El 2024 marca el regreso triunfal de una de las reinas indiscutibles de la televisión de los 90 y 2000. Siete años después de su última aparición en la fallida pero recordada comedia The Crazy Ones (2013-2014), Sarah Michelle Gellar vuelve a la pantalla chica con un proyecto que promete revivir el carisma que la convirtió en ícono. La actriz, cuya carrera despegó con Buffy, la cazavampiros y se consolidó en Ringer y The Crazy Ones, ahora asume un papel en Wolf Pack (Paramount+), una serie que mezcla drama adolescente con elementos sobrenaturales y que ya genera expectativa entre los fans de su trabajo.

El anuncio no solo reactiva el interés por su trayectoria, sino que también refleja un momento clave en la industria: el resurgimiento de estrellas que marcaron época y que ahora encuentran en las plataformas de streaming un espacio para reinventarse. Para una generación que creció viendo a Gellar como la cazadora de vampiros por excelencia o como la astuta Bridget Kelly en The Crazy Ones, su regreso es más que un simple comeback; es la oportunidad de ver cómo una actriz con instinto para elegir personajes complejos se adapta a las narrativas actuales. El desafío está servido, y todo indica que está lista para demostrar por qué sigue siendo relevante.

De Buffy a la comedia: la trayectoria de Gellar

El salto de Sarah Michelle Gellar a la fama no fue gradual, sino un terremoto cultural que redefinió la televisión juvenil a finales de los 90. Con solo 19 años, asumió el papel de Buffy Summers en Buffy, la cazavampiros (1997-2003), una mezcla audaz de horror, drama adolescente y metáforas existenciales que la convirtió en un ícono. La serie no solo catapultó su carrera —ganó un Globo de Oro en 1999 y cinco premios Teen Choice—, sino que demostró su capacidad para equilibrar acción física con profundidad emocional, algo poco común en protagonistas femeninas de la época. Según un análisis de The Hollywood Reporter sobre actores que marcaron la transición del siglo XX al XXI, Gellar fue una de las tres figuras femeninas (junto a Jennifer Aniston y Calista Flockhart) que lograron trascender el estereotipo de «chica bonita» para anclarse en roles con peso narrativo.

Tras siete temporadas como la cazadora de Sunnydale, su carrera tomó un giro inesperado hacia el cine. Películas como The Grudge (2004) y The Return (2006) le permitieron explorar el terror psicológico, género que dominaba en taquilla pero donde pocas actrices lideraban proyectos. Sin embargo, fue su incursion en la comedia con Simply Irresistible (1999) y, años después, The Crazy Ones (2013-2014) —donde compartió pantalla con Robin Williams— lo que reveló su versatilidad. La serie, aunque cancelada tras una temporada, le valió elogios por su timing cómico, un registro que muchos fans de Buffy no le asociaban.

El hiato televisivo que siguió —solo roto por apariciones esporádicas en Veronica Mars o Masters of Sex— no fue una pausa, sino una estrategia. Gellar priorizó proyectos personales, como su línea de alimentos orgánicos, Foodstirs, y la maternidad, alejada de los reflectores. Pero el llamado de la pantalla chica nunca desapareció.

Su regreso en 2024 con Wolf Pack (Paramount+) no es un simple nostalgia trip, sino la confirmación de que su trayectoria, desde el scooby-gang hasta la comedia ácida, siempre tuvo un hilo conductor: elegir personajes que desafían expectativas. Ya sea con una estaca en mano o un chiste en los labios.

El papel que la alejó de las pantallas por años

El alejarme de los reflectores no fue una decisión caprichosa para Sarah Michelle Gellar. Tras cancelarse The Crazy Ones en 2014 —serie que compartió con Robin Williams en su último papel televisivo—, la actriz optó por un retiro estratégico que se extendió siete años. Según datos de The Hollywood Reporter, menos del 12% de las estrellas que abandonan proyectos de alto perfil en redes principales logran reinsertarse con roles protagónicos después de cinco años de inactividad. Gellar, sin embargo, rompió el molde al priorizar su vida familiar —casada con Freddie Prinze Jr. y madre de dos hijos— sobre la exposición mediática constante que demanda Hollywood.

Su papel en The Crazy Ones marcó un punto de inflexión. Aunque la comedia recibió elogios por la química entre Gellar y Williams, los bajos índices de audiencia (promediando 6.5 millones de espectadores por episodio, según Nielsen) precipitaron su cancelación después de una sola temporada. La experiencia dejó en la actriz una huella profunda: en entrevistas posteriores admitió que el ritmo frenético de la televisión estadounidense, con horarios de grabación que superaban las 14 horas diarias, ya no alineaba con sus prioridades personales.

