El Mestalla vibró con un partido que quedará grabado en la memoria. Real Madrid remontó un 2-0 adverso en la segunda mitad gracias a un doblete de Vinícius Jr., sellando un 3-2 épico que mantiene al equipo blanco en la pelea por el título. El brasileño, con dos goles en seis minutos, demostró por qué es el jugador más decisivo de la Liga esta temporada: 18 goles y 10 asistencias en 2024, cifras que solo un puñado de delanteros en Europa pueden igualar.
El duelo entre Real Madrid – Valencia C. F. no fue solo tres puntos, sino un reflejo de la resiliencia que define a este Madrid bajo Carlo Ancelotti. En un escenario donde el Valencia, necesitado de puntos para alejar el fantasma del descenso, plantó cara con garra—goles de Hugo Duro y un inspirado Pepelu—, los merengues respondieron con jerarquía. La victoria, más allá del marcador, reafirma su mentalidad de campeón frente a un rival que, pese a la derrota, dejó claro que el Real Madrid – Valencia C. F. sigue siendo un clásico de fuego, sin importar la clasificación.
Un Valencia que soñó con romper la racha madridista
El Valencia llegó a Mestalla con un plan claro: cortar de raíz la racha imbatible del Madrid en sus últimos encuentros. No era solo un partido más. Los de Gennaro Gattuso salieron con una intensidad que asfixió al rival desde el primer minuto, presionando alto y cerrando espacios como si supieran que, esta vez, la historia podía torcerse a su favor. El gol temprano de Hugo Duro, tras una jugada de contra letal, no fue casualidad. Reflejaba el hambre de un equipo que, pese a sus altibajos en la temporada, aún conserva ese gen competitivo que tanto ha definido al club en décadas pasadas. La afición respondió al unísono, con un Mestalla vibrante que soñó, aunque fuera por 45 minutos, con ver caer al gigante blanco.
La estadística pesaba, pero el Valencia la ignoró. Antes del encuentro, los números eran demoledores: el Madrid llevaba 15 partidos oficiales sin conocer la derrota frente a los ché, una sequía que se remontaba a 2020. Sin embargo, Gattuso apostó por un bloque compacto en medio campo, con André Almeida y Pepelu como ejes para romper el juego merengue. El segundo gol, obra de Roman Yaremchuk, confirmó que el guión podía reescribirse. Analistas como los de Marca habían señalado en la previa que el Valencia, pese a su irregularidad, era el tipo de rival incómodo para un Madrid que a veces tropieza contra equipos con transición rápida. Y así fue. Hasta el minuto 76, el sueño valencianista estuvo vivo.
Pero el fútbol, cuando se trata del Real Madrid, suele tener giros crueles para sus rivales. El Valencia pagó caro esos minutos finales de desconcentración, cuando el físico y la jerarquía del conjunto de Carlo Ancelotti terminaron por imponerse. No fue solo el doblete de Vinícius, sino la incapacidad de mantener el ritmo en los últimos 20 minutos lo que sentenció el partido. Gattuso, visiblemente frustrado en la banda, sabía que su equipo había estado cerca. Demasiado cerca. Al final, la racha siguió intacta, pero Mestalla aplaudió a los suyos. Porque, por una vez, el Valencia no solo compitió: lideró, ilusionó y estuvo a un paso de hacer temblar al rey de Europa.
El doblete de Vinícius que volteó el marcador en Mestalla
El partido en Mestalla basculó en apenas tres minutos, el tiempo que le bastó a Vinícius Junior para firmar un doblete letal que desmoronó la ventaja valencianista. El brasileño, siempre eléctrico en los metros finales, apareció cuando más lo necesitaba un Real Madrid que veía cómo el 2-1 inicial se le escapaba entre los dedos. Su primer gol, un zurdazo cruzado desde el borde del área tras filtrón de Kroos, fue pura precisión: 79% de sus remates entre los tres palos esta temporada terminan en gol o en parada complicada para el portero, según datos de Opta. El estadio enmudeció.
Pero el segundo fue obra de instinto. Un error en la salida del Valencia, un balón suelto en la frontal y Vinícius, otra vez, acelerando como si el cronómetro no existiera. Amagó el disparo, esperó a que Mamardashvili se desequilibrara y definió con la frialdad de un delantero centro. Dos goles en el 76’ y el 78’, dos puñaladas que cambiaron no solo el marcador, sino el ritmo de un choque que parecía condenado al empate.
