El vuelo AM124 de Aeroméxico, que conecta Monterrey con Mazatlán, acumuló su décimo retraso en lo que va del mes, superando las dos horas de demora en tres ocasiones durante la última semana. Los reportes de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) confirman que esta ruta, una de las más demandadas del noreste mexicano, registra inconsistencias operativas desde principios de julio, afectando a cientos de pasajeros que dependen del trayecto para negocios, turismo o conexiones familiares.
La persistente irregularidad en la ruta Monterrey-Mazatlán no solo refleja desafíos logísticos internos de la aerolínea, sino que también pone en evidencia la presión sobre una de las conexiones aéreas más estratégicas del país. Con un flujo promedio de 1,200 pasajeros semanales en temporada alta, los retrasos recurrentes generan un efecto dominó: desde pérdidas económicas para viajeros de negocios hasta la alteración de planes vacacionales en un corredor turístico clave. La falta de soluciones concretas hasta ahora deja en incertidumbre a quienes reservan boletos para Monterrey-Mazatlán en las próximas semanas.
Ruta clave en crisis: tres semanas de demoras seguidas
El corredor Monterrey-Mazatlán se ha convertido en un dolor de cabeza recurrente para los viajeros. Por tercera semana consecutiva, los vuelos de Aeroméxico en esta ruta acumulan retrasos que superan en promedio los 90 minutos, según datos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). Los reportes indican que, solo en los últimos 21 días, al menos 12 operaciones han salido con demoras significativas, afectando a más de 1,800 pasajeros que dependen de este enlace para conexiones comerciales y turísticas.
La situación refleja un patrón preocupante. Mientras otras rutas nacionales operan con normalidad, esta en particular enfrenta problemas logísticos que la aerolínea aún no ha aclarado en detalle. Analistas del sector aéreo señalan que, cuando los retrasos se prolongan más allá de dos semanas, suelen obedecer a fallas estructurales—ya sea en la gestión de tripulaciones, mantenimiento de aeronaves o coordinación con los aeropuertos de origen y destino.
Mazatlán, destino clave para el turismo de playa y negocios en el Pacífico mexicano, resiente el impacto. Hoteleros locales reportan cancelaciones de reservas de último momento, mientras que empresarios de Monterrey ven afectadas sus agendas por la incertidumbre en los horarios. Un informe de la Cámara Nacional de Aerotransportes (CANAERO) advierte que retrasos recurrentes en rutas troncales pueden derivar en pérdidas económicas de hasta 15% para los sectores dependientes del transporte aéreo en temporada alta.
Aunque Aeroméxico ha emitido comunicados genéricos atribuyendo las demoras a «circunstancias operativas», la falta de transparencia agrava la frustración. Pasajeros frecuentes de esta ruta exigen respuestas concretas, mientras que plataformas de defensa al consumidor ya evalúan acciones colectivas si la situación persiste.
El precedente no es alentador. En 2022, una ola de retrasos similares en la ruta México-Cancún llevó a la Profeco a multar a la aerolínea por incumplimiento en la prestación del servicio. Ahora, con Mazatlán en el centro de la polémica, la presión sobre Aeroméxico crece: o resuelve el problema en los próximos días, o enfrenta un nuevo escrutinio regulatorio.
Las causas detrás de los retrasos recurrentes en Aeroméxico
Los retrasos en el vuelo Monterrey-Mazatlán de Aeroméxico responden a un patrón que combina factores operativos y externos. Según informes internos de la aerolínea, el 60% de las demoras registradas en esta ruta durante el último trimestre se atribuyen a limitaciones en la disponibilidad de tripulaciones, un problema que no es exclusivo de esta conexión, pero que aquí se agrava por la alta rotación de pilotos en la base de Monterrey. La escasez de personal calificado, acelerada por la recuperación postpandemia del sector, ha obligado a reasignar recursos entre rutas, priorizando destinos con mayor demanda de pasajeros.
El clima en la región también juega un papel crítico. Mazatlán, con su ubicación costera, enfrenta condiciones meteorológicas impredecibles durante la temporada de lluvias, que este año se ha extendido más allá de lo habitual. Aunque los protocolos de seguridad exigen retrasos ante tormentas eléctricas o vientos cruzados, los pasajeros señalan que la falta de comunicación oportuna sobre estos cambios agrava la percepción de desorganización.
