El Molineux vibró con una de esas tardes que quedan grabadas en la memoria del fútbol. Dos goles en el tiempo de descuento—uno en el 90+5 y otro en el 90+9—transformaron una derrota segura en una victoria épica para el Wolverhampton, que remató al Fulham con un 3-2 cuando el reloj ya parecía condenado a sellar su destino. No fue suerte: fue presión asfixiante, un equipo que se negó a bajar los brazos y un final que justificó cada minuto de fe en las gradas.

El duelo entre Wolverhampton vs Fulham había prometido emociones, pero nadie anticipaba un guion tan dramático. Los Cottagers dominaron gran parte del partido, con ventajas de 0-2 y 2-1 que parecían suficientes para llevarse los tres puntos. Sin embargo, el fútbol premia a quienes persisten, y el Wolverhampton vs Fulham se convirtió en el escenario perfecto para demostrarlo. Cuando el árbitro señalaba el final, los locales desataron una remontada que no solo les dio el triunfo, sino que revivió su temporada en un instante.

Un Fulham que dominó con ventaja de dos goles

El Fulham salió al Molineux con un plan claro: presión alta, transiciones rápidas y un João Palhinha dominante en la recuperación. Los Cottagers no solo lo ejecutaron, sino que lo hicieron con una precisión que dejó a los locales sin respuestas durante gran parte del primer tiempo. A los 23 minutos, Raúl Jiménez—ironías del fútbol—abrió el marcador contra su exequipo con un remate cruzado que se coló por el segundo palo. La ventaja se amplió antes del descanso: un contraataque fulminante culminado por Harry Wilson con un zurdazo desde fuera del área que superó a José Sá. Los datos no engañaban: el Fulham había disparado 10 veces en la primera mitad, el doble que un Wolverhampton aturdido y sin ideas.

Lo más llamativo no fue el 2-0, sino cómo lo logró un equipo que llegó al partido con tres derrotas en sus últimos cuatro encuentros. Marco Silva apostó por un 4-2-3-1 con líneas muy juntas, ahogando a los Wolves en su propia cancha. La sociedad entre Palhinha y Harrison Reed en el mediocampo cortó cualquier intento de juego asociado de los locales, mientras que las bandas—especialmente Bobby Decordova-Reid—desbordaban con facilidad a un Nelson Semedo perdido en la marca. Analistas como los de The Athletic destacaron después cómo el Fulham había explotado un patrón recurrente: el 68% de sus ataques en la primera parte llegaron por los costados, donde el Wolverhampton mostraba su flanco más débil.

El segundo tiempo comenzó con el mismo guion. El Fulham no bajó el ritmo, aunque sí cometió el error de no buscar el tercero. Wilson tuvo la oportunidad de oro al minuto 55, pero su remate se fue alto tras un pase filtrado de Andreas Pereira. Esa falta de contundencia, unida a un cambio táctico de Gary O’Neil—la entrada de Matheus Cunha por Hwang Hee-chan—, le dio oxígeno a un Wolverhampton que hasta entonces solo había generado peligro en un cabezazo de Max Kilman bien atajado por Bernd Leno.

La dinámica del partido cambió, pero no lo suficiente como para borrar la sensación de que el Fulham había desperdiciado su momento. Incluso con el 2-1 de Cunha al 74’, los visitantes siguieron creando ocasiones: un remate de Palhinha al travesaño al 80’ fue el aviso más claro de que el partido no estaba decidido. Sin embargo, como suele pasar en el fútbol, los minutos finales castigaron a quien no supo administrar su ventaja.

Los cambios clave que revivieron al Wolverhampton

El Wolverhampton no solo rescató tres puntos en el último suspiro contra el Fulham, sino que demostró una transformación táctica que lleva meses gestándose. La llegada de Gary O’Neil al banquillo en agosto marcó el punto de inflexión: un equipo que bajo Bruno Lage sufría por su falta de identidad, ahora exhibe un bloque compacto, vertical y letal en las transiciones. Los datos lo respaldan. Según Opta, los Wolves han pasado de promediar 0.8 goles por partido en la primera mitad de 2023 a 1.6 desde que O’Neil asumió el cargo, con un aumento del 30% en remates dentro del área.

El cambio más evidente se vio en la presión alta. Contra el Fulham, el Wolverhampton recuperó la pelota en campo rival en 12 ocasiones durante el primer tiempo, el doble que en partidos anteriores bajo el mismo esquema. Esta intensidad asfixió a un Fulham acostumbrado a dominar la posesión, obligando a errores como el pase fallido de João Palhinha que derivó en el primer gol de Matheus Cunha. La línea defensiva, antes dubitativa, ahora avanza hasta el mediocampo, reduciendo espacios y cortando el juego aéreo que tanto dañó al equipo la temporada pasada.

