El Atlas demostró una vez más por qué se gana el apodo de Zorros al remontar un marcador adverso con dos goles en el segundo tiempo, sellando un 2-1 sobre Querétaro que dejó al Estadio Corona vibrando. Los rojinegros, que llegaron al Clausura 2024 con altibajos, encontraron en los minutos finales la claridad que les había faltado durante gran parte del encuentro. Julian Quiñones, figura indiscutible, volvió a ser clave con un golazo que inclinó la balanza cuando el empate parecía el destino más probable.
El duelo entre Atlas vs Querétaro no solo fue un partido más en la jornada: se convirtió en un reflejo de la irregularidad que marca a ambos equipos en el torneo. Los Gallos Blancos, que habían tomado ventaja temprana con un tanto de Ángel Sepúlveda, no lograron sostener el ritmo ante un rival que, aunque dubitativo al inicio, supo capitalizar los errores defensivos. La victoria coloca al Atlas en una posición más cómoda en la tabla, mientras que Querétaro sigue buscando consistencia. En el fútbol mexicano, estos encuentros—como el Atlas vs Querétaro—son los que definen temporadas, y ayer los de Guadalajara supieron escribir su nombre con letras grandes.
Un inicio de Clausura 2024 con altibajos para Atlas
El Clausura 2024 no ha sido un camino sencillo para Atlas. Tras un arranque irregular donde alternó derrotas inesperadas con victorias ajustadas, el equipo rojinegro llegó al duelo ante Querétaro con la presión de sumar tres puntos que le permitieran consolidarse en la zona media de la tabla. Los números no mentían: en las cinco jornadas previas, los Zorros habían convertido apenas cuatro goles, una cifra modesta para un plantel con aspiraciones de pelear por puestos de liguilla. La inconsistente producción ofensiva se convirtió en el talón de Aquiles que analistas deportivos, como los del programa Fútbol Picante, señalaban como la principal deuda técnica del conjunto dirigido por el cuerpo técnico actual.
El partido en el Estadio Corregidora reflejó, en sus primeros 45 minutos, esas mismas carencias. Querétaro, con un esquema compacto y salidas rápidas, logró abrir el marcador antes del descanso gracias a un error en la marca que castigó con precisión un remate cruzado. La falta de claridad en el mediocampo y los centros imprecisos desde las bandas dejaron en evidencia a un Atlas que, pese a dominar la posesión, carecía de ideas para desequilibrar.
Sin embargo, el vestuario marcó un antes y después. El cambio táctico —movimiento que algunos especialistas atribuyeron a un ajuste en la presión alta y la incorporación de un extremo por banda— rindió frutos. Dos goles en dieciocho minutos, uno de ellos tras una jugada colectiva que terminó con un remate de primera, demostraron que el equipo aún conserva recursos cuando la urgencia apremia.
La victoria, más allá de los tres puntos, dejó lecciones claras: Atlas sigue siendo un equipo de dos caras, capaz de lo mejor y lo peor en el mismo partido. La pregunta ahora es si esta remontada servirá como punto de inflexión o si, por el contrario, será otro destello aislado en un torneo donde la regularidad ha brillado por su ausencia.
El gol tempranero de Querétaro que silenció el Estadio Jalisco
El Estadio Jalisco apenas había terminado de vibrar con los cánticos iniciales cuando el silencio se apoderó de las gradas. A los 12 minutos, un disparo cruzado de Ángel Sepúlveda desde el borde del área coló el balón junto al poste izquierdo de Camilo Vargas, quien apenas pudo rozar la pelota con los dedos. Fue un golpe psicológico para Atlas: Querétaro, equipo que llegaba como el menos goleador del Clausura 2024 con apenas 4 anotaciones en 7 partidos, había abierto el marcador con su primer remate al arco en la noche.