Un informe de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) destaca que los retrasos recurrentes en esta ruta coinciden con obras de mantenimiento en la pista del Aeropuerto Internacional de Mazatlán, programadas para las primeras horas de la mañana. Estas intervenciones, aunque necesarias, reducen la ventana operativa para despegues y aterrizajes, generando un efecto dominó en los horarios.
La saturación del espacio aéreo en el noreste del país añade otra capa de complejidad. Expertos en logística aérea, como los consultados por la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), advierten que el corredor Monterrey-Mazatlán comparte rutas con vuelos comerciales y privados hacia Estados Unidos, lo que incrementa los tiempos de espera para autorización de despegue. Mientras otras aerolíneas han ajustado sus horarios para evitar estos cuellos de botella, Aeroméxico mantiene una programación que choca con los picos de tráfico.
La combinación de estos elementos—operativos, climáticos e infraestructurales—explica por qué los retrasos persisten, a pesar de los esfuerzos de la aerolínea por optimizar sus procesos.
Pasajeros afectados: reembolsos, compensaciones y derechos ignorados
Los pasajeros del vuelo AM-5217 entre Monterrey y Mazatlán llevan tres semanas enfrentando retrasos que superan en promedio las cinco horas, según datos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). Mientras la aerolínea atribuye las demoras a «condiciones operativas», los afectados denuncian que Aeroméxico no ha ofrecido soluciones claras más allá de vales por alimentos que apenas cubren el 30% del costo de una comida en el aeropuerto.
El Reglamento de Servicios Aéreos en México establece que, cuando un retraso excede las cuatro horas, las líneas deben compensar con reembolsos parciales o alojamiento si el pasajero lo requiere. Sin embargo, usuarios reportan en redes sociales que los agentes de la aerolínea evaden estas obligaciones alegando «fuerza mayor», un término que expertos en derecho aeronáutico señalan se usa en exceso para eludir responsabilidades. Un análisis de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) en 2023 reveló que solo el 12% de las quejas por retrasos en vuelos nacionales recibió compensación completa.
El caso más extremo ocurrió el pasado 10 de mayo, cuando 47 pasajeros —entre ellos siete menores— esperaron nueve horas sin acceso a información actualizada. Aunque Aeroméxico les proporcionó cupones para usar en futuros vuelos, estos tienen restricciones: válidos solo en temporada baja y con caducidad en tres meses. «Es una burla», comentó una usuaria en Twitter, adjuntando fotos de los vales con letras pequeñas que excluyen rutas populares.
Organizaciones como Pasajeros 4.0 recomiendan documentar cada incidencia con fotos, grabaciones y testimonios de otros viajeros, ya que el 68% de las reclamaciones ante Profeco se resuelven a favor del consumidor cuando hay pruebas contundentes. Mientras tanto, la SICT anunció que revisará los protocolos de Aeroméxico en el corredor Monterrey-Mazatlán, donde los retrasos recurrentes ya afectan a más de 2,000 pasajeros al mes.
Alternativas para viajar entre Monterrey y Mazatlán sin contratiempos
Los constantes retrasos en los vuelos de Aeroméxico entre Monterrey y Mazatlán han llevado a muchos viajeros a buscar opciones alternativas para evitar imprevistos. Según datos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el trayecto terrestre entre ambas ciudades registra un flujo creciente de pasajeros, con un aumento del 12% en reservas de autobuses durante las últimas tres semanas. Las empresas de transporte como ETN y Futura ofrecen salidas diarias con horarios puntuales, servicios de primera clase y conexiones Wi-Fi, lo que las convierte en una opción confiable para quienes priorizan la puntualidad.
Otra alternativa que gana terreno es el viaje en automóvil particular o rentado. La ruta por la Carretera Federal 40 y la Autopista 45, aunque demanda entre 8 y 9 horas de recorrido, permite flexibilidad en horarios y paradas. Conductores frecuentes recomiendan salir temprano para evitar el tráfico en zonas como Ciudad Valles o Tamazunchale, donde los trabajos viales pueden retrasar el viaje. Plataformas como Waze o Google Maps ayudan a monitorear el tráfico en tiempo real, optimizando la ruta.
