El Volcán estalló en el minuto 89 cuando André-Pierre Gignac, con esa frialdad que lo caracteriza, remató de primera para darle la vuelta al marcador y sellar un 2-1 que mantiene a Tigres en la pelea por la cima del torneo. No fue un partido fácil: Juárez llegó a liderar el encuentro y plantó un bloque defensivo que aguantó casi todo el encuentro, pero el francés, otra vez, apareció cuando más se necesitaba. Con este gol, el delantero suma ya cinco anotaciones en el Clausura 2024, reafirmando por qué sigue siendo el hombre de los momentos decisivos.

La victoria no solo es un respiro para la afición felina, sino un mensaje claro en la Liga MX: Tigres vs Juárez no fue un duelo más, sino un examen de carácter que los de Nuevo León supieron aprobar en los instantes finales. El equipo de Fernando Ortiz había mostrado señales de irregularidad en semanas anteriores, pero anoche demostró que la jerarquía se impone incluso en las noches más complicadas. Ahora, con tres puntos clave en la bolsa, el reto será mantener esta intensidad cuando el calendario se complique. Porque en el fútbol mexicano, como bien sabe Juárez, un error en el último minuto puede cambiarlo todo.

Un inicio de liga con presión para el Volcán

El Volcán abrió sus puertas con un ambiente cargado de expectativas. Tras una pretemporada irregular y la salida de figuras clave, Tigres arribó al debut con más dudas que certezas. Los analistas deportivos señalaban una sola victoria en los últimos cinco encuentros de preparación como el síntoma más claro de un equipo en reconstrucción.

Juárez, por su parte, llegó con otro tipo de presión: la de confirmar su crecimiento. El equipo fronterizo, que en el Clausura 2023 logró clasificar a la liguilla por primera vez en su historia, buscaba demostrar que no fue casualidad. Su bloque defensivo, el menos goleado de la Liga MX en los últimos seis meses, se plantó en San Nicolás con la intención de ahogar el juego local.

Los primeros minutos reflejaron esa tensión. Tigres dominó la posesión, pero sin claridad: 68% de control en el primer tiempo que se tradujo en solo dos llegadas peligrosas, ambas neutralizadas por el arquero juarense. Mientras, los visitantes apostaron por contraataques rápidos, explotando los espacios que dejaba una defensa aún en proceso de ajuste.

El silbatazo inicial no solo marcó el arranque del partido, sino el comienzo de una temporada donde el margen de error para el Volcán es mínimo. Con una afición exigente y una directiva que ha invertido fuerte en refuerzos, el técnico sabía que un tropiezo en casa podría encender las alarmas antes de tiempo.

Gignac aparece en el descuento y rompe el empate

El reloj marcaba 88:47 cuando André-Pierre Gignac apareció donde más duele. Un balón largo desde la defensa de Tigres encontró al francés en el área, quien con un control de pecho y un zurdazo cruzado venció a Hugo González. El gol, su cuarto en los últimos cinco partidos, selló la reacción felina en un duelo donde el empate 1-1 parecía inevitable.

Gignac, de 38 años, demostró una vez más por qué sigue siendo clave. Su gol no solo le dio los tres puntos a Tigres, sino que lo consolidó como el máximo goleador histórico del club con 156 anotaciones.

Analistas destacaron la inteligencia del delantero para posicionarse entre los centrales de Juárez, aprovechando un error en la marca. La jugada surgió de un contraataque rápido, algo que Tigres no había logrado en los primeros 45 minutos.

Con este triunfo, los felinos suman su tercera victoria consecutiva en casa, mientras que Juárez se queda con las manos vacías tras un partido donde dominó en posesión (52%) pero falló en definición.

Lo que deja el triunfo para el camino de Tigres

El triunfo de Tigres ante Juárez no solo suma tres puntos clave en la tabla, sino que refuerza un patrón que define a este equipo bajo el mando de Fernando Ortiz: la capacidad de reaccionar cuando el marcador se complica. Los felinos han rescatado 12 de los últimos 18 puntos en juego tras ir perdiendo en el marcador, una estadística que habla de su mentalidad y de la jerarquía de jugadores como André-Pierre Gignac, autor del gol agónico que selló la victoria.

El francés, con 10 goles en lo que va del torneo, sigue siendo el faro ofensivo. Pero más allá de sus números, su influencia se mide en momentos como el del minuto 89’, cuando apareció entre dos defensas para rematar de cabeza y silenciar el intento de sorpresa de los Bravos. Ese tipo de jugadas —fruto de experiencia y sangre fría— marcan la diferencia en partidos donde el rival plantea un bloque bajo y físico.

Para el camino de Tigres, la victoria tiene un valor adicional: consolidar la confianza de un plantel que, pese a las críticas por su irregularidad, demuestra recursos para salir de situaciones adversas. El Volcán, otra vez, fue testigo de esa resiliencia.

Analistas destacan que, a diferencia de temporadas anteriores, este equipo no depende exclusivamente de Gignac o de su línea ofensiva. La solidez de la defensa, con figuras como Samir, y el orden táctico en mediocampo le han dado equilibrio. Queda por ver si esa consistencia se mantiene en la recta final, donde cada error se paga caro.

El Volcán vibró hasta el último suspiro con un Gignac que, una vez más, demostró por qué su leyenda en Monterrey sigue creciendo: no hay partido perdido cuando el francés tiene balón en el área. La remontada contra Juárez no fue solo tres puntos, sino un recordatorio de que los felinos se alimentan de la presión cuando otros flaquean, con un equipo que —a pesar de los altibajos— encuentra respuestas donde menos se esperan.

Quien busque entender el ADN de este Tigres debe fijarse en detalles como el cambio de Purata al 75’ o la insistencia de Carioca por las bandas: son movimientos que, sumados a la jerarquía de sus figuras, deciden partidos que parecen sentenciados. La Liga MX no perdona a quien baja los brazos, y los de Ferretti lo saben.

Ahora el reto es trasladar esta garra al Clausura, donde el margen de error se achica y cada punto pesa el doble.