El gobierno federal destinó 12 millones de pesos a San Francisco Totimehuacán para reparar los estragos dejados por las lluvias históricas que azotaron la región en septiembre pasado. Los recursos, anunciados esta semana por la Secretaría de Gobernación, se enfocarán en reconstruir infraestructura dañada, desde caminos rurales arrasados hasta viviendas afectadas por inundaciones. El monto, aunque significativo, llega después de meses de gestiones por parte de las autoridades locales, que documentaron pérdidas superiores a los 18 millones en cultivos, carreteras y servicios básicos.
Para los cerca de 15 mil habitantes de San Francisco Totimehuacán, este apoyo representa un alivio parcial tras una emergencia que paralizó actividades agrícolas y comerciales. La comunidad, ubicada en el corazón de Puebla, depende en gran medida de la producción de maíz y frijol, sectores que sufrieron golpes severos por el exceso de agua. Mientras los trabajos de reparación inician en las próximas semanas, los vecinos exigen transparencia en el uso de los fondos y prioridad para las familias más vulnerables, cuya recuperación aún parece lejana.
El pueblo que resistió el diluvio de 2023
El agua lo borró casi todo en menos de doce horas. Cuando el cielo se abrió sobre San Francisco Totimehuacán en septiembre de 2023, el pueblo de 3,200 habitantes quedó atrapado entre el lodo y la furia de un fenómeno que los meteorólogos clasificaron después como «lluvia de periodicidad centenaria». Los registros del Servicio Meteorológico Nacional marcaron 340 milímetros en un solo día, el equivalente a lo que suele caer en cinco meses. Las calles se convirtieron en ríos que arrastraron puentes de madera, cultivos de maíz y hasta los cimientos de algunas viviendas de adobe. Lo que no se inundó, quedó aislado.
Lo que siguió no fue caos, sino organización. Mientras las autoridades estatales calculaban daños, los vecinos formaron brigadas con lo poco que tenían: cubetas para sacar lodo, sogas para rescatar ganado atrapado y ollas comunes en el atrio de la iglesia. Las mujeres del pueblo, muchas de ellas integrantes de cooperativas textiles, reconvirtieron sus talleres en centros de acopio. «La resistencia aquí no es nueva», explicaría después un informe de la Universidad Autónoma de Puebla que documentó cómo comunidades indígenas como esta han desarrollado estrategias de adaptación a desastres desde la época prehispánica. Su secreto no estaba en la tecnología, sino en la memoria colectiva: sabían qué cerros eran seguros, qué plantas podían purificar el agua contaminada y cómo distribuir los pocos recursos sin esperar ayuda externa.
El diluvio dejó al descubierto algo más que grietas en las paredes. Las escuelas primarias —como la Benito Juárez, donde el agua llegó a un metro de altura— tuvieron que suspender clases por tres meses. Los niños ayudaban en la limpieza por las mañanas y por las tardes recibían lecciones improvisadas bajo los árboles del centro del pueblo. Los adultos mayores, mientras tanto, recordaban cómo sus abuelos habían enfrentado inundaciones similares en 1958, aunque ninguna con esta magnitud. La diferencia esta vez era el cambio climático: según datos de la Comisión Nacional del Agua, la intensidad de las lluvias en la región ha aumentado un 30% en la última década.
Para diciembre, cuando las aguas ya se habían retirado, el paisaje seguía irreconocible. Donde antes había milpas, ahora crecían malezas entre los surcos secos. Las paredes de las casas mostraban la línea del lodo como una cicatriz a la altura de la cintura. Pero en la plaza, frente al templo del siglo XVI que resistió sin un solo daño estructural, los comerciantes volvieron a poner sus puestos. Vendían atole de cacao y tamales de frijól, igual que antes de la tormenta. No era normalidad, pero era un inicio.
Doce millones para reconstruir calles y viviendas arrasadas
Los 12 millones de pesos asignados al municipio de San Francisco Totimehuacán se destinarán, en su mayoría, a reconstruir las calles y viviendas que quedaron inservibles tras las lluvias históricas de septiembre. Según el informe técnico de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), al menos 47 viviendas presentaron daños estructurales graves, mientras que el 60% de las vías principales del centro municipal sufrió grietas profundas o socavones. Las prioridades ya están definidas: reparar primero las zonas de mayor tránsito peatonal y las casas habitadas por adultos mayores, donde el riesgo de derrumbes persiste.
