Tres bailarines del prestigioso espectáculo Mirror fueron trasladados de urgencia al hospital la tarde del martes tras sufrir un accidente durante un ensayo en el Teatro Colón de Madrid. Uno de ellos presenta fracturas múltiples, mientras que los otros dos fueron ingresados con contusiones graves y posibles lesiones cervicales, según confirmaron fuentes médicas. El suceso, ocurrido alrededor de las 17:30 horas, paralizó la producción y activó los protocolos de emergencia del recinto, que ya había vivido incidentes menores en meses anteriores, aunque ninguno de esta magnitud.

El accidente bailarines Mirror ha reabierto el debate sobre la seguridad en los montajes escénicos de alto riesgo, donde coreografías aéreas, plataformas móviles y efectos especiales se combinan con ritmos exigentes. Este espectáculo, conocido por sus números acrobáticos y escenografías innovadoras, atrae a miles de espectadores cada semana, pero tras lo ocurrido, la compañía se enfrenta ahora a preguntas sobre los protocolos de prevención. Mientras las investigaciones determinan si hubo fallos técnicos o humanos, el gremio artístico madrileño exige respuestas claras: la seguridad en el escenario no puede depender del azar.

El ensayo que terminó en pesadilla en un estudio de Madrid

El ensayo del espectáculo Mirror en un estudio del distrito de Chamberí se convirtió en escena de pánico alrededor de las 17:40 del martes. Según testigos, una estructura metálica de 2,5 metros de altura —parte central del montaje escénico— cedió sinprevio aviso mientras tres bailarines ejecutaban una coreografía aérea. El colapso arrastró consigocables de acero y paneles reflectantes que impactaron contra los artistas, dejando a dos de ellosinconscientes en el suelo.

Los servicios de emergencia del SUMMA-112 activaron el protocolo de urgencia extrema al recibir la llamada. Tres unidades médicas y un equipo de rescate en espacios confinados llegaron al lugar en menos de siete minutos, pero el acceso al estudio —ubicado en un sótano sin ascensor— retrasó la evacuación. Fuentes del Samur confirmaron que uno de los afectados presentaba trauma craneoencefálico leve, mientras que los otros dos sufrían fracturas en extremidades superiores por el golpe contra el suelo de hormigón.

Lo ocurrido reabre el debate sobre la seguridad en producciones artísticas de alto riesgo. Un informe de la Asociación de Técnicos de Espectáculos en Vivo (ATEV) de 2023 revelaba que el 68% de los accidentes en ensayos se deben a fallos en estructuras temporales no supervisadas por ingenieros especializados. En este caso, la empresa productora aún no ha aclarado si la instalación cumplía con la normativa UNE-EN 17206 sobre equipos escénicos, que exige revisiones cada 12 meses.

Mientras los bailarines —dos mujeres y un hombre, de entre 25 y 32 años— permanecen ingresados en el Hospital Gregorio Marañón bajo observación, el estudio ha sido precintado por la Inspección de Trabajo. Vecinos del edificio denunciaron que, en los días previos, escuchaban «ruidos metálicos anormales» durante los ensayos, aunque no hubo quejas formales. La investigación ahora deberá determinar si hubo negligencia en el montaje o si el material presentaba defectos de fábrica.

Cómo un espejo roto causó heridas graves a tres profesionales

El accidente ocurrió cuando uno de los espejos de cuerpo entero instalados en el estudio de ensayo de Mirror Madrid se desprendió de su soporte metálico a mitad de una coreografía. Según testigos, el cristal —de más de dos metros de altura y 80 kilos de peso— se quebró al impactar contra el suelo, proyectando fragmentos afilados como cuchillas en dirección a los bailarines. Tres de ellos, que se encontraban a menos de tres metros del espejo, recibieron cortes profundos en brazos, piernas y torso. La gravedad de las heridas obligó a activar el protocolo de emergencia: dos fueron trasladados en ambulancia con heridas graves en tendones, mientras que el tercero requirió cirugía inmediata por un desgarro muscular en el muslo.

