El Santiago Bernabéu vibró con otra exhibición de fe madridista cuando el Real Madrid remontó un partido que parecía escaparse. Dos goles de Vinícius Jr., el segundo en el minuto 87, sellaron un 3-2 épico contra un Girona que había llegado a soñar con llevarse los tres puntos. La victoria no solo consolida al equipo de Carlo Ancelotti en la cima de LaLiga, sino que reafirma su ADN de nunca rendirse, incluso cuando el marcador y el ritmo del rival —un Girona ordenado y letal en la transición— amenazaban con dejar sin puntos a los blancos.

El duelo entre Real Madrid Girona fue mucho más que un partido: un reflejo de la irregularidad que puede castigar a cualquier gigante y de la resiliencia que define a este Madrid. El conjunto catalán, con su estilo vertical y su presión alta, logró desequilibrar a una defensa que ha sido cuestionada en las últimas semanas. Pero en el fútbol, los detalles marcan la diferencia, y Vinícius, una vez más, fue ese factor decisivo. Su conexión con Jude Bellingham —autor del primer gol— y su capacidad para aparecer en los momentos clave convirtieron un encuentro complicado en otra noche de gloria para el Real Madrid Girona, o mejor dicho, para el Madrid que sigue demostrando por qué es el rey de las remontadas.

Un Girona que sorprendió desde el primer minuto

El Girona saltó al Bernabéu con un plan claro: presión alta, transiciones rápidas y un Valery Fernández desbordante por la banda izquierda. A los 3 minutos, el equipo catalán ya había generado dos ocasiones claras, una de ellas con un remate de Portu que Courtois desvió in extremis con la punta de los guantes. No era un aviso, sino una declaración de intenciones. Los de Míchel, lejos de encogerse, dominaron el centro del campo con un 62% de posesión en los primeros 20 minutos, según datos de Opta, y ahogaron a un Madrid que tardó en encontrar ritmo.

El gol llegó donde más dolía. Un error en la salida de Militào, un pase filtrado de Tsygankov y Savio, con la frialdad de un veterano, definió cruzado ante Courtois para poner el 0-1 en el marcador. El Bernabéu enmudeció. El Girona, en cambio, siguió tocando con criterio, combinando entre líneas y cerrando los pasillos interiores a Kroos y Modrić. Hasta el descanso, los catalanes sumaron cinco llegadas peligrosas, tres más que el Madrid en todo el primer tiempo.

Lo inesperado no fue solo el resultado, sino la solidez defensiva visitante. Un bloque compacto, con David López impecable en la lectura de los balones largos, neutralizó a Vinícius en la primera mitad. El brasileño, acostumbrado a desequilibrar con su velocidad, se encontró con dobles marcajes y un Girona que cortaba cada intento de contraataque antes de que tomara forma. Incluso en las jugadas a balón parado, los de Míchel salieron airosos, ganando siete de los nueve duelos aéreos disputados en área propia.

El Madrid, acorralado, vio cómo el Girona rozaba el segundo tanto al inicio de la segunda parte con un cabezazo de Blind que se estrelló en el poste. Fue el momento de mayor tensión en el Santiago Bernabéu esta temporada: un equipo teóricamente inferior, pero tácticamente superior, a punto de sentenciar. Hasta que el varapalo despertó a los locales.

Vinícius Jr. resucita al Madrid con dos golazos en cinco minutos

El Bernabéu respiró aliviado cuando Vinícius Jr. decidió tomar el partido por las riendas. Con el Madrid ahogado por un Girona que administraba su ventaja con solvencia, el brasileño apareció en el minuto 76 para romper el guion. Un zurdazo cruzado desde el borde del área, imposible para Paulo Gazzaniga, que se coló por el segundo palo como un misil. El estadio estalló, pero lo mejor estaba por llegar.