El plan de acción incluye la contratación de brigadas locales para agilizar los trabajos. Ingenieros de la Secretaría de Infraestructura del estado confirmaron que se utilizarán materiales resistentes a la humedad, como concreto hidráulico y mallas de refuerzo, en las zonas más vulnerables. Esto no solo busca restaurar lo perdido, sino prevenir futuros colapsos ante fenómenos similares.
Las calles más afectadas —como la avenida 5 de Mayo y el bulevar Benito Juárez— requerirán intervenciones profundas. Aquí, el agua arrasó con capas completas de asfalto, dejando al descubierto tuberías de drenaje obstruidas por años de sedimentos. Los vecinos, organizados en comités, ya colaboran con las autoridades para identificar puntos críticos donde el agua sigue filtrándose.
Para las viviendas, el enfoque será dual: reparaciones de emergencia en techos y cimientos, y un programa de subsidios para que las familias puedan reforzar sus propiedades con materiales adecuados. Según estimaciones de Protección Civil estatal, al menos 150 personas aún viven en condiciones de riesgo, por lo que los fondos también cubrirán reubicaciones temporales mientras avanzan las obras.
Las colonias más afectadas y cómo se distribuirá el fondo
Las colonias San Isidro, La Loma y El Calvario concentran el 65% de los daños reportados en San Francisco Totimehuacán, según el diagnóstico técnico de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). En San Isidro, las inundaciones arrasaron con 18 viviendas y dejaron otras 42 con grietas estructurales en cimientos y muros, mientras que en La Loma, el desbordamiento del arroyo local afectó el sistema de drenaje y dos puentes peatonales que conectan con zonas agrícolas. El Calvario, por su parte, registró el colapso parcial de tres calles principales, donde el agua socavó el pavimento hasta dejar al descubierto tuberías de más de 30 años.
El fondo de 12 millones se distribuirá en tres fases priorizando primero la estabilización de riesgos inmediatos. La primera partida, equivalente al 40% del total, se destinará a reparar infraestructura crítica: reconstrucción de los puentes en La Loma, sellado de grietas en viviendas de San Isidro y reforzamiento de taludes en El Calvario. Ingenieros civiles consultados por el ayuntamiento estiman que estas acciones podrían reducir en un 70% el riesgo de nuevos derrumbes durante la próxima temporada de lluvias.
Las colonias menos afectadas pero con daños significativos—como Santa María y Los Pinos—recibirán recursos en una segunda etapa para obras de mitigación. Allí, el enfoque será restaurar el drenaje pluvial y reemplazar losas de concreto dañadas en calles secundarias. El 20% restante del fondo quedará como reserva para emergencias o ajustes técnicos, una medida respaldada por protocolos de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) para zonas con antecedentes de desastres naturales.
La asignación de recursos no solo considera el grado de destrucción, sino también la densidad poblacional y la vulnerabilidad socioeconómica. En San Isidro, donde el 58% de los habitantes vive en condiciones de pobreza moderada según el Coneval, se implementarán programas paralelos de empleo temporal para que los propios vecinos participen en labores de limpieza y reconstrucción, con pagos que oscilarán entre 300 y 450 pesos diarios.
Crónicas de los damnificados: historias entre lodo y esperanzas
El lodo aún se pega a las paredes de la casa de doña María López, una de las 47 familias que perdieron casi todo cuando el río Totimehuacán se desbordó la noche del 12 de octubre. Mientras revisa los muebles dañados, cuenta cómo el agua llegó a un metro y medio de altura en menos de dos horas, arrastrando colchones, documentos y hasta los cimientos de su cocina. «Lo único que salvamos fue lo que cargábamos en los brazos», recuerda, señalando una fotografía empapada de su nieto que ahora descansa sobre un cajón de madera rescatado entre los escombros.
Los daños no son solo materiales. Según el último informe de la Comisión Nacional del Agua, el 68% de las viviendas afectadas en San Francisco Totimehuacán presentaban riesgos estructurales tras las lluvias, con grietas en muros de carga y sistemas eléctricos inutilizables. Ingenieros civiles que evaluaron la zona advirtieron que, sin intervención inmediata, al menos 15 construcciones podrían colapsar en la próxima temporada de lluvias. Entre ellas, la escuela primaria Benito Juárez, donde los niños ahora reciben clases bajo lonas prestadas por Protección Civil.
