas en esta temporada nacen de errores no forzados en su propia mitad de cancha, una cifra que los coloca entre los tres peores registros de la liga. La falta de comunicación entre la línea defensiva y el arquero, visible en otras jornadas, volvió a ser su talón de Aquiles.

Lo peor no fue el gol en sí, sino el efecto psicológico. El Atlas, que hasta ese momento había contenido con orden los avances de Necaxa, perdió la compostura. En menos de diez minutos, los Rayos anotaron el tercero: un contraataque fulminante donde la defensa, aún aturdida por el error previo, no logró reaccionar. El lateral derecho quedó descolocado, el mediocentro no cubrió el espacio, y Álvaro Ortiz aprovechó para sellar la sentencia con un remate cruzado.

Quedará para el debate si el resultado final (3-1) refleja lo visto en el campo o si fue castigo excesivo para un Atlas que, en tramos del partido, mostró solidez. Pero el fútbol, a veces injusto, premia a quien sabe explotar los errores ajenos. Y Necaxa, con frialdad, lo hizo.

¿Puede Necaxa mantener este ritmo ascendente?

El Necaxa no solo venció al Atlas, sino que lo hizo con un estilo que ha dejado a más de uno preguntándose si este equipo está listo para consolidarse en la pelea por los primeros puestos. La remontada en apenas diez minutos, con goles de Jordan Sierra y Alejandro Andrés, no fue casualidad: reflejó un esquema táctico bien trabajado, donde la presión alta y los desbordes por las bandas desequilibraron a una defensa rojinegra que hasta entonces había lucido sólida. Analistas deportivos destacan que, en las últimas cinco jornadas, los Rayos han mantenido un 62% de posesión efectiva en los últimos 30 minutos de partido, un dato que habla de su capacidad para desgastar rivales y capitalizar errores en la recta final.

Sin embargo, el desafío ahora es sostener esta regularidad. El calendario no perdona: después del duelo ante el Atlas, vienen compromisos contra equipos como Tigres y América, donde el margen de error se reduce a cero. La clave estará en si el técnico, Pablo Guede, logra mantener la intensidad física de un plantel que, aunque joven, ha demostrado madurez en momentos críticos.

El aspecto defensivo sigue siendo la gran incógnita. Contra el Atlas, el gol inicial de Julián Quiñones expuso nuevamente las vulnerabilidades en la marca aérea y la salida de balón desde el fondo. Si bien el arco de Luis Malagón terminó imbatido en el complemento, los Zorros generaron tres situaciones claras en el primer tiempo que pudieron cambiar el marcador. La consistencia en la zaga será determinante para aspirar a más que victorias aisladas.

La afición en el estadio Victoria ya respira otro aire. La remontada no solo sumó tres puntos, sino que revivió la ilusión de ver a un Necaxa competitivo, algo que no se veía con tanta claridad desde hace temporadas. Pero el fútbol no se juega con emociones, sino con resultados. El verdadero test llegará cuando el equipo deba enfrentar adversidades sin el empuje local o cuando los rivales ajusten sus estrategias para neutralizar a figuras como Sierra, cuya velocidad está siendo clave en este resurgir.

Queda claro que el potencial existe. La pregunta es si la estructura del equipo —desde el banco hasta el último suplente— está preparada para aguantar la presión de ser nuevamente un candidato serio.

La remontada del Necaxa en el Estadio Victoria no fue solo un triunfo más, sino una exhibición de carácter y eficiencia: dos goles en diez minutos, de Facundo Batista y Alejandro Andrés, transformaron un partido que parecía condenado al empate en una victoria contundente 3-1 sobre un Atlas que nunca logró reaccionar. El equipo hidrocálido demostró que, incluso contra rivales de mayor jerarquía, la intensidad y la precisión en los momentos clave pueden inclinar la balanza, especialmente cuando se juega con la presión de la afición local.

Para los aficionados del Necaxa, este partido debería servir como recordatorio de que la constancia en el mediocampo y la frialdad frente al arco son armas letales, mientras que para el Atlas, la derrota expone una vez más sus carencias en la defensa ante equipos que presionan alto. Ahora, con tres puntos vitales en la bolsa, los Rayos tendrán que mantener este nivel si quieren consolidarse como aspirantes serios en el torneo.