Los informes preliminares de los bomberos, que acudieron al lugar para evaluar los riesgos estructurales, señalaron que el soporte del espejo presentaba signos de corrosión en los anclajes. Estudios especializados en danzas urbanas, como los que alberga Mirror, suelen someter sus instalaciones a revisiones periódicas, pero los expertos en seguridad laboral advierten que el 15% de los accidentes en espacios de ensayo se deben a fallos en elementos fijos no inspeccionados con la frecuencia requerida. En este caso, el espejo había sido instalado hace más de ocho años.

Lo que comenzó como una rutina de entrenamiento para el espectáculo Urban Legends —previsto para estrenarse en diciembre— se convirtió en una escena caótica. Varios compañeros intentaron contener la hemorragia de los heridos con toallas del vestuario mientras esperaban a los servicios médicos. «Fue como si alguien hubiera lanzado granizada de cristal», declaró una de las coreógrafas al equipo de prensas. Las clases quedaron suspendidas de forma indefinida.

Las autoridades ya investigan si hubo negligencia en el mantenimiento o si el material cumplía con las normativas de resistencia para espacios de uso intensivo. Mientras tanto, el centro ha emitido un comunicado expresando su apoyo a las víctimas y anunciando una auditoría externa de todas sus instalaciones. Los tres bailarines, de entre 22 y 28 años, permanecen hospitalizados, aunque fuera de peligro.

Testimonios de los compañeros: "Fue como una explosión de cristal

El sonido del cristal rompiéndose a centímetros de sus cuerpos aún resuena en los testimonios de quienes presenciaron el accidente en el estudio Mirror de Madrid. «Fue como una explosión de cristal en cámara lenta, pero con un estruendo que heló la sangre», relató una bailarina que ensayaba en la sala contigua. Los fragmentos del espejo de 2×3 metros —instalado apenas dos semanas antes— se desprendieron sin aviso durante un ejercicio de suelo, hiriendo a tres integrantes de la compañía. Según protocolos de seguridad en estudios de danza, los espejos deben estar fijados con soportes de acero inoxidable y revisados cada seis meses; algo falló ese día.

Marcos, coreógrafo invitado que coordinaba la sesión, describió cómo el pánico se apoderó del lugar en segundos. «Uno de los chicos intentó cubrirse con los brazos, pero los bordes afilados le atravesaron la manga como si fuera papel. La sangre en el suelo contrastaba con los fragmentos brillando bajo las luces». Los servicios de emergencia confirmaron que, en accidentes con vidrio templado, el 68% de las lesiones requieren suturas debido a los cortes limpios pero profundos que provoca.

Entre los testigos, la repetición de un detalle llamaba la atención: el silencio que siguió al impacto. «Nadie gritó al principio, solo se escuchaban los cristales cayendo y el crujir bajo los pies», recordó una técnica de sonido que grababa el ensayo. La grabación, ahora en manos de la investigación, captó el momento exacto en que el espejo cedió, seguido de órdenes urgentes para llamar a una ambulancia.

Mientras los hospitalizados —dos con heridas en brazos y piernas, uno con un corte cerca de la sien— evolucionan favorablemente, el estudio permanece clausurado. Las redes sociales de la compañía se llenaron de mensajes de apoyo, pero también de preguntas sobre cómo un material diseñado para resistir vibraciones pudo colapsar así. La respuesta, según los primeros informes, apunta a un error en el anclaje durante la última reforma.

Protocolos de seguridad en estudios de danza: ¿qué falló esta vez?

El accidente ocurrido en el estudio Mirror de Madrid, donde tres bailarines resultaron hospitalizados durante un ensayo, expone una vez más las carencias en los protocolos de seguridad que deberían regir estos espacios. Según el informe anual de la Asociación Española de Artistas Intérpretes, el 18% de los accidentes en estudios de danza entre 2020 y 2023 se debieron a fallos estructurales en el suelo o a la ausencia de sistemas de amortiguación adecuados. En este caso, testigos señalaron que el suelo resbaladizo y la falta de colchonetas en zonas de alto riesgo agravaron las consecuencias de una caída durante una coreografía que incluía saltos de alta complejidad.

Lo llamativo no es solo el incidente en sí, sino su repetición. Este es el cuarto accidente grave registrado en estudios de danza en la Comunidad de Madrid en menos de dos años, un patrón que sugiere que las inspecciones técnicas no están siendo tan rigurosas como exigen las normativas autonómicas. Los protocolos establecen que los suelos deben contar con certificados de antideslizamiento renovados cada seis meses, además de disponer de áreas acolchadas para ejercicios aéreos o movimientos de impacto. Sin embargo, en muchos casos, estos requisitos se cumplen solo sobre el papel.

