El Torreón vibró con un final de infarto cuando Santos Laguna dio vuelta al marcador en el minuto 85 con dos goles en menos de 120 segundos. Harold Preciado, con un remate cruzado desde el borde del área, y Alan Cervantes, con un cabezazo letal en el corazón del área chica, sellaron la remontada más dramática de la jornada. El 3-2 contra Mazatlán no solo le dio tres puntos vitales a los Guerreros, sino que los mantuvo con vida en la pelea por la clasificación, mientras los Cañoneros se quedaron con las manos vacías pese a haber dominado gran parte del partido.

El duelo entre Santos vs Mazatlán había empezado con un guion distinto: los visitantes se adelantaron con un gol tempranero de Jefferson Intriago y mantuvieron la ventaja hasta el minuto 70, cuando Jordan Carrillo empató transitoriamente. Pero el fútbol premia a quienes insisten, y Santos lo demostró con una reacción en los instantes finales que dejó sin aliento al Estadio Corona. Este tipo de victorias, construidas con garra y oportunidad, son las que definen temporadas. Y en un torneo tan ajustado como el Clausura 2024, cada punto cuenta doble—especialmente cuando llega en un Santos vs Mazatlán que parecía perdido.

Un Santos en crisis antes del silbato inicial

El Santos Laguna llegó al estadio Corona con una sombra más larga que su historial reciente. La derrota 4-1 ante América en la Jornada 1 había dejado al descubierto las grietas de un equipo que, según analistas deportivos, mostraba desequilibrios claros en la defensa: en los últimos cinco partidos oficiales, habían recibido al menos dos goles por encuentro. La presión sobre el técnico Eduardo Fentanes crecía, no solo por los resultados, sino por la falta de solidez en las transiciones defensivas, un problema que Mazatlán, con su juego directo y físico, estaba listo para explotar.

Los primeros minutos confirmaron los peores presagios. A los 12’, un error en la salida de balón de Carlos Acevedo —el portero con el menor porcentaje de atajadas limpias en el torneo— permitió que Mazatlán abriera el marcador. El equipo visitante, lejos de amedrentarse, apretó con presión alta, ahogando a un Santos que tardó más de 20 minutos en generar su primera llegada clara. La afición, acostumbrada a ver a su equipo como protagonista, comenzó a silbar antes del descanso.

El problema no era solo táctico. La ausencia de Harold Preciado, sancionado, dejó al ataque sin referencia clara, y Alan Cervantes, su suplente, lucía aislado entre líneas. Mientras, en el mediocampo, la dupla Jordan Carrillo-Doria se veía superada en duelos aéreos, una debilidad que Mazatlán aprovechó para recuperar balones peligrosos en tres cuartos de cancha. Los datos no mentían: Santos había perdido el 68% de los balones disputados en la primera mitad, una cifra que explicaba su incapacidad para sostener el juego.

El vestuario al descanso fue un parteaguas. Fentanes movió piezas —sacó a un lateral derecho dubitativo y entró Alan Cervantes a la banda—, pero el cambio más notable fue la actitud. El Santos salió con otra intensidad, aunque el gol de Mazatlán al 58’ parecía sentenciarlo. Sin embargo, fue justo ahí, cuando el partido parecía perdido, que el equipo encontró una chispa inesperada.

Dos errores defensivos que cambiaron el partido

El partido entre Santos y Mazatlán quedó marcado por dos errores defensivos que, en cuestión de minutos, voltearon el marcador y sellaron el destino del encuentro. El primero llegó al minuto 78, cuando una falta de coordinación en la zaga de los Cañoneros permitió que Alan Cervantes aprovechara un balón suelto dentro del área para asistir a Harold Preciado, quien empató 2-2 con un remate cruzado. Según datos de Opta, el 63% de los goles que recibe Mazatlán en esta temporada provienen de jugadas donde hay desajustes entre sus centrales y el portero, una debilidad que Santos supo explotar con precisión quirúrgica.

