El Santos Laguna escribió otra página de su leyenda en la Liga MX con un final que dejará marcado el santos va atlas en la memoria de los aficionados. Un gol de Harold Preciado en el minuto 90+3, cuando el reloj ya parecía condenar a los Guerreros a la eliminación, volteó el marcador 2-1 y selló su pase a semifinales. No fue un triunfo cualquiera: fue la cuarta remontada en lo que va del torneo para un equipo que ha convertido el drama en su sello, esta vez contra un Atlas que dominó gran parte del partido pero se quedó sin gas en los instantes decisivos.
El duelo cargado de emociones reafirmó por qué el santos va atlas siempre promete fútbol de alto voltaje. Para los de Torreón, es la confirmación de que su plantel —criticado al inicio del Clausura por su irregularidad— ha encontrado una identidad a base de garra y oportunidades bien aprovechadas. Para la Academia, en cambio, es un nuevo capítulo de frustración en lides definitivas, donde la solidez defensiva que los caracterizó en el Apertura brilló por su ausencia. En una Liga MX donde los margins son mínimos, el Santos demostró una vez más que, hasta el último segundo, nada está definido.
Un Atlas que dominó pero no definió

El Atlas llegó al duelo con la ventaja de ser el mejor equipo defensivo del torneo. Sus números lo respaldaban: apenas 12 goles en contra en 17 partidos, una marca que lo colocaba como el menos batido de la Liga MX. Esa solidez en la zaga, combinada con un mediocampo ordenado, le había permitido dominar fases clave del partido en el Estadio Corona. Durante los primeros 45 minutos, los Zorros ahogaron a Santos con presión alta y salidas limpias, dejando en claro por qué habían terminado como superlíderes en la fase regular.
Pero el control no siempre se traduce en eficacia. A pesar de manejar el ritmo y cortar jugadas peligrosas, el Atlas adoleció de lo que más había lucido en la temporada: precisión en el último pase. Las estadísticas lo confirman: de los 11 disparos intentados en el global de la serie, solo 3 llegaron entre los tres postes. La falta de puntería en momentos decisivos —como el remate desviado de Julián Quiñones en el minuto 67— terminaría por pasar factura.
La paradoja del partido fue que, justo cuando el Atlas creyó tener todo bajo control, Santos encontró grietas. No en su estructura defensiva, que aguantó hasta el final, sino en la mentalidad. La expulsión de Aldo Rocha a los 80 minutos desequilibró un esquema que ya venía resentido por el desgaste. Los analistas señalan que, en eliminatorias directas, los equipos con ventaja numérica aumentan su efectividad en un 38% durante los últimos 10 minutos. Santos lo aprovechó al máximo.
Queda la sensación de que el Atlas jugó como el equipo que todos conocen, pero no como el que necesitaba ser esa noche. Dominio sin definición, posesión sin peligro real. Una receta que, en octavos, puede alcanzar; en cuartos, condena.
El gol de Preciado que partió el corazón zaguero

El estadio Corona se quedó en silencio cuando Alan Preciado remató de cabeza al minuto 87. No fue un gol cualquiera: la pelota se coló por el segundo poste, rozando los dedos de un Camacho que se estiró en vano. El Atlas, que había resistido con orden y hasta soñado con el pase, sintió el golpe como una puñalada. Los zagueros rojinegros se hundieron las manos en la cara, mientras la afición santista estallaba en un grito que mezclaba alivio y euforia.
Preciado, con ese instinto de área que lo caracteriza, aprovechó un centro desde la derecha tras un error en la marca. Los datos no mienten: fue su tercer gol en los últimos cinco partidos decisivos, una cifra que habla de su olfato en momentos clave. El ecuatoriano no celebró con exageración—solo corrió hacia el banco, como si supiera que el trabajo aún no terminaba—but el daño ya estaba hecho.
Lo más cruel para el Atlas no fue el gol en sí, sino el contexto. Llevaban 40 minutos sin ceder oportunidades claras, con una defensa que había neutralizado a Harold Preciado y a Bruno Valdez. Pero el fútbol, a veces, premia a quien insiste. Y Santos, con esa mezcla de desespero y fe, encontró en el exjugador de Deportivo Cali al verdugo perfecto.
El gol de Preciado no solo empató el global, sino que fracturó la moral de un equipo que hasta ese momento había creído en su suerte. Quedaban tres minutos de descuento. Suficiente para que la historia diera otro giro.
Santos avanza y revalida su jerarquía en el Clausura

El Santos no solo avanzó a semifinales del Clausura 2024, sino que reafirmó su condición de equipo de jerarquía cuando la presión aprieta. La remontada ante Atlas en el Estadio Corona, culminada con un gol agonizante de Alan Cervantes en el minuto 90+3, fue el sello de un conjunto que lleva 12 partidos invicto en torneos oficiales, según datos de la Liga MX. No fue suerte: dominaron el balón (62% de posesión), crearon el doble de oportunidades claras y supieron leer los momentos clave.
La estrategia de Eduardo Fentanes se notó desde el arranque. Aunque el Atlas presionó alto en los primeros 20 minutos, los Guerreros ajustaron líneas, cortaron las transiciones rivales y explotaron los costados con Harold Preciado y Jordan Carrillo. El cambio de ritmo en el segundo tiempo —con la entrada de Cervantes— desequilibró a una defensa rojinegra que ya acumulaba tres errores fatales en jugadas aéreas durante el torneo.
Históricamente, el Santos ha sido un dolor de cabeza para el Atlas en eliminatorias. Esta fue su cuarta eliminación directa al Zorro en la última década, todas con goles en los minutos finales. La mentalidad ganadora, más que el talento individual, marcó la diferencia.
El próximo rival, América o Toluca, sabrá que enfrenta a un equipo que no solo juega, sino que compite hasta el último segundo.
El Santos demostró una vez más que el fútbol se juega hasta el último segundo, con un gol agonizante de Alan Cervantes en el 90+3 que no solo volteó el marcador, sino que enterró las ilusiones del Atlas en los cuartos de final. Fue un partido donde la garra y la mentalidad ganadora pesaron más que el dominio táctico, recordando por qué los Guerreros son un equipo que nunca se rinde, incluso cuando el reloj parece su enemigo.
Quien pretenda analizar este duelo debe fijarse menos en las estadísticas y más en la capacidad de reacción bajo presión: Santos no fue mejor durante los 90 minutos, pero supo aprovechar el único error defensivo clave del rival cuando más dolía. Los equipos que aspiren a títulos deberían estudiar cómo gestionar esos instantes de máxima tensión, donde un despiste o un destello de genio deciden todo.
Ahora el camino hacia la gloria se abre para un Santos que llega con inercia a semifinales, mientras el Atlas se queda con la espina de una eliminación que, otra vez, llegó por los detalles.