La jugada nació de un error en la salida. Un pase atrasado de Jeremy Márquez quedó corto, Jordan Sierra robó el esférico y habilitó a Sepúlveda, quien no dudó. Los analistas deportivos destacaron después cómo ese gol tempranero confirmaba una tendencia: el 68% de los equipos que marcan primero en la Liga MX logran al menos un punto, según datos de la temporada anterior. Para los Rojinegros, la presión era doble: no solo debían remontar, sino hacerlo contra un rival que, pese a su irregularidad, se planta bien atrás.
El público local reaccionó con un murmullo incómodo. Las estadísticas previas no ayudaban al optimismo: Atlas no ganaba desde la jornada 3, y su último triunfo en casa había sido en octubre del 2023. Querétaro, en cambio, encontró en ese gol un respiro. El técnico Mauricio Gallaga ajustó líneas, bajando a sus mediocentros para ahogar la creación de Julio Furch y Aldo Rocha, quienes se veían ahogados por la marca.
Lo paradójico fue cómo el tanto adverso terminó despertando al equipo. Minutos después del 1-0, Atlas recuperó el control del balón, pero con una urgencia que antes no mostraba. Las entradas de los laterales se volvieron más verticales, y el mediocampo dejó de girar la pelota sin riesgo. El silencio inicial se transformó en un rumor expectante cuando, al 35’, un remate de Furch pegó en el travesaño. Era la señal: el partido, dormido en los primeros compases, había despertado.
La remontada rojinegra con goles de Quiñones y Rocha
El Atlas demostró una vez más por qué se le conoce como el «equipo de las remontadas» al dar vuelta un marcador adverso en el segundo tiempo. Con goles de Julián Quiñones y Aldo Rocha, los Zorros transformaron el 1-0 en contra en un triunfo 2-1 que dejó sin argumentos al Querétaro. El primer tanto llegó al minuto 67, cuando Quiñones, con esa frialdad que lo caracteriza, definió cruzado tras un centro desde la banda izquierda. Fue su cuarto gol en el Clausura 2024, consolidándose como una pieza clave en el ataque rojinegro.
El segundo gol, obra de Rocha al 78’, fue puro instinto. El mediocampista aprovechó un rebote en el área tras un tiro de esquina y remató con precisión, dejando sin reacción al arquero gallos. Según datos de la Liga MX, el Atlas ha anotado el 65% de sus goles en este torneo después del minuto 60, una tendencia que refleja su capacidad para mantener la presión hasta el final.
La reacción del equipo no fue casualidad. Desde el inicio de la segunda mitad, los dirigidos por el cuerpo técnico mostraron mayor intensidad en la recuperación del balón y más verticalidad en el ataque. La entrada de Jeremy Márquez al 55’ le dio frescura al mediocampo, permitiendo mayor llegada por las bandas. Querétaro, en cambio, pagó caro su falta de contundencia en la definición: tuvieron dos claras al inicio del complemento que no supieron capitalizar.
Con este resultado, el Atlas suma tres victorias consecutivas en el Clausura y se afianza en los primeros lugares de la tabla. La remontada no solo les dio los tres puntos, sino que reafirmó su mentalidad ganadora en partidos ajustados.
El error defensivo que cambió el rumbo del partido
El partido dio un giro inesperado en el minuto 32, cuando la defensa de Querétaro cometió un error que los analistas deportivos señalarían después como el punto de inflexión. Un pase atrás mal calculado de un zaguero gallo, intentado bajo presión de Julián Quiñones, quedó corto y permitió que el delantero del Atlas interceptara el balón. La pérdida no solo generó una jugada de peligro inmediata, sino que desestabilizó el esquema defensivo visitante, obligando a una reorganización apresurada que nunca terminó de cuajar.
Quiñones, con la frialdad que lo caracteriza, aprovechó el regalo. En lugar de forzar un remate precipitado, esperó a que el arquero se adelantara y colocó un centro rasante hacia el área. La pelota llegó a los pies de Aldo Rocha, quien sin marca alguna empujó el esférico a la red. Fue el 1-1 que reanimó a la afición rojinegra y cambió por completo la dinámica del encuentro. Según datos de Mediotiempo, el 68% de los goles que recibe Querétaro en este torneo provienen de errores no forzados en su propia mitad de la cancha, una estadística que se repitió con crueldad en el Estadio Jalisco.
