El 19 de diciembre de 2022 quedó grabado en la memoria de River Plate como una de esas noches en las que el fútbol duele: México, con un equipo de liga local reforzado, les arrebató el título de la Copa Mundial de Clubes FIFA en un partido donde el 2-0 final no reflejó la superioridad técnica que el Millonario acostumbra imponer. Dos años después, el escenario cambia—ahora es la Copa Intercontinental de la FIFA, pero la rivalidad persiste intacta. El duelo por el tercer puesto no es un consuelo; es una oportunidad para borrar esa mancha con un resultado que reafirme el prestigio de un club acostumbrado a ganar.

Para los hinchas argentinos, River Plate vs. México trasciende lo deportivo: es un cruce de estilos, de historia, incluso de orgullo continental. Mientras el equipo de Martín Demichelis llega con la herida abierta de una semifinal perdida contra el Manchester City, la selección mexicana—dirigida por Jaime Lozano—busca consolidar su crecimiento con un trofeo que valide su proyecto. Pero en el Ahmad bin Ali Stadium, el 21 de diciembre no habrá espacio para excusas. El Millonario sabe que, más allá del tercer puesto, este partido es una revancha pendiente, y en el fútbol, las segundas oportunidades no siempre llegan.

Un pasado de derrotas que River quiere borrar

La historia reciente pesa sobre River Plate cada vez que enfrenta a un equipo mexicano. Desde 2015, el club de Núñez ha caído en cinco de siete duelos oficiales contra rivales de la Liga MX, incluyendo eliminaciones dolorosas en Copa Libertadores. La más recordada sigue siendo la semifinal de 2019, cuando Tigres los apeó con un 3-0 en el Monumental que aún resuena como un fantasma en la memoria colectiva.

Los números no mienten: en los últimos ocho años, River solo ha logrado vencer una vez a un equipo mexicano en competiciones internacionales. Esa única victoria, un 2-1 contra América en 2016, parece un oasis en un desierto de frustraciones.

Analistas deportivos señalan que el problema no es solo táctico, sino mental. River suele llegar a estos partidos con la presión de ser favorito, pero tropieza contra equipos mexicanos que manejan mejor los tiempos, la intensidad física y, sobre todo, la capacidad de aprovechar errores defensivos. La final del Mundial de Clubes 2020, donde perdieron 1-0 contra Tigres, fue un ejemplo claro: dominaron el balón, pero fallaron en los metros decisivos.

Esta vez, el contexto es distinto. No hay un título en juego, pero el tercer puesto en la Copa Intercontinental puede servir como exorcismo. Un triunfo no borrará el pasado, pero al menos dibujaría una línea entre lo que fue y lo que River aspira a ser.

El equipo de Demichelis y sus armas para el partido

Martín Demichelis llega al duelo por el tercer puesto con un esquema claro: presión alta y transiciones rápidas. El técnico de River Plate apostó en los últimos partidos por un bloque compacto, con líneas juntas que asfixian al rival desde mediocampo. Contra México, se espera que repita la formación 4-3-3 que le dio resultados en la fase de grupos, donde el equipo mostró un 68% de efectividad en recuperaciones en campo contrario.

El mediocampo será clave. Enzo Pérez, con su experiencia en partidos de alto voltaje, actuará como eje para cortar el juego mexicano y distribuir con precisión. A sus costados, Rodrigo Aliendro y Nicolás De La Cruz aportarán llegada al área, especialmente este último, quien en el torneo promedia 2.3 asistencias por partido.

En ataque, la dupla Solari-Colidio busca redimirse. Tras un partido opaco ante Paraguay, ambos tendrán la misión de desequilibrar con velocidad y definición. La apuesta de Demichelis por el joven Claudio Echeverri desde el banco podría ser un as bajo la manga: su capacidad para desbordar y asociarse con los laterales le da un perfil distinto al equipo.

Defensivamente, River confía en la solidez de Paulo Díaz y Leandro González Pirez. La pareja de centrales, que solo permitió un gol en los últimos tres encuentros, será vital para contener el juego aéreo de México, especialmente en pelotas paradas.

Lo que está en juego más allá del tercer puesto

El partido por el tercer puesto en el Mundial de Clubes trasciende el simple consuelo de un podio. Para River Plate, representa la oportunidad de reafirmar su prestigio en un escenario donde el fútbol sudamericano ha sido históricamente subestimado frente a los equipos europeos. La derrota ante Manchester City en semifinales dejó al descubierto las brechas técnicas, pero también la capacidad de resiliencia de un equipo que ya demostró en la Libertadores cómo sobreponerse a la adversidad. Un triunfo contra el América de México no solo cerraría el ciclo con dignidad, sino que enviaría un mensaje claro: el fútbol de Conmebol sigue siendo una potencia, incluso cuando el título se escapa.

Los números respaldan la relevancia del duelo. Según datos de la FIFA, los equipos sudamericanos han ganado solo 4 de las últimas 15 ediciones del tercer puesto en el Mundial de Clubes, una cifra que contrasta con el dominio europeo en la final. Para River, que ya conoce el sabor amargo de quedar fuera de la pelea por el título en 2015, este partido es una revisión de su evolución: ¿puede un equipo con una identidad tan marcada adaptarse a los ritmos exigentes del fútbol global sin perder su esencia?

Más allá de lo deportivo, hay un simbolismo económico y mediático. Un buen resultado frente al América —club con fuerte arraigo en el mercado estadounidense— podría abrir puertas comerciales para River en Norteamérica, donde la Liga MX compite directamente con la MLS por audiencia. No es casualidad que la transmisión del partido tenga proyecciones récord en plataformas de streaming en ambos continentes.

La revancha, además, tiene un condimento histórico. México ha sido un rival incómodo para los argentinos en torneos internacionales, con enfrentamientos memorables en Copas América y eliminatorias. Un triunfo le daría a River el argumento perfecto para silenciar a quienes aún dudan de su jerarquía después de la caída ante el City.

El duelo por el tercer puesto entre River Plate y la selección mexicana trasciende el simple consuelo: es una oportunidad para reafirmar orgullo, ajustar errores y cerrar con dignidad una competición que dejó más preguntas que respuestas. Los Millonarios llegan con la urgencia de borrar el sabor amargo de la semifinal, mientras que el Tri—aunque con plantel alternativo—busca demostrar que su fútbol no se agota en las estrellas de Europa.

Quien sintonice el partido haría bien en fijarse en los laterales: la velocidad de Julián Álvarez contra la solidez de Gerardo Arteaga podría inclinar la balanza en un encuentro donde el desgaste físico pesará más que el esquema táctico. Y si algo queda claro es que, más allá del marcador, este choque servirá como termómetro para medir la resiliencia de un River que ya mira hacia la Libertadores y un México que reconstruye su identidad sin prisa, pero sin pausa.