El 87% de las transacciones bancarias internacionales ahora incorporan el GPI como estándar, un salto radical desde su lanzamiento en 2017. Este sistema, desarrollado por SWIFT, ha reducido los tiempos de liquidación de días a minutos en operaciones que mueven más de 300 billones de dólares anuales. No es solo una mejora técnica: bancos como Santander o BBVA lo exigen para transferencias corporativas, y reguladores como el BCE lo monitorean como indicador de eficiencia financiera.

Para empresas, inversores o incluso particulares que envían remesas, entender qué significa GPI marca la diferencia entre operar con transparencia o a ciegas. Qué significa GPI va más allá de sus siglas (Global Payments Innovation): es la columna vertebral que permite rastrear pagos en tiempo real, predecir costos ocultos y evitar los cuellos de botella que antes paralizaban cadenas de suministro. Su impacto ya se siente en sectores donde el dinero cruza fronteras: desde el comercio de materias primas hasta los fondos de inversión que exigen liquidez inmediata.

De la teoría a la práctica: qué es el GPI y cómo nació*

De la teoría a la práctica: qué es el GPI y cómo nació*

El GPI (Global Payment Innovation) surgió como respuesta a las limitaciones de los sistemas tradicionales de pagos transfronterizos. Desarrollado por SWIFT en 2017, este marco busca agilizar las transferencias internacionales, reduciendo tiempos y costos. Antes de su implementación, una transacción entre continentes podía tardar hasta cinco días, con comisiones que superaban el 3% del monto.

La idea no era crear una nueva infraestructura, sino optimizar la existente. SWIFT analizó millones de transacciones y descubrió que el 40% de los retrasos se debían a falta de transparencia en los bancos intermediarios. Con el GPI, cada paso del proceso se rastrea en tiempo real, desde el origen hasta el destino.

Bancos como HSBC, Citibank y Santander adoptaron el sistema en su fase piloto. La clave estaba en estandarizar los datos: nombres, códigos IBAN y montos se verifican automáticamente antes de iniciar la transferencia. Esto eliminó errores humanos y redujo las devoluciones en un 50% durante el primer año.

El éxito inicial llevó a su expansión. Hoy, más de 4,000 instituciones financieras en 170 países usan el GPI. No es un reemplazo, sino una capa inteligente sobre los sistemas actuales.

Tres industrias donde el GPI ya está cambiando las reglas*

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El sector bancario tradicional fue el primero en adoptar el Global Payment Innovation (GPI) con resultados tangibles. Instituciones como BBVA y Santander redujeron los tiempos de liquidación en transferencias internacionales de 3 a 5 días a menos de 24 horas en el 70% de las operaciones, según datos de SWIFT. La trazabilidad en tiempo real eliminó uno de los mayores dolores de cabeza: la incertidumbre sobre el estado de los fondos.

En el comercio electrónico, plataformas como Mercado Libre ya integran soluciones basadas en GPI para agilizar pagos transfronterizos entre vendedores y compradores. La clave está en la confirmación instantánea de transacciones, que reduce fraudes y disputas por retrasos. Empresas que operan en múltiples mercados latinoamericanos reportan una disminución del 40% en reclamos relacionados con pagos.

La industria de fintech aprovecha el GPI para ofrecer servicios antes impensables. Startups de remesas, como las que conectan México con EE.UU., ahora garantizan entregas en minutos en lugar de horas, usando la infraestructura del GPI combinada con blockchain. Esto no solo abarata costos, sino que atrae a un segmento antes reacio a la banca tradicional: pequeños empresarios y trabajadores migrantes.

El impacto también se nota en sectores menos obvios, como el de logística internacional. Empresas que manejan cadenas de suministro globales sincronizan pagos con entregas gracias a la transparencia del GPI, evitando demoras en aduanas por discrepancias financieras. Un estudio de la Cámara de Comercio Internacional señala que el 60% de las pymes exportadoras en América Latina priorizan ahora proveedores que operan con esta tecnología.

Hacia un sistema financiero más transparente: el próximo paso*

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El Global Payment Innovation (GPI) no solo agiliza transacciones, sino que sienta las bases para un ecosistema financiero donde la transparencia deja de ser un ideal y se convierte en estándar. Según datos de SWIFT, el 88% de las transferencias GPI ya incluyen información detallada sobre comisiones y plazos, un salto radical frente a los modelos tradicionales donde los costos ocultos y los retrasos sin explicación eran moneda corriente. Esta claridad obligada redefine la relación entre bancos, empresas y clientes.

La trazabilidad en tiempo real es el pilar que sustenta este cambio. Cada paso de una transacción —desde el origen hasta el destino— queda registrado y accesible para todas las partes involucradas. Esto elimina las zonas grises donde antes proliferaban errores, demoras o ajustes arbitrarios. Los reguladores, por su parte, ganan herramientas más robustas para supervisar flujos de capital sin depender de auditorías posteriores.

El impacto va más allá de lo operativo. Empresas que manejan cadenas de suministro globales, como las del sector automotriz o farmacéutico, reducen riesgos al poder anticipar con precisión cuándo y cómo llegarán los pagos a proveedores en diferentes jurisdicciones. La confianza, antes erosionada por la opacidad, se reconstruye sobre datos verificables.

Queda un desafío pendiente: extender estos estándares a bancos pequeños y regiones con infraestructura financiera menos desarrollada. La adopción masiva del GPI exigirá no solo tecnología, sino voluntad política para romper inercias.

El GPI no es solo un código de referencia para transacciones internacionales, sino un indicador que revela la salud y eficiencia de los flujos financieros globales, con repercusiones tangibles en sectores tan dispares como el comercio exterior, la logística o las fintech. Su correcta interpretación permite a empresas e inversores anticipar retrasos, optimizar costos y reducir riesgos operativos en un entorno donde la velocidad y la transparencia marcan la diferencia.

Para quienes operan en mercados internacionales, integrar herramientas de seguimiento del GPI—como las plataformas de SWIFT o soluciones de cash management—deja de ser opcional cuando el margen de error en pagos transfronterizos se mide en horas y miles de dólares. La clave está en automatizar alertas y cruzar estos datos con métricas internas de tesorería.

A medida que los bancos centrales exploran CBDCs y los corredores financieros se digitalizan, el GPI evolucionará hacia un estándar aún más granular, donde su capacidad para rastrear liquidez en tiempo real redefinirá la competitividad en el comercio global.