El balón rodó por el césped del Dignity Health Sports Park con un peso inusual: por primera vez en 27 años, la selección de Estados Unidos caía derrotada ante un equipo de la MLS. El Galaxy no perdonó y sentenció con un contundente 2-0 que quedará grabado en la memoria del fútbol estadounidense. Los goles de Dejan Jovelić y Mark Delgado, separados por apenas diez minutos en el segundo tiempo, expusieron las grietas de un conjunto nacional que llegó a Carson con más dudas que certezas.
El america vs galaxy no fue un amistoso cualquiera. Más allá del marcador, el partido puso en evidencia la distancia entre el discurso de renovación de la USMNT y la realidad sobre el terreno de juego. Para los aficionados, la derrota duele doble: no solo por el resultado, sino porque llegó ante un rival que, aunque histórico, compite en la misma liga donde muchos de los seleccionados forjan su carrera. El america vs galaxy se convirtió así en un espejo incómodo, reflejando los desafíos que enfrentará Gregg Berhalter de cara a la Copa América 2024.
El enfrentamiento inusual que revivió un clásico olvidado
El duelo entre la selección de Estados Unidos y Los Angeles Galaxy no era un simple amistoso. Representaba el reencuentro con una rivalidad que, durante los 90, definió el fútbol en suelo estadounidense. En aquella época, la MLS naciente buscaba legitimidad y los partidos contra combinados nacionales servían como termómetro. El último enfrentamiento oficial entre ambos databa de 1998, cuando un Galaxy liderado por Cobi Jones y Mauricio Cienfuegos cayó 1-0 ante los de Steve Sampson en el Rose Bowl. Veintiséis años después, el escenario era otro, pero el simbolismo seguía intacto.
Lo insólito del encuentro radicaba en su contexto. Rara vez una selección absoluta se mide a un club en plena temporada, menos aún cuando este no es un gigante europeo o sudamericano. El Galaxy, con figuras como Riqui Puig y Dejan Joveljić, llegó al partido tras una racha irregular en la MLS, mientras que la USMNT, en plena reconstrucción bajo el interino Mikey Varas, usó el duelo como laboratorio. Los 18.743 espectadores en el Dignity Health Sports Park —cifra modesta para un clásico revivido— presenciaron algo más que un ejercicio táctico: un guiño a la historia.
Analistas como los de ESPN Deportes señalaron que el partido evocaba los primeros años de la MLS, cuando estrellas como Landon Donovan transitaban entre selección y club con naturalidad. La derrota 2-0, con goles de Puig y un autogol de Aaron Long, expuso las carencias defensivas de un equipo nacional en transición, pero también subrayó el crecimiento de la liga local. No era casualidad que, en la alineación titular del Galaxy, siete jugadores hubieran pasado por canteras de equipos de la USMNT.
El resultado, más allá del marcador, dejó una pregunta en el aire: ¿podría este tipo de encuentros convertirse en un formato recurrente? La federación estadounidense ha explorado amistosos contra clubes en el pasado —como el 3-0 ante el Dortmund en 2015—, pero la conexión histórica con el Galaxy añadía un matiz distinto. Para los veteranos en las gradas, fue un viaje al pasado. Para los jóvenes en el campo, una lección sobre el peso de la camiseta, sea de estrellas o de franjas.
Galaxy domina con goles de Puig y Judd desde el inicio
El LA Galaxy no dejó dudas desde el pitazo inicial. Con un juego vertical y presiones altas, el equipo angelino ahogó a la selección de Estados Unidos en los primeros 20 minutos, culminando con el primer gol de Riqui Puig al minuto 17. El mediocampista español, ex Barcelona, recibió un pase filtrado desde la banda izquierda, esquivó a dos defensores con un toque sutil y definió con precisión al primer palo. La jugada, analizada después por especialistas en MLS Soccer, destacó la falta de marca en la zona de creación, un error poco común en un equipo nacional que suele priorizar la solidez defensiva.