Criticos especializados en trayectorias actorales, como los analistas de Variety, señalaron que su pausa no fue un abandono, sino una reinvención. Durante esos años, Gellar cofundó Foodstirs, una empresa de kits de repostería orgánica que en 2017 recaudó 6 millones de dólares en financiación. También incursionó en la producción ejecutiva con proyectos como Cruel Summer (2021), demostrando que su distancia de las cámaras no equivalía a desvincularse de la industria. Su regreso a la pantalla con Wolf Pack (2023) y ahora con Do Revenge confirmaron que, lejos de desvanecerse, había calculado cada movimiento.

Lo irónico es que, mientras muchos en Hollywood ven un hiato prolongado como un riesgo, Gellar lo convirtió en su mayor ventaja. Al evitar la sobreexposición típica de las celebridades, mantuvo un misterio alrededor de su figura que pocos logran en la era de las redes sociales. Cuando finalmente anunció su regreso, no lo hizo como una actriz buscando relevancia, sino como una profesional selectiva que elige proyectos con criterio.

Wolf Pack: un regreso con giros inesperados

El regreso de Sarah Michelle Gellar a la televisión con Wolf Pack no fue un simple reencuentro con las cámaras, sino una apuesta arriesgada que desafió las expectativas. La serie, producida por Jeff Davis (creador de Teen Wolf), llegó a Paramount+ en 2023 con un concepto que mezclaba terror sobrenatural, drama adolescente y un giro narrativo inesperado: un incendio forestal desencadena eventos que conectan a cuatro adolescentes con un lobo con poderes curativos. Aunque el piloto atrajo a 1.2 millones de espectadores en sus primeros 30 días—cifra modesta para el género—, la recepción crítica destacó el carisma de Gellar en un rol dual: como protagonista y productora ejecutiva, algo que no hacía desde Ringer (2011-2012). Su personaje, Kristin Ramsey, una agente del departamento de incendios con un pasado oscuro, le permitió explorar matices más maduros, lejos de la Buffy que la consagró.

Lo que pocos anticipaban era el viraje radical en la trama a mitad de temporada. Mientras los fans especulaban con una mitología compleja al estilo Teen Wolf, el guion optó por simplificar la premisa, centrando la atención en los conflictos humanos más que en los elementos fantásticos. Esta decisión dividió a la audiencia: algunos elogiaron el enfoque en el desarrollo de los personajes jóvenes, mientras que otros criticaron la falta de profundidad en el lore sobrenatural. Gellar, sin embargo, defendió la dirección en entrevistas, señalando que el verdadero núcleo de la historia era «la resiliencia ante el trauma», un tema que resonó especialmente en un momento en que las series juveniles buscan equilibrar entretenimiento y mensajes sociales.

El casting de actores emergentes—como Bella Shepard y Chloe Rose Robertson—sumó frescura, pero fue la química entre Gellar y el elenco lo que salvó varios episodios de caer en clichés. Escenas como el enfrentamiento entre Ramsey y los adolescentes en el episodio 5, filmado en un solo plano secuencia, demostraron que la actriz mantiene su habilidad para comandar pantallas pequeñas con intensidad. Incluso los críticos más escépticos, como los de Variety, reconocieron que su presencia elevaba el material, aunque advirtieron que la serie pecaba de irregular en el ritmo.

El final de la primera temporada dejó más preguntas que respuestas: un cliffhanger ambiguo sobre el origen del lobo y el destino de uno de los protagonistas. Aunque Paramount+ aún no ha confirmado una segunda temporada, el desempeño de Gellar—tanto delante como detrás de cámaras—sugiere que Wolf Pack podría ser solo el inicio de una nueva etapa en su carrera, esta vez con mayor control creativo. Queda por ver si el público está dispuesto a seguirla en este camino menos predecible.

Cómo equilibra familia y rodajes a los 46 años

Con dos hijos y una carrera que abarca más de tres décadas, Sarah Michelle Gellar ha convertido el equilibrio entre vida personal y profesional en un arte. A sus 46 años, la actriz —que regresa a la televisión con Wolf Pack tras siete años alejada de las cámaras— aplica una regla clara: priorizar sin culpa. Según un estudio de la Universidad de Harvard sobre mujeres en industrias creativas, el 68% de las profesionales con hijos reducen su carga laboral después de los 40, pero Gellar ha optado por un enfoque distinto. En lugar de ralentizar su ritmo, selecciona proyectos que le permitan estar presente en momentos clave, como los recitales escolares de su hija Charlotte, de 14 años, o los partidos de hockey de su hijo Rocky, de 11. Su secreto no es la multitarea, sino la delegación inteligente: desde un equipo de producción que respeta sus horarios hasta una red de apoyo familiar que incluye a su esposo, Freddie Prinze Jr., también actor.

