El estadio Azteca estalló cuando el balón cruzó la línea al minuto 90+3. Cruz Azul, con un gol de infarto, completó una remontada épica que dejó a León sin palabras y sin posibilidad de reaccionar. El 2-1 final no solo selló el pase a semifinales, sino que revivió el fantasma de las eliminatorias dramáticas que han marcado la historia reciente del torneo mexicano. Fue un partido donde la pizarra no reflejó el dominio inicial de La Fiera, pero sí la fría eficacia de La Máquina cuando más dolía.
El duelo entre Cruz Azul y León no era cualquier enfrentamiento: se trataba de un clásico de poder a poder, con dos equipos que llegaron a cuartos con ambiciones claras de título. Para los aficionados, el partido fue un recordatorio de por qué el fútbol mexicano se vive con tanta intensidad—porque en 90 minutos (o 93, como en este caso) todo puede cambiar. La eliminación de León, favorito para muchos, reabre el debate sobre la consistencia en los momentos decisivos, mientras que Cruz Azul demuestra, una vez más, que su mentalidad en instancias definitorias es su mejor arma.
Un clásico de ida y vuelta en la Liguilla

El duelo entre Cruz Azul y León en cuartos de final de la Liguilla MX no decepcionó. Fue un clásico de ida y vuelta, con dos equipos que se conocen al dedillo y que, una vez más, entregaron un partido lleno de tensión y alternativas. La Máquina llegó al compromiso con la ventaja mínima del 1-0 obtenido en el Nou Camp, pero el Panzas Verdes no tardó en igualar la serie con un gol tempranero de Víctor Dávila en el segundo minuto del encuentro.
El desarrollo del juego confirmó lo que los números ya anticipaban: en los últimos cinco enfrentamientos directos, cuatro habían terminado con ambos equipos anotando. León dominó el mediocampo en los primeros 45 minutos, pero Cruz Azul ajustó líneas en el complemento y recuperó el control. La presión alta de los cementeros ahogó a la defensa visitante, aunque el arquero Rodolfo Cota respondió con al menos tres atajadas clave que mantuvieron vivo el sueño esmeralda.
Cuando el reloj marcaba 90+3, el estadio Azteca explotó. Un centro desde la banda izquierda, un remate de Uriel Antuna desviado por la zaga y el balón colándose por el segundo poste. El gol que selló el 2-1 global llegó en el instante final, como solo los clásicos saben hacerlo.
Analistas coinciden en que, más allá del resultado, el partido reflejó la paridad del torneo mexicano: dos equipos con estilos opuestos—el juego asociativo de León frente al verticalismo de Cruz Azul—pero igual de letales en definición.
El gol agónico que volteó la serie

El reloj marcaba 90+3 cuando Uriel Antuna se plantó frente al arco defendido por Rodolfo Cota. Un centro desde la izquierda, un remate cruzado y el estadio Azteca estalló. El gol que valía la clasificación cayó como un rayo en la noche del jueves, borrando en segundos la ventaja que León había construido con sudor durante 180 minutos.
Fue un final digno de los clásicos del fútbol mexicano. Cruz Azul, acorralado por la necesidad, encontró en el descuento lo que no logró en el tiempo reglamentario: un toque de magia. Los analistas deportivos ya lo señalan como uno de esos goles que trascienden la estadística —solo el 3% de los equipos remontan una serie de liguilla con un tanto en el último minuto— y se clavan en la memoria de la afición.
León, que había manejado el partido con inteligencia, vio cómo se le escapaba la serie entre los dedos. La defensa, firme durante casi todo el encuentro, falló en el momento crucial: un desmarque mal cubierto, un balón que nadie cortó.
Antuna, figura de la noche, corrió hacia la banca con los brazos en alto, mientras los jugadores de León se quedaban paralizados. No hubo tiempo para reaccionar. El silbato final llegó segundos después, sellando una eliminación que dolerá más por el cómo que por el cuándo.
León queda fuera: ¿qué sigue para ambos?

La eliminación en cuartos de final deja a León con un sabor amargo tras dominar el 63% de la posesión en el partido de vuelta y generar 18 remates, pero solo 4 entre los tres palos. El equipo de La Fiera cerró el torneo con números decentes—11 goles a favor en la fase regular—pero la misma fragilidad defensiva que lo persiguió durante la temporada (14 goles en contra) terminó por costarle el pase. Sin Copa MX ni Liga, el club deberá replantear su estrategia para el Apertura 2024, especialmente en la zaga, donde los errores en marcaciones aéreas fueron recurrentes.
Para Cruz Azul, el gol de Uriel Antuna en el descuento no solo significó el pase a semifinales, sino un espaldarazo psicológico. La Máquina lleva tres torneos seguidos avanzando a instancias decisivas, algo que no ocurría desde el Clausura 2018. El reto ahora será mantener la regularidad: en sus últimos cinco partidos como visitante en liguilla, han ganado solo uno.
Analistas señalan que el duelo expuso dos realidades distintas: León, con un proyecto en construcción pero con lagunas tácticas evidentes, y Cruz Azul, que apesar de sus altibajos sabe capitalizar los momentos clave. La diferencia, al final, la marcó un detalle: el 70% de los goles de La Máquina en esta liguilla han llegado después del minuto 75.
El próximo rival de Cruz Azul será el ganador del Pumas vs. América, mientras León enfrenta una pretemporada con más preguntas que respuestas.
El Cruz Azul volvió a escribir su nombre con letras de oro en la historia de los playoffs, demostrando que el espíritu cementero no entiende de tiempos reglamentarios ni de pronósticos: un gol de Uriel Antuna en el 90+3’ borró la ventaja de León y selló una remontada épica que los lanza a semifinales. Este partido quedó como recordatorio de que, en el fútbol mexicano, la intensidad se mide hasta el último segundo. Los aficionados ya pueden ir marcando el calendario para la siguiente ronda, pero los equipos rivales harían bien en estudiar esta serie: la Máquina no solo gana, desgasta y castiga los errores en el momento más inesperado. Ahora, con el momentum a su favor y un bloque que crece bajo presión, el conjunto de Martín Anselmi llega a las semifinales como ese rival que nadie quiere enfrentar.

