El Estadio Universitario vibró con una de esas noches que quedan grabadas en la memoria de los aficionados. Tigres, con un segundo tiempo de ensueño, volteó un marcador adverso y aplastó 4-1 a Mazatlán en un partido donde la garra felina se impuso cuando más se necesitaba. Tres goles en menos de 45 minutos—dos de André-Pierre Gignac y uno de Sebastián Córdova—transformaron un duelo complicado en una exhibición de jerarquía, reafirmando por qué los felinos siguen siendo un dolor de cabeza para cualquier rival en el Clausura 2024.

El encuentro entre Tigres – Mazatlán arrancó con un guión inesperado: el conjunto sinaloense se adelantó en el marcador y amenazó con llevarse un resultado histórico del Volcán. Pero la historia cambió radicalmente tras el descanso. Con toques de magia de Gignac y una defensa que se reencontró con su solidez, los de Nuevo León demostraron por qué son candidatos obligados al título. Este triunfo no solo los mantiene en la pelea por los primeros puestos, sino que envía un mensaje claro al resto de la liga antes del tramo final del torneo. La revancha contra Mazatlán—equipo que les había arrebatado puntos en el Apertura—fue contundente, con un fútbol que mezcló intensidad y calidad cuando más urgía.

Un arranque dubitativo en el Volcán

El Volcán abrió sus puertas con un Tigres que no encontró el ritmo. Los felinos, acostumbrados a dominar desde el silbatazo inicial, tropezaron contra un Mazatlán ordenado y con claridad en sus líneas. Los primeros 45 minutos dejaron al descubierto las carencias en la circulación del balón: solo 42% de posesión efectiva y un juego estéril en tres cuartos de cancha. La presión del rival ahogó a los mediocampistas, que perdieron 12 balones en zona peligrosa antes del descanso. El gol de Vincenzo Rizzo al minuto 37 no fue casualidad, sino el castigo a una defensa descompensada y a un ataque sin ideas.

La falta de contundencia en el área se hizo evidente. André-Pierre Gignac, aunque presente en el juego aéreo, vio cómo sus remates —tres en total— se perdían por centímetros o eran controlados sin mayor dificultad por Nicolás Vikonis. Los laterales, normalmente clave en la ofensiva de Tigres, no lograron desbordar con eficacia: ni Luis Quiñones ni Jesús Angulo superaron a sus marcadores en duelos uno contra uno durante todo el primer tiempo.

Analistas deportivos señalaron después del partido que el esquema inicial de Tigres adoleció de verticalidad. La estadística lo respalda: de los 287 pases intentados en la primera mitad, apenas 18 fueron en profundidad hacia el área rival. Mazatlán, en cambio, aprovechó las transiciones rápidas para generar peligro, con un 60% de efectividad en contraataques durante esos 45 minutos.

El público, leal pero exigente, comenzó a mostrar su impaciencia con silbidos puntuales. No era para menos: el equipo acumulaba tres partidos sin marcar en el primer tiempo, una sequía que contrastaba con su historial ofensivo. La falta de sincronía entre las líneas y los errores en la salida de balón pintaban un panorama complicado.

Sin embargo, el fútbol a veces premia a quienes corrigieren a tiempo. Y Tigres, aunque tardío, encontró en el vestuario las respuestas que no tuvo en el césped.

La explosión ofensiva que cambió el partido

El partido parecía condenado al aburrimiento cuando el silbato inicial del segundo tiempo resonó en el Estadio Universitario. Tigres, con un marcador adverso de 1-0 y un juego plano en los primeros 45 minutos, necesitaba un chispazo. Y vino de donde menos se esperaba: un lateral derecho de Jesús Angulo que se convirtió en centro al área, un remate de cabeza de André-Pierre Gignac que el portero desvió, y el balón cayendo como un regalo a los pies de Sebastián Córdova. El mediocampista no perdonó. Golazo al ángulo. El estadio estalló.

Lo que siguió fue fútbol en estado puro, una exhibición de velocidad y precisión que dejó a Mazatlán sin respuestas. En solo 18 minutos —entre el 52’ y el 70’—, Tigres anotó tres veces. Primero, Gignac aprovechó un error en la salida del portero rival para definir con frialdad. Luego, Córdoba apareció de nuevo, esta vez con un disparo desde fuera del área que se coló por la escuadra. Los analistas deportivos destacaron después cómo el equipo pasó de un 38% de posesión en el primer tiempo a un dominante 62% en el complemento, un cambio radical impulsado por ajustes tácticos y, sobre todo, por una intensidad que el rival no pudo igualar.

