El repunte no da tregua. San Luis Potosí retrocedió este lunes al semáforo covid SLP amarillo tras registrar 120 casos activos en los últimos siete días, una cifra que no se veía desde febrero. Las autoridades estatales confirmaron el cambio en el sistema de alerta epidemiológica, que ahora exige reforzar medidas como el uso de cubrebocas en espacios cerrados y limitar aforos al 60% en eventos masivos. El aumento, aunque moderado, encendió las alarmas: el 70% de los nuevos contagios se concentran en la capital potosina y en Soledad de Graciano Sánchez.

La decisión llega en un momento crítico, justo cuando el estado se preparaba para cerrar el año con una aparente estabilidad. El regreso al semáforo covid SLP amarillo no implica confinamiento, pero sí obliga a reactivar protocolos que muchos ya habían relajado. Para los comercios, significa ajustar horarios; para las escuelas, redoblar vigilancia en filtros sanitarios. Y para la población, un recordatorio incómodo: la pandemia no ha terminado, solo cambió de ritmo.

El repunte de contagios que encendió las alertas

El aumento repentino de contagios por COVID-19 en San Luis Potosí tomó por sorpresa a las autoridades estatales. En menos de dos semanas, los casos activos se dispararon de 45 a 120, una cifra que no se registraba desde febrero pasado. El salto en la curva epidemiológica obligó a revisar los indicadores con urgencia, pues el 60% de los nuevos contagios se concentran en la capital potosina y en Soledad de Graciano Sánchez, zonas con mayor movilidad comercial y social.

Lo más preocupante no es solo el número, sino el ritmo. La Secretaría de Salud estatal reportó que la positividad en pruebas PCR subió del 8% al 15% en una semana, superando el umbral del 10% que la OMS considera como señal de transmisión comunitaria no controlada. Hospitales como el Central y el Tanganhuato ya registran un incremento del 20% en consultas por síntomas respiratorios, aunque—por ahora—las camas de terapia intensiva mantienen ocupación estable.

Epidemiólogos locales atribuyen el repunte a dos factores clave: el relajamiento en el uso de cubrebocas en espacios cerrados y la circulación de las subvariantes BA.4 y BA.5 de ómicron, conocidas por su alta capacidad de evasión inmunitaria. Aunque la letra pequeña de los boletines oficiales no lo destaca, fuentes médicas señalan que al menos el 30% de los nuevos casos corresponden a reinfecciones en personas que ya habían pasado la enfermedad con variantes anteriores.

El cambio a semáforo amarillo no llegó solo. Detrás de la decisión hubo reuniones maratónicas entre el Comité Estatal de Seguridad en Salud y alcaldes de los municipios más afectados. El argumento que inclinó la balanza fue el riesgo de saturar los servicios de primer nivel—como los centros de salud—en un estado donde solo el 58% de la población cuenta con esquema completo de vacunación. La alerta está encendida, pero el mensaje a la ciudadanía aún es claro: sin pánico, pero con precaución redoblada.

Medidas exactas del semáforo amarillo en SLP

El regreso al semáforo amarillo en San Luis Potosí no es una decisión arbitraria. Las autoridades estatales ajustaron el indicador tras registrar 120 casos activos de COVID-19 en la última semana, un incremento del 15% respecto al periodo anterior. Según los criterios federales, este color se activa cuando la ocupación hospitalaria general supera el 30% o cuando los contagios muestran una tendencia ascendente sostenida durante al menos dos semanas. En el caso potosino, aunque la ocupación en camas generales se mantiene en un 28%, el repunte en infecciones —especialmente en los municipios de la capital, Soledad y Rioverde— obligó a revisar las medidas.

La Secretaría de Salud estatal detalló que el semáforo amarillo implica restricciones específicas: aforo al 50% en espacios cerrados como cines, teatros y centros comerciales, mientras que en restaurantes y bares se permite hasta el 60% siempre que mantengan ventilación adecuada. Los eventos masivos, por su parte, quedan limitados a 300 personas en exteriores y 150 en interiores, con la obligatoriedad de presentar esquemas completos de vacunación o pruebas negativas recientes. Las escuelas, en cambio, continúan operando sin cambios, aunque se reforzó la recomendación de usar cubrebocas en áreas comunes.