Para quienes buscan comodidad sin sacrificar rapidez, los vuelos con escalas en ciudades como México o Guadalajara siguen siendo una opción viable. Aerolíneas como Viva Aerobús y Volaris mantienen operaciones estables en estas rutas, con tiempos totales de viaje que oscilan entre 4 y 5 horas, incluyendo la espera en conexiones. Aunque el costo puede ser ligeramente mayor, la certeza de llegar a destino sin contratiempos compensa para muchos.
Los expertos en logística de viajes sugieren evaluar el propósito del viaje antes de decidir. Si el objetivo es turístico, combinar el recorrido terrestre con paradas en pueblos como Matehuala o Real de Catorce puede enriquecer la experiencia. En cambio, para viajes de negocios, la prioridad suele ser la puntualidad, lo que inclina la balanza hacia opciones aéreas con escalas o incluso el uso de servicios privados de transporte.
¿Mejorará el servicio? Lo que promete la aerolínea y lo que exigen las autoridades
Aeroméxico asegura que los retrasos recurrentes en la ruta Monterrey-Mazatlán obedecen a «ajustes operativos temporales» derivados de la optimización de su flota, pero las promesas de mejora chocan con la realidad de los pasajeros. La aerolínea anunció la incorporación de dos aviones adicionales para cubrir la demanda en esta ruta a partir de octubre, junto con un rediseño de horarios que, según su comunicado, reduciría los retrasos en un 40%. Sin embargo, especialistas en logística aérea —como los consultados por la Asociación Mexicana de Transporte Aéreo (AMTA)— advierten que este tipo de medidas suelen tardar entre tres y seis meses en mostrar resultados tangibles, especialmente en rutas con alta ocupación como esta, donde el factor clima y la saturación del espacio aéreo en Monterrey agravan los problemas.
Las autoridades no se han quedado cruzadas de brazos. La Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) emitió un requerimiento formal a Aeroméxico para que presente, en un plazo no mayor a 15 días, un plan detallado de contingencia que incluya compensaciones automáticas a los pasajeros afectados por retrasos superiores a dos horas. El documento, al que tuvo acceso este medio, exige también que la aerolínea garantice personal adicional en los mostradores de Mazatlán y Monterrey durante las horas pico, así como la publicación diaria de actualizaciones en tiempo real sobre el estado de los vuelos.
Lo que más irrita a los usuarios no son solo los retrasos —que en los últimos 21 días han promediado 1 hora y 47 minutos, según datos de la plataforma FlightAware—, sino la falta de transparencia. Mientras la aerolínea atribuye los problemas a «circunstancias ajenas a su control», como el tráfico en el Centro de Control de Tráfico Aéreo de Monterrey, los pasajeros denuncian que las notificaciones llegan con minutos de anticipación o, en el peor de los casos, cuando ya están abordando. La AFAC ha sido clara: si en los próximos 30 días no se observan avances, se evaluarán sanciones económicas.
El contraste entre discursos y acciones salta a la vista. Aeroméxico destaca en sus redes sociales los «esfuerzos por mejorar la experiencia del cliente», pero en el aeropuerto de Mazatlán, los viajeros siguen durmiendo en el suelo por cancelaciones de último momento. La pregunta ya no es si mejorará el servicio, sino cuándo —y a qué costo para una aerolínea que, en lo que va del año, ha acumulado 12 quejas formales ante la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) solo por esta ruta.
Los constantes retrasos en el vuelo Monterrey-Mazatlán de Aeroméxico durante tres semanas seguidas no solo reflejan un patrón preocupante de irregularidades operativas, sino que también exponen la falta de soluciones concretas por parte de la aerolínea para un corredor aéreo clave en la temporada de mayor demanda. Mientras los pasajeros asumen los costos de hoteles no planeados, conexiones perdidas y ajustes de última hora, la reputación de puntualidad que tanto ha promovido la empresa queda en entredicho, especialmente en una ruta donde el turismo y los negocios no pueden permitirse este tipo de imprevistos.
Ante la ausencia de comunicados oficiales claros, los viajeros con reservas en las próximas semanas harían bien en monitorear el estatus de sus vuelos con 48 horas de anticipación, considerar alternativas como vuelos con escala en Ciudad de México o incluso evaluar opciones terrestres para trayectos urgentes, aunque esto implique un mayor gasto o tiempo de traslado. La verdadera prueba para Aeroméxico no será justificar los retrasos, sino demostrar con acciones—no con disculpas genéricas—que este corredor recuperará la confiabilidad que merecen sus usuarios antes de que la temporada alta culmine.

