El Estadio Corona estalló en el minuto 90+3 cuando Alan Cervantes clavó el balón en la red y selló la remontada más dramática de Santos Laguna en esta Concachampions. Un 2-1 que no solo borró el déficit del partido de ida, sino que enterró las aspiraciones de Pumas UNAM en el torneo continental. Los Guerreros demostraron una vez más por qué su casa es un fortín: en los últimos cinco años, ningún equipo mexicano había logrado voltear un marcador adverso en la fase de cuartos como lo hicieron anoche.

El duelo entre Santos y Pumas no era cualquier encuentro: se trataba de un clásico moderno del fútbol mexicano cargado de rivalidad, táctica y la presión de un boleto a semifinales. Para los auriazules, la eliminación duele doble tras dominar gran parte del partido de ida y caer en Torreón con errores defensivos que pagaron caro. Mientras, la afición santista celebra un triunfo que revivió el espíritu de épocas doradas, cuando el equipo de la Comarca era sinónimo de espectacularidad en la Concacaf. La pregunta ahora no es cómo llegaron hasta aquí, sino hasta dónde podrán llegar con este impulso.

El drama de la ida en Torreón

El viaje a Torreón se convirtió en una pesadilla logística para Pumas. El equipo universitario llegó con apenas horas de margen tras un retraso en su vuelo comercial, una situación que obligó a la directiva a gestionar un avión chárter de último momento. Los jugadores aterrizaron en la madrugada del día del partido, sin tiempo para adaptarse al clima seco de La Laguna ni para un descanso óptimo.

Analistas deportivos señalaron que el desgaste físico por el traslado pudo influir en el rendimiento. Datos de la Liga MX indican que equipos con menos de 12 horas de recuperación previa a un duelo de alta intensidad reducen su eficiencia en pases largos en un 18%. Pumas, que dependía de su juego aéreo para desequilibrar, vio mermada esa ventaja desde el primer tiempo.

La cancha del TSM, con su césped sintético y temperaturas superiores a los 30 grados al mediodía, agravó la situación. Mientras Santos se movía con solvencia, los felinos mostraron falta de sincronía en las transiciones defensivas. El gol tempranero de Alan Cervantes (12′) no hizo más que confirmar lo que ya se intuía: el viaje había dejado huella antes del silbatazo inicial.

La afición local, consciente del contexto, coreó «¡Se les notó el avión!» cada vez que un jugador de Pumas perdía un balón dividido. Ironías aparte, el desgaste acumulado explicaría por qué el equipo de Antonio Mohamed no logró sostener el 2-1 en los minutos finales, cuando las piernas ya no respondían con la misma explosividad.

Un gol agónico que cambió todo

El reloj marcaba 90+2 cuando el estadio Corona contuvo la respiración. Un centro desde la banda izquierda, un remate rechazado y, en el rebote, el balón llegó a los pies de Alan Cervantes. Sin pensarlo dos veces, el delantero santista disparó con la pierna derecha. La pelota se coló por el segundo poste, venciendo al arquero que ya se preparaba para el pitido final.

Fue el gol que selló la remontada. Santos, que había perdido 1-0 en el partido de ida, necesitaba al menos dos goles para avanzar. El primero llegó al minuto 67, pero el empate en el global los dejaba al borde de la eliminación. Hasta que Cervantes apareció.

Según datos de la Concacaf, solo el 12% de los equipos que pierden en la ida logran remontar en la vuelta. Santos no solo lo consiguió, sino que lo hizo en el último suspiro, con un gol que llegó cuando el 98% de los partidos en esta fase ya estaban definidos.

La celebración fue inmediata: jugadores abrazados en el suelo, técnicos corriendo hacia la banca, aficionados saltando en las gradas. Un instante de euforia que borró 180 minutos de tensión.

Para Pumas, el golpe fue duro. Dominaron el primer tiempo, crearon las mejores oportunidades y hasta el minuto 90+3 creyeron en su pase. Pero el fútbol, a veces, se escribe en segundos.

Pumas queda fuera: ¿y ahora qué?

La eliminación de Pumas en la Concachampions no solo cierra un ciclo, sino que abre preguntas urgentes sobre el futuro inmediato del equipo. Con tres derrotas en sus últimos cinco partidos oficiales, la irregularidad se ha convertido en un patrón preocupante. Analistas deportivos señalan que el 68% de los goles en contra en esta edición del torneo llegaron por errores en la salida de balón, un área que exige corrección inmediata.

El técnico deberá replantear el esquema. La dependencia excesiva del mediocampo creativo quedó expuesta cuando Santos neutralizó a sus figuras con presión alta y transiciones rápidas. No basta con lamentar el gol en el minuto 90+3; hay que revisar por qué un equipo con aspiraciones continentales perdió el control del partido en los últimos 20 minutos.

La Liga MX no perdona. Pumas enfrenta ahora un calendario exigente, con rivales directos por la clasificación a la liguilla en las próximas tres jornadas. Sin margen para experimentos, cada punto se vuelve crucial.

Queda, también, el tema anímico. Las eliminatorias dolorosas dejan huella, pero los equipos que resurgen suelen hacerlo con cambios tácticos claros y liderazgo en el vestuario. El reto no es pequeño: transformar la frustración en combustible sin caer en la improvisación.

El Santos Laguna escribió otra página de su leyenda en la Concachampions con un final de infarto: un gol de Alan Cervantes en el 90+3’ borró la ventaja de Pumas y selló su pase a semifinales, demostrando que en el fútbol los guiones se rompen hasta el último segundo. La fría efectividad en los momentos decisivos—y esa capacidad para sufrir sin quebrarse—marcó la diferencia frente a un rival que dominó tramos del partido pero no supo cerrarlo. Para los equipos que aspiran a títulos continentales, el mensaje es claro: la intensidad no se negocia ni en el minuto 90, y los detalles en defensa, como el desmarque fatal que dejó solo a Cervantes, se pagan caro. Ahora, el Santos enfrentará al campeón defensor, León, en un duelo donde su mentalidad de matagigantes será puesta a prueba una vez más.