Un punto clave que influyó en la decisión fue el análisis de las variantes circulantes. Datos del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE) señalan que el 72% de las muestras secuenciadas en las últimas dos semanas corresponden a la subvariante BA.5 de ómicron, conocida por su mayor capacidad de evasión inmunitaria. Aunque la letalidad sigue siendo baja —con solo dos decesos reportados en lo que va del mes—, la velocidad de transmisión en entornos laborales y familiares aceleró la alerta.

Las medidas entrarán en vigor este lunes 18 de julio y se evaluarán cada 15 días. A diferencia de olas anteriores, esta vez no habrá toque de queda ni cierre de actividades económicas, pero sí un énfasis en la vigilancia epidemiológica en colonias con mayor incidencia. Las multas por incumplimiento oscilarán entre 5,000 y 20,000 pesos para establecimientos, dependiendo del tamaño y la reincidencia.

Qué pueden y no pueden hacer los potosinos ahora

Con el regreso al semáforo amarillo, los potosinos recuperan libertades que habían quedado restringidas durante semanas, pero con límites claros para evitar un rebrote. Los aforos en espacios cerrados vuelven al 50%, lo que permite la reapertura de cines, teatros y centros comerciales con medidas sanitarias estrictas. Restaurantes y bares pueden operar hasta la medianoche, aunque el consumo de alcohol en la vía pública sigue prohibido. Las autoridades estatales insistieron en que el uso de cubrebocas en lugares públicos sigue siendo obligatorio, sin excepciones.

Las actividades al aire libre, como parques y plazas, no tienen restricciones de horario, pero se mantiene la recomendación de evitar aglomeraciones. Según datos de la Secretaría de Salud estatal, el 87% de los casos activos correspondientes a esta semana se concentran en la capital y la zona metropolitana, lo que ha llevado a reforzar los operativos de vigilancia en esas áreas. Gimnasios, albercas y centros deportivos pueden funcionar al 60% de su capacidad, siempre que garanticen ventilación adecuada y desinfección constante de equipos.

Lo que no cambia es la suspensión de eventos masivos. Conciertos, ferias y celebraciones con más de 500 personas siguen vetados, una medida respaldada por epidemiólogos que advierten sobre el riesgo de propagación en entornos con poca distancia física. Las escuelas, por su parte, continúan con clases presenciales bajo protocolos sanitarios, aunque algunas instituciones privadas han optado por mantener modelos híbridos para reducir riesgos.

El transporte público opera sin restricciones de aforo, pero con la obligación de ventilar unidades y proporcionar gel antibacterial a los usuarios. Los mercados y tiendas de abarrotes, considerados esenciales, no tienen límites de horario, aunque se les exige mantener filtros sanitarios en las entradas.

Hospitales en observación: ocupación y capacidad actual

La Secretaría de Salud de San Luis Potosí mantiene bajo vigilancia estrecha a 14 hospitales de la entidad tras el regreso al semáforo amarillo, con especial atención en las unidades que atienden casos graves de COVID-19. Según el último reporte técnico, la ocupación de camas generales se ubica en un 42%, mientras que las camas con ventilador registran un 31% de uso, cifras que, aunque distantes del umbral crítico, exigen monitoreo constante. El Hospital Central y el Hospital del Niño son dos de los centros con mayor demanda, aunque hasta ahora no han requerido activar protocolos de saturación.

Especialistas en epidemiología señalan que, aunque la variante ómicron y sus sublinajes predominantes en la región suelen generar cuadros menos severos, el incremento en casos activos —120 solo esta semana— podría derivar en un repunte de hospitalizaciones en las próximas dos a tres semanas. La experiencia en olas anteriores demuestra que el retraso entre el aumento de contagios y la presión hospitalaria suele ser de 10 a 14 días.