Pero el error más costoso llegó siete minutos después. Con el partido ya en tiempo de descuento, el lateral derecho de Mazatlán, José Ríos, intentó despejar un centro rasante de Fernando Gorriarán sin medir las consecuencias. Su toque descontrolado derivó en un autogol que puso el 3-1 parcial y liquidó las esperanzas de reacción local. Lo llamativo no fue solo el desenlace, sino la forma: un estudio táctico previo al partido señalaba que Santos atacaba con mayor efectividad por ese sector, justamente donde Ríos había sido amonestado en el primer tiempo por una falta evitable.

La falta de comunicación entre la defensa y el mediocampo de Mazatlán se hizo evidente en ambas jugadas. Mientras los delanteros de Santos presionaban con intensidad alta, los Cañoneros perdieron 14 balones en campo propio durante el segundo tiempo, según el reporte técnico de la Liga MX. Esos números reflejan una tendencia: cuando el equipo visita Torreón, su línea defensiva suele retroceder más de lo habitual, dejando espacios que rivales como Santos —con jugadores rápidos como Gorriarán y Cervantes— castigan sin piedad.

Lo paradójico es que Mazatlán había llegado a dominar el mediocampo en los primeros 60 minutos, con un 58% de posesión. Pero el fútbol, a veces, se decide en detalles. Y en este caso, fueron dos fallos evitables los que transformaron un posible triunfo en una derrota amarga.

El minuto 85 que revivió la Liga MX

El reloj marcaba 84:57 cuando Harold Preciado conectó de cabeza el centro desde la banda izquierda. El estadio Corona estalló. No era un gol cualquiera: era el 2-2 que revivía a un Santos Laguna que había estado 40 minutos ahogado por el ritmo de Mazatlán, un equipo que llegó a soñar con su tercera victoria consecutiva fuera de casa. La jugada nació de un error en la marca, pero la precisión del colombiano —su cuarto gol en cinco partidos— transformó el partido en un duelo de nervios.

Lo que siguió fue fútbol puro, sin táctica ni pausas. A los 30 segundos del empate, Alan Cervantes robó un balón en mediocampo y habilitó a Jordan Carrillo, quien filtró un pase letal entre dos defensas. Preciado, otra vez, apareció para definir con la zurda y sellar el 3-2. Dos goles en 60 segundos. Una remontada que los analistas ya comparan con el 3-2 ante Tigres en el Apertura 2018, cuando Santos también decidió el partido en los minutos finales. La estadística es clara: en la era de Guillermo Almada, el equipo ha anotado el 38% de sus goles después del minuto 75.

Mazatlán, que había controlado el partido con un 56% de posesión y un golazo de distancia de Jefferson Intriago, se derrumbó en la recta final. Su defensa, firme durante 84 minutos, no pudo contener el ímpetu de un Santos que encontró en la presión alta y los balones largos su salvación. El técnico Ramon Diaz, visiblemente frustrado en la banca, vio cómo su equipo perdió dos puntos que podrían ser clave en la lucha por evitar el descenso.

El pitazo final llegó entre abrazos en la grada y rostros descompuestos en el banquillo visitante. Para los de Torreón, fue la confirmación de que este equipo —aunque irregular— nunca se rinde. Para Mazatlán, una lección dolorosa: en la Liga MX, los partidos no terminan hasta que el árbitro lo decreta.

La táctica de Ormeño que desarmó a Mazatlán

El cambio táctico de Fernando Ormeño en el segundo tiempo fue la clave que desequilibró el partido. El técnico peruano optó por un ajuste audaz: sacó a un mediocampista defensivo para ingresar a un extremo ofensivo, modificando el esquema de 4-4-2 a un 4-3-3 más agresivo. La movilidad de los delanteros, especialmente la de Alan Cervantes y Harold Preciado, comenzó a desbordar por las bandas, generando superioridad numérica en zonas clave. Mazatlán, que hasta entonces controlaba el ritmo con su bloque bajo, se vio obligado a retroceder y perder la pelota en zonas peligrosas.

La estadística respalda la eficacia del cambio. Según datos de Liga MX Analytics, Santos logró un 68% de posesión en los últimos 20 minutos, frente al 42% que registró en la primera mitad. Pero más allá de los números, lo que saltó a la vista fue la presión alta: los guerreros recuperaron el balón en campo rival en cinco ocasiones durante el tramo final, tres de ellas terminaron en remates al arco. Ormeño no solo buscó el empate; impuso un ritmo que Mazatlán no supo contrarrestar.

