El Milan rompe el molde. Stefano Pioli sorpendió con las alineaciones de AC Milan contra Feyenoord al incluir desde el inicio a Rafael Leão y Luka Jović en un 4-3-3 que apunta más a la ofensiva que a la contención. El portugués, recuperado de sus molestias físicas, regresa al once tras tres partidos sin ser titular, mientras que el serbio gana la pulseada por el puesto de centrodelantero. Con Chukwueze en la derecha y Pulišić completando el tridente, el técnico italiano apuesta fuerte en un partido clave para la moral del equipo.

La decisión no es casual: el Feyenoord llega a San Siro como líder invicto del grupo E, y las alineaciones de AC Milan contra Feyenoord reflejan urgencia. Pioli prioriza velocidad y desborde en las bandas, sacrificando el bloque bajo que usó contra la Juventus. La ausencia de Giroud en el once inicial—pese a su gol en la última Champions—confirma el giro táctico. En un torneo donde el Milan aún no convence, cada elección es un mensaje. Hoy, el mensaje es claro: atacar o morir.

El giro táctico de Pioli tras la derrota en Roma

La derrota en la capital ante la Lazio no solo dejó un sabor amargo, sino que obligó a Stefano Pioli a replantear su enfoque. El técnico rossonero, conocido por su flexibilidad táctica, optó por un cambio radical: el regreso al 4-3-3 clásico, un sistema que el Milan había abandonado en las últimas cinco jornadas. La decisión no fue caprichosa. Según datos de Opta, en esta formación el equipo ha mantenido un 62% de posesión efectiva en Champions, frente al 54% en el 4-2-3-1 utilizado recientemente.

El movimiento más llamativo llegó en las bandas. Pulišić, relegado a la suplencia en Roma, recuperó su lugar como extremo izquierdo, mientras que Leão —cuya velocidad desequilibra a defensas lentas— se desplazará a la derecha para explotar los espacios detrás de la línea de cinco del Feyenoord. Pioli apuesta así por un tridente ofensivo más vertical, sacrificando parte del control mediocampista pero ganando en transición rápida.

La clave estará en el mediocampo. Tonali, Bennacer y Krunić formarán un triángulo con tareas bien definidas: los dos primeros para la circulación, el bosnio para el desborde y el arrive al área. Analistas italianos destacan que, en este esquema, el Milan ha generado un 30% más de remates desde dentro del área que con otras configuraciones.

El riesgo es evidente: dejar espacios en las espaldas de los laterales. Pero Pioli prefiere asumirlo. Contra un Feyenoord que presiona alto, la apuesta es clara: menos elaboración, más verticalidad.

Leão y Pulišić: un dúo inesperado en el ataque rossonero

El Milan de Stefano Pioli sorprendió con una apuesta ofensiva poco habitual al alinear a Rafael Leão y Christian Pulišić como dúo titular en el ataque. La decisión rompe con la dinámica reciente del equipo, donde el portugués solía actuar como referencia única o acompañado de un mediocentro más defensivo. Los datos respaldan el riesgo: Leão lleva cinco asistencias en sus últimos ocho partidos de Champions, mientras que el croata, aunque irregular, aporta desequilibrio en espacios reducidos.

La conexión entre ambos no es nueva, pero sí poco explotada. En los minutos que han compartido esta temporada, el Milan ha generado un 30% más de ocasiones de gol, según registros de Opta. Pioli parece confiar en que la velocidad de Leão y la llegada desde segunda línea de Pulišić puedan desbordar a una defensa del Feyenoord que sufre en transiciones rápidas.

El croata, criticado por su falta de continuidad, encuentra aquí una oportunidad clave. Su capacidad para asociarse con Leão—como demostraron en el 2-0 al Torino—podría ser la llave para romper líneas rivales.

El 4-3-3 dibujado en San Siro deja claro el mensaje: el Milan no juega por el empate. Con dos extremos puros y un Olivier Giroud como pivote, el equipo apuesta por el verticalismo frente a un rival que llega con tres victorias consecutivas en Eredivisie.

¿Qué significa este once para el futuro del Milan en Champions?

El once inicial ante el Feyenoord no es solo una rotación, sino una declaración de intenciones. Con Rafael Leão y Christian Pulišić como titulares en un 4-3-3 clásico, Pioli apuesta por velocidad y desborde, dos armas que el Milan ha extrañado en sus últimos partidos europeos. La estadística respalda la decisión: en los últimos cinco encuentros donde ambos han coincidido desde el inicio, el equipo ha promediado 2.1 goles por partido, casi el doble que sin ellos en liza.

La ausencia de Olivier Giroud en el once —aunque presente en el banquillo— marca un giro táctico. Pioli prioriza la movilidad de Leão como falso nueve, un rol que ya probó con éxito en la victoria contra la Roma. El portugués, con tres asistencias en sus últimos cuatro partidos, se convierte así en el eje de un ataque diseñado para romper líneas con pases verticales.

Defensivamente, el regreso de Simon Kjær al centro de la zaga refuerza la solidez. Su experiencia en Champions —más de 50 partidos en la competición— será clave para contener el juego aéreo del Feyenoord, uno de los equipos con mayor porcentaje de goles tras centros laterales esta temporada.

Si el esquema funciona, podría consolidarse como la base para lo que resta de fase de grupos. Un Milan con Leão y Pulišić desde el inicio gana en verticalidad, pero también en presión alta: contra equipos que juegan desde atrás, como el Newcastle en la próxima jornada, esta fórmula podría ser letal.

El Milan de Pioli ha dejado claro que no piensa especular en San Siro: con Leão y Pulišić desde el inicio, el 4-3-3 recupera su esencia más vertical, apostando por desequilibrio puro en lugar de prudencia táctica. La inclusión de ambos, junto a la solidez de Tomori y la creatividad de Loftus-Cheek, dibuja un once diseñado para asfixiar al Feyenoord con presión alta y transiciones rápidas, sin conceder ni un centímetro de iniciativa al rival.

Quienes sigan el partido deberán fijarse en cómo gestiona el equipo los espacios entre líneas, especialmente en banda izquierda, donde Leão y Theo Hernández pueden desbordar a una defensa holandesa poco acostumbrada a ritmos tan intensos. El mensaje está lanzado: este Milan no juega a no perder, sino a imponer su jerarquía desde el primer minuto, y la Champions será el escenario perfecto para confirmarlo.