El Estadio Vila Belmiro estalló en el minuto 90+3 cuando el delantero de Santos, con un remate cruzado desde el borde del área, sentenció el 3-2 que dejó a Tigres fuera de la Copa Libertadores. Fue el tercer gol del partido para el Peixe, un equipo que llegó a estar abajo en el marcador y que, contra todo pronóstico, logró una remontada épica en la recta final. La eliminaión del conjunto mexicano—favorito en muchos círculos—reafirma que en el fútbol sudamericano los guiones se rompen cuando menos se espera.

El duelo entre Santos y Tigres no solo definió un pase a octavos, sino que revivió el drama puro de las noches de Libertadores: un equipo con historia, como el Alvinegro Praiano, enfrentando a un rival de jerarquía continental, acorralado pero letal. Para los aficionados brasileños, este triunfo es un respiro en una temporada irregular; para los felinos, una herida abierta que suma frustración a su campaña internacional. Cuando el balón rodó tras la línea en el tiempo añadido, quedó claro: en la Libertadores, ni los favoritos ni los marcadores son invencibles.

Un clásico brasileño-mexicano con historia en la Libertadores

Un clásico brasileño-mexicano con historia en la Libertadores

El duelo entre Santos y Tigres trasciende lo deportivo: es un choque de estilos, tradiciones y hasta ideologías futbolísticas que se remonta a la década de los 60. Cuando el Peixe dominaba América con Pelé a la cabeza, los felinos aún daban sus primeros pasos en el profesionalismo mexicano. La Libertadores 1963 los enfrentó por primera vez, con un Santos que aplastó 8-0 en el global, exhibición que marcó a fuego la brecha entre el fútbol sudamericano y el naciente poderío azteca.

Con los años, el guion se invirtió. Tigres, convertido en potencia económica y deportiva, llegó a esta edición como favorito absoluto: invicto en casa desde 2019 y con un plantel valorado en más de 100 millones de dólares, según datos de Transfermarkt. Santos, en cambio, arribó con un equipo joven, sin figuras de jerarquía continental y una campaña irregular en el Brasileirão.

El histórico del Volcán pesaba: solo una derrota en sus últimos 25 partidos de Libertadores como local. Pero el fútbol, cuando se trata de estos clásicos, suele burlarse de los números.

Analistas sudamericanos destacan cómo el partido revivió el ADN de ambos: Tigres con su juego físico y vertical, Santos recuperando la esencia de la escola paulista—toques rápidos, desbordes por las bandas y un mediocampo que dictó el ritmo cuando más dolía. La remontada en el 90+3 no fue casualidad, sino el eco de una rivalidad que siempre reserva drama.

El gol de Marcos Leonardo que partió el corazón tigre

El gol de Marcos Leonardo que partió el corazón tigre

El estadio vibró cuando el balón tocó la red a los 87 minutos. Marcos Leonardo, con la fría precisión de un depredador, remató de primera un pase filtrado desde la banda izquierda. El delantero de 20 años no dudó: controló el esfero con el pecho y, antes de que la defensa tigre reaccionara, disparó rasante al segundo poste. El arquero Nahuel Guzmán se estiró en vano. Fue el gol que reavivó a Santos en la eliminatoria, pero también el que quebró la moral de un Tigres que hasta entonces manejaba el partido con solvencia.

La estadística respalda el impacto del tanto. Según datos de Opta, solo el 3% de los equipos que reciben un gol entre el minuto 85 y 90 en partidos de eliminación directa de Libertadores logran mantener su ventaja. Tigres, que había contenido a Santos con orden táctico y salidas rápidas, vio cómo ese porcentaje se volvió en su contra.

La celebración del gol fue un reflejo del momento: Leonardo corrió hacia el banco, los sustitutos saltaron como resortes y la afición en el Héroe de Nacozari coreó su nombre. Pero en la banca visitante, el silencio lo dijo todo. André-Pierre Gignac, figura y capitán, se agachó con las manos en la cintura. Sabía que ese error defensivo —un desmarque mal cubierto— podía costar caro.

Lo que vino después ya es historia: la remontada en tiempo añadido. Pero ese gol de Leonardo quedó marcado como el punto de inflexión, el instante en que la balanza se inclinó para siempre.

Qué sigue para Santos tras la épica clasificación a cuartos

Qué sigue para Santos tras la épica clasificación a cuartos

El Santos no tendrá tiempo para saborear por mucho rato la heroica clasificación. Apenas 72 horas separan el dramático triunfo ante Tigres del desafío en cuartos de final, donde el rival ya está definido: el campeón defensor, Flamengo. Un duelo que repite la final de la Libertadores 2020, cuando el equipo brasileño se impuso con un contundente 3-0 en el Maracaná.

La historia reciente no favorece al conjunto de Peixe. En los últimos cinco enfrentamientos directos, Santos solo ha logrado un empate y cuatro derrotas, con un saldo de 11 goles en contra. Sin embargo, la remontada ante Tigres —especialmente ese gol de Marcos Leonardo en el minuto 90+3— demostró que este equipo tiene recursos para reescribir guiones cuando la presión aprieta.

Analistas brasileños señalan que la clave estará en la recuperación física. Santos llegó agotado al partido de vuelta tras un calendario exigente en el Brasileirão, donde ocupa el séptimo lugar con 23 puntos en 13 jornadas. La rotación será inevitable, pero el técnico Paulo Turra deberá mantener el bloque defensivo que aguantó el asedio de Tigres en el segundo tiempo.

El primer partido se jugará en Vila Belmiro, un escenario donde Santos ha sido casi imbatible en esta edición: tres victorias y un empate en la fase de grupos. Si logran proteger esa ventaja, el sueño de volver a una semifinal —algo que no ocurria desde 2020— podría tomar forma.

El Santos demostró una vez más que el fútbol se escribe hasta el último minuto, con un gol de Marcos Leonardo en el 90+3 que no solo volteó el marcador, sino que enterró las aspiraciones del Tigres en la Libertadores. Fue un partido de contrastes: la solidez defensiva de los felinos chocó contra la efectividad letal de un equipo que supo aprovechar sus únicas oportunidades, recordando por qué las eliminatorias se deciden con detalles, no con posesión. Para los equipos que aspiran a grandeza continental, la lección es clara: dominar el juego no basta si no se cierra con goles, y un error en defensa puede costar una temporada entera. Ahora, el Santos avanza con moral renovada, mientras la Copa Libertadores prepara su siguiente capítulo, donde la emoción hasta el pitido final seguirá siendo la única garantía.