El suelo tembló con fuerza a las 3:17 de la madrugada cuando un sismo de magnitud 5.2 sacudió el centro de México, activando alertas sísmicas en la Ciudad de México, Morelos, Puebla y el Estado de México. Según el Servicio Sismológico Nacional (SSN), el epicentro se localizó a 12 kilómetros al sureste de Axochiapan, Morelos, con una profundidad de 10 kilómetros, suficiente para percibirse con claridad en zonas urbanas y despertar a miles de personas en medio de la noche. Protección Civil reportó saldos blancos hasta el momento, pero las revisiones en estructuras continúan tras el movimiento telúrico más intenso registrado en la región durante los últimos tres meses.
El temblor hoy 4 de octubre 2023 revivió la memoria sísmica de una población acostumbrada a la actividad geológica, pero que no por ello deja de reaccionar con precaución. Autoridades recordaron los protocolos de seguridad mientras usuarios en redes sociales compartían videos de lámparas balanceándose y objetos desplazados en hogares de la capital y estados aledaños. Aunque el temblor hoy 4 de octubre 2023 no generó daños mayores, su ocurrencia en horario nocturno y su cercanía con zonas densamente pobladas subrayan la importancia de mantener sistemas de alerta temprana operativos y planes familiares de emergencia actualizados.
Un recordatorio de la actividad sísmica constante en México

El sismo de 5.2 grados ocurrido esta madrugada reavivó la memoria sísmica de un país acostumbrado a convivir con el movimiento de placas tectónicas. México registra alrededor del 10% de la actividad sísmica global, una cifra que lo ubica entre las regiones más activas del planeta. La placa de Cocos, responsable de la mayoría de los temblores en el centro y sur, sigue siendo la protagonista de estos fenómenos recurrentes.
La madrugada del 4 de octubre no fue la excepción. El Servicio Sismológico Nacional confirmó el epicentro a 12 kilómetros al sureste de Acatlán de Osorio, Puebla, zona conocida por su alta frecuencia de eventos telúricos. Aunque la magnitud no superó los 6 grados, la profundidad de 55 kilómetros permitió que las ondas se percibieran con claridad en la Ciudad de México y estados cercanos.
Geólogos señalan que la región central del país acumula energía de forma constante debido al rozamiento entre placas. Estudios recientes indican que, en promedio, México experimenta al menos un sismo perceptible cada dos días. La mayoría no superan los 4 grados, pero su constancia mantiene en alerta a las autoridades y a la población.
La infraestructura sísmica y los protocolos de emergencia han mejorado desde 1985, pero cada temblor sirve como recordatorio de que la prevención no puede bajar la guardia.
El epicentro y los estados más afectados por el movimiento

El epicentro del sismo de magnitud 5.2 registrado a las 3:17 horas del 4 de octubre se localizó a 12 kilómetros al sureste de Acambay, Estado de México, según datos del Servicio Sismológico Nacional (SSN). La profundidad del movimiento telúrico, calculada en 5 kilómetros, explicaría la percepción intensa en zonas cercanas, donde residentes reportaron sacudidas fuertes y prolongadas durante al menos 20 segundos.
Entre las entidades más afectadas destacó la Ciudad de México, donde el sistema de alerta sísmica activó las alarmas con casi un minuto de antelación. Aunque no se registraron daños estructurales graves, el movimiento generó grietas en inmuebles antiguos de colonias como Roma, Condesa y Centro Histórico. Protección Civil capitalina confirmó la revisión de 43 edificios con reportes menores.
Morelos y Puebla también sintieron el temblor con intensidad. En Cuernavaca, usuarios en redes sociales compartieron videos de objetos cayendo en estanterías, mientras que en la zona de Cholula, Puebla, algunos comercios suspendieron actividades por precaución. El SSN recordó que esta región forma parte de la Brecha de Acambay, una zona con historial de sismos significativos, como el de 1912 que superó los 6.9 grados.
Hidalgo y Querétaro completaron la lista de estados con percepción moderada. En Pachuca, el movimiento despertó a cientos de familias, aunque sin consecuencias mayores.
Medidas inmediatas y protocolos tras el temblor nocturno

El sismo de 5.2 grados con epicentro en Axochiapan, Morelos, activó los protocolos de emergencia en la Ciudad de México y estados cercanos antes del amanecer. A los tres minutos del movimiento, las 96 alarmas sísmicas distribuidas en la capital emitieron el aviso preventivo, dando un margen de 20 a 30 segundos para que la población buscara zonas seguras. Servicios como el Metro y Metrobús suspendieron operaciones de manera inmediata, mientras equipos de Protección Civil iniciaban revisiones en infraestructura crítica.
En colonias como Roma, Condesa y Coyoacán, donde la densidad poblacional complica las evacuaciones nocturnas, vecinos reportaron aglomeraciones controladas en puntos de reunión designados. Según datos del Cenapred, el 68% de los capitalinos que viven en edificios de más de cinco pisos participan en simulacros al menos dos veces al año, lo que facilitó una respuesta más ordenada durante el temblor real.
El corte de energía en al menos 12 colonias del centro y poniente obligó a la CFE a desplegar brigadas para restaurar el servicio antes de las 6:00 a.m. Mientras tanto, hospitales como el General Balbuena y el ABC activaron sus plantas de emergencia y verificaron el estado de pacientes en áreas de terapia intensiva.
Autoridades insistieron en revisar posibles daños estructurales antes de reingresar a inmuebles, especialmente en construcciones antiguas del Centro Histórico. La recomendación incluyó documentar grietas nuevas con fotografias y reportarlas a la línea 911 para evaluación técnica.
El sismo de magnitud 5.2 registrado en la madrugada del 4 de octubre recordó, una vez más, que México se asienta sobre una zona de alta actividad sísmica donde la preparación marca la diferencia entre el susto y la tragedia. Aunque el movimiento no dejó daños graves, su epicentro cerca de Acambay, Estado de México, y su percepción en al menos cinco entidades subrayaron la necesidad de mantener protocolos de prevención activos en hogares, escuelas y centros de trabajo.
Ante la imposibilidad de predecir estos eventos, lo más efectivo sigue siendo revisar periódicamente las rutas de evacuación, tener a mano un kit de emergencia con documentos esenciales y participar en simulacros, especialmente en edificios antiguos o zonas de riesgo. La experiencia de este temblor —y los cientos que lo precedieron— deja claro que la cultura de la prevención no es opcional, sino un hábito que salva vidas cuando la tierra vuelve a moverse.