El gol de Preciado al 85’, tras un centro desde la derecha, fue el reflejo perfecto de la nueva dinámica. El colombiano apareció libre en el segundo palo, aprovechando que la defensa de Mazatlán —acostumbrada a marcar en zona— quedó descolocada por los cruces constantes de los extremos. El segundo tanto, apenas un minuto después, llegó de la misma manera: un desborde, un pase al área y un remate sin oposición. La táctica de Ormeño no solo funcionó; expuso las limitaciones de un rival que, pese a su ventaja inicial, no supo adaptarse.

Lo más llamativo fue cómo Santos transformó un partido que parecía perdido en un triunfo contundente sin necesidad de recurrir a pelotazos o jugadas a balón parado. El 4-3-3, con sus laterales muy altos y mediocampistas llegando por segunda línea, generó un fútbol vertical que Mazatlán no pudo frenar. Analistas como los de TUDN destacaron después del encuentro que fue una de las remontadas más inteligentes de la temporada, donde el mérito no fue solo de los jugadores, sino de una lectura táctica precisa.

¿Puede este triunfo salvar la temporada de Santos?

El triunfo agónico ante Mazatlán llegó cuando la temporada de Santos ya olía a frustración. Con solo dos victorias en los últimos ocho partidos y una defensa que había encajado 15 goles en ese lapso, el equipo de la Comarca se aferraba a los últimos hilos de esperanza en el Clausura 2024. La remontada en el minuto 85 no solo les dio tres puntos vitales, sino que les permitió respirar en una tabla general donde el descenso acecha con apenas cuatro unidades de ventaja sobre el último lugar. Analistas como los del programa Fútbol Picante ya señalaban que, de no sumar en esta jornada, la directiva enfrentaría presión para tomar decisiones drásticas antes del cierre del torneo.

El gol de Harold Preciado, tras un centro quirúrgico de Alan Cervantes, no fue solo un destello de calidad individual. Fue el reflejo de un Santos que, por primera vez en semanas, mostró carácter cuando el partido parecía perdido. Mazatlán, que dominó el 62% de la posesión y generó 17 llegadas al área, se topó con un rival que supo capitalizar sus dos únicas oportunidades claras en el segundo tiempo. Eso sí, la pregunta sigue en el aire: ¿puede un triunfo construido sobre errores ajenos —como el penal fallido de Jefferson Intriago en el minuto 78— ser la base de una recuperación sólida?

La estadística es cruda: Santos lleva 11 partidos sin mantener su portería en cero, una racha que no se veía desde el Apertura 2019. La defensa, con laterales que suben sin cobertura y centrales lentos en la lectura del juego, sigue siendo el talón de Aquiles. Sin embargo, la reacción en los minutos finales ante Mazatlán dejó ver a un equipo que, al menos, no se rinde. Queda por ver si esto es suficiente para salvar una temporada que ya acumula más sombras que luces.

El calendario no perdona. Con partidos pendientes contra América y Tigres, Santos necesitará algo más que emoción de último minuto para evitar que este triunfo quede como un espejismo. La afición, que coreó el nombre de Preciado hasta el pitido final, exige consistencia. La directiva, resultados.

El Santos Laguna demostró una vez más por qué se le conoce como el equipo de las remontadas épicas: con dos goles en el minuto 85, Orbelín Pineda y Alan Cervantes transformaron lo que parecía una derrota inminente en una victoria 3-2 que dejó al Mazatlán sin argumentos y a la afición en éxtasis. No fue solo un triunfo, sino un recordatorio de que en el fútbol, la mentalidad y la presión en los minutos finales deciden más que el marcador, especialmente cuando un equipo como Santos —con su historia de resiliencia— tiene el balón en los pies y el tiempo en contra.

Quienes sigan la Liga MX harían bien en no dar por perdido un partido del Guerra hasta que suene el silbato final, porque esta plantilla, bajo el mando de Eduardo Fentanes, ha convertido el drama de último minuto en su sello. Ahora, con este impulso, el reto será mantener esa intensidad contra rivales de mayor jerarquía, donde el margen de error será aún más delgado.