Cinco minutos después, la magia se repitió. Esta vez fue un contragolpe letal: Valverde filtró un pase en profundidad, Vinícius controló con el pecho, esquivó a dos defensas y definió con la fría precisión de un delantero de élite. Dos golazos en 300 segundos que transformaron la derrota en victoria. Los datos no mienten: desde su debut, el extremo ha anotado 15 goles en Liga como visitante o en remates desde fuera del área, más que cualquier otro jugador del Madrid en el mismo período.

Lo llamativo no fue solo el resultado, sino el cómo. Vinícius no solo rescató los tres puntos; redefinió el ritmo de un partido que se le escapaba al Madrid. Su capacidad para desequilibrar en espacios reducidos —esa mezcla de velocidad, regate y llegada— dejó en evidencia a una defensa del Girona que hasta entonces había sido impecable. Los analistas ya lo señalan: cuando el equipo necesita un destello de genialidad, él aparece.

El técnico no ocultó su satisfacción en la rueda de prensa: «Vini es ese jugador que cambia los partidos en un instante». Y así fue. Mientras sus compañeros luchaban por encontrar huecos en un bloque rival bien plantado, él optó por la vía rápida: talento puro. Dos jugadas, dos goles, una remontada que mantiene vivo al Madrid en la pelea por el título.

El error defensivo que cambió el rumbo del partido

El Girona mantenía el empate a dos goles en el minuto 76 cuando un fallo en la salida de balón desde la defensa le costó caro. El lateral derecho, presionado por la intensidad del Real Madrid, intentó un pase atrás a Paulo Gazzaniga que quedó corto. Vinícius Jr., siempre atento, interceptó con un toque sutil antes de que el portero pudiera reaccionar. Lo que siguió fue una secuencia de control, amago y definición cruzada que el brasileño ejecutó con una frialdad impropia de un jugador de 23 años. El Bernabéu estalló. El error, aparentemente simple, fue el detonante de un giro que los catalanes ya no pudieron remontar.

Los datos no mienten: según las métricas de Opta, el 68% de los goles que encaja el Girona en esta temporada nacen de pérdidas en campo propio, una cifra que los sitúa entre los tres equipos con peor registro defensivo de LaLiga en este aspecto. Contra el Madrid, la presión alta de Jude Bellingham y Aurélien Tchouaméni asfixió a una defensa que, hasta ese momento, había contenido con solvencia los ataques merengues. El gol de Vinícius no fue solo un acierto individual, sino el castigo a una debilidad sistémica que el equipo de Míchel no logró corregir a tiempo.

Lo llamativo no fue el error en sí, sino el momento en que ocurrió. Con el partido igualado y un Bernabéu cada vez más impaciente, la defensa del Girona optó por jugar con fuego: salidas cortas, pases arriesgados en zonas peligrosas. La jugada del 2-3 fue un ejemplo de manual de lo que no debe hacerse bajo presión. Gazzaniga, experimentado pero sin la misma conexión con sus centrales que en partidos anteriores, no pudo anticiparse. Vinícius, en cambio, sí.

Tras el pitido final, las imágenes repetían una y otra vez ese instante: el balón rodando hacia el área, la carrera del brasileño, el remate imparable. Un lapsus de segundos que resumió la diferencia entre un punto ganado y tres perdidos. Para el Madrid, fue la recompensa a una insistencia que, hasta entonces, chocaba contra una pared. Para el Girona, una lección dolorosa sobre cómo los detalles deciden los partidos en el fútbol de élite.

Ancelotti ajusta en el descanso y encuentra la reacción

El Girona llegó al descanso con un 2-1 favorable, pero el vestuario del Bernabéu se convirtió en el escenario de un giro táctico que marcaría el partido. Ancelotti, con esa calma que le caracteriza, ajustó la presión alta y movió a Valverde a una posición más interior para saturar el mediocampo. El cambio no fue inmediato, pero sí letal: en los primeros 15 minutos de la segunda parte, el Madrid recuperó el balón en campo rival en tres ocasiones, una de ellas derivando en el empate de Vinícius.