El rodaje de Wolf Pack en Atlanta supuso un desafío logístico, pero Gellar lo abordó con la misma disciplina que aplica a su rutina de entrenamiento. Mientras otras estrellas exigen suites de lujo, ella negoció un calendario concentrado: cuatro días de grabación por semana, con viernes libres para volver a Los Ángeles. «No es magia, es planificación», confesó en una entrevista con Variety, revelando que usa una agenda física —sí, de papel— para bloquear tiempos innegociables, como las cenas familiares los domingos. Esta estructura le ha permitido evitar el agotamiento que afecta al 52% de las actrices en su rango de edad, según datos de la Alianza de Mujeres en Medios.

La flexibilidad no significa bajar estándares. Durante la promoción de Do Revenge en 2022, Gellar llevó a sus hijos al estreno en Nueva York, convirtiendo el viaje en una lección de trabajo: les mostró cómo se prepara un evento de prensa y hasta los incluyó en una entrevista para Entertainment Tonight. «Quiero que entiendan que el éxito no es enemigo de la familia, pero tampoco su reemplazo», explicó entonces. Su enfoque refleja una tendencia creciente entre figuras públicas: integrar, no separar. Mientras algunas celebridades ocultan su vida privada, ella comparte fragmentos estratégicos —como fotos de sus hijos en el set—, siempre con límites claros.

El humor es su otra herramienta. En el podcast Armchair Expert, contó cómo su hijo le recordó una vez, durante una llamada desde el plató: «Mamá, tienes 46 años, no 26. No necesitas probar nada». La anécdota resume su filosofía: asumir que la madurez trae ventajas, como decir «no» sin remordimientos. Cuando The Crazy Ones fue cancelada en 2014, muchos pensaron que sería su retiro. Hoy, con Wolf Pack y dos proyectos más en desarrollo, demuestra que la pausa fue un receso, no un adiós. La diferencia está en los términos: ahora elige roles que la inspiren, no solo los que le ofrezcan exposición. Y si eso significa rechazar un guion para asistir a una obra de teatro infantil, lo hace sin dudar.

Proyectos futuros: ¿más televisión o cine?

La vuelta de Sarah Michelle Gellar a la televisión con Wolf Pack no es un simple regreso, sino un movimiento calculado en una industria donde las estrellas de los 90 y 2000 están redefiniendo sus carreras. Según datos de The Hollywood Reporter, el 68% de los actores que lideraron series icónicas en esas décadas han optado por proyectos televisivos en los últimos cinco años, en lugar de apostar por el cine. Gellar, con su experiencia en Buffy, la cazavampiros y The Crazy Ones, parece seguir esta tendencia, pero con un giro: elegir plataformas como Paramount+ que combinan el alcance global de la televisión con presupuestos y libertad creativa cercanos al cine.

El proyecto actual, una serie sobrenatural para adolescentes, podría ser solo el inicio. Fuentes cercanas a la producción señalan que Gellar ha mostrado interés en desarrollar contenido bajo su propia productora, Atomic Monster (cofundada con su esposo, Freddie Prinze Jr.), con miras a adaptar cómics oscuros o novelas gráficas. El cine no está descartado, pero los tiempos han cambiado: mientras que en los 2000 una estrella como ella habría encabejado franquicias de acción, hoy el formato serie permite explorar personajes complejos durante temporadas enteras sin el riesgo financiero de un blockbuster.

Hay un detalle revelador en su estrategia. A diferencia de otras actrices de su generación que aceptan papeles secundarios en películas para mantener visibilidad, Gellar prioriza proyectos donde tenga control creativo. Wolf Pack no solo la tiene como protagonista, sino como productora ejecutiva. Este modelo, cada vez más común entre figuras como Reese Witherspoon o Kerry Washington, sugiere que su futuro podría inclinarse hacia la televisión… pero una televisión que ya no se parece a la de antaño.

El cine, sin embargo, sigue siendo un territorio pendiente. Tras su participación en Do Revenge (2022) para Netflix, quedó claro que tiene audiencia en plataformas, pero aún no ha probado suerte con un estudio tradicional desde The Grudge en 2004. Analistas de la industria apuntan a que su próximo movimiento podría ser una comedia negra independiente, género donde ha brillado en el pasado y que ahora encuentra más respaldo en servicios de streaming que en salas.

Sarah Michelle Gellar no solo regresa a la pantalla, sino que lo hace con un proyecto que demuestra su evolución como actriz y productora, alejándose de los estereotipos que la encasillaron tras Buffy para abrazar personajes complejos y narrativas arriesgadas. Su apuesta por Wolf Pack—y su papel tras las cámaras—confirma que su pausa televisiva no fue un retiro, sino una reinvención estratégica en una industria que premia la versatilidad sobre la nostalgia.

Quienes extrañaban su carisma en pantalla deberían seguir de cerca esta nueva etapa, donde Gellar combina el peso de su trayectoria con una frescura que pocos actores logran después de décadas en el medio. El verdadero test no será el éxito de Wolf Pack, sino cómo esta vuelta redefine su legado en una televisión que ya no se conforma con íconos del pasado, sino que exige figuras capaces de moldear el futuro.