El gol de Rodri en el minuto 81, con un certero remate de cabeza, selló una victoria agónica del Manchester City que mantiene viva su racha de 19 partidos invictos en la Premier League. El mediocentro español, clave una vez más en los momentos decisivos, apareció cuando el Aston Villa ya olfateaba el empate tras el tanto de McGinn que había igualado el marcador. Con este triunfo, el equipo de Guardiola suma tres puntos de oro en Villa Park, un feudo donde pocos visitantes logran imponerse.

El duelo entre Aston Villa y Manchester City no decepcionó: intensidad, errores defensivos y un final electrizante que refleja por qué la Premier sigue siendo la liga más impredecible. Para los Sky Blues, el resultado consolida su persecución al Arsenal en la cima de la tabla, mientras que los Villans, pese al esfuerzo, ven cómo se les escapa la oportunidad de escalar puestos en la zona europea. En un partido donde Unai Emery apostó por la presión alta y Guardiola ajustó su línea de tres centrales, el desmarque de Rodri en el área pequeña terminó siendo la diferencia.

Un Villa Park eléctrico bajo la lluvia de Birmingham

El aguacero que azotó Birmingham horas antes del pitido inicial convirtió Villa Park en un escenario de fútbol puro, donde el balón resbalaba y los jugadores medían cada paso. La lluvia, lejos de amedrentar, añadió un ritmo eléctrico al duelo. Los aficionados del Aston Villa, apiñados bajo sus paraguas, coreaban con más fuerza cada vez que Ollie Watkins amenazaba el arco de Ederson, mientras que los seguidores del City respondían con cánticos que se perdían entre el repique de las gotas contra las gradas.

El césped, empapado y brillante bajo las luces del estadio, obligó a ambos equipos a ajustar su juego. El Villa, consciente de su ventaja en la presión alta, aprovechó los primeros minutos para asfixiar a los visitantes con recuperaciones en campo rival. Según datos de Opta, el equipo local logró 12 interceptaciones en la primera mitad, el doble que su promedio en la temporada. Pero el City, acostumbrado a dominar la posesión, encontró en la humedad un aliado inesperado: los pases rasantes de De Bruyne cortaban la defensa con precisión quirúrgica.

El ambiente se cargó aún más cuando el árbitro señalara un penal dudoso a los 37 minutos. Las protestas del banquillo visitante se mezclaron con los silbidos de la grada, mientras el agua seguía cayendo sin piedad. Era el tipo de noche en que el fútbol se vuelve impredecible, donde un error o un destello de genio pueden inclinar la balanza en segundos.

Y entonces llegó el gol de Watkins, un remate cruzado que se coló por el segundo palo. Villa Park estalló. La lluvia, los goles, la tensión: todo convergía en un partido que ya olía a clásico de la Premier.

El gol de Rodri que rompió la resistencia local

El gol llegó cuando el Villa Park ya olía a empate. En el minuto 81, un córner desde la izquierda encontró a Rodri desmarcado en el segundo palo. El centrocampista español se elevó entre dos defensores y remató de cabeza, colocando el balón al fondo de la red. Fue su quinto gol de la temporada en Premier League, todos ellos decisivos en momentos clave.

La jugada nació de una estrategia ensayada. Bernardo Silva, con precisión quirúrgica, lanzó el balón al área. Rodri, que ya había advertido con un remate anterior, no falló esta vez. Los análisis tácticos posteriores destacaron cómo el City explotó la falta de marca en zonas aéreas, un patrón que ha repetido en el 68% de sus goles en jugadas a balón parado esta temporada.

El silencio en las gradas locales fue elocuente. Villa Park, que había vibrado con el empate de McGinn en el primer tiempo, vio cómo su equipo cedía ante la presión de un rival que no perdona los errores. Rodri, más allá del gol, cortó 12 balones en el partido, reafirmando su papel como eje defensivo y ofensivo.

La celebración del City fue contenida, casi profesional. Sabían que el partido no estaba terminado, pero ese tanto les daba el control. Guardiola, desde el banquillo, apenas esbozó una sonrisa. Conocía el valor de un gol así, en un estadio donde el Villa no perdía desde hacía cinco jornadas.

Guardióla evita el tropiezo y mantiene vivo el sueño europeo

El Manchester City respiró aliviado en Villa Park. Cuando el Aston Villa se adelantó con un golazo de McGinn en el minuto 74, el fantasma de otra decepción europea empezó a planear sobre Guardiola. Pero este equipo, curtido en remontadas imposibles, no se rindió. La presión asfixiante en los últimos 15 minutos ahogó a un Villa que soñó con la hazaña hasta que Rodri, con un testarazo certero en el 81’, enderezó el rumbo.

La estadística respalda la obsesión del City por los finales ajustados: es el quinto partido consecutivo en Champions donde deciden el resultado en el último cuarto de hora. Analistas destacan cómo Guardiola ha convertido el sufrimiento en método, con un bloque que eleva su nivel cuando el reloj apremia.

Villa Park vibró con la resistencia local, pero el City mostró por qué lleva 11 victorias en sus últimos 12 encuentros oficiales. La entrada de Foden en el 65’ cambió el ritmo: su asistencia al segundo palo fue letal. Un error en la marca de Konsa dejó a Rodri solo frente a Martínez, y el centrocampista no perdonó.

El sueño de la cuarta Champions sigue intacto, aunque con más sudor del esperado. Guardiola, que acumula 10 semifinales europeas en 14 temporadas, sabe que estos tropiezos evadidos forjan campeonatos.

El Manchester City demostró una vez más por qué es el campeón vigente: incluso en sus peores días, encuentra formas de ganar. El gol de Rodri en el minuto 81, tras un centro milimétrico de Bernardo Silva, fue ese destello de clase que separa a los grandes de los buenos, dejando al Villa con la miel en los labios pese a su sólido planteamiento. Los de Guardiola no pueden permitirse más tropiezos si quieren revalidar el título, y este triunfo agónico—con un Arsenal que no falla—debería servirles como recordatorio: la Premier no perdona ni un paso en falso. Ahora toca mirar al derbi contra el United, donde el City tendrá que repetir la dosis de intensidad, pero desde el primer minuto. La temporada entra en su recta final, y cada punto pesa como una losa.