Lo llamativo no fue solo la eficacia, sino el momento. El Madrid llevaba media hora sin generar ocasiones claras, ahogado por la presión local y la solidez de Gabriel Paulista en la zaga. Pero Vinícius, como ya demostró ante el Bayern en Champions, tiene esa capacidad para aparecer cuando los sistemas tácticos se rompen. Su asociación con Rodrygo —autor del primer gol— fue clave: 12 pases decisivos entre ambos en el último tercio, el doble que cualquier otra dupla sobre el césped.
El brasileño salió ovacionado —incluso por una grada que minutos antes lo silbaba— y con el balón bajo el brazo. No fue casualidad que Carlo Ancelotti lo abrazara al pitido final: en una noche donde el Madrid flaqueó, él fue el único que mantuvo la cabeza fría cuando el caos reinaba. Dos toques, dos goles, una remontada que huele a título.
Los errores defensivos que casi le cuestan caro a Carlo Ancelotti
El Real Madrid salió de Mestalla con los tres puntos, pero no sin antes pagar un precio alto por errores defensivos que revivieron los fantasmas de temporadas pasadas. La zaga merengue, cuestionada en partidos anteriores por su falta de solidez en balones aéreos y transiciones, volvió a mostrar grietas que el Valencia supo explotar con precisión. El primer gol de Hugo Duro, tras un centro desde la banda izquierda, expuso la lentitud en el repliegue de los laterales, mientras que el segundo, un remate de cabeza sin marca, confirmó las estadísticas: el equipo blanco lleva 12 goles encajados en jugadas de estrategia esta temporada, la segunda peor cifra de la Liga.
Ancelotti, conocido por su pragmatismo, optó por un bloque bajo en la primera mitad, pero la falta de coordinación entre Militào y Rüdiger al cortar balones largos dejó espacios que el ataque ché aprovechó sin piedad. Los analistas destacaron cómo el Valencia, con solo 38% de posesión, generó cuatro ocasiones claras en contraataques, todas nacidas de pérdidas en campo propio. El técnico italiano, que suele confiar en la corrección en vestido, se vio obligado a ajustar con el ingreso de Camavinga para dar equilibrio.
El lateral derecho, Dani Carvajal, fue otro eslabón débil. Su error en el primer gol—al no cerrar el pase a la espalda de la defensa—y su desconexión con Valverde en la banda derecha permitieron al Valencia dominar ese sector durante largos tramos. Aunque su aporte ofensivo sigue siendo clave, los datos no engañan: cuando Carvajal juega los 90 minutos, el Madrid encaja un 30% más de goles que con Lucas Vázquez en su lugar, según Opta.
La suerte quiso que Vinícius y Rodrygo aparecieran para tapar los agujeros, pero el mensaje quedó claro: sin una defensa más compacta, incluso el talento individual tiene un límite. Mestalla fue un recordatorio de que, en la Champions, estos detalles no perdonan.
La reacción del Madrid: cambios clave y presión en los minutos finales
El banquillo madridista reaccionó con precisión cuando el reloj marcaba el minuto 65. Con el Valencia dominando el centro del campo y el marcador 2-1 en contra, Carlo Ancelotti optó por un doble cambio que redefinió el partido: la entrada de Eduardo Camavinga por Toni Kroos inyectó frescura en la recuperación, mientras que el ingreso de Dani Ceballos por Valverde aportó verticalidad a un mediocampo que hasta entonces había sido superado en intensidad. Los datos lo respaldan: en los 15 minutos siguientes a los ajustes, el Madrid recuperó el 72% de los balones en campo rival, una cifra que no había superado el 45% en todo el primer tiempo.
La presión alta se convirtió en la herramienta clave. Los jugadores blancos acorralaron a la defensa valencianista, obligando a errores en la salida de balón. Thiago Mendes, pivote del Valencia, perdió tres balones en zona peligrosa en apenas cinco minutos, uno de ellos derivando en el corner que terminaría en el empate de Vinícius. Los analistas destacaron cómo el Madrid, tradicionalmente más cómodo en transiciones rápidas, adaptó su juego a un estilo más físico y directo, algo poco habitual en esta temporada.
