El Estadio Universitario vibró hasta el último segundo cuando André-Pierre Gignac, con un remate certero al minuto 87, le dio la vuelta al marcador y selló la victoria 2-1 de Tigres sobre LA Galaxy en un duelo que parecía escaparse. El francés, una vez más, demostró por qué su nombre pesa en la Liga MX: con 11 goles en sus últimos 15 partidos contra equipos de la MLS, se consolida como el verdugo favorito de los estadounidenses. El gol no solo salvó los tres puntos, sino que extendió la racha invicta del equipo felino a siete encuentros consecutivos en todas las competiciones.

El Tigres vs Galaxy no fue un partido cualquiera. Se trató del choque entre un equipo mexicano que busca afianzar su dominio en la Concacaf y un conjunto californiano que llegó con la misión de probar su evolución bajo el mando de Greg Vanney. Para los aficionados, el encuentro revivió la intensidad de los clásicos continentales, donde la física del fútbol azteca choca con el estilo más táctico de la MLS. Y en esta edición del Tigres vs Galaxy, la historia se repitió: los de Nuevo León encontraron en el drama de los minutos finales su sello característico, dejando claro que, cuando el reloj aprieta, Gignac y compañía saben cómo responder.

Un Galaxy que dominó sin concretar

El Galaxy llegó al Universitario con un plan claro: presión alta, transiciones rápidas y aprovechar la velocidad de sus extremos. Durante los primeros 45 minutos, lo ejecutó a la perfección. Dominó el balón con un 58% de posesión en el primer tiempo, ahogó a Tigres en su propia mitad y abrió el marcador con un gol de Dejan Jovelić que parecía sentenciar el partido. La defensa felina, acostumbrada a imponerse en duelos aéreos, se vio superada por la movilidad de los atacantes angelinos, especialmente en las bandas.

Pero el fútbol no se juega solo con estadísticas.

Pese al control inicial, el equipo californiano pagó caro su falta de contundencia frente al arco de Nahuel Guzmán. Según datos de Opta, el Galaxy generó tres ocasiones claras en el primer tiempo—dos de ellas dentro del área—sin lograr ampliar la ventaja. Esa inefficacia se volvió costosa cuando Tigres ajustó líneas en el complemento, cerrando espacios y obligando a los visitantes a lanzar centros desesperados. La experiencia de los felinos en partidos de alta exigencia, forjada en liguillas y finales, comenzó a notarse.

El error táctico llegó al minuto 65. Con el ingreso de Efraín Álvarez por la banda izquierda, el Galaxy perdió equilibrio defensivo, dejando huecos que Gignac y Quiñones supieron explotar. La presión del Volcán, ese factor que tantísimas veces ha inclinado la balanza a favor de los locales, hizo el resto. El Galaxy aprendió, una vez más, que en el Universitario no basta con dominar: hay que matar.

El instante mágico de Gignac en el 87’

El reloj marcaba 86:42 cuando André-Pierre Gignac recibió un pase filtrado en el borde del área. Con la defensa del Galaxy descolocada, el francés controló de pecho, giró hacia su izquierda y, sin dejar caer el balón, disparó con la zurda. La pelota se coló pegada al poste, venciendo al arquero Jonathan Bond. Un remate quirúrgico, de esos que solo los delanteros de élite logran en momentos decisivos.

Fue su gol número 15 en la Liga MX contra equipos de la MLS, consolidando su reputación como uno de los máximos goleadores extranjeros en la historia del fútbol mexicano. Pero más allá de las estadísticas, el impacto fue emocional: el estadio Universitario estalló, los jugadores se abrazaron en el centro del campo y el banco de Tigres saltó como un resorte. Un instante que borró 87 minutos de sufrimiento.

Gignac no celebró con euforia. Corrió hacia la banda, señalando a sus compañeros, como recordándoles que el trabajo aún no terminaba. Esa frialdad bajo presión —la misma que lo ha definido en su carrera— fue clave para mantener la concentración en los minutos finales.

El Galaxy, que había dominado el mediocampo durante gran parte del partido, no tuvo tiempo de reaccionar. El gol llegó en su única jugada desordenada de la noche, un error que Tigres supo castigar con precisión milimétrica.

Lo que deja este triunfo para la Liga MX

El triunfo de Tigres sobre el Galaxy no solo refuerza su reputación como un equipo de remates épicos, sino que inyecta un mensaje claro a la Liga MX: la capacidad de reacción bajo presión sigue siendo su sello distintivo. Con este resultado, el conjunto felino suma su tercera victoria en partidos donde ha tenido que remontar en los últimos 10 minutos, una estadística que pocos equipos en el continente pueden igualar. La insistencia de André-Pierre Gignac —autor del gol decisivo al 87’— demuestra por qué sigue siendo pieza clave a sus 38 años, desafiando la lógica del tiempo con un instinto goleador que no decae.

Para el fútbol mexicano, victorias como esta reafirman el nivel competitivo de sus clubes frente a rivales de la MLS. Analistas deportivos destacan que, en los últimos cinco enfrentamientos entre equipos de ambas ligas, la Liga MX mantiene un saldo positivo de cuatro triunfos, uno de ellos en territorio estadounidense. Tigres, en particular, consolida su imagen como embajador del balompié azteca.

El impacto va más allá del marcador. La remontada en Carson, California, sirve como vitrina para jóvenes valores como Juan Brunetta, cuya asistencia en el gol de Gignac ratificó su proyección. En una era donde el fútbol mexicano busca renovar su cantera, partidos así funcionan como escaparate ideal.

Queda, además, la lección táctica: la paciencia y la solidez defensiva —aunque con altibajos— terminaron rindiendo frutos. El Galaxy dominó posesiones, pero Tigres aprovechó sus dos llegadas claras. Eso habla de eficiencia, un recurso que en torneos cortos marca la diferencia.

El Tri no solo demostró su garra al voltear un marcador adverso, sino que reafirmó por qué André-Pierre Gignac sigue siendo su figura decisiva: un gol al 87’ que condensó experiencia, fría sangre y esa capacidad única para aparecer cuando más se le necesita. La victoria 2-1 sobre el Galaxy, en un partido donde el físico y la intensidad marcaron la diferencia, deja claro que los felinos no regalan puntos, ni siquiera en los minutos finales.

Quienes busquen entender el secreto de Tigres harían bien en fijarse en su mentalidad: una mezcla de presión alta, transiciones rápidas y esa fe ciega en rematar hasta el último segundo. No es casualidad que, una y otra vez, sean ellos quienes rompan los guiones cuando todo parece escrito.

Ahora, con este triunfo bajo el brazo, el equipo de Ferretti llega al próximo compromiso con un mensaje contundente: en la Liga MX, nadie puede darse el lujo de bajar la guardia contra un equipo que hace del drama su mejor aliado.