El estadio Centenario vibró como en sus mejores noches cuando Uruguay, con el agua al cuello y un marcador adverso, desplegó en diez minutos el fútbol que lo ha hecho legendario. Dos goles de Darwin Núñez y Facundo Pellistri entre el 38 y el 48 volaron la red de Maxime Crépeau y sellaron una remontada épica contra Canadá, un rival que hasta entonces había manejado el partido con solvencia. El 2-1 final no solo le dio oxígeno a La Celeste en un año irregular, sino que escribió otra página de esas que el fútbol uruguayo guarda bajo siete llaves: las que nacen de la urgencia y se firman con garra.
El duelo Canadá – Uruguay trascendió el marco de un amistoso más por lo que representó para ambos. Para los norteamericanos, liderados por Alphonso Davies y con la Copa América en el horizonte, fue la prueba de fuego que confirmó su crecimiento, pero también las grietas que aún debe pulir contra equipos de jerarquía. Para los charrúas, en cambio, el triunfo llegó como un balde de agua fría en medio de las críticas: sin su figura máxima, Federico Valverde, y con un equipo en reconstrucción, demostraron que el ADN de nunca rendirse sigue intacto. Que un partido Canadá – Uruguay termine siendo histórico no sorprende—lo inesperado fue el guión.
Un amistoso con peso de revancha histórica
El duelo entre Uruguay y Canadá trascendió el marco de un simple amistoso. Más allá de los tres puntos en juego, el partido cargó con el peso simbólico de la revancha por la derrota celeste en el Mundial de Qatar 2022, cuando los canadienses se impusieron 2-1 en un encuentro que marcó su primer triunfo en una Copa del Mundo en 36 años. Esa tarde en Doha, con goles de Cyle Larin y Steven Vitória, Canadá escribió una de las páginas más brillantes de su historia futbolística, mientras que Uruguay, acostumbrado a figurar en instancias decisivas, vio cómo se le escapaba un resultado que muchos daban por descontado.
La memoria de aquel partido quedó grabada en la estrategia uruguaya. Analistas deportivos destacaron cómo el equipo de Marcelo Bielsa ajustó su esquema para neutralizar el juego físico y las transiciones rápidas que habían sido clave en el triunfo canadiense hace año y medio. Según datos de Opta, Uruguay redujo un 30% los espacios en mediocampo durante los primeros 20 minutos, una táctica que, aunque inicial no dio frutos, sentó las bases para la remontada en el segundo tiempo.
El contexto histórico añadió un matiz emocional. Para la generación de jugadores uruguayos que disputaron ambos encuentros—como Darwin Núñez o Rodrigo Bentancur—este amistoso representaba la oportunidad de cerrar un ciclo de frustración. No era solo cueston de orgullo deportivo, sino de reafirmar un legado: Uruguay, con dos Copas del Mundo y 15 Copas Américas, no está acostumbrado a que equipos emergentes le arrebaten protagonismo en partidos clave. Canadá, por su parte, llegó con la confianza de un equipo en ascenso, respaldado por su mejor ranking FIFA en la historia (posición 40 en 2023) y un plantel con figuras en ligas europeas de primer nivel.
El gol tempranero de Jonathan David, a los 12 minutos, parecía repetir el guion de Qatar. Pero la reacción uruguaya, con dos goles en menos de diez minutos durante el complemento, demostró que esta vez la historia tendría otro final. La cancha del Estadio Centenario, testigo de glorias celestes, vibró con una remontada que, más que tres puntos, devolvió a Uruguay la sensación de que, ante rivales en crecimiento, la experiencia y el temple siguen siendo armas decisivas.
Dos goles relámpago que cambiaron el partido en Montevideo
El estadio Centenario guardó silencio durante 78 minutos. Canadá, con un gol temprano de Jonathan David al 34’ y una defensa ordenada, parecía encaminado a firmar una victoria histórica sobre Uruguay. Pero el fútbol, en su esencia impredecible, reservaba un giro brutal en los últimos compases del partido. Dos goles en apenas diez minutos —uno de Darwin Núñez al 80’ y otro de Facundo Pellistri al 89’— transformaron la frustración charrúa en éxtasis colectivo.
