El precio del tanque de gas de 10 kg escaló por tercera semana seguida en cinco entidades del país, con incrementos que oscilan entre 8 y 12 pesos, según datos de la Comisión Reguladora de Energía. Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Nayarit y Colima registraron los ajustes más pronunciados, donde el cilindro ya supera los 300 pesos en algunos municipios. Los aumentos, aunque atribuidos a factores estacionales y logísticos, profundizan la presión sobre el bolsillo de familias que dependen de este energético para cocinar.

El golpe al presupuesto doméstico no es menor: el tanque de gas de 10 kg representa un gasto fijo mensual para más del 60% de los hogares mexicanos, de acuerdo con cifras del INEGI. Mientras los precios al mayoreo del gas LP se mantienen estables en el centro del país, las regiones afectadas enfrentan un desajuste que obliga a revisar estrategias de compra, desde buscar promociones hasta optar por recargas parciales. La tendencia, de persistir, podría alterar los hábitos de consumo en una canasta básica ya resentida por la inflación.

Aumento sin freno: el gas LP en su peor racha*

El precio del tanque de gas LP de 10 kilogramos no da tregua. En cinco estados del país, el aumento acumulado en las últimas tres semanas supera ya el 8%, según datos de la Comisión Reguladora de Energía. La racha alcista, que comenzó a mediados de mayo, no muestra señales de frenarse, golpeando con fuerza el bolsillo de millones de hogares que dependen de este combustible para cocinar.

Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Querétaro y el Estado de México lideran la lista de las regiones más afectadas. En algunas zonas, el costo por tanque ha rebasado los $320 pesos, una cifra que contrasta con los $285 registrados a principios de año. Analistas del sector energético atribuyen el incremento a la combinación de factores como la alta demanda estacional y ajustes en los costos de distribución.

Lo más preocupante no es solo el alza, sino su velocidad. Mientras que en 2023 los incrementos fueron graduales, este año los saltos semanales de $5 a $10 pesos se han vuelto recurrentes. Para familias de ingresos medios y bajos, que destinan hasta un 15% de su presupuesto mensual a la compra de gas, cada aumento representa un ajuste forzoso en otros gastos básicos.

El escenario se complica si se considera que, históricamente, junio y julio son meses con mayor consumo por las vacaciones y el calor. Sin mecanismos de control claros, el gas LP podría cerrar el primer semestre con su peor desempeño en una década.

Estados afectados y el golpe al bolsillo familiar*

El aumento en el precio del tanque de gas LP de 10 kilogramos sigue golpeando con mayor fuerza a cinco entidades del país. Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro y San Luis Potosí registraron, por tercera semana consecutiva, los incrementos más pronunciados, con variaciones que oscilan entre 5 y 8 pesos por unidad. En ciudades como León y Morelia, donde el gas representa hasta el 15% del gasto mensual en hogares de ingresos medios, el impacto se siente en el presupuesto familiar.

Datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) revelan que, en lo que va del año, el precio promedio nacional del tanque ha subido cerca de un 12%. Sin embargo, en los estados afectados, el alza supera ese porcentaje, llegando a un 16% en zonas de alta demanda.

El golpe al bolsillo no es uniforme. Mientras en áreas urbanas las familias logran absorber el costo recortando otros gastos, en comunidades rurales —donde el gas es esencial para cocinar y calentar agua— el ajuste se traduce en menos comidas al día o en la búsqueda de leña como alternativa, con los riesgos para la salud que esto implica.

Analistas del sector energético señalan que la persistente volatilidad en los precios internacionales del petróleo, sumada a los cuellos de botella en la distribución local, explica por qué estos cinco estados concentran los mayores aumentos. La dependencia de gasoductos con capacidad limitada agrava la situación.

¿Qué sigue? Pronósticos y alternativas ante la alza*

El aumento acumulado del 8.3% en el precio del tanque de gas LP de 10 kg durante las últimas tres semanas ha encendido las alertas entre consumidores y analistas. Según datos de la Comisión Reguladora de Energía, el alza en estados como Jalisco, Guanajuato y Querétaro supera ya el incremento anual proyectado para 2024, lo que presiona los presupuestos familiares en un contexto de inflación persistente.

Ante este escenario, los especialistas en energía anticipan que la tendencia podría mantenerse en el corto plazo. Factores como la demanda estacional, los ajustes en los precios internacionales del petróleo y la logística de distribución siguen ejerciendo presión sobre los costos.

Para mitigar el impacto, algunas familias han optado por reducir el consumo mediante el uso de estufas eléctricas o cocinas solares en zonas rurales. Otra alternativa en auge son los programas de subsidio estatal, aunque su cobertura sigue siendo limitada.

El sector industrial, por su parte, explora contratos a largo plazo con distribuidores para bloquear precios, mientras que cooperativas de consumo organizan compras al mayoreo para obtener descuentos por volumen.

El tercer aumento consecutivo en el precio del tanque de gas LP de 10 kilogramos en cinco entidades del país confirma que la presión sobre el bolsillo de las familias persiste, especialmente en regiones como Jalisco, Guanajuato y Michoacán, donde el alza superó los 12 pesos en solo 21 días. Mientras los distribuidores atribuyen el ajuste a factores como la demanda estacional y los costos logísticos, el impacto real se traduce en recortes en otros gastos básicos para miles de hogares que dependen de este energético para cocinar o calentar agua. Ante este escenario, revisar periódicamente los precios en diferentes puntos de venta—incluyendo cooperativas locales o programas sociales como el Gas Bienestar—puede generar ahorros de hasta 20 pesos por tanque, diferencia que suma en el mediano plazo. La tendencia actual sugiere que, sin medidas regulatorias claras o subsidios focalizados, los próximos meses podrían mantener esta volatilidad en los precios, obligando a los consumidores a adaptar sus estrategias de compra.