Don Javier Mendoza, de 72 años, pasa las tardes limpiando el barro seco que cubrió sus tres hectáreas de cultivo de maíz. «Este año no habrá cosecha», dice, mientras muestra las plantas marchitas por el exceso de humedad. Su historia se repite en 12 de las 18 comunidades agrícolas del municipio, donde la Secretaría de Agricultura estimó pérdidas por más de 8 millones de pesos en cultivos básicos. Lo que más duele, confiesa, no es el dinero, sino ver cómo el suelo que trabajó toda su vida ahora parece «una costra de sal».
Entre el desaliento, hay destellos de organización. Un grupo de jóvenes voluntarios, coordinados por la parroquia local, instaló una cocina comunitaria en el atrio de la iglesia. Allí reparten hasta 200 platos diarios de sopa y tortillas a los afectados. «No podemos esperar a que llegue la ayuda», explica una de las coordinadoras, mientras revuelve un enorme perol de frijoles. La solidaridad, al menos, no se inunda.
El plan para evitar otra catástrofe cuando vuelvan las lluvias
Con los 12 millones asignados, San Francisco Totimehuacán no solo reparará lo destruido por las lluvias de 2023, sino que implementará un sistema de alerta temprana con sensores en las zonas de mayor riesgo. Los dispositivos, conectados a una red municipal, medirán en tiempo real el nivel de los ríos y la saturación del suelo, datos que activarán protocolos de evacuación con hasta 48 horas de anticipación. El modelo sigue las recomendaciones de la Comisión Nacional del Agua, que en su informe de 2023 destacó que el 68% de los desastres por inundaciones en Puebla podrían mitigarse con monitoreo tecnológico básico.
El plan incluye la limpieza y ensanchamiento de los causes naturales que colapsaron durante los aguaceros, como el arroyo Totimehuacán, donde los sedimentos redujeron su capacidad en un 40%. Para evitar repetir el error, se construirán bordos de contención con materiales permeables que filtren el agua hacia mantos acuíferos, en lugar de desviarla hacia zonas pobladas. Las obras priorizarán las 17 colonias más afectadas, donde el agua llegó a superar 1.5 metros de altura en viviendas.
La estrategia también aborda un problema crónico: la basura que obstruye el drenaje. Se instalarán 25 rejillas de retención en puntos críticos y se capacitará a brigadas comunitarias para mantenerlas. El ayuntamiento firmará convenios con escuelas locales para incorporar talleres sobre manejo de residuos, después de que un estudio de la UNAM revelara que el 30% de las inundaciones urbanas en la región se agravan por desechos plásticos en alcantarillas.
Para garantizar que los recursos no se diluyan en trámites, el gobierno municipal creó una mesa técnica con representantes de Protección Civil, bomberos y líderes vecinales. Cada dos semanas revisarán avances y ajustarán el plan según los pronósticos meteorológicos. La primera prueba de fuego será en junio, cuando inicie la temporada de lluvias.
Los 12 millones de pesos asignados a San Francisco Totimehuacán marcan un avance concreto para reparar los estragos dejados por las lluvias históricas, pero el verdadero desafío será garantizar que los fondos se traduzcan en obras duraderas y no en parches temporales. La reconstrucción de caminos, viviendas y sistemas de drenaje no solo debe priorizar las zonas más afectadas, sino también incorporar medidas preventivas que eviten futuros desastres, como la limpieza periódica de ríos y la reforestación en laderas inestables.
Para que la comunidad vea resultados tangibles, las autoridades deben transparentar cada etapa del proceso, desde la licitación de proyectos hasta la entrega final, evitando los retrasos burocráticos que suelen ahogar este tipo de iniciativas. El dinero está sobre la mesa, pero su impacto real dependerá de la capacidad de los gobiernos local y estatal para ejecutar con eficiencia y rendir cuentas a quienes más lo necesitan: los totimehuaquenses que perdieron patrimonio, medios de vida y, en algunos casos, hasta el techo sobre sus cabezas.

