El Santiago Bernabéu vibró con una de esas noches que solo el Real Madrid sabe escribir en el libro de la Champions. Tres goles en diez minutos, un remate a puerta cada cinco, y un rival—el Red Bull Salzburg—que pasó de soñar con la hazaña a verse barrido por un huracán blanco. La remontada no fue gradual: fue un terremoto en tiempo récord, con Vinícius Jr. y Rodrygo como epicentro, y un Kroos dirigiendo la orquesta desde el mediocampo como si el reloj no hubiera pasado por sus 34 años.

El duelo entre el Real Madrid y el Red Bull Salzburg no era un partido cualquiera. Llegaba cargado de dudas tras el empate en Austria, con un equipo austríaco que había demostrado garra y un Madrid que, aunque líder en LaLiga, aún no había desplegado su versión más letal en Europa. Pero cuando el equipo de Ancelotti decide acelerar, ni la juventud desbordante de los alpinos ni su presión asfixiante sirven de nada. La lección fue clara: en la Champions, la experiencia y la jerarquía pesan más que el ritmo, y el Madrid lo recordó a gol limpio.

Un Salzburgo que dominó el primer tiempo

El Red Bull Salzburg salió al Bernabéu con una intensidad que desconcertó al Madrid desde el primer pitido. Presión alta, transiciones vertiginales y un bloque compacto ahogaron a los blancos en su propia casa. Los austríacos, acostumbrados a dominar en la Bundesliga con un 68% de posesión de media esta temporada, impusieron su ritmo con pases cortos y desbordes por banda. Karim Adeyemi y Noah Okafor fueron los verdugos en los primeros 20 minutos, desequilibrando una y otra vez a una defensa merengue que parecía un paso por detrás.

El gol de Šeško al minuto 18 no fue casualidad, sino el premio a un juego bien ensayado. Un contraataque fulgurante desde campo propio, con tres toques y un pase al hueco, dejó a Lunin sin opciones. Los analistas destacaron después cómo el Salzburg explotó el espacio entre los centrales y el lateral derecho, una debilidad que el Madrid ya había mostrado en partidos anteriores.

Courtois, desde el banquillo, debía estar maldiciendo su lesión. Su suplente, Lunin, atajó dos remates claros antes del descanso, pero el equipo no lograba hilvanar tres pases seguidos en campo rival. Modrić, abrumado por la presión, perdió cinco balones en la primera mitad—cifra inusual para un jugador de su experiencia.

El público del Bernabéu, poco habituado a ver a su equipo tan superado, respondió con silbidos al pitido final del primer tiempo. El marcador (0-1) reflejaba lo justo: un Salzburg superior en cada duelo, cada segundo balón, cada llegada.

Tres goles relámpago de Vinícius, Rodrygo y Joselu

El Red Bull Salzburg parecía tener el partido controlado hasta que el Madrid despertó con una exhibición de velocidad y precisión. Vinícius Jr. abrió la remontada en el minuto 64 con un zurdazo cruzado desde el borde del área, un gol que rompió la resistencia austríaca y activó el instinto asesino del equipo merengue. Los analistas destacaron cómo el brasileño, con 4 goles en sus últimos 5 partidos de Champions, ha convertido la presión en su mejor aliada.

Rodrygo no tardó en sumarse. Dos minutos después, el extremo recibió un pase filtrado de Kroos, esquivó al defensa con un amago y definió con frialdad ante el portero. La conexión entre ambos jugadores en esa jugada fue letal: 80% de los contraataques del Madrid esta temporada nacen de pases entre la línea de centrocampistas y los delanteros.

El remate final llegó de donde menos se esperaba. Joselu, entrado desde el banquillo, culminó la goleada en el 74 con un cabezazo tras un centro de Camavinga. Tres goles en 10 minutos que dejaron al Salzburg sin reaccionar.

El Madrid que no se rinde y mira al City

El Madrid de siempre resurgió cuando más lo necesitaba. Con el marcador en contra y el reloj en su contra, el equipo blanco demostró por qué su historia en Europa pesa más que cualquier desventaja momentánea. Los tres goles en diez minutos no fueron casualidad, sino la materialización de una mentalidad forjada a base de remontadas épicas. Analistas de The Athletic señalan que, desde 2016, el Real Madrid ha logrado dar vuelta 12 partidos en Champions cuando perdía al descanso o en los últimos 20 minutos.

La presión asfixiante sobre el área del Salzburg fue clave. Vinícius, una vez más, se convirtió en el azote de las defensas rivales con su desborde por la izquierda, mientras que Jude Bellingham aparecía en el lugar exacto para rematar. No hubo tiempo para dudas: el inglés, con solo 20 años, ya acumula cinco goles en esta edición de la Champions, igualando su registro de toda la temporada pasada con el Dortmund.

El Santiago Bernabéu vibró como en las noches grandes. Cada centro, cada remate, cada corner se vivió con una intensidad que solo este estadio sabe transmitir. El tercer gol, obra de Rodrygo, llegó tras una jugada colectiva que comenzó en la portería de Courtois y terminó con un toque sutil del brasileño. Era el sello de un equipo que, lejos de rendirse, mira ya hacia el City con la confianza de quien sabe que los imposibles son solo números.

Queda el duelo contra Guardiola, pero el mensaje está lanzado.

El Real Madrid demostró una vez más por qué su ADN en la Champions League es distinto, transformando un partido que parecía escaparse en una exhibición de jerarquía y mentalidad ganadora. Tres goles en diez minutos no solo sellaron la remontada ante el Red Bull Salzburg, sino que dejaron claro que este equipo, incluso en noches de dudas, encuentra recursos cuando más aprieta el marcador. Para los aficionados que buscan entender el secreto de estos giros épicos, la clave está en observar cómo el Madrid gestiona la posesión en momentos críticos: la paciencia en la construcción y la explosividad en las transiciones son su firma. Ahora, con el grupo casi sentenciado, el desafío será mantener esa intensidad cuando el rival no regale tanto espacio, porque en la fase de eliminación directa, los márgenes de error se reducen a cero y la grandeza se mide en detalles.