La tormenta tropical que azotó las costas del Pacífico mexicano dejó al menos tres víctimas mortales, decenas de familias damnificadas y una estela de destrucción en infraestructura crítica. Los vientos superaron los 100 kilómetros por hora, arrancando techos, derribando árboles y provocando inundaciones repentinas que paralizaron comunidades enteras. Las autoridades locales confirmaron que los municipios más afectados incluyen a Puerto Escondido, Oaxaca, donde el oleaje arrasó con negocios costeros y dejó calles convertidas en ríos de lodo.

El impacto en Puerto Escondido, Oaxaca, no solo reviste gravedad por las pérdidas materiales, sino porque interrumpe una de las temporadas turísticas más importantes para la región. Con playas como Zicatela —conocida internacionalmente por sus olas— cubiertas de escombros y hoteles dañados, la recuperación económica se perfila lenta. Mientras equipos de emergencia trabajan contra reloj, los habitantes enfrentan cortes de energía, agua potable contaminada y el riesgo latente de enfermedades por las condiciones insalubres. La prioridad ahora es restablecer vías de acceso y garantizar ayuda a los miles de afectados.

De la playa al caos: cómo se formó la tormenta

El cielo despejado de Puerto Escondido se oscureció en cuestión de horas. Lo que comenzó como un día típico de agosto, con turistas en Zicatela y pescadores preparando sus embarcaciones, terminó en un escenario de vientos huracanados y lluvias torrenciales. El sistema de baja presión que se gestó frente a las costas de Oaxaca ganó fuerza inesperadamente, alimentado por aguas del Pacífico con temperaturas 2°C por encima del promedio para la temporada.

Meteorólogos del Servicio Meteorológico Nacional advirtieron desde la mañana sobre la formación de una depresión tropical, pero su rápida intensificación —pasó de 65 a 110 km/h en menos de 12 horas— tomó por sorpresa incluso a los modelos predictivos más avanzados. La combinación de humedad extrema y un frente frío en niveles altos aceleró el proceso, conviertiendo lo que parecía un fenómeno manejable en una tormenta con características cercanas a las de un huracán categoría 1.

El caos se desató poco después del mediodía. Las palmeras de la avenida Pérez Gasga se doblaban como juncos, mientras el mar arrasaba con los primeros puestos de la playa Carrizalillo. Testigos relataron cómo el agua avanzó más de 50 metros tierra adentro en menos de una hora, arrastrando vehículos y mobiliario urbano. Los daños más graves se concentraron en zonas costeras, donde la infraestructura turística —diseñada para resistir temporales comunes— no estuvo preparada para ráfagas que superaron los 120 km/h en su punto máximo.

Para las 15:00 horas, el gobierno estatal declaró emergencia. Las imágenes satelitales mostraron un sistema compacto pero devastador: su ojo, aunque pequeño, generó un efecto de «bomba meteorológica» que colapsó redes eléctricas y dejó incomunicadas a comunidades como La Punta y Bacocho. La tormenta, que finalmente se degradó al tocar tierra, dejó a su paso un recordatorio brutal de la vulnerabilidad de las zonas costeras ante fenómenos cada vez más impredecibles.

Carreteras destrozadas y comunidades aisladas en la costa

El paso de la tormenta tropical dejó a su paso carreteras destrozadas que ahora parecen cauces de ríos secos, con grietas profundas y tramos completamente arrasados por el agua. En la costa de Puerto Escondido, el acceso a al menos siete comunidades quedó cortado después de que los deslaves y las corrientes se llevaran puentes provisional y capas enteras de pavimento. Los reportes de la Coordinación Estatal de Protección Civil confirman que más de 40 kilómetros de vías secundarias sufrieron daños críticos, incluyendo la carretera que conecta Zicatela con Mazunte, clave para el abastecimiento de alimentos y medicinas.

En Boco del Río, los habitantes denuncian que llevan tres días sin poder salir. «El camino se lo tragó el lodo», explicó un residente mientras señalaba lo que queda de la vía: un sendero estrecho y resbaladizo, imposible de transitar incluso para vehículos 4×4. La situación se repite en comunidades como Ventanilla y La Punta, donde los esfuerzos para abrir pasos con maquinaria pesada avanzan lento por el riesgo de nuevos derrumbes.

Especialistas en infraestructura vial advierten que la reconstrucción podría tomar meses. Según datos del Colegio de Ingenieros Civiles de Oaxaca, reparar carreteras con daños de esta magnitud en zonas costeras —donde la humedad y la salinidad aceleran la corrosión— requiere no solo rellenar grietas, sino rediseñar tramos completos para evitar futuros colapsos. Mientras tanto, el gobierno local habilitó rutas alternas con apoyo de la Sedena, aunque el transporte de emergencia sigue siendo intermitente.

El aislamiento ya golpea la economía. Pesqueros de Barra de Colotepec reportan pérdidas diarias por no poder llevar su captura a los mercados, y pequeños comercios en la zona turística operan con inventarios mínimos. La tormenta no solo se llevó caminos, sino el flujo que mantenía viva a la región.

Reconstrucción lenta: los desafíos que vienen para Oaxaca

La reconstrucción en Puerto Escondido avanza entre obstáculos. Según informes preliminares de la Coordinación Nacional de Protección Civil, al menos 70% de las viviendas afectadas en zonas costeras requieren reparaciones estructurales, pero la falta de materiales y mano de obra calificada frena los trabajos. Las carreteras secundarias, clave para el turismo local, siguen interrumpidas por derrumbes, lo que complica el acceso a comunidades como Zicatela y Carrizalillo.

El sector hotelero, motor económico de la región, enfrenta pérdidas millonarias. Varios establecimientos reportaron daños en infraestructura básica, mientras que la ocupación turística cayó un 40% en comparación con la misma semana del año anterior. La recuperación dependerá de la agilidad en los apoyos gubernamentales y de la capacidad de los pequeños negocios para reabrir antes de la temporada alta.

Las autoridades estatales anunciaron un plan de emergencia, pero su implementación choca con la burocracia. Organismos internacionales, como la Cruz Roja, ya despliegan brigadas para evaluar necesidades, aunque la logística en zonas rurales sigue siendo un desafío.

Mientras tanto, los pescadores locales —uno de los grupos más golpeados— intentan reanudar actividades con embarcaciones dañadas. Sin redes ni equipos, muchos dependen ahora de donativos.

La tormenta tropical que azotó Puerto Escondido dejó un saldo trágico: tres vidas perdidas, comunidades afectadas y una infraestructura dañada que exigirá semanas de recuperación. El golpe a viviendas, carreteras y el sector turístico—columna vertebral de la economía local—evidencia la vulnerabilidad de la región ante fenómenos climáticos cada vez más intensos. Ante ello, las autoridades locales deben priorizar la reparación de zonas críticas como la carretera costera y los sistemas de drenaje, mientras refuerzan los protocolos de evacuación con apoyo de la Marina y Protección Civil para evitar más pérdidas en la próxima temporada de lluvias. La reconstrucción será lenta, pero también una oportunidad para construir resiliencia con obras que mitiguen futuros desastres.