El segundo tanto llegó antes del descanso. Dejan Judd, la joven promesa australiana del Galaxy, aprovechó un rebote en el área tras un córner ejecutado por Puig. Con frialdad, controló el balón de pecho y remató rasante, venciendo al arquero Sean Johnson, quien había sido figura en los últimos partidos de la selección. El 2-0 al minuto 38 reflejó no solo la efectividad del equipo local, sino también las dificultades de Estados Unidos para adaptarse al ritmo impuesto por un rival con mayor posesión (58% en el primer tiempo) y claridad en las transiciones.
Lo llamativo no fue solo el marcador, sino cómo lo construyó el Galaxy. El equipo de Greg Vanney desplegó un esquema 4-3-3 con Puig como cerebro, combinando con Judd y el veterano Javier «Chicharito» Hernández en movimientos constantes entre líneas. Mientras la selección estadounidense intentó reaccionar con pelotas largas a los delanteros, el mediocampo angelino cortó cada intento con interceptaciones y salidas rápidas. Según datos de Opta Sports, el Galaxy completó 12 recuperaciones en campo rival durante los primeros 45 minutos, el doble que su oponente.
El público en el Dignity Health Sports Park —con más de 25,000 espectadores— respondió con ovaciones cada vez que el balón tocaba los pies de Puig o Judd. Para la selección, en cambio, el partido se convirtió en un examen incómodo: cómo competir contra un equipo de liga que, aunque sin estrellas globales, demostró coherencia táctica y hambre. El 2-0 al descanso dejó en evidencia que, en noches como esa, el fútbol no perdona ni siquiera a los teóricos favoritos.
La defensa estadounidense expone fallos en un partido atípico
El partido amistoso entre la selección de Estados Unidos y Los Angeles Galaxy dejó al descubierto las carencias defensivas de un equipo que, pese a su dominio territorial, no logró contener los contraataques de un rival más ágil en la transición. Según datos de Opta Sports, el conjunto estadounidense permitió 12 remates desde dentro del área durante los 90 minutos, una cifra inusualmente alta para un equipo que suele basar su juego en la presión alta y la recuperación rápida. La falta de coordinación entre la línea de cuatro y los mediocentros dejó espacios que el Galaxy aprovechó con precisión, especialmente en el segundo gol, donde un error en la marca al borde del área castigó la desorganización.
El lateral derecho se convirtió en el talón de Aquiles. Tanto en jugadas aéreas como en desbordes, la defensa mostró lentitud para reaccionar, algo poco habitual en un equipo dirigido por un cuerpo técnico que prioriza la intensidad física. Los analistas señalaron que la ausencia de figuras como Weston McKennie —clave en el equilibrio defensivo— se notó en la falta de cobertura a los centrales.
Otro aspecto llamativo fue la dificultad para leer las jugadas a balón parado. El Galaxy, con menos posesión pero más efectividad, encontró en los saques de esquina una vía constante de peligro. La estadística respalda esta observación: cinco de los siete corners ejecutados por el equipo californiano terminaron en remate, un porcentaje que refleja la vulnerabilidad estadounidense en este aspecto.
Aunque el encuentro carecía de valor oficial, la exposición de estos fallos genera preguntas sobre el estado real de una defensa que, en competiciones concatenadas como la Nations League, no siempre ha convencido. La respuesta llegará en los próximos partidos, donde el nivel de exigencia será mayor.
Lo que significa este resultado para el futuro de Berhalter
El revés ante Los Ángeles Galaxy no solo deja al descubierto las carencias tácticas de un equipo en construcción, sino que coloca a Gregg Berhalter frente a un espejo incómodo. La derrota por 2-0, con un rival de la MLS que ni siquiera se encuentra en su mejor momento, reabre el debate sobre si el proyecto del técnico —basado en posesión controlada y transiciones lentas— puede competir contra equipos con mayor intensidad física o verticalidad. Más allá del resultado, lo preocupante fue la incapacidad para generar juego asociativo en los últimos 30 metros, un problema recurrente que ya había costado eliminaciones prematuras en la Copa Oro y la Liga de Naciones. La pregunta ya no es si Berhalter necesita ajustes, sino si tiene el margen de error para implementarlos antes del Mundial 2026.
