El Torreón vibró hasta sus cimientos cuando Alan Cervantes clavó el balón en la red a los 93 minutos, sellando una remontada épica que obligó a la tanda de penales. Santos Laguna, con dos goles en los últimos cinco minutos del tiempo reglamentario, volteó un 0-2 adverso para eliminar al León en una noche donde el fútbol mexicano escribió otro capítulo de drama puro. La definición desde los once pasos terminó 4-3, con el arquero Carlos Acevedo como figura al detener el último disparo de Victor Dávila, coronando una hazaña que ya circula en las redes como «el milagro de la Corona».

El Santos vs León no era un duelo cualquiera: se trataba de un cruce cargado de historia, con dos equipos que han repartido emociones intensas en los últimos torneos. Para la afición lagunera, este triunfo representa más que un pase a semifinales; es la reafirmación de un carácter que se niega a rendirse, incluso cuando el marcador parece sentenciado. Mientras, la Fiera se queda con el sabor amargo de una ventaja desperdiciada y la certeza de que, en el fútbol, ningún resultado está escrito hasta el pitido final. La Liga MX tiene en este partido un recordatorio brutal: aquí los héroes se forjan en segundos, y las leyendas nacen entre el sudor y los penales.

Un León que dominó pero no definió

Un León que dominó pero no definió

El León llegó al Nou Camp con la ventaja del empate sin goles en la ida, pero desde el primer minuto impuso un ritmo que asfixió a Santos. La posesión del balón superó el 60% en el primer tiempo, con un juego asociativo que desbordó por las bandas y generó cinco llegadas claras antes del descanso. Sin embargo, la falta de contundencia frente al arco de Carlos Acevedo —figura con tres atajadas clave— dejó en evidencia esa vieja debilidad: convertir el dominio en goles.

La estadística lo respalda: La Fiera acumuló 18 remates en los 90 minutos, pero solo cuatro entre los tres palos. El más peligroso, un cabezazo de Fidel Ambríz en el 67’ que Acevedo desvió con los dedos, parecía el preludio del gol que nunca llegó. Mientras Santos se replegaba y contraatacaba con peligrosidad, el León perdió fuelle en la recta final, como si el peso del partido los hubiera desgastado más de lo esperado.

El error defensivo en el gol de Alan Cervantes al 90+3’ fue el golpe definitivo a un equipo que mereció más, pero no supo cerrar. La eliminatoria se les escapó en los detalles: un pase atrasado, una marca floja en el área, la falta de un delantero puro que definiera.

Queda la sensación de un ciclo que se agota. Dominar sin definir ya no alcanza.

El gol agónico de Preciado en el 90+3’

El gol agónico de Preciado en el 90+3’

El estadio Corona vibró hasta sus cimientos cuando el balón cruzó la línea en el minuto 90+3’. Alan Cervantes, con una precisión quirúrgica, envió un centro desde la banda izquierda que encontró la cabeza de Harold Preciado. El delantero colombiano, de 1.85 metros, se elevó entre dos defensas para rematar de primera y batir a Rodolfo Cota con un testarazo imparable. Fue el gol que forzó la prórroga, el que revivió a un Santos que ya olía a eliminación.

La jugada nació de una recuperación en campo propio. Los analistas de Fox Sports destacaron después cómo el equipo de Beñat San José pasó de defender con cinco hombres a lanzar el contraataque en menos de siete segundos. Preciado, quien lleva 12 goles en el torneo, demostró una vez más su olfato: este es su cuarto tanto en los últimos cinco partidos decisivos.

El silencio en la grada leonesa contrastó con el estruendo de la afición santista. Cota, figura en los penales posteriores, se quedó clavado en la línea mientras el esfero se colaba por su palo derecho. No hubo tiempo para reaccionar.

Ese instante borró los 87 minutos anteriores, donde León había dominado con un 62% de posesión pero sin concretar. Un solo toque de Preciado bastó para cambiar la historia.

La tanda de penales que partió el alma lagunera

La tanda de penales que partió el alma lagunera

El estadio Corona vibró con una tensión que solo los penales deciden. Cuando el árbitro señaló el punto blanco, los aficionados laguneros contuvieron el aliento. Santos, con la historia de remontadas en su ADN, llegó a la tanda con el peso de haber igualado el marcador en el último suspiro. Pero los once pasos no perdonan: el primer error de León, un disparo desviado que se perdió por centímetros, abrió una herida que la afición sintió en el pecho.

Los estudios de la Liga MX indican que, en las últimas cinco temporadas, el equipo que anota primero en una tanda de penales gana el 78% de las veces. Santos lo sabía. Su portero, atento a cada movimiento de los tiradores esmeraldas, adivinó dos lanzamientos clave. Mientras, los jugadores de León miraban al suelo, como si el césped guardara la respuesta a lo que había salido mal.

El cuarto penal de la serie fue el golpe definitivo. Un remate potente, un arquero que voló sin alcanzar el balón y el silencio en las gradas visitantes. La Comarca Lagunera estalló. No era solo un pase a semifinales; era la confirmación de que, en el fútbol, la fe a veces se premia en el minuto 93… o en el quinto penal.

El Santos demostró una vez más que el fútbol se escribe con emoción hasta el último segundo, rescatar un empate en el descuento y luego ejecutar una tanda de penales casi perfecta no es suerte, sino mentalidad ganadora forjada en partidos como este. La eliminatoria quedó marcada por el instinto de Alan Cervantes, la frialdad de Carlos Acevedo bajo los palos y ese gen competitivo que define a los equipos grandes cuando la presión aprieta.

Quien quiera entender cómo se gana en octavos de final debería estudiar esta remontada: la paciencia para desequilibrar en el momento justo, la confianza en los jugadores decisivos y, sobre todo, la capacidad de transformar un error defensivo en una oportunidad letal. No hay receta mágica, pero sí un patrón claro: los equipos que avanzan son aquellos que castigan cada despiste del rival.

El camino hacia la final del Clausura 2024 acaba de volverse más interesante, porque un Santos con esta garra no solo aspira a pasar rondas, sino a recordarles a todos por qué su historia en el fútbol mexicano siempre se escribe con letras de oro.