La capacidad de respuesta del sistema sanitario potosino se ha reforzado con la habilitación de 20 camas adicionales en el Hospital Tanganhuato, destinadas exclusivamente a pacientes con complicaciones respiratorias. Esta medida, sumada a la disponibilidad de 85 camas COVID en el sector público, busca evitar el colapso que se vivió en 2021, cuando la ocupación superó el 90% en varios nosocomios. Las autoridades insisten en que, por ahora, no hay restricciones para la atención de otras urgencias médicas no relacionadas con el virus.

El llamado a la población sigue siendo claro: aunque los indicadores hospitalarios no son alarmantes, el uso de cubrebocas en espacios cerrados y la aplicación de refuerzos en grupos vulnerables son clave para frenar una posible escalada. La Secretaría de Salud recordó que, en la última ola, el 78% de los pacientes hospitalizados no contaba con esquema completo de vacunación.

¿Hacia dónde va la curva epidémica en las próximas semanas?

La curva epidémica en San Luis Potosí muestra señales de estabilización, aunque con un comportamiento aún impredecible. Según el último informe de la Secretaría de Salud estatal, los 120 casos activos registrados esta semana representan un ligero repunte respecto a los 98 de la semana anterior, pero se mantienen muy por debajo de los picos de 2022, cuando la entidad superó los 1,200 contagios diarios. Este patrón sugiere que el virus circula a niveles controlados, pero con brotes localizados en zonas de alta movilidad, como la capital potosina y el corredor industrial.

Epidemiólogos consultados por medios locales coinciden en que el regreso al semáforo amarillo no implica un retroceso, sino una medida preventiva ante la temporada de lluvias y el aumento de enfermedades respiratorias. La ocupación hospitalaria —actualmente en un 12% en camas generales y 8% en terapia intensiva— refleja una presión manejable para el sistema de salud, pero advierten que el relajamiento en el uso de cubrebocas en espacios cerrados podría acelerar la transmisión en las próximas dos semanas.

El comportamiento de la curva dependerá, en gran medida, de dos factores: la cobertura de refuerzos y la detección oportuna. Hasta ahora, solo el 38% de la población mayor de 60 años ha recibido la dosis de refuerzo 2024, según datos de la plataforma federal Mi Vacuna. Si este ritmo se mantiene, las proyecciones apuntan a un escenario estable, con posibles oscilaciones entre 100 y 150 casos activos semanales hasta finales de agosto. Sin embargo, la aparición de una nueva variante o un incremento en reuniones masivas —como las fiestas patronales de la región— podrían alterar el panorama.

En comparación con otros estados del centro del país, San Luis Potosí avanza con cautela. Mientras entidades como Querétaro o Guanajuato reportan incrementos del 20% en contagios, la estrategia potosina de monitoreo por colonias y la coordinación con empresas para pruebas aleatorias han contenido los brotes. La clave, insisten las autoridades, está en evitar la saturación de servicios médicos, priorizando la atención a grupos vulnerables.

El regreso al semáforo amarillo en San Luis Potosí no es una señal de alarma descontrolada, pero sí un recordatorio contundente: la pandemia sigue aquí, con 120 casos activos que exigen precaución sin caer en el pánico. La flexibilización de restricciones no significa que el virus haya perdido fuerza, sino que la responsabilidad individual —desde el uso correcto del cubrebocas en espacios cerrados hasta completar esquemas de vacunación— marcará la diferencia entre un repunte manejable o una nueva ola evitable.

Ante este escenario, lo más sensato es reforzar hábitos básicos que ya demostraron eficacia: ventilar áreas comunes, priorizar actividades al aire libre y postergar reuniones masivas si hay síntomas leves, por mínimos que parezcan. El semáforo amarillo no frena la reactivación económica, pero su éxito dependerá de que ciudadanos y autoridades actúen con la misma seriedad que en los peores meses, sin esperar a que los números se disparen para reaccionar.

Lo que viene en las próximas semanas definirá si este ajuste lográ contener la curva o si, por descuido, el estado retrocede a medidas más estrictas antes de cerrar el año.