El primero llegó como un latigazo. Un centro desde la izquierda de Nicolás de la Cruz encontró a Núñez en el área, quien con un remate cruzado y sin dejar caer el balón batió al arquero canadiense Maxime Crépeau. El delantero del Liverpool, criticado en los últimos partidos por su falta de efectividad, respondió con la frialdad que lo caracteriza en los momentos clave. Según datos de Opta, Núñez ha marcado 6 de sus últimos 8 goles con la celeste en el último cuarto de hora de partido, confirmando su olfato para los instantes decisivos.
Cuando Canadá intentó recomponerse, Uruguay aceleró. Un contraataque fulminante iniciado por Valverde en mediocampo terminó con Pellistri definiendo con precisión tras una pared con Araújo. El gol, anulado inicialmente por un fuera de juego mal señalado, fue validado tras la revisión del VAR. La tecnología, otra vez, jugó un papel clave en un partido donde los detalles marcaron la diferencia.
La remontada no solo salvó el prestigio de un Uruguay que venía de dos empates consecutivos, sino que expuso las carencias defensivas de un equipo canadiense que, pese a su solidez inicial, no supo manejar la presión en los minutos finales. Los cambios tácticos de Marcelo Bielsa —la entrada de Pellistri y Araújo por las bandas— inclinaron la balanza.
Al pitazo final, el Centenario rugió. No fue un amistoso cualquiera: fue un recordatorio de que, en el fútbol, diez minutos pueden borrar 80 de dominio ajeno.
El error defensivo que pagó caro la selección canadiense
El gol de Uruguay en el minuto 78 no fue solo un acierto ofensivo, sino el castigo a un error defensivo que Canadá pagó con creces. La presión alta de los charrúas obligó a una salida precipitada desde el fondo, donde el central Moïse Bombito intentó un pase corto bajo la sombra de Darwin Núñez. El delantero del Liverpool interceptó con facilidad, asistió a Facundo Pellistri y el lateral derecho no perdonó: remate cruzado, 1-1 en el marcador y un partido que se le escapaba a los canadienses.
Lo llamativo no fue el gol en sí, sino cómo se gestó. Según datos de Opta, el 63% de los errores defensivos que terminan en gol en partidos de selecciones surgen de pérdidas en la salida de balón. Canadá, que había contenido bien a Uruguay durante 70 minutos, cayó en la trampa clásica: forzar el juego en zona peligrosa cuando el rival ya estaba posicionado para el contraataque. Bombito, con solo 23 años y en su cuarto partido con la selección, asumió un riesgo innecesario. Núñez, en cambio, leyó la jugada como un veterano.
El segundo gol, tres minutos después, fue consecuencia directa de ese primer mazazo psicológico. La defensa canadiense, desordenada tras el empate, dejó espacios en banda izquierda que Maximiliano Araújo aprovechó con un centro al área. Nuevamente, la falta de comunicación entre los zagueros —esta vez entre Bombito y el lateral Derek Cornelius— permitió que Núñez rematara sin marca. Dos jugadas, dos errores, dos goles. Uruguay no necesitó más para dar vuelta un partido que parecía controlado.
Lo más doloroso para los de John Herdman fue que, hasta ese momento, su estrategia había funcionado. Canadá había neutralizado el mediocampo uruguayo con un bloque bajo y transiciones rápidas, como la que derivó en el gol de Jonathan David al minuto 13. Pero el fútbol, en partidos de este nivel, no perdona los detalles. Y Uruguay, con dos toques de calidad en área rival, demostró por qué lleva 15 partidos invicto.
La Celeste consolida su estilo antes del desafío copero
El triunfo ante Canadá no solo dejó tres puntos en la preparación de Uruguay, sino que ratificó un patrón de juego que Marcelino ya viene puliendo desde su llegada. La Celeste mostró una vez más su capacidad para dominar la posesión —con un 63% en el partido— sin descuidar la verticalidad cuando el rival se repliega. El gol de Olivera, tras una jugada colectiva de 12 pases, ejemplificó esa mezcla de paciencia y precisión que define a este equipo. No fue casualidad que, según datos de Opta, Uruguay haya completado 587 pases en el partido, su segunda marca más alta en lo que va del año.
