Dos goles en 13 minutos bastaron para que Vinícius Jr. desatara el torbellino madridista en San Mamés. El brasileño, con una exhibición de velocidad y precisión, sentenció al Athletic con un 0-2 antes del descanso que dejó al equipo vasco sin argumentos. El Real Madrid no solo sumó tres puntos clave en la Champions, sino que lo hizo con un fútbol contundente: 4-0, cuatro goles en menos de una hora de juego, y una demostración de jerarquía que reafirma su condición de favorito en el grupo.
El duelo entre Athletic y Real Madrid siempre carga un peso histórico, pero esta vez el guion lo marcó la eficacia blanca desde el primer minuto. Vinícius, con apenas 23 años, asume cada vez más el rol de líder en ataque, mientras el equipo de Ancelotti consolida su solidez en Europa. Para los leones, la derrota duele no solo por el marcador, sino porque expone las carencias defensivas ante rivales de élite. La Champions, implacable, no perdona: y el Madrid lo sabe mejor que nadie.
Un Vinícius Jr. en estado puro contra el Athletic
El San Mamés presenció la versión más letal de Vinícius Jr. contra un Athletic que no encontró respuestas. El brasileño, con dos goles en los primeros 35 minutos, desarmó la defensa vasca con una combinación de velocidad explosiva y precisión quirúrgica. Su primer tanto, un remate cruzado tras filtrarse por la banda izquierda, dejó clavado a Unai Simón. El segundo, un zurdazo desde el borde del área, confirmó que la noche sería de exhibición técnica.
Los datos avalan su dominio: Vinícius acumula cinco goles en sus últimos seis partidos contra el Athletic, equipo al que parece tener marcado en su radar. Analistas destacan cómo su evolución bajo Carlo Ancelotti ha refinado su capacidad para decidir en los metros finales, algo que anoche quedó en evidencia.
Pero no fue solo cuestión de eficacia. Su asociación con Jude Bellingham —autor del pase decisivo en el 2-0— y Rodrygo desequilibró constantemente. Cada desborde suyo generaba alarma en la zaga local, obligando a faltas o a recular hasta el área.
El público bilbaíno, acostumbrado a ver a su equipo plantar cara en casa, solo atinó a silbar cuando el brasileño celebró el segundo gol con un baile frente a la grada. Para entonces, el partido ya era un monólogo blanco.
La jugada maestra que desató la goleada madridista
El partido basculó en el minuto 36, cuando Vinícius Jr. ejecutó una jugada que dejó al Athletic Club sin respuestas. Tras recibir un pase filtrado de Kroos en la frontal del área, el brasileño amagó el remate para luego asistir a Rodrygo con un toque sutil entre dos defensas. La conexión entre ambos, repetida en 12 ocasiones esta temporada según datos de Opta, desequilibró a una defensa vasca que hasta entonces había contenido con orden los avances madridistas.
Lo decisivo no fue solo el gol, sino el efecto psicológico. El Athletic, compacto y físico en los primeros 35 minutos, vio cómo su estructura se resquebrajaba ante la velocidad de transición del Madrid. Vinícius, lejos de conformarse, aprovechó ese momento de duda rival para marcar el segundo tanto tres minutos después, tras un contraataque fulminante que comenzó con un robo de Valverde en mediocampo.
Analistas destacados señalaron después que ese lapso de 180 segundos —entre el 1-0 y el 2-0— fue clave. El Madrid pasó de un 48% de posesión en el primer tiempo a dominar el 62% en el segundo, mientras el Athletic perdió 14 balones en zona peligrosa durante ese intervalo.
La goleada, sin embargo, tuvo su origen en un detalle táctico: la sobrecarga por banda izquierda que Carlo Ancelotti había ensayado en los últimos entrenamientos. Con Mendy y Vinícius combinando en espacios reducidos, el lateral zurdo superó en tres ocasiones a su marcador directo antes del descanso.
Qué significa este triunfo para el futuro en Champions
El contundente 4-0 del Real Madrid ante el Athletic Club no solo refuerza su dominio en la fase de grupos, sino que envía un mensaje claro a Europa: el equipo de Carlo Ancelotti llega con hambre a la recta final de la Champions. Vinícius Jr., con dos goles y una asistencia, confirmó su evolución como figura decisiva en partidos de alto voltaje. Los merengues suman ya 15 goles en sus últimos cinco encuentros en la competición, una racha que solo igualan el Bayern Múnich y el Manchester City en esta edición.
Para un club acostumbrado a levantar la Orejona, este triunfo reafirma la solidez de un proyecto que combina experiencia y juventud. La conexión entre el brasileño, Jude Bellingham y Rodrygo —tres jugadores menores de 24 años— demuestra que el Madrid no depende únicamente de su generación dorada pasada. Analistas destacan cómo Ancelotti ha logrado equilibrar la intensidad física con un juego posicional que desarma a rivales de perfil defensivo, como el Athletic.
Mirando hacia adelante, la eliminatoria de octavos adquiere otro matiz. El Madrid evita el segundo puesto en el grupo, lo que le permitiría sortear a potenciales rivales como el Arsenal o el Atlético en la siguiente fase. Más allá de los números, la confianza que transmite un equipo capaz de goleadas así —sin Karim Benzema en el once— habla de una profundidad de plantilla poco común.
La historia reciente respalda el optimismo: desde 2016, el Madrid ha eliminado al campeón vigente de la Champions en tres ocasiones. Con Vinícius en estado de gracia y un bloque que parece entenderse sin necesidad de grandes discursos, la pregunta ya no es si llegarán lejos, sino contra quién chocarán en el camino.
El Real Madrid dejó claro por qué sigue siendo el rey de Europa: con Vinícius Jr. como líder ofensivo—dos goles, desborde constante y una conexión letal con Rodrygo—, el equipo desarmó al Athletic con un fútbol de velocidad y precisión que asfixió desde el primer minuto. La goleada 4-0 no solo consolida su paso firme a cuartos, sino que reafirma un estilo donde la presión alta y los cambios de ritmo son armas infalibles contra rivales que se atrincheran. Quienes busquen entender el éxito madridista deben fijarse en cómo Ancelotti explota los espacios entre líneas: Vinícius no es solo un extremo, es el símbolo de un sistema que castiga cualquier error defensivo. Ahora, con el Bernabéu como fortaleza y un bloque en estado de gracia, el próximo rival en Champions ya sabe lo que le espera: un Madrid que no perdona y un brasileño decidido a escribir su nombre entre los grandes.

