Son Heung-min no necesita mucho espacio para decidir un partido. Dos goles en once minutos, una exhibición de precisión coreana y un Tottenham que recuperó el rumbo en Stamford Bridge. El 3-1 ante el Fulham no fue solo una victoria más: fue un recordatorio de que, cuando el surcoreano enciende su radar, hasta las defensas más ordenadas terminan en apuros. Con estos dos tantos, Son ya suma 15 goles en la Premier League esta temporada, consolidándose como el artillero más letal de un equipo que aspira a colarse en la Champions.
El duelo entre Tottenham y Fulham llegó cargado de presión para Ange Postecoglou, cuya escuadra arrastraba dudas tras resultados irregulares en las últimas jornadas. Pero el australiano encontró respuestas donde más las necesitaba: en su figura estrella y en un mediocampo que, por fin, recuperó el control del ritmo. Que el partido se resolviera con un doblete de Son no sorprende a nadie—lo hace desde 2016—, pero la solidez defensiva y la claridad en las transiciones sí marcaron una diferencia clave. En un Londres que no perdona, el Tottenham vs Fulham dejó claro que los Spurs aún tienen argumentos para pelear por Europa, mientras el Fulham sigue buscando consistencia lejos de Craven Cottage.
Un Tottenham con hambre tras la derrota en Chelsea
El Tottenham llegó al Craven Cottage con la presión de un tropiezo reciente que aún ardía. La derrota 2-0 ante el Chelsea en Stamford Bridge no solo les costó tres puntos clave en la pelea por Europa, sino que expuso fisuras en un equipo que, hasta entonces, había mostrado solidez bajo Ange Postecoglou. Los Spurs saltaron al campo con una intensidad que no dejó dudas: esta era una respuesta.
Desde el pitido inicial, la diferencia fue abismal. El Fulham, cómodo en casa pero sin el ritmo de los de Postecoglou, apenas logró tocar el balón en los primeros 15 minutos. Según los datos de Opta, el Tottenham registró un 68% de posesión en el primer tiempo, con 12 disparos —el doble que en todo el partido contra los Blues. Son Heung-min, siempre letal en espacios reducidos, fue el primero en romper el marcador con un zurdazo cruzado que el portero Leno solo pudo ver pasar.
Lo más llamativo no fue el gol, sino la actitud. Cada pérdida de balón se convertía en una caza grupal, cada contraataque en una avalancha. James Maddison, criticado por su bajo rendimiento en el último mes, recuperó su mejor versión: asistió en el segundo tanto y lideró la presión alta que asfixió a la defensa local. El técnico australiano había advertido en rueda de prensa que «los errores se corrigen con trabajo, no con excusas». El mensaje caló.
El 3-1 final —con un doblete de Son y un remate de cabeza de Romero— reflejó algo más que tres puntos: un equipo que no está dispuesto a repetir los errores de la semana pasada. Queda por ver si esta reacción es un destello o el inicio de una racha, pero una cosa es clara: el Tottenham que pisó el césped del Fulham no era el mismo que se rindió en Stamford Bridge. Y en la Premier, eso marca la diferencia.
Sonny Heung-min brilla con dos goles en Stamford Bridge
El surcoreano Son Heung-min demostró una vez más por qué es pieza clave en el ataque del Tottenham. Con dos goles letales en Stamford Bridge, el capitán desequilibró al Fulham en un partido donde la precisión y la velocidad marcaron la diferencia. El primero llegó al minuto 23, tras una combinación rápida con James Maddison que dejó sin reacción a Bernd Leno. El segundo, ya en el complemento, fue un remate cruzado desde el borde del área que selló su décimo doblete en la Premier League desde 2020, consolidándolo como uno de los delanteros más consistentes de la competición.
Lo llamativo no fue solo la efectividad, sino el momento en que apareció. El Fulham, que había igualado el marcador con un gol de Raúl Jiménez, vio cómo Son respondía en menos de cinco minutos. Analistas como los de Opta destacan su capacidad para aparecer en zonas decisivas: el 68% de sus goles esta temporada han sido dentro del área, pero con un toque de clase que descoloca a las defensas. Su segundo tanto, especialmente, reflejó esa inteligencia para leer el juego y ejecutar cuando el rival menos lo espera.