Lo más llamativo no fue el gol en sí, sino el efecto psicológico que tuvo sobre ambos equipos. Atlas, que hasta ese momento había mostrado poca claridad en ataque, encontró en ese instante el ritmo que le faltaba. Querétaro, en cambio, perdió la solidez que lo había mantenido en ventaja durante la primera media hora. El lateral derecho, quien había sido uno de los más activos en el ataque gallo, comenzó a retroceder con cautela excesiva, dejando espacios que los volantes del Atlas supieron explotar.
El error defensivo no solo igualó el marcador, sino que sentenció el destino del partido. La confianza recuperada por los de Ariel Holan se tradujo en un dominio territorial del 58% en el segundo tiempo y, finalmente, en el gol de la victoria de Quiñones al 78′. Querétaro pagó caro un descuido que, en partidos ajustados como este, suele ser letal.
¿Puede Atlas mantener el ritmo en la lucha por la liguilla?
El triunfo de Atlas ante Querétaro no solo revivió sus aspiraciones en el Clausura 2024, sino que también expuso las contradicciones de un equipo que aún lucha por encontrar regularidad. Los Zorros demostraron carácter al voltear un marcador adverso en el segundo tiempo, pero la pregunta persiste: ¿será suficiente para sostener el ritmo en una liguilla que exige consistencia desde el primer minuto? El equipo de Julio González ha alternado destellos de calidad con lapsos de irregularidad, una fórmula peligrosa cuando el margen de error se reduce a cada jornada.
La estadística no miente: Atlas lleva tres victorias en sus últimos cinco partidos, pero también dos derrotas que revelan fragilidad defensiva. Contra Querétaro, la línea de cuatro sufrió en el primer tiempo, permitiendo espacios que los Gallos Blancos supieron aprovechar. Analistas como los del programa Fútbol Picante han señalado que, si bien el ataque —con figuras como Julián Quiñones— genera juego, la solidez atrás sigue siendo su talón de Aquiles. Un equipo que aspira a la liguilla no puede depender exclusivamente de remontadas heroicas.
El calendario no perdona. Con partidos pendientes contra equipos como América y Tigres, Atlas enfrentará pruebas de fuego que definirán su futuro. La victoria del sábado inyectó moral, pero el verdadero desafío será mantener ese nivel contra rivales de mayor jerarquía. La afición, siempre exigente, no conformarse con triunfos aislados; pide un proyecto claro, donde los tres puntos no sean frutos del azar, sino de un sistema bien aceitado.
González tiene la palabra. Si logra afianzar un once titular —algo que no ha ocurrido en semanas— y corregir los errores en la salida de balón, los Rojinegros podrían colarse entre los ocho primeros. El problema es el tiempo: a estas alturas del torneo, cada punto perdido duele el doble.
El Atlas demostró una vez más por qué su mentalidad es su mayor arma: un partido que parecía perdido en el primer tiempo se transformó en una victoria agónica gracias a la presión constante y los ajustes tácticos en la segunda mitad. Los goles de Julián Quiñones y Aldo Rocha no solo le dieron los tres puntos a los Zorros en el Clausura 2024, sino que ratificaron su capacidad para reponerse cuando el marcador les juega en contra, un rasgo que podría ser clave en la lucha por la liguilla.
Para Querétaro, el revés deja al descubierto la urgencia de fortalecer su defensa en balones parados y mantener la intensidad los 90 minutos, porque los errores en momentos críticos siguen costando caro. Mientras tanto, Atlas avanza con un mensaje claro: en este torneo, nadie les regala nada, pero ellos tampoco sueltan lo que es suyo. La próxima jornada dirá si esta reacción es el inicio de una racha o solo un destello en un camino aún lleno de desafíos.

