El Mercado San Juan de Dios, el recinto comercial más emblemático de Guadalajara, vuelve a abrir sus puertas tras una reforma integral que ha transformado sus 120 puestos en espacios modernos, funcionales y adaptados a las exigencias del siglo XXI. Dos años de obras, una inversión superior a los 150 millones de pesos y un diseño que respeta la esencia arquitectónica del inmueble —declarado Monumento Artístico en 1990— han dado como resultado un mercado que combina tradición y vanguardia. Los nuevos locales, equipados con tecnología para pagos digitales y sistemas de refrigeración eficientes, ya reciben a los primeros comerciantes, mientras las autoridades confirman que la ocupación será gradual durante las próximas semanas.

La reaparición del Mercado San Juan de Dios no solo marca un hito para el centro histórico de la ciudad, sino que reaviva un símbolo de identidad para los tapatíos. Desde su inauguración en 1958, este espacio ha sido testigo de generaciones de familias que han hecho de sus pasillos un punto de encuentro para abastecerse, socializar e incluso preservar recetas tradicionales. Ahora, con áreas renovadas para alimentos frescos, antojitos y artesanías, el mercado no solo recupera su esplendor, sino que se posiciona como un modelo de reactivación económica en un sector que aún resiente los efectos de la pandemia. Los detalles de su transformación —desde la iluminación LED hasta los accesos para personas con discapacidad— reflejan una apuesta por la sostenibilidad y la inclusión.

De un mercado histórico a obra en pausa

De un mercado histórico a obra en pausa

El Mercado San Juan de Dios no es solo un espacio comercial: es un testigo silencioso de más de un siglo de historia guadalajariense. Inaugurado en 1958 sobre los cimientos de un antiguo convento del siglo XVI, el recinto se convirtió en el corazón gastronómico y cultural de la zona, atrayendo a generaciones de tapatíos. Su arquitectura funcionalista, diseñada por el ingeniero Alejandro Zohn, lo posicionó como uno de los mercados más emblemáticos de México, con un flujo diario que superaba los 20 mil visitantes en su época de mayor esplendor.

La decisión de cerrarlo en 2022 para una renovación integral no fue menor. Tras décadas de uso intenso, la infraestructura mostraba signos de deterioro: sistemas eléctricos obsoletos, áreas comunes saturadas y puestos que ya no cumplían con las normas sanitarias actuales. Estudios previos de la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública de Jalisco revelaron que el 68% de las instalaciones requerían intervención urgente para garantizar seguridad y accesibilidad.

El proyecto original prometía modernizar sin perder la esencia. Se habló de conservar los vitrales característicos, restaurar la fachada de cantera y adecuar los espacios para comercios más diversos, desde fondas tradicionales hasta propuestas gourmet. Sin embargo, los retrasos se acumularon: primero por ajustes en el presupuesto, luego por la pandemia y finalmente por disputas entre locatarios y autoridades sobre el modelo de reubicación temporal.

Dos años después, la reapertura parcial —con apenas 120 de los 400 puestos planeados— deja claro que el camino aún es largo. Mientras algunos comerciantes celebran volver a sus clientes, otros critican la falta de claridad en los plazos para concluir las obras.

Puestos renovados, sabores que regresan con fuerza

Puestos renovados, sabores que regresan con fuerza

El aroma a café recién molido y a carnitas dorándose en su grasa vuelve a impregnar los pasillos del Mercado San Juan de Dios. Tras dos años de silencio y andamios, 120 puestos recuperan su ritmo, pero ahora con infraestructura moderna que garantiza higiene y accesibilidad. Los locales históricos, como La Esquina del Birria —con 63 años de tradición— o Doña Esthela, famosa por sus aguas frescas de jamaica con chía, relucen con fachadas restauradas y equipos actualizados. No es solo un lavado de cara: el 85% de los comerciantes invirtió en capacitación para manejar nuevos estándares de manipulación de alimentos, según datos de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara.

Entre los puestos renovados destacan los dedicados a antojitos jaliscientes. El Parían reabrió con su receta original de pozole rojo, ahora servido en barricas de barro esmaltado que mantienen la temperatura ideal. A pocos metros, Los Arcos recuperó su horno de leña para las tortillas de maíz azul, mientras que La Chata —referente en mariscos desde 1978— estrena una zona de consumo con mesas de granito y ventilación mejorada.

La nostalgia y la innovación se mezclan en los corredores. Algunos puestos, como El Tío, conservan sus vitrinas de madera tallada de los años 50, pero ahora con iluminación LED que resalta los colores de los dulces típicos. Otros, como La Abuelita, incorporaron terminales para pagos digitales sin perder el trato cercano: «¿Ya probó el atole de guayaba con queso fresco?», preguntan mientras escanean un código QR.

El regreso también significa reencuentros. Clientes habituales, como los empleados de oficinas cercanas o las familias que llegaban los domingos por las garnachas, ya ocupan sus lugares preferidos. En La Surtidora, el mostrador de embutidos —ahora con refrigeración de última generación— exhibe jamones ibéricos junto a los tradicionales chorizos de Toluca, simbolizando esa fusión entre lo clásico y lo nuevo que define al mercado.

El plan para mantener vivo el corazón gastronómico

El plan para mantener vivo el corazón gastronómico

El Mercado San Juan de Dios no solo recupera su espacio físico, sino que activó un plan estratégico para preservar su esencia gastronómica. Según datos de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera, el 68% de los mercados tradicionales que cierran por remodelaciones pierden a más del 30% de sus locatarios originales al reabrir. Para evitarlo, la administración implementó talleres de capacitación en higiene, manejo de residuos y técnicas de venta, dirigidos a los 120 comerciantes que regresan.

La apuesta va más allá de los puestos renovados. Se creó un programa de «Padrinos Gastronómicos» donde chefs reconocidos de Jalisco asesoran a los locatarios en la modernización de sus recetas sin perder el sabor tradicional. El objetivo es claro: que el mole de doña Rosa o los tacos de canasta de don Luis no solo sobrevivan, sino que compitan con las nuevas tendencias culinarias.

Otro pilar es la promoción turística. En colaboración con la Secretaría de Turismo estatal, se diseñaron rutas temáticas que destacan productos emblemáticos como el pozole tapatío o los dulces de leche quemada. Los visitantes encontrarán códigos QR en cada puesto con historias de los comerciantes, vinculando el pasado con la experiencia actual.

La tecnología también juega su papel. Una plataforma digital permitirá a los clientes hacer pedidos anticipados y pagar con tarjeta, algo que antes limitaba las ventas. Sin embargo, el corazón sigue siendo el trato humano: los puestos conservan sus nombres originales y los comerciantes, sus delantales bordados a mano.