Más allá de los números, su liderazgo en el campo fue evidente. En una noche donde el Tottenham mostró altibajos, Son se erigió como el faro. Dirigió las transiciones, presionó alto cuando el equipo lo necesitaba y hasta recuperó tres balones en campo rival. No es casualidad que, bajo su capitanía, los Spurs hayan sumado siete de los últimos nueve puntos posibles.
El técnico Ange Postecoglou lo definió después del partido como «un jugador que entiende el peso de la camiseta». Y es que, en un estadio histórico como Stamford Bridge —aunque fuera como visitante—, Son no solo brilló con la pelota, sino que llevó al equipo a un triunfo que los mantiene en la pelea por Europa. Dos goles, una asistencia clave en el tercero de Richarlison y una actuación que reafirma su estatus: a sus 31 años, sigue siendo el corazón del Tottenham.
El error defensivo que cambió el rumbo del partido
El partido dio un giro inesperado en el minuto 63, cuando un fallo en la salida de balón del Fulham redefinió el ritmo del encuentro. El lateral derecho Tete, presionado por la intensidad de Son Heung-min, intentó un pase atrás a Bernd Leno que quedó corto. El coreano, siempre atento a los errores rivales, interceptó con rapidez y asistió a Richarlison, cuyo remate fue contenido por el portero alemán. Aunque no terminó en gol, esa jugada desestabilizó por completo a la defensa visitante y obligó a Marco Silva a reajustar su bloque en pleno desarrollo del partido.
Lo llamativo no fue solo el error en sí, sino su impacto psicológico. Según datos de Opta, el Tottenham recuperó la posesión en campo rival en un 68% de las ocasiones durante los 15 minutos siguientes al fallo de Tete, un aumento del 23% respecto al primer tiempo. El Fulham, que hasta entonces había mantenido un bloque compacto, perdió la solidez defensiva que le permitió llegar al descanso con empate. La presión alta de los spurs encontró resquicios donde antes no los había, y Son, con su olfato goleador, no tardó en aprovecharlo.
El segundo gol del Tottenham llegó justo tres minutos después del error defensivo. Un córner desde la izquierda encontró a Cristian Romero en el primer palo; su remate fue desviado por Leno, pero el balón cayó a los pies de Son, quien no perdonó. La secuencia fue un reflejo claro de cómo un detalle puntual —la indecisión de Tete— puede alterar el guion de un partido. El Fulham intentó reaccionar con cambios ofensivos, como la entrada de Raúl Jiménez por Carlos Vinícius, pero el daño ya estaba hecho: el equipo de Ange Postecoglou había tomado el control.
Para los analistas, el episodio confirmó una tendencia en el Fulham esta temporada: su vulnerabilidad bajo presión. En los últimos cinco partidos como visitante, el equipo de Silva ha cometido al menos un error defensivo que derivó en gol en cuatro de ellos. Contra equipos con la capacidad de transición del Tottenham, esos fallos se pagan caro. Y en Craven Cottage, con un Son inspirado, el costo fue doble.
Ange Postecoglou ajusta tácticas en la segunda mitad
El Tottenham entró al vestuario con un empate que sabía a poco. El 1-1 inicial reflejaba un partido trabado, donde el Fulham lograba neutralizar con solvencia los intentos de juego asociativo de los Spurs. Pero Ange Postecoglou no es un técnico que se conforme con repartir puntos en casa. Durante los 15 minutos de descanso, ajustó dos claves tácticas que terminaron por desequilibrar el encuentro: la presión alta después de pérdida y el desplazamiento de Son Heung-min hacia posiciones más centrales, donde el coreano pudo explotar los espacios entre las líneas rivales.
La estadística lo respalda. Según los datos de Opta, el Tottenham recuperó el balón en campo contrario en 12 ocasiones durante la segunda mitad, el doble que en los primeros 45 minutos. Esa intensidad asfixiante obligó al Fulham a cometer errores en la salida, como el balón perdido por João Palhinha en el minuto 58 que derivó en el segundo gol de Son. Postecoglou, conocido por su estilo vertical y sin pausas, optó por sacrificar un mediocentro—sacando a Yves Bissouma—para sumar a Brennan Johnson por banda, estirando el juego y generando superioridades numéricas en ataque.