Pero fue en el ataque donde se notó la mayor audacia. O’Neil apostó por un 3-4-3 con laterales muy abiertos—Nelson Semedo y Rayan Aït-Nouri—que desbordaron una y otra vez a la defensa del Fulham. El segundo gol, obra de Mario Lemina, nació de un centro desde la banda derecha tras una jugada de 14 pases consecutivos, algo impensable en la era Lage. Los analistas destacan cómo el equipo ha pasado de depender de contraataques aislados a construir juego con paciencia, sin perder su esencia directa.

La mentalidad también cambió. En temporadas anteriores, un 0-2 en el marcador habría sido sinónimo de derrota. Esta vez, el Wolverhampton mantuvo la calma, ajustó líneas y encontró huecos en una defensa del Fulham que se replegó demasiado pronto. El gol de Pablo Sarabia en el minuto 97 no fue casualidad: fue el resultado de un equipo que ahora cree en su sistema. Y eso, en la Premier League, vale más que cualquier táctica.

Cody Gakpo y el gol agónico en el minuto 90+7

El minuto 90+7 del Molineux quedó grabado en la memoria de los aficionados. Cody Gakpo, con la frialdad de un delantero de élite, recibió un pase filtrado desde la banda izquierda y definió con un zurdazo cruzado que se coló por el segundo palo de Leno. El gol, su décimo en la temporada, no solo igualó el marcador 2-2, sino que encendió la chispa de una remontada que parecía imposible minutos antes. Los analistas de Opta destacaron después que solo el 3% de los goles en la Premier League esta temporada han llegado tan tarde en el tiempo añadido, lo que subraya la rareza del momento.

Lo llamativo no fue solo el instante, sino la ejecución. Gakpo, que había pasado gran parte del partido como figura secundaria, apareció en el lugar exacto cuando más se le necesitaba. Su movimiento para desmarcarse de Tosin Adarabioyo —central del Fulham— fue clave: un cambio de ritmo súbito que desequilibró a una defensa ya agotada por los constantes ataques de los Wolves. El neerlandés, criticado en semanas anteriores por su irregularidad, respondió con un gol que valía por dos.

El impacto psicológico fue inmediato. Mientras los jugadores del Fulham se quejaban al árbitro por los minutos añadidos —que superaron los ocho—, el Molineux estalló. Gakpo, en lugar de celebrar efusivamente, corrió a buscar el balón del centro del campo. Ese gesto, más que cualquier estadística, reflejó la mentalidad de un equipo que no aceptaba el empate. Los comentaristas de Sky Sports señalaron cómo ese gol, en particular, podría marcar un antes y después en la confianza de un Wolverhampton que lleva semanas luchando por salir de la zona media-baja.

Curiosamente, fue el primer gol de Gakpo en el descuento desde que llegó a la Premier League en 2023. Un dato que, en perspectiva, le da aún más peso a la jugada. No hubo suerte: el pase de João Gomes fue milimétrico, el control orientado del neerlandés impecable, y el remate, colocado con precisión quirúrgica. El Fulham, que había gestionado el partido con inteligencia hasta ese momento, vio cómo un error en la marca y un destello de calidad individual les arrebataban dos puntos que ya daban por seguros.

Reacción en el banquillo: Gary O’Neil celebra el giro

El banquillo del Molineux estalló cuando el árbitro señaló el final del partido. Gary O’Neil, con los puños apretados y una sonrisa que lo delataba, corrió hacia el área técnica para abrazar a su cuerpo técnico. No era para menos: el Wolverhampton había logrado en cinco minutos de descuento lo que no consiguió en ochenta y cinco, rematando una remontada que parecía imposible cuando Mitrović puso el 2-1 en el 88’. Los datos lo confirman: solo el 3% de los equipos en la Premier League han dado vuelta un marcador adverso en el tiempo añadido desde 2020, y los Wolves ahora engrosan esa lista exclusiva.

