El Estadio Universitario vibró hasta los cimientos cuando André-Pierre Gignac, con un zurdazo desde fuera del área al minuto 89, le dio la vuelta al marcador y selló la victoria 2-1 de Tigres sobre Orlando City. El francés, una vez más, se convirtió en el verdugo en los minutos finales, sumando su tercer gol en los últimos cinco partidos y reafirmando por qué su nombre sigue siendo sinónimo de clutchness en la Concacaf.
El duelo entre Tigres vs. Orlando City no solo definió el primer lugar del grupo en la Leagues Cup, sino que confirmó la capacidad de los felinos para reponerse bajo presión. Tras un primer tiempo dubitativo y un gol en contra que complicó el panorama, el equipo de Ferretti demostró por qué su mentalidad ganadora trasciende torneos. Con este triunfo, la escuadra regiomontana no solo suma tres puntos clave, sino que envía un mensaje claro: en partidos ajustados, contra rivales físicos como Orlando City, la experiencia y la jerarquía terminan inclinando la balanza.
Un Orlando City que dominó sin premura

Orlando City controló el partido desde el primer pitido, con una posesión que superó el 60% y un juego asociativo que ahogó a Tigres en su propia mitad. La claridad en la salida de balón y la presión alta asfixiaron a la defensa mexicana, obligando a errores en zonas peligrosas. El gol de Martín Ojeda al minuto 27 no fue casualidad, sino el premio a una fase ofensiva que combinó velocidad en las bandas y llegadas constantes por el centro.
El mediocampo, con César Araujo como eje, cortó cualquier intento de transición de los felinos. Los analistas destacaron cómo el uruguayo recuperó 12 balones en la primera mitad, más que cualquier otro jugador en el campo. Orlando no solo dominó: administró el ritmo con inteligencia, evitando el desgaste físico innecesario mientras mantenía a Tigres lejos del área de Pedro Gallese.
La defensa, sólida y ordenada, neutralizó a André-Pierre Gignac durante 80 minutos. Robin Jansson y Rodrigo Schlegel formaron un muro en la zaga, anticipando cada pase largo hacia el francés. Hasta el minuto 89, el plan pareció perfecto.
Pero el fútbol, a veces, castiga la confianza.
El golazo de Gignac que volteó el marcador

El estadio rugió al minuto 89 cuando André-Pierre Gignac conectó un zurdazo desde fuera del área que se coló como un rayo por el ángulo izquierdo de Pedro Gallese. El francés, conocido por su olfato goleador en momentos clave, no falló cuando Tigres más lo necesitaba. El balón, servido con precisión por un centro desde la banda derecha, encontró a Gignac en su zona de confort: el borde del área, donde su potencia y colocación suelen ser letales.
Fue su gol número 15 en la Leagues Cup, consolidándolo como uno de los máximos anotadores históricos del torneo. Analistas destacaron la frialdad del delantero para definir en un partido donde Orlando City había dominado gran parte del segundo tiempo.
La celebración fue inmediata. Gignac corrió hacia la banda, seguido por sus compañeros, mientras la afición en el BBVA saltaba de sus asientos. No era un gol cualquiera: era el que volteaba el marcador y sellaba una remontada que parecía complicada hasta ese instante.
Orlando City, que había contenido con orden los ataques de Tigres durante casi todo el encuentro, vio cómo un error en la marca y un destello de clase deshacían su ventaja. La defensa, que había lucido sólida, no pudo reaccionar a tiempo ante la velocidad del disparo.
El tanto, más que un gol, fue un golpe anímico. Tigres recuperó el control del partido en los minutos finales, demostrando una vez más por qué Gignac sigue siendo pie clave en los momentos decisivos.
Qué significa este triunfo para la Liga MX

El triunfo de Tigres sobre Orlando City no solo revivió el prestigio del equipo en la Concacaf, sino que reafirmó el dominio histórico de la Liga MX en competiciones internacionales. Con este resultado, los felinos suman su décima victoria en los últimos quince enfrentamientos contra equipos de la MLS, una cifra que habla del nivel técnico y la mentalidad ganadora que distinguen al fútbol mexicano en la región.
Analistas deportivos destacan cómo el gol de André-Pierre Gignac al 89’ —un remate de zurda desde fuera del área— ejemplifica la capacidad de los equipos mexicanos para resolver bajo presión. No es casualidad que siete de los últimos diez campeones de la Concacaf League provengan de la Liga MX.
Para la competición local, este tipo de victorias inyecta confianza a un torneo que busca consolidarse como el más competitivo de América del Norte. Tigres, en particular, demuestra que su experiencia en instancias decisivas sigue siendo un activo clave.
El contraste con la MLS, donde equipos como Orlando City aún luchan por mantener consistencia en torneos continentales, subraya una brecha que la Liga MX aprovecha con solvencia. La remontada en Florida no fue solo un triunfo: fue un recordatorio de jerarquía.
El Tigres demostró una vez más por qué su mentalidad de campeón lo distingue en la Concacaf: cuando el reloj marcaba el 89 y el empate parecía inevitable, André-Pierre Gignac apareció con un zurdazo de antología para sellar la remontada 2-1 sobre Orlando City. No fue solo un triunfo, sino una lección de temple, donde la experiencia de figuras como Gignac y la solidez defensiva en los minutos finales hicieron la diferencia ante un rival que dominó largos tramos del partido. Los equipos que aspiren a competir en este nivel harían bien en estudiar cómo los felinos manejan la presión: con paciencia en la construcción, verticalidad en las transiciones y fría eficacia en las jugadas decisivas. Ahora, con este resultado bajo el brazo, el Tigres llega con inercia positiva a su próximo compromiso, listo para confirmar que su hambre de títulos sigue intacta.