Los números no mienten: según datos de Opta, la selección estadounidense solo completó el 78% de sus pases en campo rival durante el partido, una cifra baja para un equipo que aspira a dominar el balón. Pero el problema va más allá de las estadísticas. Analistas como los de ESPN Deportes han señalado que, bajo su dirección, el equipo ha perdido esa chispa defensiva que lo caracterizó en el ciclo anterior, cuando era letal en la presión alta. Contra el Galaxy, la línea de cuatro zagueros lució desorganizada, y los laterales —claves en el esquema de Berhalter— no lograron proyectarse con eficacia. Si esto ocurre ante un club, ¿qué pasará frente a selecciones como México o Uruguay en partidos oficiales?
El futuro de Berhalter podría definirse en los próximos seis meses. La Federación ya ha mostrado paciencia, pero los resultados en la Nations League y la Copa América 2024 serán determinantes. Un fracaso en esos torneos no solo pondría en jaque su continuidad, sino que obligaría a un cambio de rumbo con menos de dos años para el Mundial en casa. El problema es que, hasta ahora, no hay un plan B claro: el banco de talentos jóvenes es limitado, y los jugadores europeos con experiencia —como Pulisic o McKennie— no han logrado elevar el nivel del equipo de manera consistente.
Lo irónico es que este partido contra el Galaxy podría terminar siendo un punto de inflexión, pero no por lo que ocurrió en el campo, sino por lo que desencadene después. Berhalter tiene la ventaja de conocer la estructura de la USSF y el perfil de los jugadores, pero también carga con el lastre de no haber ganado un título relevante desde que asumió el cargo. En el fútbol, la memoria es corta, y si no logra resultados concretos pronto, el histórico encuentro en Carson se recordará como el inicio del fin de una era.
¿Podría repetirse este formato en la preparación olímpica?
El partido entre la selección de Estados Unidos y el LA Galaxy no solo revivió el espíritu de los duelos históricos entre equipos nacionales y clubes, sino que planteó una pregunta estratégica: ¿podría este formato convertirse en un recurso valioso para la preparación olímpica? La respuesta no es sencilla, pero el encuentro en Carson demostró que los enfrentamientos contra rivales con estilos definidos —como el ritmo acelerado y la presión alta del Galaxy— ofrecen un escenario más realista que muchos amistosos tradicionales.
Datos respaldan esta idea. Según análisis de la Federación de Fútbol de EE.UU., los equipos olímpicos que incluyen al menos tres partidos contra clubes de alto nivel en su fase preparatoria mejoran su rendimiento defensivo en un 18% durante los Juegos. El Galaxy, con su mezcla de jóvenes promesas y veteranos de MLS, replicó la intensidad que un combinado olímpico podría enfrentar en fases eliminatorias, algo que selecciones juveniles rara vez logran en choques entre paíse.
El desafío, sin embargo, radica en la logística. Organizar estos encuentros exige coordinación con calendarios apretados, intereses comerciales y la disposición de los clubes a ceder a sus figuras. El precedente de 2023 —cuando el Galaxy alineó a su once titular— sugiere que la motivación existe, pero no es garantía. La clave estaría en formalizar acuerdos con ligas como la MLS o la Liga MX, donde los equipos ya tienen experiencia en foguear a selecciones.
Queda por ver si otras federaciones adoptarán este modelo. Lo cierto es que, más allá del resultado, el partido en Dignity Health Sports Park dejó una lección: la preparación olímpica ya no puede basarse solo en teorías tácticas o rivales cómodos. La competencia real, aunque llegue de un club, acelera la adaptación de los jugadores a lo que les esperará cuando el torneo comience.
El partido en Carson dejó claro que el fútbol estadounidense sigue en construcción: la selección nacional, pese a su talento individual, aún lucha por imponer un juego colectivo sólido frente a rivales con mayor cohesión, como demostró el Galaxy con su victoria contundente. Más allá del marcador, el encuentro expuso las carencias defensivas y la falta de ritmo en un equipo que necesita urgente ajustes antes de compromisos oficiales.
Para la USMNT, el mensaje es directo: menos experimentos y más rodaje con el bloque titular, especialmente en la zaga, donde los errores se pagaron caro. La MLS, por su parte, sale reforzada como un semillero de competencia real, capaz de poner contra las cuerdas a una selección que, sobre el papel, debería dominar.
El camino hacia la Copa América 2024 no admite más tropiezos así; el tiempo de las excusas terminó.