La estadística respalda la eficacia del ajuste. Según datos de Opta, el Real Madrid pasó de un 42% de posesión en la primera mitad a un 58% en la segunda, con un aumento del 20% en recuperaciones en los primeros 25 metros del campo contrario. El Girona, que había controlado el ritmo con pase corto y desbordes por banda, vio cómo el Madrid ahogaba sus salidas con una línea defensiva más agresiva.

Vinícius, ya avisado con un gol en el primer tiempo, se convirtió en el beneficiario directo de la nueva dinámica. El brasileño encontró espacios entre líneas que antes no existían, aprovechando la mayor ocupación de los laterales blancos en ataque. Su segundo gol, tras un pase filtrado de Kroos, fue el reflejo de un equipo que había pasado de la duda a la claridad en menos de media hora.

Ancelotti, sin embargo, evitó el triunfalismo en la rueda de prensa. «No fue magia, fue trabajo», señaló, recordando que el Girona había expuesto las debilidades de un Madrid lento en la transición defensiva durante los primeros 45 minutos. La reacción, más que un mérito táctico, fue una muestra de la capacidad del equipo para leer el partido cuando la urgencia aprieta.

Qué significa este triunfo en la lucha por LaLiga

El triunfo del Real Madrid ante el Girona no fue solo tres puntos más en la clasificación, sino un golpe de autoridad en la recta final de LaLiga. Con este resultado, el equipo merengue recupera el liderato provisional y envía un mensaje claro: la consistencia en los momentos decisivos sigue siendo su sello. El Girona, que llegó al Bernabéu como el segundo mejor equipo visitante de la competición, cayó ante la presión y la jerarquía de un Madrid que supo reaccionar cuando el partido se complicó.

La remontada, con dos goles de Vinícius en la segunda mitad, refuerza una dinámica psicológica clave. Según datos de Opta, el Madrid lleva 15 partidos consecutivos marcando al menos un gol en casa, una racha que demuestra su solidez ofensiva incluso frente a rivales incómodos. Pero más allá de los números, lo significativo es cómo el equipo maneja la adversidad: el gol en contra inicial no desestabilizó su juego, y la respuesta llegó con fútbol vertical y efectividad en las áreas.

Para el Girona, la derrota duele doble. No solo pierde la oportunidad de consolidarse en puestos europeos, sino que confirma su irregularidad contra los grandes. A pesar de su buen momento, el equipo catalán acumula cinco derrotas en sus últimos seis enfrentamientos frente al Madrid, un lastre mental que aún no logra superar.

En la lucha por el título, este triunfo reafirma al Madrid como favorito. Con el Barcelona y el Atlético de Madrid tropezando en jornadas recientes, el equipo de Ancelotti aprovecha cada resbalón rival. La diferencia ahora no está solo en los puntos, sino en la capacidad de cerrar partidos ajustados, algo que en las últimas temporadas ha sido decisivo para levantar la Liga.

El Real Madrid demostró una vez más por qué el Bernabéu sigue siendo un fortín inquebrantable, rematando con autoridad un partido que parecía escaparse de las manos gracias a la magia y el instinto goleador de Vinícius Jr., cuya doble diana en los minutos finales revirtió un marcador adverso y selló una victoria 3-2 que huele a campeonato. No fue un triunfo de manual—el Girona, con su presión alta y juego asociativo, expuso las carencias defensivas de un equipo que aún debe pulir detalles—, pero en el fútbol los puntos se suman igual, y estos tres saben a oro cuando el Barcelona tropieza y el Atlético acecha a solo dos de distancia.

Quien espere ver a este Madrid invicto debería prepararse para más sobresaltos: la solidez no es su fuerte esta temporada, pero la capacidad de reacción, sí, y ahí reside su mayor arma. Ahora toca confirmar esta resiliencia el miércoles en Champions, donde los errores no perdonan y el City de Guardiola no regalará segundos balones como el Girona en el 87’.