El cambio más sutil, pero decisivo, llegó con el posicionamiento de James Maddison. El inglés, que en la primera parte actuaba como enlace entre líneas, se pegó a la banda derecha en la reanudación, arrastrando a Kenny Tete y dejando huecos que Son y Richarlison supieron aprovechar. La jugada del 3-1, precisamente, nació de un pase filtrado de Maddison desde esa zona, rompiendo la línea defensiva del Fulham con un toque que solo un jugador de su calado técnico puede ejecutar.
Fuera del terreno, las instrucciones eran claras: evitar el juego lateral y buscar el pase hacia adelante en menos de tres toques. Los jugadores lo cumplieron. La posesión del Tottenham en la segunda mitad bajó al 48%, pero su efectividad se disparó: 5 remates entre los tres palos—tres de ellos a gol—frente a solo uno en los primeros 45 minutos. Postecoglou demostró, una vez más, que su fútbol no se mide en porcentaje de control, sino en verticalidad y peligro real.
Próximos desafíos: ¿Puede el Tottenham mantener el ritmo?
El triunfo ante el Fulham inyectó confianza, pero el calendario no perdona: en las próximas cinco jornadas, el Tottenham enfrentará a tres de los seis primeros de la tabla. La consistencia será clave. El equipo de Ange Postecoglou ha demostrado solidez en casa—solo una derrota en la Premier League en el Tottenham Hotspur Stadium esta temporada—, pero los desplazamientos a Old Trafford y Anfield en febrero pondrán a prueba su madurez. La diferencia ahora radica en cómo gestionan los partidos ajustados: contra equipos de medio tabla como el Fulham, el dominio fue claro (62% de posesión y 21 remates), pero los grandes exigen otro nivel de precisión.
La defensa sigue siendo el talón de Aquiles. A pesar del doblete de Son Heung-min, los errores en la salida de balón—como el que permitió el gol de João Palhinha—revelan fisuras. Analistas de The Athletic señalan que el Tottenham ha concedido al menos un gol en 12 de sus últimos 15 partidos en todas las competiciones, una cifra que choca con sus aspiraciones de Champions. La vuelta de Cristian Romero tras la lesión podría estabilizar la zaga, pero la falta de un lateral izquierdo natural (Dest y Udogie alternan sin convencer) complica el esquema.
El mercado de invierno dejó más dudas que certezas. Sin refuerzos de peso, Postecoglou apuesta por la continuidad de un bloque que ya ha dado señales de agotamiento físico en tramos finales. Richarlison, clave en la presión alta, acumula minutos desde noviembre, y la lesión de James Maddison en el Fulham expuso la falta de profundidad en mediocampo. Mantener el ritmo dependerá de si jugadores como Kulusevski o Johnson recuperan su mejor versión.
La lucha por la cuarta plaza es un sprint, no un maratón. Con el Aston Villa a solo dos puntos y el Manchester United resurgiendo, cada tropiezo se paga caro. El Tottenham tiene ventaja: un goleador en racha (Son lleva 14 goles en liga, su mejor registro desde 2022) y un estilo que desarma a rivales menos intensos. Pero los próximos 15 días definirán si esta temporada queda como un destello o como el regreso definitivo a la élite.
El Tottenham confirmó su reactivación en la Premier con un 3-1 contundente ante el Fulham, donde Son Heung-min brilló con un doblete que reafirma su papel clave en el esquema de Ange Postecoglou. El surcoreano, combinando velocidad y precisión, demostró por qué sigue siendo uno de los delanteros más letales de la liga, mientras que el equipo mostró solidez defensiva y claridad en la salida, algo que había flaqueado en partidos anteriores.
Para los aficionados spurs, el mensaje es claro: este es el momento de confiar en el proceso, pues el estilo ofensivo de Postecoglou ya empieza a dar frutos tangibles. Con la Champions en el horizonte, mantener esta consistencia será vital.
Ahora, el reto será trasladar esta versión dominante a encuentros más exigentes, donde la presión y el desgaste físico pondrán a prueba su verdadera ambición.

