El Estadio Azteca vibró con la misma intensidad que en sus mejores noches cuando Javier Hernández, Chicharito, escribió otra página dorada en su leyenda. Con dos goles en el partido 200 de su carrera en Liga MX, el delantero no solo lideró al Guadalajara hacia una victoria contundente, sino que pulverizó un récord que parecía intocable: convertirse en el máximo goleador histórico de la competición en partidos como titular. Los números no mienten: 85 anotaciones que lo colocan por encima de ídolos como Jared Borgetti y Cuauhtémoc Blanco, pero con una eficiencia que pocos han igualado.

El regreso de Chicharito a Liga MX en 2023 ya era un acontecimiento; su impacto, sin embargo, ha superado cualquier expectativa. En un torneo donde la competencia es feroz y los defensas estudian cada movimiento de los atacantes, Hernández ha demostrado que la clase no se oxida. Su doblete contra el Atlas no fue solo un golpe de autoridad, sino un recordatorio de por qué su nombre resuena más allá de las fronteras mexicanas. Para los jóvenes que sueñan con triunfar en el fútbol local, su trayectoria—desde las fuerzas básicas del Guadalajara hasta el éxito en Europa y su regreso triunfal—es un manual de perseverancia. Y para los aficionados, una razón más para no perderse ni un minuto del play en Liga MX.

Un legado que comenzó en Chivas

El camino de Javier Hernández en el fútbol mexicano comenzó en las fuerzas básicas del Guadalajara, donde su talento saltó a la vista desde la categoría sub-17. A los 15 años ya destacaba en torneos juveniles, pero fue en el Apertura 2006 cuando debutó con el primer equipo bajo el mando de Hans Westerhof. Su primer gol en Liga MX llegó el 9 de septiembre de 2006, en un partido contra Necaxa que marcó el inicio de una carrera que redefiniría el ataque en el fútbol mexicano.

Con Chivas, Chicharito no solo consolidó su nombre, sino que sentó las bases de un estilo: movimiento inteligente dentro del área, remate certero y una capacidad única para aparecer en el momento clave. Entre 2006 y 2010, anotó 29 goles en 79 partidos con el Rebaño, cifras que, según análisis de la Federación Mexicana de Fútbol, lo convirtieron en el delantero más eficiente de su generación en la liga.

Su paso por el Guadalajara no fue solo numérico. Representó la conexión entre una camada dorada de canteranos y la afición, que lo adoptó como símbolo de identidad. El gol que marcó en el Clásico Nacional del Clausura 2008 —un remate de tijera que selló la victoria 2-1— sigue siendo recordado como uno de los más emblemáticos de la última década en el Estadio Azteca.

Cuando en 2010 dio el salto a Europa, dejó atrás un legado: el de un delantero formado en la exigencia de la Liga MX, capaz de trascender fronteras sin perder su esencia. Años después, su regreso al fútbol mexicano con Chivas en 2023 cerró un círculo, probando que el vínculo con sus raíces nunca se rompió.

El partido que lo consagró como máximo goleador

El 12 de marzo de 2010 quedó grabado en la memoria del fútbol mexicano. Ese día, en el Estadio Azteca, Javier Hernández enfrentó al Necaxa con la camiseta del Guadalajara. No era un partido cualquiera: el joven delantero, de apenas 21 años, llevaba semanas demostrando que su olfato goleador no era casualidad. Bastaron 27 minutos para que «Chicharito» abriera el marcador con un remate cruzado que dejó sin reacción al portero rival. El segundo gol llegó en el complemento, un cabezazo preciso tras un centro desde la banda derecha, sellando el 2-0 y su nombre en los registros históricos.

Ese doblete no solo le dio los tres puntos a las Chivas, sino que lo coronó como el máximo goleador mexicano en la era de los torneos cortos de la Liga MX, superando la marca de 36 anotaciones que ostentaba Cuauhtémoc Blanco.

Analistas deportivos de la época destacaron cómo Hernández combinaba velocidad, oportunidad y una frialdad inusual para su edad. Según datos de la Federación Mexicana de Fútbol, su promedio de 0.65 goles por partido en esa temporada lo ubicaba entre los cinco delanteros más letales del continente.

El silencio del estadio al celebrarlo —primero con los brazos en cruz, luego señalando su camiseta— reflejó el peso del momento. No era solo un récord: era el nacimiento definitivo de una leyenda que trascendería fronteras.

¿Qué sigue para el ídolo mexicano?

El doblete de Javier Hernández no solo escribió una nueva página en los libros de récords, sino que reavivó el debate sobre su futuro en el fútbol mexicano. A sus 36 años, el delantero demuestra que su olfato goleador sigue intacto: con 11 goles en sus últimos 15 partidos con Chivas, supera el promedio de cualquier jugador activo en la liga con más de 300 minutos disputados esta temporada.

Analistas deportivos señalan que su rendimiento actual lo coloca en una encrucijada. Mientras algunos clubes de la MLS han mostrado interés en su perfil de líder dentro y fuera del campo, la directiva de Chivas no ha ocultado su intención de extender su contrato por una temporada más, apostando por su experiencia en la Concachampions y la Liga MX.

El propio Hernández ha sido claro: su prioridad es seguir compitiendo al más alto nivel, pero sin descartar opciones en Europa o Estados Unidos si surge un proyecto ambicioso. Su agente ya habría sostenido reuniones exploratorias con equipos de la Liga Portuguesa, donde su físico y jerarquía podrían ser clave en competiciones como la Conference League.

Lo cierto es que, más allá de los números, su legado trasciende. Con 200 partidos en la Liga MX, se consolida como el único mexicano en superar los 50 goles tanto en Europa como en el fútbol local, una hazaña que pocos pueden igualar.

La próxima ventana de transferencias definirá si su carrera toma un giro internacional o si el «Chicharito» cierra su ciclo donde todo comenzó: en el ombligo del fútbol mexicano.

El doblete de Chicharito en su partido 200 con la Liga MX no solo consolidó su leyenda como el máximo goleador histórico del torneo, sino que demostró que el fútbol mexicano sigue siendo un escenario donde la experiencia y la clase se imponen, incluso frente al paso del tiempo. Su récord—superando marcas que parecían intocables—refleja cómo la constancia y la adaptación definen a los grandes, incluso en ligas con un ritmo tan exigente como la mexicana. Para los jóvenes valores del balompié nacional, su trayectoria debería servir como manual: la diferencia entre buenos jugadores y íconos no la marcan solo los goles, sino la capacidad de reinventarse en cada etapa. Mientras la Liga MX sigue atrayendo talento y consolidando su competitividad, nombres como el de Hernández recuerdan que, en este torneo, las historias grandes aún están por escribirse.