El Bernabéu vibró con otro capítulo de épica remontada cuando Rodrygo, con dos goles decisivos, lideró al Real Madrid hacia una victoria 3-2 sobre el Sevilla que se resistió hasta el final. El brasileño, de apenas 23 años, no solo sentenció el partido en el minuto 81, sino que igualó su mejor cifra goleadora en una sola temporada con el club: 15 tantos. Un dato que pesa más cuando se trata de un duelo directo por la Champions, donde cada punto vale oro y los errores se pagan caro.

El choque entre Real Madrid y Sevilla no fue solo un partido más en la lucha por la Liga, sino un termómetro de ambición para dos equipos con aspiraciones distintas pero igual de urgentes. Mientras los merengues afianzan su segundo puesto con miras a la próxima Champions, los sevillistas, lejanos ya de Europa, buscaban al menos el consuelo de cortar una racha de cinco derrotas consecutivas en el feudo blanco. Que el triunfo llegara con un Rodrygo en estado puro—velocidad, desborde y sangre fría—refleja el momento de un Madrid que, pese a las bajas, sigue encontrando héroes cuando más los necesita.

Un clásico con sabor a final en el Bernabéu

El Santiago Bernabéu vibró con un partido que recordó a los grandes duelos de antaño. El Real Madrid y el Sevilla ofrecieron un espectáculo de ida y vuelta, con alternativas en el marcador y un ritmo que no decayó hasta el pitido final. Fue uno de esos encuentros que justifican el precio de la entrada: goles, polémica y un desenlace ajustado que mantuvo en vilo a los 65.000 espectadores.

El escenario no podía ser más propicio para un clásico de Copa. Con las gradas llenas y un ambiente eléctrico, ambos equipos salieron con la intensidad de quien sabe que no hay margen para el error. Los analistas ya advertían: en los últimos cinco enfrentamientos en el Bernabéu, el equipo local había marcado al menos dos goles. Esta vez, la racha se cumplió, pero con un Sevilla que no se rindió en ningún momento.

Rodrygo, con dos tantos decisivos, se convirtió en el protagonista de una noche que empezó con dudas y terminó con ovación. Su primer gol, un remate cruzado tras una asistencia de Valverde, desató la euforia en la grada. El segundo, ya en la recta final, fue pura sangre fría: control orientado y definición ajustada al palo.

El Sevilla, sin embargo, no se limitó a ser comparsas. En el minuto 67, una jugada colectiva que empezó en la defensa y terminó con un disparo rasante de Ocampos puso el 2-2 en el luminoso. Por un momento, el silencio se adueñó del estadio. Pero el Madrid, acostumbrado a estos guiones, respondió con la jerarquía que da la experiencia en partidos de alto voltaje.

Al final, el 3-2 reflejó lo visto en el césped: un Madrid efectivo en las zonas clave y un Sevilla que dejó todo, pero se topó con la eficacia de un equipo que sabe ganar cuando el partido se pone cuesta arriba.

Rodrygo brilla cuando más aprieta el Sevilla

El Bernabéu vibró con esa electricidad que solo desatan los partidos que se deciden en el alambre. Y allí, entre el nerviosismo y la presión de un Sevilla que no soltaba la presa, apareció Rodrygo. El brasileño no solo marcó dos goles; los clavó cuando el Madrid más los necesitaba: el 1-1 en el minuto 32, para frenar el arranque visitante, y el definitivo 3-2 en el 69, justo cuando el equipo de Mendilibar apretaba con peligrosas llegadas por las bandas.

No fue casualidad. Los datos lo respaldan: desde su llegada al Madrid, el 70% de sus goles en Liga han llegado en partidos donde el rival llevaba ventaja o el marcador estaba empatado. Un depredador de áreas en momentos críticos.

Su segundo tanto, un remate cruzado tras asistencia de Valverde, exhibió esa frialdad que descoloca a las defensas. Mientras el Sevilla se quejaba de un posible fuera de juego en la jugada previa, Rodrygo ya celebraba con los brazos en alto, como si supiera que ese gol sería el que inclinaría la balanza.

Los analistas destacan su evolución: antes, un extremo veloz; ahora, un delantero letal que aparece donde duele. Contra el Sevilla, lo demostró otra vez.

El Madrid suma de tres y mira al Barça con ventaja

El Real Madrid no solo sumó tres puntos cruciales ante el Sevilla, sino que envió un mensaje claro al Barcelona. Con este triunfo 3-2, el equipo merengue se afianza en la cima de LaLiga, aprovechando el tropiezo culé en el Camp Nou horas antes. La ventaja ahora es de dos puntos, pero con un partido menos disputado, lo que añade presión sobre un rival que no puede permitirse más errores.

Rodrygo, con dos goles, se convirtió en el gran protagonista de una noche donde el Madrid demostró once veces más su capacidad para sufrir y rematar. Los datos respaldan esta resiliencia: según Opta, el conjunto blanco lleva 17 partidos consecutivos marcando al menos un gol en casa, una racha que refleja su solidez ofensiva incluso en momentos de desorden defensivo.

El Sevilla, pese a su resistencia, no logró capitalizar sus oportunidades. Los andaluces, que llegaron a empatar en dos ocasiones, se toparon con un Thibaut Courtois inspirado en los minutos clave. La diferencia, una vez más, la marcó la efectividad: el Madrid convirtió 3 de sus 5 disparos entre los tres palos.

La Liga entra en su recta final con el Madrid como favorito por derecho propio. No es solo el resultado, sino el cómo: un equipo que, lejos de especular, busca el gol hasta el último segundo. El Barça, ahora, tendrá que mirar de reojo a un rival que no da tregua.

El Real Madrid demostró una vez más por qué el Bernabéu es su fortaleza: con un Rodrygo inspirado—dos goles y una asistencia—y un equipo que supo reaccionar ante la presión, los blancos sumaron tres puntos vitales en un partido donde el Sevilla, pese a su garra, no logró sostener la ventaja inicial. La combinación de juventud y experiencia, con figuras como Kroos dirigiendo el juego y Vinícius desequilibrando, marcó la diferencia en un duelo que pudo escaparse pero terminó siendo otro capítulo de épica madridista. Quienes sigan al equipo de Carlo Ancelotti harían bien en fijarse en cómo gestionan los momentos críticos: la calma en la salida de balón y la precisión en los últimos metros son claves que cualquier aspirante a título debe pulir. Ahora toca mirar hacia adelante, con el desafío de mantener esta intensidad cuando llegue el parón de selecciones y el regreso de la Champions.