El tercer gol, obra de Gignac, fue la estocada final. Un contragolpe letal iniciado por Nahuel Guzmán, quien con un pase milimétrico encontró al francés en carrera. La definición, cruzada y potente, dejó al arquero sin opciones. Mazatlán, que había llegado al descanso con la ilusión de sumar de visita, se derrumbó bajo el peso de un Tigres que recuperó su mejor versión: presión alta, transiciones rápidas y un Gignac letal cuando huele la portería.

Para el técnico, el mensaje fue claro desde el vestuario: «Salgan a morder». Y así lo hicieron. La línea defensiva subió diez metros, los mediocentros apretaron las salidas y los delanteros presionaron como lobos. El resultado no fue casualidad, sino la consecuencia de un equipo que entendió que el partido se ganaba con hambre, no con especulación. Mazatlán, por su parte, pagó caro su falta de reacción. Cuando quiso ordenarse, el marcador ya era irrecuperable.

Gignac y Quiñones, la dupla letal

El ataque de Tigres volvió a demostrar por qué es uno de los más temidos del fútbol mexicano. André-Pierre Gignac y Sebastián Quiñones no solo conectaron en el terreno de juego, sino que desequilibraron con una sincronía que Mazatlán no pudo contener. El francés, con su experiencia y olfato goleador, abrió el camino en el segundo tiempo, mientras que el colombiano aportó velocidad y desborde en las bandas, creando un cóctel letal que definió el partido. La dupla acumuló tres goles entre ambos en menos de 45 minutos, un ritmo que pocos equipos pueden sostener.

Gignac, una vez más, fue el cerebro. Su gol al minuto 52, un remate cruzado desde el borde del área tras una asistencia de Quiñones, no solo empató el marcador, sino que activó la máquina ofensiva de los felinos. Los datos respaldan su influencia: con ese tanto, el delantero llegó a 15 goles en sus últimos 20 partidos de liga, una cifra que lo consolida como el máximo artillero histórico del club en torneos cortos. Pero más allá de los números, su capacidad para asociarse con los extremos —especialmente con Quiñones— sigue siendo clave. El colombiano, por su parte, no se limitó a proveer asistencias: su definición fría al minuto 78, tras una pared con el francés, selló la goleada y dejó en evidencia la falta de marcas de la defensa rival.

Lo más llamativo no fue solo la efectividad, sino la variedad en sus recursos. Mientras Gignac dominó el juego aéreo —ganó 4 de 5 duelos por alto en la noche—, Quiñones explotó los espacios por la izquierda, donde Mazatlán acumuló tres faltas en intentos por frenarlo. Analistas deportivos han destacado cómo esta complementariedad obligó al equipo sinaloense a dividir su atención, dejando huecos que Tigres supo aprovechar. La presión alta después del descanso asfixió a la defensa visitante, que no encontró respuesta a la movilidad constante de ambos.

El técnico Fernando Ortiz lo tiene claro: cuando esta dupla enciende el motor, el equipo juega a otro nivel. La estadística lo confirma: en los partidos donde ambos anotan o asisten, Tigres mantiene un récord de 12 victorias en sus últimos 14 encuentros. Mazatlán lo sintió en carne propia.

Mazatlán paga caro sus errores defensivos

El Mazatlán pagó con creces sus fallas defensivas en un partido donde la falta de contundencia en la marca y los errores al momento de despejar le costaron caro. Los primeros 45 minutos dejaron al descubierto una línea defensiva inestable, incapaz de contener los avances de un Tigres que, aunque no fue letal en el primer tiempo, supo aprovechar cada descuido. El gol inicial de los Cañoneros al minuto 22, obra de un remate cruzado desde fuera del área, no fue suficiente para disimular las grietas en la zaga, donde los centrales perdieron más duelos aéreos de los esperados y los laterales quedaron expuestos en las bandas.