La falta de supervisión en tiempo real durante los ensayos más exigentes también juega un papel clave. Mientras que en teatros profesionales es obligatoria la presencia de un técnico en prevención de riesgos laborales durante las pruebas físicas, en estudios privados como Mirror —orientados a formaciones semiprofesionales— esta figura suele omitirse por cuestiones económicas. El resultado son lesiones que, en el mejor de los casos, truncan carreras y, en el peor, como esta vez, derivan en hospitalizaciones por traumatismos craneoencefálicos o fracturas múltiples.

Las redes sociales ya han empezado a viralizar el hashtag #DanzaSegura, exigiendo que las administraciones actúen con mayor contundencia. Pero más allá de la indignación puntual, el problema requiere cambios estructurales: desde multas ejemplarizantes para estudios que incumplan las normas hasta subvenciones que permitan a los centros más pequeños adaptarse a los estándares sin arruinarse. Hasta entonces, cada ensayo seguirá siendo una ruleta rusa para quienes arriesgan su cuerpo por el arte.

La recuperación de las víctimas y el futuro del local bajo investigación

El proceso de recuperación de los tres bailarines afectados en el accidente de Mirror Madrid avanza bajo supervisión médica especializada. Dos de ellos, con fracturas múltiples en extremidades inferiores, permanecen en observación en el Hospital Gregorio Marañón, donde fuentes médicas confirman que su evolución es favorable aunque lenta. El tercero, que sufrió un traumatismo craneoencefálico leve, recibió el alta hace 48 horas pero requerirá terapia física durante al menos tres meses. Según protocolos de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, este tipo de lesiones en profesionales del baile pueden extender la recuperación entre seis y doce meses, incluso con tratamiento intensivo.

Mientras los bailarines enfrentan su convalecencia, el local de Mirror en la calle de la Palma sigue acordonado. La Brigada de Policía Judicial inspeccionó el espacio durante dos días consecutivos, centrando su atención en el sistema de sujeción del espejo que se desplomó —una estructura de 120 kilos anclada con soportes que, según los primeros indicios, no cumplían la normativa de seguridad para instalaciones en altura. El informe preliminar, al que tuvo acceso este medio, señala que los pernos de fijación presentaban signos de corrosión.

El futuro del local pende de un hilo. La Comunidad de Madrid ya anunció que revisará la licencia de actividad, otorgada en 2019 bajo la categoría de «espacio cultural polivalente». Abogados especializados en derecho administrativo consultados por este periódico advierten que, de confirmarse negligencia en el mantenimiento, la sanción podría incluir el cierre definitivo. Por ahora, la dirección de Mirror ha suspendido todas las actividades programadas hasta nuevo aviso.

La tragedia ha reabierto el debate sobre las condiciones laborales en espacios no convencionales. En 2023, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo registró un aumento del 18% en accidentes en locales de ensayo y salas alternativas, muchos de ellos vinculados a instalaciones improvisadas. Los sindicatos del sector exigen ahora una regulación más estricta para lugares que, como Mirror, combinan usos artísticos con estructuras no diseñadas originalmente para ello.

El accidente que dejó a tres bailarines hospitalizados durante un ensayo en el teatro Mirror de Madrid subraya los riesgos ocultos tras el espectáculo: incluso los espacios diseñados para el arte pueden convertirse en trampas cuando fallan los protocolos de seguridad o el mantenimiento. Que una estructura como un espejo mal anclado cause heridas graves expone negligencias que ningún escenario profesional debería permitir, menos aún en una ciudad con la tradición cultural de la capital.

Ante casos como este, las compañías y teatros tienen la obligación de revisar —con urgencia y transparencia— sus instalaciones, desde la estabilidad de los elementos escénicos hasta los seguros médicos para el elenco, porque un error evitable no puede pagar con la salud de quienes dan vida a la cultura. Madrid, epicentro de las artes escénicas en España, debe convertir este incidente en un punto de inflexión para que la seguridad deje de ser un detalle secundario y pase a ser tan prioritaria como el propio arte.