El Volcán rugió hasta el último minuto. Con un golazo de André-Pierre Gignac al 89’, Tigres volteó el marcador y selló un 2-1 dramático contra Mazatlán, extendiendo su racha invicta a cinco partidos en el Clausura 2024. El francés, una vez más, se erigió como el verdugo en los instantes finales, demostrando por qué su nombre sigue siendo sinónimo de jerarquía en la Liga MX. El tanto no solo salvó los tres puntos, sino que reafirmó la capacidad de los felinos para resolver en los momentos de máxima presión.
El duelo entre Tigres vs. Mazatlán no fue un partido cualquiera. Llegaba cargado de expectativas tras el tropiezo inicial de los regiomontanos en el torneo, pero también con la sombra de un Mazatlán que ha sorprendido con su solidez defensiva. En un encuentro donde el ritmo se aceleró en el complemento, los de Nuevo León confirmaron su temple: tras ir abajo en el marcador, la respuesta llegó con contundencia. La victoria no solo los consolida en la pelea por los primeros lugares, sino que envía un mensaje claro: en el Tigres vs. Mazatlán de esta jornada, la experiencia y la frialdad bajo presión marcaron la diferencia.
El Volcán vibra con un Tigres en crisis
El Volcán Universitario no solo tembló por los gritos de los 40 mil aficionados. Trembló porque Tigres llegó al duelo contra Mazatlán con el peor arranque en su historia reciente: solo dos victorias en los últimos diez partidos, una sequía que había encendido las alarmas en la directiva y en una afición acostumbrada a pelear títulos. La presión era palpable desde el silbatazo inicial, con un equipo que, según datos de Liga MX, había caído a su peor registro de efectividad en los últimos cinco torneos: apenas un 35% de puntos obtenidos en juegos como local.
El ambiente se volvió eléctrico cuando Mazatlán abrió el marcador al minuto 32. No era solo un gol en contra, sino el fantasma de otra derrota humillante en casa. La grada, dividida entre el enojo y el apoyo incondicional, coreaba consignas que mezclaban reclamos con ánimos. Los jugadores, por su parte, mostraron señales de desorden: pases errados, marcajes tardíos y una defensa que parecía más preocupada por el resultado que por el juego.
Gignac, el capitán, intentó liderar con el ejemplo. Pero ni su experiencia ni sus gestos de frustración lograban transmitirse al resto del equipo.
Hasta que el tiempo se agotaba. El Volcán, ese coloso que ha visto glorias y fracasos, contenía la respiración. Porque en el fútbol, como en la vida, los giros más inesperados suelen llegar cuando menos se confía en ellos.
Gignac rescata los tres puntos en el último suspiro
El Universitario no dejó escapar la victoria cuando el reloj marcaba 88:47. André-Pierre Gignac, con esa frialdad que lo caracteriza, remató de cabeza un centro desde la banda derecha para anotar el 2-1 definitivo. Fue su gol número 150 en la Liga MX, consolidándose como uno de los máximos goleadores extranjeros en la historia del torneo.
El gol llegó tras una jugada elaborada por Nahuel Guzmán, quien lanzó un pase milimétrico hacia la frontal del área. Gignac, siempre atento, se anticipó a la marca y colocó el balón al primer poste, dejando sin reacción al arquero Nicolás Vikonis.
La afición en el Volcán estalló. No era para menos: Tigres había estado presionando sin éxito durante gran parte del segundo tiempo, con un Mazatlán bien plantado y peligroso en la contra.
Analistas destacaron después del partido que este tipo de remates—precisos y en momentos clave—han sido la firma del francés desde su llegada a México en 2015. Su capacidad para aparecer cuando más se le necesita sigue siendo decisiva.
Con este triunfo, los felinos suman tres puntos vitales en la lucha por la clasificación, mientras Mazatlán se queda con las manos vacías tras un partido donde dominó en tramos pero no supo cerrar.
¿Qué significa este triunfo para el futuro felino?
El triunfo agónico ante Mazatlán no solo suma tres puntos clave en la tabla, sino que reafirma el ADN de un equipo acostumbrado a resolver en los minutos finales. Los felinos han convertido el 27% de sus goles esta temporada en los últimos 10 minutos de partido, según datos de la Liga MX, una cifra que los posiciona entre los equipos más letales en el cierre de los encuentros. Esta capacidad para mantener la calma bajo presión —ejemplificada por la frialdad de Gignac en el 89’— podría ser su mayor arma en la recta final del torneo.
Para el proyecto de Tigres, el resultado va más allá de lo deportivo: es un mensaje de jerarquía. En un año donde la irregularidad ha sido constante, victorias como esta recuperan la confianza de una afición que exige títulos. El Volcán vibró con la remontada, pero el verdadero desafío será sostener esa intensidad en los próximos partidos, especialmente ante rivales directos por la clasificación.
El técnico ya lo sabe: con un plantel de experiencia y juveniles con hambre, el equilibrio será clave. La defensa, cuestionada en las primeras jornadas, mostró solidez frente a un Mazatlán que llegó con ideas claras. Si logran pulir los errores en la salida de balón —como el que derivó en el gol visitante—, el equipo podría aspirar no solo a la Liguilla, sino a pelear por algo más grande.
Gignac, otra vez, fue el símbolo. Su gol no solo salvó los tres puntos, sino que extendió su racha como máximo goleador histórico del club.
El Volcán vibró hasta el último minuto cuando André-Pierre Gignac, con esa sangre fría que lo caracteriza, sentenció al 89’ el 2-1 que le dio a Tigres una victoria agónica pero merecida, reafirmando por qué los felinos nunca se rinden aunque el marcador los castigue. Fue un partido de dos caras: un Mazatlán ordenado que supo aprovechar los errores defensivos y un equipo regiomontano que, pese a la irregularidad, encontró en su delantero francés y en la garra colectiva la fórmula para sumar tres puntos vitales en la tabla.
Quien crea que este Tigres ya no tiene hambre de títulos se equivoca; el equipo de Ferretti—ahora bajo el mando de Dyego Coelho—sigue demostrando que en los momentos clave aparece su mejor versión, aunque le cueste arrancar. La lección para la afición es clara: no hay que bajar los brazos ni en el minuto 80, porque con jugadores como Gignac, Quiñones o Cordova, el gol siempre está a un pase de distancia.
Ahora el reto será mantener esta chispa de resiliencia cuando visite canchas complicadas, porque en el fútbol mexicano, la consistencia—no los destellos—define a los campeones.