La estadística no perdona: el equipo sinaloense permitió 12 remates en el área durante el encuentro, seis de ellos en el segundo tiempo, cuando la presión de los Felinos se volvió insostenible. Analistas deportivos señalaron que la falta de coordinación entre la línea de cuatro y el mediocampo dejó espacios fatales, especialmente en las transiciones. Mientras el mediocampista de contención intentaba tapar huecos, los defensas se veían superados en velocidad por los extremos de Tigres, que explotaron esas debilidades con pases filtrados y centros al área chica.

El segundo gol encajado, al minuto 53, fue un reflejo claro de estos problemas: un balón largo desde la defensa de Tigres rebotó entre dos zagueros del Mazatlán, ninguno logró despejar con limpieza, y el delantero rival no perdonó. Para entonces, ya era evidente que la falta de comunicación en la última línea se había convertido en un patrón. Aunque el arquero atajó dos remates claros en los primeros 20 minutos del complemento, el desgaste físico y mental por la constante presión terminaron por pasar factura.

Lo más llamativo fue cómo los errores se repitieron en jugadas casi idénticas. En el tercer gol, otra vez un centro desde la derecha encontró a un defensa mal posicionado, dejando al atacante de Tigres solo frente al arco. Para ese momento, el Mazatlán ya no tenía recursos: ni el repliegue funcionaba, ni los cambios tácticos —como el ingreso de un tercer central— lograron frenar el desborde ofensivo. La lección, dolorosa pero clara, quedó servida: en la Liga MX, castigan sin piedad a quien no ajusta sus líneas.

Tigres recupera el rumbo en el Clausura

El equipo de Tigres demostró una vez más por qué sigue siendo un contendiente serio en el Clausura 2024. Tras un primer tiempo dubitativo donde Mazatlán logró adelantarse en el marcador, los felinos despertaron con una contundencia que recordó a sus mejores versiones. La segunda mitad fue un monólogo ofensivo: tres goles en 30 minutos que no solo voltearon el resultado, sino que dejaron en claro que el equipo de Nuevo León no está dispuesto a ceder terreno en la lucha por los puestos de liguilla.

Analistas deportivos destacan cómo el cambio táctico al inicio del complemento —presionando más alto y aprovechando los costados— desequilibró por completo a una defensa de Mazatlán que había lucido sólida en los primeros 45 minutos. Según datos de Opta, Tigres generó 12 disparos en el segundo tiempo (7 entre los tres postes), una cifra que refleja su dominio absoluto en esa fase del partido. La entrada de André-Pierre Gignac al área, aunque sin anotar, fue clave para desmarcar a compañeros como Sebastián Córdova, autor de un doblete que liquidó cualquier esperanza del rival.

No todo fue perfección. El gol inicial de Mazatlán al minuto 27 expuso, una vez más, las vulnerabilidades defensivas de Tigres en balones aéreos, un problema recurrente esta temporada. Sin embargo, la reacción inmediata —con un gol de Nicolás López antes del descanso— evitó que la desventaja mermara la moral del equipo.

Con este triunfo, Tigres suma 15 puntos en el torneo y se consolida en la zona de clasificación, a solo dos unidades del líder. Más allá de los números, lo que quedó en evidencia es la capacidad del plantel para corregir errores sobre la marcha, algo que los distingue de equipos con menos jerarquía en la Liga MX. El próximo reto será mantener esta regularidad cuando visiten a un Puebla que viene de dos victorias consecutivas.

El Tigres demostró una vez más por qué es un equipo de jerarquía al voltear un marcador adverso con autoridad: tres goles en el segundo tiempo no solo liquidaron a Mazatlán, sino que reafirmaron su mentalidad ganadora y capacidad para reaccionar bajo presión, virtudes que marcan la diferencia en torneos largos como el Clausura. La remontada, orquestada con precisión por figuras como Gignac y Quiñones, dejó claro que la experiencia y la frialdad en áreas clave siguen siendo sus mejores armas, incluso cuando el rival plantea resistencia inicial.

Para los aficionados felinos, el mensaje es directo: confiar en el proceso, porque este equipo sabe cómo capitalizar los momentos decisivos, aunque el primer tiempo no siempre refleje su mejor versión. Mirando hacia adelante, el desafío ahora será mantener esa consistencia ofensiva cuando enfrenten rivales de mayor calado en la lucha por los primeros puestos.