El Napoli llegó a San Siro con siete victorias consecutivas en Serie A y la ilusión de sentenciar la lucha por el Scudetto. Pero el Milan, herido en su orgullo tras la derrota en la Champions ante el Roma, respondió con garra: un doblete de Rafael Leão en diez minutos volcó un partido que parecía perdido. Los rossoneri no solo cortaron la racha imbatible de los azzurri, sino que reabrieron el debate sobre quién mandará en Italia hasta mayo. El 2-1 final fue justicia poética para un equipo que, contra pronóstico, demostró que el milan vs napoli sigue siendo un duelo de alto voltaje, no un trámite.

El choque no era uno más. Con el Napoli a once puntos de ventaja antes del pitido inicial, muchos daban por hecho que la visita sellaría su dominio en el milan vs napoli, un clásico que en los últimos años había perdido fuelgo. Pero el fútbol, caprichoso, recordó que los títulos no se deciden en papel. Leão, con dos goles de delantero puro, y una defensa rossonera que aguantó el tipo en los minutos finales, devuelven la intriga a una Serie A que amenazaba con convertirse en un monólogo. Para los aficionados, una noche para guardar en la memoria; para Spalletti, una advertencia: el camino hacia el Scudetto aún tiene curvas.

El Napoli llegaba como líder invicto a San Siro

El Napoli llegaba como líder invicto a San Siro

El Napoli aterrizó en San Siro con una racha que intimidaba: nueve victorias en diez jornadas, 29 goles a favor y solo seis en contra. Los de Spalletti no conocían la derrota en la Serie A, y su juego vertical, con Osimhen como ariete letal, había desarmado a rivales de mayor entidad. La diferencia con el Milan en la tabla —cinco puntos— reflejaba no solo superioridad numérica, sino un dominio táctico que pocos equipos habían logrado frenar.

Los azzurri llegaban respaldados por datos contundentes. Según las métricas de Opta, el Napoli había mantenido el balón en campo rival durante un 60% del tiempo en sus últimos cinco partidos, un registro que explicaba su eficacia ofensiva. La defensa, marshallada por Kim Min-jae, solo había encajado un remate entre los tres palos en las tres jornadas previas. San Siro, sin embargo, es un escenario donde las estadísticas a veces se rompen.

Spalletti alineó sin sorpresas: el tridente ofensivo —Kvaratskhelia, Osimhen, Lozano— repetía por sexta vez consecutiva. La confianza era tal que el técnico toscano declaró en rueda de prensa que «el equipo está en su mejor versión». El Milan, mientras, llegaba con dudas tras dos empates seguidos, pero con un as bajo la manga: Rafael Leão, cuya velocidad había sido clave en los últimos choques directos contra el Napoli.

El ambiente previo al pitido inicial lo decía todo. Los rossoneri saltaron al césped entre aplausos tibios; los napolitanos, con una ovación de su afición visitante que llenó el segundo anillo. El liderato invicto pesaba, pero el fútbol, como siempre, se escribe en 90 minutos.

Leão rompe el partido con dos goles en cinco minutos

Leão rompe el partido con dos goles en cinco minutos

El partido basculó en un instante. Cuando el Napoli creía tener el control tras el gol de Osimhen al minuto 30, Rafael Leão apareció para desmontar la ventaja en apenas cinco minutos. El portugués, siempre letal en velocidad, aprovechó un error en la salida del balón de la defensa napolitana para definir con frialdad ante Meret. No fue un destello de suerte: fue la materialización de su capacidad para cambiar dinámicas en segundos.

El segundo llegó antes de que el Napoli pudiera reaccionar. Un contraataque fulminante, con Bennacer como cerebro y Leão como ejecución, terminó con un remate cruzado que se coló por el segundo palo. Los datos respaldan su impacto: desde su llegada al Milan, el extremo ha anotado 10 goles en partidos contra equipos del top 5 de la Serie A, más que cualquier otro jugador del equipo en el mismo período.

San Siro estalló. No era solo el gol, sino el cómo: con una mezcla de audacia y precisión que solo los grandes tienen.

Analistas destacaron después su lectura del juego, especialmente en transiciones rápidas, donde el Milan encontró su mejor versión. El Napoli, por su parte, quedó expuesto en una faceta que había dominado hasta entonces: la presión alta. Leão no solo anotó; desequilibró el plan rival con cada toque.

La Scudetto se calienta: Milan se enreda en la pelea

La Scudetto se calienta: Milan se enreda en la pelea

El título de la Serie A ya no es un paseo solitario para el Napoli. El Milan de Stefano Pioli se plantó en San Siro con los dientes apretados y una remesa de orgullo que frenó en seco la racha imbatida de los partenopei. Dos goles de Rafael Leão —el segundo en el minuto 90+2— le dieron la vuelta a un marcador que Spalletti veía controlado tras el tanto inicial de Osimhen. La victoria no solo recorta distancias en la clasificación, sino que devuelve al rossonero a la pelea por un Scudetto que hace un año ya rozó con los dedos.

Los números no mienten: con este triunfo, el Milan suma siete partidos sin perder frente al Napoli, una estadística que habla de su solidez mental cuando el rival es de alto voltaje. Los analistas destacan cómo Pioli logró neutralizar el juego de posicional de Spalletti con una presión alta en tres cuartos de campo y transiciones rápidas, donde Leão y Díaz resultaron letales.

El gol de Osimhen al 42’ parecía sentenciar un guion conocido: Napoli dominando, Milan ahogado. Pero el Diavolo respondió con una segunda parte de verticalidad y fe ciega en el contraataque. Cuando todo apuntaba a un empate, el portugués apareció entre dos centrales para definir con la frialdad de quien sabe que cada punto ahora vale doble.

Quedan 12 jornadas, y la ventaja del Napoli se reduce a 15 puntos. Mucho, pero no infinito.

El Milan demostró una vez más que San Siro sigue siendo un feudo inquebrantable cuando la presión aprieta, rematando una remontada con clase y garra gracias al instinto goleador de Rafael Leão, cuya conexión con Olivier Giroud vuelve a ser la brújula del equipo en los momentos decisivos. La victoria no solo frena el ritmo arrollador del Napoli, sino que reafirma al conjunto rossonero como un rival incómodo en la lucha por los puestos europeos, donde la mentalidad ganadora pesa más que el juego bonito.

Quien busque entender el ADN de este Milan debe fijarse en cómo Pioli ajusta el bloque en la segunda parte: presión alta, cambios tácticos precisos y fe en los suyos, una receta que otros equipos con menos recursos podrían imitar cuando el marcador no acompaña. Leão, por su parte, confirma que es el jugador diferencial que el club necesita para soñar en grande.

Ahora toca mirar al horizonte con ambición: si el equipo mantiene esta solidez defensiva y Leão sigue en estado de gracia, la Champions League dejará de ser un espejismo para convertirse en un objetivo al alcance de la mano.