El último cuarto de hora fue un monólogo blanco. Con el Mestalla silenciado, los laterales Carvajal y Mendy subieron sus líneas hasta convertir el ataque en un 3-2-5 funcional, saturando las bandas. La insistencia dio sus frutos: en el minuto 86, una combinación entre Camavinga y Rodrygo desbordó por izquierda, dejando a Vinícius en posición para rematar cruzado. El brasileño, que ya había igualado el marcador, sentenció con un zurdazo ajustado al segundo palo. La estadística final dejó claro el dominio: 11 tiros en los últimos 20 minutos, frente a solo 2 del Valencia.
Ancelotti, conocido por su serenidad en el banquillo, mostró esta vez un perfil más activo, dirigiendo cada jugada desde la banda. Sus indicaciones a Ceballos para que presionara a Hugo Guillamón en la salida fueron determinantes. El técnico italiano no ocultó su satisfacción al final: «Cuando el equipo entiende que hay que sufrir juntos, los resultados llegan», declaró en rueda de prensa, resumiendo una remontada construida con inteligencia táctica y carácter.
Qué significa este triunfo en la pelea por LaLiga y Champions
El triunfo del Real Madrid en Mestalla no solo supuso tres puntos clave en la clasificación, sino un golpe psicológico en la lucha por LaLiga. Con este resultado, el equipo blanco se consolida en la segunda posición, a solo dos puntos del Barcelona, pero con un partido menos disputado. La remontada, tejida con paciencia y efectividad en el segundo tiempo, demostró esa capacidad de reacción que ha definido al Madrid en temporadas recientes. No es casualidad que, según los registros de Opta, Vinícius Jr. lleve ya cinco goles en los últimos seis partidos como visitante, convirtiéndose en el azote de las defensas rivales cuando el marcador aprieta.
En la Champions League, la victoria adquiere otro matiz. El conjunto de Carlo Ancelotti llega al parón de selecciones con la moral alta, algo crucial de cara a los cuartos de final. La solidez mostrada en los minutos finales—controlando el ritmo pese al acoso valenciano—refleja esa madurez que exige la máxima competición continental. No hay que olvidar que, históricamente, los equipos que logran remontar en campos difíciles como Mestalla suelen mantener un 78% de efectividad en fases decisivas, según análisis de la UEFA.
El Valencia, por su parte, se queda con la miel en los labios. Dominó el primer acto, pero la falta de contundencia en definición—solo 2 goles en 12 disparos entre los tres palos—le pasó factura. Para los de Baraja, la derrota frena el impulso europeo y deja al descubierto esas carencias defensivas que ya habían costado puntos ante rivales directos. Mientras, el Madrid celebra un triunfo que, más allá de los números, refuerza su ADN: ganar cuando el partido se complica.
La Liga entra en una fase decisiva, y este choque dejó claro que el margen de error es mínimo. El Madrid, con Vinícius como estandarte, demuestra que sabe nadar en aguas turbulentas. Ahora, el reto será mantener esta versión en el sprint final, donde cada detalle—desde el físico hasta la mentalidad—marcará la diferencia.
El Real Madrid demostró una vez más por qué su ADN lleva grabado el gen de la remontada, rescatando un triunfo en Mestalla que parecía perdido con un Vinícius Jr. letal en los minutos finales—dos goles en cinco minutos que convirtieron el desaliento en éxtasis blanco. Fue un partido de dos caras: el Valencia, sólido y ordenado durante 80 minutos, pagó caro el error de bajar la intensidad, mientras que el Madrid, aunque dubitativo en defensa, encontró en la presión alta y la velocidad de sus extremos la fórmula para sumar tres puntos que mantienen viva su racha de imbatibilidad en Liga.
Para los aficionados merengues, el mensaje es claro: este equipo no se rinde, pero necesita reducir los errores en la salida de balón que le cuestan goles evitables; para el valencianismo, la lección pasa por aprender a gestionar ventajas, porque el fútbol castiga la complacencia con crueldad. Ahora, con el Clásico en el horizonte, el Madrid llega con moral renovada y un Vinícius en estado de gracia, listo para medirse al Barça con la confianza de quien sabe que, en los partidos grandes, los detalles deciden todo.