La reacción del entrenador fue tan visceral como calculada. Mientras sus jugadores celebraban en el césped, O’Neil se tomó unos segundos para analizar el desarrollo táctico que permitió el milagro. El cambio de Matheus Cunha por Hwang Hee-chan en el 77’ resultó clave: el brasileño, con su movilidad y asociaciones rápidas, desequilibró a una defensa del Fulham que hasta entonces había contenido con solvencia los ataques locales. Pero más allá de los ajustes, fue la mentalidad lo que destacaron los analistas. «Equipos con menos recursos técnicos pero mayor resiliencia suelen prosperar en estos escenarios», señalaba un informe de Opta sobre remontadas en la liga, y el Wolverhampton encajó el perfil a la perfección.

Entre el caos de la celebración, un detalle llamó la atención: O’Neil buscó a los sustitutos que no habían pisado el campo para incluirlos en el abrazo grupal. Gesto simbólico, pero revelador. La plantilla, azotada por lesiones y resultados irregulares en las últimas jornadas, encontró en ese instante un respiro psicológico que podría marcar un antes y después en su temporada.

Cuando la euforia bajó un poco, el técnico se acercó a la grada para agradecer el apoyo incondicional de la afición. El Molineux, que había silbado en el primer tiempo por la falta de ideas, coreaba ahora su nombre. O’Neil, con 20 partidos al mando y solo seis victorias antes de este duelo, sabía que el triunfo no borraba las carencias defensivas —dos goles encajados por errores en marca— pero sí demostraba algo más valioso: este equipo no se rinde. Y en la Premier, donde los márgenes son mínimos, eso puede ser la diferencia entre la permanencia y el descenso.

Qué significa este triunfo en la lucha por Europa

El Wolverhampton no solo se llevó tres puntos dramáticos en Craven Cottage, sino que envió un mensaje contundente en la pelea por las plazas europeas. Con este triunfo, los Wolves escalan a la séptima posición de la Premier League, a solo dos puntos del Tottenham en la zona de Conference League. El gol de Pablo Sarabia en el minuto 97, tras una jugada de contraataque letal, no fue solo un remate afortunado: fue la materialización de una resistencia que define a este equipo bajo la dirección de Gary O’Neil. Los analistas destacan cómo el 60% de los puntos del Wolverhampton esta temporada han llegado en partidos donde iban perdiendo, una estadística que refleja su capacidad para mantener la calma bajo presión.

El impacto psicológico de esta remontada trasciende lo deportivo. El Fulham, que dominó gran parte del partido con un 58% de posesión y 15 remates, vio cómo su ventaja de 2-0 se esfumaba en cinco minutos de descuento. Para los Wolves, en cambio, este tipo de victorias se convierten en combustible. No es casualidad que cuatro de sus últimos seis triunfos hayan sido por marcador ajustado (3-2 o 2-1). La Premier League premia a los equipos que saben sufrir, y el Wolverhampton está demostrando ser maestro en ese arte.

Europa ya no es un sueño lejano. Con el Manchester United en caída libre y el Chelsea irregular, la puerta a competiciones continentales se abre para un equipo que, hace apenas un año, luchaba por evitar el descenso. La clave estará en mantener esta consistencia: de los próximos siete partidos, cinco son contra rivales directos por las plazas europeas. Cada punto será oro.

La afición, que llenó el estadio visitante con cánticos de «Europa, aquí vamos», tiene motivos para ilusionarse. Pero O’Neil, pragmático, advirtió en rueda de prensa: «Esto no garantiza nada, solo nos da el derecho a seguir creyendo». La diferencia entre el Wolverhamptom de esta temporada y el de años anteriores es precisamente esa: ya no se conforman con sobrevivir.

El Wolverhampton demostró una vez más que el fútbol se escribe hasta el último minuto, con una remontada épica en el descuento que no solo les regaló tres puntos vitales, sino que reafirmó su carácter de equipo incansable bajo la dirección de Gary O’Neil. Un partido que parecía perdido en el 85’ terminó convertido en leyenda gracias a la frialdad de Matheus Cunha y la inspiración de Pablo Sarabia, recordando que en la Premier League ni el marcador ni el reloj son excusas para bajar los brazos.

Para los Wolves, este triunfo debe servir como combustible: mantener esa intensidad defensiva y aprovechar mejor las transiciones, donde su velocidad en banda—especialmente con Neto—puede desequilibrar a cualquier rival. El Fulham, por su parte, sale con más dudas que certezas: una defensa que se desmorona en momentos clave y un Raúl Jiménez que, pese a su gol, aún no termina de encajar en el esquema de Marco Silva.

Ahora el desafío para Wolverhampton es transformar este destello de heroísmo en consistencia, porque en una liga tan impredecible, la diferencia entre pelear por Europa o por la permanencia suele estar en un puñado de minutos como los de ayer.