Lo más llamativo, sin embargo, fue la reacción en los minutos finales. Cuando el marcador adverso parecía condenarlos, aparecieron las individualidades que Marcelino ha sabido potenciar: Valverde acelerando el juego desde el mediocampo, Núñez desequilibrando con desbordes y Araújo cerrando espacios en defensa. Ese bloque compacto, que en el segundo tiempo ajustó líneas para presionar más alto, es el mismo que ya había asfixiado a México y Argentina en partidos anteriores.
Canadá, con su físico y transiciones rápidas, puso a prueba la solidez defensiva uruguaya. Pero allí surgió otra constante bajo este técnico: la adaptabilidad. La Celeste modificó su presión tras el gol de Larin, bajando la línea de mediocampistas para cortar los contraataques. Ese ajuste táctico, casi imperceptible para el espectador casual, fue clave. Analistas de ESPN Deportes destacaron cómo Uruguay redujo un 40% los espacios entre líneas en el último tramo, algo que había trabajado específicamente en la semana.
El amistoso, más que un simple fogueo, sirvió para confirmar que este equipo ya tiene una identidad clara de cara a la Copa América. No es el Uruguay de garra pura de otros tiempos, pero tampoco un conjunto que dependa de un solo jugador. Marcelino ha logrado algo más valioso: un sistema donde las piezas se complementan, donde la posesión no es un fin en sí misma, sino un medio para desgastar y luego golpear. Queda por ver si esa fórmula resistirá el ritmo de un torneo corto, pero las señales, por ahora, son contundentes.
Canadá busca respuestas tras su segunda caída ante Uruguay
La segunda derrota consecutiva ante Uruguay dejó a Canadá con más preguntas que respuestas. El equipo de Jesse Marsch, que llegó al amistoso con el objetivo de medir su progreso frente a un rival de jerarquía, terminó expuesto en los mismos errores que lo hundieron en el partido anterior contra Argentina. La falta de solidez defensiva en momentos clave—especialmente durante los 10 minutos fatales en los que Uruguay anotó sus dos goles—evidenció una debilidad que ya no puede atribuirse al azar. Analistas deportivos señalan que, desde el Mundial 2022, Canadá ha concedido al menos un gol en 12 de sus últimos 15 encuentros, una cifra que refleja un patrón preocupante en su línea de cuatro.
El once inicial canadiense, con figuras como Alphonso Davies y Jonathan David, no logró imponer su ritmo. Aunque controlaron el 52% de la posesión, su juego ofensivo se diluyó en pases laterales y centros imprecisos. Uruguay, en cambio, aprovechó la velocidad de Darwin Núñez y la experiencia de Luis Suárez para desequilibrar con contragolpes letales. El segundo tanto, un remate cruzado de Núñez tras un error en la marca, fue el golpe definitivo.
La reacción del cuerpo técnico fue inmediata: Marsch introdujo tres cambios antes del minuto 60, incluyendo el ingreso del joven Jacob Shaffelburg. Pero el daño ya estaba hecho. La selección charrúa, que jugaba sin su capitán Valverde, demostró una vez más por qué ocupa el puesto 17 en el ranking FIFA, mientras Canadá—pese a su ascenso al 48° lugar—sigue buscando consistencia contra equipos de primer nivel.
El próximo compromiso, frente a México en la Nations League, se convierte ahora en un examen de fuego. Sin tiempo para lamentos, el equipo deberá corregir sus fallas tácticas o arriesgarse a repetir el mismo guion: dominio estéril y errores que castigan.
El triunfo de Uruguay ante Canadá no fue solo un resultado, sino una lección de resiliencia: en diez minutos de fútbol intenso, la Celeste transformó un partido que parecía perdido en una victoria que reafirma su jerarquía histórica, incluso en encuentros amistosos. La capacidad de reacción, el cambio táctico oportuno y la frialdad de Darwin Núñez y Maximiliano Araújo ante el arco rival marcaron la diferencia cuando más se necesitaba, demostrando que el fútbol se gana con mentalidad tanto como con talento.
Para selecciones en reconstrucción como la canadiense, el partido deja claras áreas de mejora: mantener la concentración en los momentos clave y evitar el desorden defensivo ante equipos que castigan cada error con precisión quirúrgica. Uruguay, por su parte, sale con un mensaje contundente de cara a las Eliminatorias: la mezcla de experiencia y juventud sigue siendo una fórmula letal cuando el juego se pone cuesta arriba. El camino hacia el Mundial 2026 ya tiene su primer capítulo escrito con garra charrúa.

