El Sadar vibró con otra exhibición de resiliencia merengue. Real Madrid remontó un 2-0 adverso en la primera mitad para imponerse 4-2 a Osasuna, con Vinícius Jr. como protagonista absoluto: dos goles en apenas cinco minutos que voltearon el marcador y sellaron la décima victoria consecutiva del equipo en Pamplona. El brasileño, criticado días atrás por su irregularidad, respondió con su mejor versión cuando más lo necesitaba el conjunto de Carlo Ancelotti, que suma tres puntos clave en la lucha por LaLiga.

El duelo entre Real Madrid y Osasuna no solo confirmó la jerarquía del campeón vigente, sino que expuso, una vez más, su capacidad para transformar los partidos en instantes. En un estadio donde históricamente el equipo blanco ha sufrido—solo había ganado una vez en sus últimos cinco visitas—, la remontada del sábado añade presión sobre un Barcelona que tropieza y refuerza la moral de un vestuario que ya mira hacia el clásico con la Champions como telón de fondo. Pamplona, otra vez, fue testigo de cómo el Madrid convierte las crisis en triunfos.

Un Osasuna que dominó el primer tiempo

El Osasuna salió a El Sadar con un plan claro: presionar alto y aprovechar los espacios que dejaba un Real Madrid aún en fase de adaptación. Los de Jagoba Arrasate asfixiaron desde el primer minuto, cortando líneas de pase y obligando a los visitantes a jugar con imprecisiones poco habituales en su estilo. La intensidad rojilla se tradujo en un 2-0 antes del descanso, con goles que reflejaron su superioridad táctica en la primera mitad. Los datos lo respaldan: según las métricas de Opta, Osasuna recuperó el balón 12 veces en campo rival durante esos 45 minutos, el doble que su promedio en la temporada.

Budimir, con un remate cruzado tras un error en la salida madridista, abrió el marcador. Pero fue el segundo tanto el que mejor resumió la noche navarra: una jugada colectiva de 17 toques, iniciada por Moncayola y finalizada por Barja, desarmó por completo la defensa blanca. El lateral derecho, Ávila, se convirtió en un carrilero incansable, superando en duelos a Vinícius en tres ocasiones durante ese tramo del partido.

La presión no fue solo física. Osasuna también ganó la batalla psicológica, obligando a Kroos a retroceder hasta la línea de los centrales para buscar salidas. Incluso Courtois, acostumbrado a ser un muro, tuvo que intervenir con dos estiradas complicadas ante disparos desde segunda línea.

El público, consciente de lo que estaba viendo, elevó el volumen en El Sadar cada vez que el equipo local recuperaba el esférico. No era un simple apoyo: era el reconocimiento a un bloque que, durante media hora, hizo olvidar las diferencias presupuestarias.

Vinícius aparece cuando más lo necesita el Madrid

El Madrid necesitaba un héroe en El Sadar y, como en las noches más difíciles, apareció Vinícius. Cuando el marcador reflejaba un 2-1 adverso y el equipo merengue parecía ahogado por la presión de Osasuna, el brasileño tomó el control del partido. Su primer gol, un zurdazo cruzado desde el borde del área, igualó el encuentro y cortó la racha de imprecisiones ofensivas. No fue casualidad: esta temporada, el 70% de sus remates entre los tres palos han terminado en gol, una cifra que lo consolida como el jugador más letal del equipo en situaciones de definición.

Lo más llamativo no fue solo el resultado, sino el momento. Vinícius ha construido una reputación de killer en instantes clave, y anoche lo demostró otra vez. Su segundo tanto, tras una pared con Rodrygo y un cambio de ritmo que desequilibró a la defensa rojilla, selló la remontada y dejó al Madrid con ventaja en el luminoso. Los analistas ya señalan que, en partidos de alta exigencia, su capacidad para decidir es comparable a la de los delanteros más determinantes de la última década en el club.

Osasuna, que había contenido bien a Benzema y a los mediocentros, no encontró respuesta para su velocidad. Cada balón que llegó a sus pies se convirtió en un problema para la zaga local.

Al final, cuando el silbato marcó el descuento, fue él quien levantaba los brazos para celebrar con la afición visitante. No hizo falta que hablara: su rendimiento, otra vez, había gritado por él.

El Sadar se queda con la sensación de lo que pudo ser

El Sadar vibró con una intensidad que solo los partidos contra el Real Madrid saben despertar. Durante 60 minutos, Osasuna dominó el ritmo, presionó con solvencia y hasta soñó con sumar tres puntos que habrían consolidado su racha en casa. El gol de Budimir al minuto 18 y la asistencia de Aimar para el 2-1 de Barja en el 53 dejaron al equipo navarro a un paso de una hazaña que se les escapa desde 2011. Pero el fútbol, cruel a veces, premia a quienes castigan los errores.

La estadística lo confirma: Osasuna había ganado sus últimos cinco encuentros como local en Liga, con una defensa que solo había encajado dos goles en ese lapso. Sin embargo, la falta de contundencia en la definición —solo 3 de 12 remates entre los tres palos— y los descuidos en balones parados terminaron siendo su talón de Aquiles. El segundo gol de Vinícius, tras un córner mal despejado, fue el mazazo definitivo.

Queda la espina de un partido que se les fue de las manos en apenas 20 minutos. Jagoba Arrasate, sin reproches públicos a sus jugadores, sabrá que el equipo mostró personalidad, pero también las limitaciones de un bloque que aún debe pulir la eficacia. La grada, entre aplausos y suspiros, despidió al Madrid con el respeto que merece un rival que supo aprovechar sus oportunidades.

El 4-2 final no refleja el equilibrio de un choque donde Osasuna compitió de tú a tú. La diferencia, como suele ocurrir en estos casos, la marcó un detalle: la clase de un Vinícius que, con dos goles y una asistencia, recordó por qué es el jugador más decisivo de la Liga esta temporada.

El Madrid de Ancelotti demostró una vez más que su ADN no entiende de derrotas, incluso cuando el marcador y el ritmo del partido parecen condenarle. Vinícius, con dos goles de pura electricidad, lideró una remontada que no solo salvó tres puntos clave en El Sadar, sino que reafirmó por qué este equipo sigue siendo el más temido cuando el reloj apremia. Los aficionados que critican su irregularidad harían bien en recordar que, en competiciones largas, lo que define a los campeones no es evitar los tropiezos, sino saber levantarse de ellos con más hambre; Osasuna lo comprobó en carne propia. Ahora, con el Clásico en el horizonte y la Champions acechando, este Madrid —con su mezcla de juventud audaz y veterania fría— llega con el viento a favor y un mensaje claro: aún tienen cuerda para rato.