El Santiago Bernabéu vibró con una de esas noches que solo el fútbol escribe a fuego: dos goles de Vinícius Junior en el minuto 90, el segundo de ellos con el reloj en 94:45, voltearon un partido que el Athletic Club ya daba por sentado. El brasileño, con sangre fría y una precisión quirúrgica, firmaba así la remontada más dramática de la temporada en el Real Madrid vs Athletic, un duelo donde los merengues partían como favoritos pero donde los leones vascos, con un plan táctico impecable, llegaron a soñar con los tres puntos.
No era un encuentro cualquiera. El Real Madrid vs Athletic cargaba con el peso de una Liga ajustada, donde cada punto cuenta como oro y los tropiezos se pagan caro. Para los madridistas, el partido significaba mantener el ritmo en la pelea por el título; para el Athletic, la chance de consolidarse en Europa y demostrar que, incluso en el feudo blanco, su fútbol puede dobladillar a cualquiera. Pero el guion lo cambió Vinícius: primero con un zurdazo cruzado que coló por el segundo palo, luego con un remate rasante que se coló entre las piernas de Unai Simón. Dos toques de genio en dos minutos que dejaron al Bernabéu sin aliento y al fútbol español con una imagen para el recuerdo.
Un Athletic que dominó 85 minutos en el Bernabéu
El Athletic Club plantó cara al Real Madrid con un fútbol de alta intensidad y precisión en el Santiago Bernabéu. Durante 85 minutos, el equipo vasco controló el ritmo del partido, ahogando a un rival que apenas encontró espacios en la primera línea de presión. Los leones, fieles a su estilo, combinaron velocidad en las bandas con un bloque compacto que neutralizó a Vinícius y Rodrygo en la primera mitad. La estadística lo respalda: el Athletic superó al Madrid en posesiones peligrosas (62% en los primeros 45 minutos, según datos de Opta).
Gorka Guruzeta fue el símbolo de esa superioridad. El delantero, incansable en la presión, desequilibró con desbordes por la izquierda y obligó a Courtois a dos intervenciones clave antes del descanso. Mientras, el mediocampo—con Vesga y Ruiz de Galarreta como ejes—cortó las líneas de pase hacia Kroos y Modrić, dejando al Madrid sin ideas claras para llegar al área de Unai Simón.
El gol de Nico Williams al inicio de la segunda parte no fue casualidad. Fruto de una jugada colectiva que empezó en la defensa, el extremo culminó un contraataque letal tras robar el balón en campo madridista. En ese momento, el Bernabéu enmudeció. El Athletic no solo lideraba el marcador, sino que había demostrado que su plan táctico—basado en transiciones rápidas y presión alta—podía doblegar al campeón de Europa.
La solidez defensiva vasca se mantuvo hasta el minuto 85. Iñigo Martínez y Yeray, impecables en el corte, anularon a Benzema, mientras que De Marcos y Berchiche cerraron los carriles laterales. Solo un error en la salida de balón—y la genialidad de Vinícius—evitó que el Athletic se llevara los tres puntos de un estadio donde pocos equipos se atreven a jugar como lo hicieron ellos.
Dos disparos de Vinícius en el descuento que lo cambiaron todo
El reloj marcaba 89 minutos y el Athletic Club defendía con uñas un 2-1 que parecía suficiente. Pero el fútbol, en su esencia más cruel y maravillosa, reservaba un giro inesperado. Vinícius Jr., que había pasado gran parte del partido entre marcajes ajustados y jugadas interrumpidas, encontró en el descuento el espacio que el destino le guardaba.
El primer disparo llegó tras una combinación rápida con Rodrygo por la banda izquierda. Sin tiempo para pensarlo, el brasileño ajustó un zurdazo rasante que se coló por el segundo palo. El estadio se paralizó. Los analistas de Opta registrarían después que fue el décimo gol de Vinícius en los últimos cinco minutos de partido desde su llegada a Europa, una cifra que habla de su instinto asesino cuando el tiempo apremia.
El Athletic, herido pero no vencido, intentó reaccionar. Sin embargo, el Madrid presionó con una intensidad que solo dan los equipos acostumbrados a ganar cuando todo parece perdido. Y en el 94’, otra vez él: Vinícius recibió un pase filtrado de Kroos, esquivó a dos defensas con un amago y definió con la fría precisión de quien sabe que el balón debe entrar sí o sí.
Dos toques, dos goles. El San Mamés enmudeció. No hubo tiempo para más; el árbitro pitó el final entre la euforia blanca y la incredulidad rojiblanca. El Madrid, otra vez, había convertido lo imposible en rutina.
La reacción de Ancelotti: "Esto es el Madrid, nunca se rinde
El rostro de Carlo Ancelotti al finalizar el partido lo decía todo: una mezcla de alivio y orgullo. El técnico italiano, con los brazos en jarra y una sonrisa contenida, resumió en pocas palabras lo que significa vestir la camiseta del Real Madrid: «Esto es el Madrid, nunca se rinde». No eran palabras vacías. Los datos respaldan esa mentalidad: bajo su dirección, el equipo ha rescatado 19 puntos en los últimos 10 minutos de partido desde su regreso en 2021, más que cualquier otro club en las cinco grandes ligas europeas.
Ancelotti evitó el dramatismo en rueda de prensa, pero su lenguaje corporal delataba la intensidad de esos instantes finales. Mientras el Athletic Club celebraba un gol que parecía definitivo, él ajustó el chaleco técnico y dio instrucciones precisas a Modrić y Kroos. No hubo gritos, solo calma calculada. «Sabía que teníamos que subir líneas, pero sin perder la cabeza», confesaría después, recordando cómo Vinícius, una vez más, convirtió el caos en arte puro.
La reacción del vestuario madridista al pitido final fue reveladora. Jugadores como Rudiger y Militào, que habían sufrido en defensa durante todo el encuentro, corrieron hacia el banquillo para abrazar al cuerpo técnico. Ancelotti, sin embargo, prefirió quedarse unos segundos más en el campo, observando el Santiago Bernabéu vibrar. Era la confirmación de que, en el Madrid, la fe en la remontada no es un eslogan: es un hábito.
El Madrid demostró una vez más por qué su ADN se escribe con letras de resistencia: cuando el reloj marcaba el descuento y el empate parecía un espejismo, Vinícius apareció para convertir la derrota en victoria con dos golpes de efecto en el 90’. No fue solo un triunfo, sino un recordatorio de que este equipo, incluso en sus versiones menos inspiradas, encuentra grietas en la pared rival cuando más duele. Los aficionados que abandonaron temprano el estadio se perdieron la esencia del fútbol: nunca, bajo ninguna circunstancia, hay que dar por terminado un partido con este Madrid en el campo. Ahora, con la moral reforzada y el instinto asesino despertado, el equipo de Ancelotti llega al parón de selecciones con un mensaje claro para la Liga: el campeón no piensa soltar el trono sin pelea.
