El Estadio BBVA se prepara para un duelo que trasciende lo deportivo: con un empate global de 1-1, Rayados y Águilas llegan a la final de vuelta con la presión de un título que pesa más que nunca. No es solo otro partido; es la tercera final consecutiva entre ambos en menos de dos años, una rivalidad que ha redefinido el fútbol mexicano con choques de alta intensidad, polémicas arbitrales y goles que quedan grabados en la memoria. Esta vez, el trofeo no perdona: un error, un destello de genialidad o un detalle táctico podrían inclinar la balanza en la final Monterrey vs América, donde el empate actual obliga a ambos a jugar con el cuchillo entre los dientes.
Para los aficionados, este no es un cierre de torneo cualquiera. Es la revancha de la final del Apertura 2023, donde las Águilas se coronaron en el mismo escenario, y la oportunidad de Rayados para borrar esa deuda en casa. Más allá de los 90 minutos, está en juego el dominio psicológico: quien levante la copa no solo se llevará el título, sino el derecho a presumir superioridad en la era más competitiva del balompié nacional. La final Monterrey vs América no es solo el último acto del Clausura 2024; es el capítulo definitivo de una batalla que divide al país en dos colores y una pregunta sin respuesta: ¿quién aguantará mejor el peso de la historia?
Un Clásico con historia en finales
El duelo entre Rayados y Águilas no es solo una final más en el fútbol mexicano. Es el enfrentamiento más repetido en la historia de las definiciones del torneo, con seis finales previas que han dejado huella en la memoria colectiva. Desde el primer cruce en 1988 hasta el más reciente en 2019, cada capítulo ha añadido capas a una rivalidad que trasciende lo deportivo. Las estadísticas lo confirman: ningún otro par de equipos ha definido el título en tantas ocasiones, lo que convierte esta serie en un clásico dentro de los clásicos.
La balanza histórica favorece ligeramente al América, con tres coronas en finales directas contra las dos de Monterrey. Sin embargo, los números no cuentan toda la historia. Analistas deportivos destacan cómo el estilo de juego ha evolucionado en estos enfrentamientos: del fútbol físico de los 90 a la táctica más elaborada del siglo XXI, donde la posesión y la presión alta marcan la pauta. El último precedente, en el Apertura 2019, terminó con victoria azulcrema en penales, un desempate que aún resuena en la afición regiomontana.
Hay algo más que trofeos en juego. Esta rivalidad ha definido eras. En 2003, por ejemplo, el triplete de Rayados (Liga, Copa MX y Champions) comenzó con una final épica contra las Águilas. Mientras que en 2014, el América de Miguel Herrera usó la victoria sobre Monterrey como trampolín para su dominio en el futbol mexicano. Cada final ha sido un parteaguas, no solo por el campeón, sino por el legado que dejó en ambos clubes.
El empate 1-1 en el global actual no hace más que avivar el fuego. Los aficionados más veteranos recuerdan el 3-3 de 1995, cuando el gol de visitante decidió todo. Ahora, con reglas distintas pero la misma intensidad, el Estadio BBVA espera escribir otro capítulo. No es casualidad que, en encuestas recientes, el 68% de los seguidores de la Liga MX considere este el clásico más atractivo de las finales, por encima incluso del Clásico Nacional. La historia, después de todo, pesa.
El 1-1 que deja todo abierto en el BBVA
El empate 1-1 en el Estadio BBVA dejó la final más reñida que nunca. Monterrey y América se midieron con intensidad desde el primer minuto, pero ninguno logró imponerse con claridad. Los Rayados abrieron el marcador con un gol de Germán Berterame al 22’, aprovechando un error defensivo de las Águilas. Sin embargo, la respuesta no tardó: Julián Quiñones igualó con un remate cruzado que dejó sin opciones a Esteban Andrada. El marcador global sigue 1-1, y ahora todo se definirá en el Azteca.
El partido reflejó el estilo de ambos equipos. Monterrey dominó la posesión (58%) y generó más llegadas, pero América fue letal en las transiciones. Según datos de Opta, las Águilas completaron el 85% de sus pases en campo rival, demostrando eficiencia en los contraataques. La presión alta de los Rayados ahogó a los capitalinos en tramos, pero la falta de precisión en el último pase les costó ampliar la ventaja.
La tensión se notó en el cierre. Fernando Ortiz fue amonestado por una entrada dura sobre Álvaro Fidalgo, mientras que Henry Martín desperdició una clara al 87’ con un disparo desviado. El árbitro, César Ramos, mantuvo el control pese a las protestas de ambos bancos. Ahora, el título se decidirá en un Azteca que promete estar al rojo vivo.
Con el empate, América conserva la ventaja del gol de visitante, pero Monterrey llega con moral tras su actuación en casa. La historia reciente favorece a las Águilas—han ganado tres de las últimas cinco finales que llegaron a este formato—, pero los Rayados, con su solidez defensiva, no piensan ceder el cetro sin lucha.
Tácticas, errores y el peso de las ausencias
El empate global 1-1 entre Rayados y Águilas no solo deja la final en un suspenso calculado, sino que expone las tácticas que podrían inclinar la balanza. Monterrey, con su bloque bajo y transiciones rápidas, ha demostrado ser letal en contraataques: el 68% de sus goles en este torneo llegaron tras recuperaciones en campo rival, según datos de la Liga MX. América, en cambio, prioriza la posesión (57% de promedio en la final) para desgastar y buscar huecos en una defensa que, aunque sólida, ha mostrado fisuras en balones aéreos. La clave estará en si Fernando Ortiz mantiene su esquema reactivo o arriesga con líneas más altas para presionar a Guillermo Ochoa desde el inicio.
Los errores, esos detalles que en finales se pagan caro, ya dejaron huella. El penal no marcado a Rogelio Funes Mori en el partido de ida—revisado por el VAR sin cambio de decisión—sigue siendo un fantasma para el América. Mientras, Monterrey carcome su propia herida: la expulsión de Stefan Medina en la semifinal de vuelta contra Tigres les costó dos goles en 10 minutos. Ahora, con todos disponibles, el desafío es evitar que la intensidad del juego les juegue en contra. Un estudio de la Concacaf señala que el 40% de los goles en finales de vuelta en los últimos cinco años surgieron de errores defensivos en los primeros 20 minutos.
Las ausencias pesan, pero no igual para ambos. América extraña la creatividad de Álvaro Fidalgo, cuya lesión en cuartos de final dejó un vacío en la conexión con Henry Martín. Su reemplazo, Julian Quiñones, aporta desborde pero menos precisión en el último pase. Rayados, en cambio, tiene a su plantilla completa, aunque la sombra de Sergio Canales—fuera por acumulación de amarillas—se nota en los tiros de media distancia, su arma menos explotada en la final.
Queda por ver si el cansancio acumula factura. Monterrey llega con un día menos de descanso tras su viaje desde Cancún, mientras que América tuvo más tiempo para recuperar a jugadores como Richard Sánchez, clave en la contención. En finales así, donde el físico y la mente se desgastan al unísono, un cambio mal dosificado o un reemplazo tardío pueden definir el campeón.
Lo que necesita cada equipo para alzar la copa
Monterrey llega a la vuelta con una ventaja psicológica que va más allá del empate global. El equipo de Fernando Ortiz ha demostrado solidez en casa durante toda la temporada, con un récord de 12 partidos invictos en el Estadio BBVA, donde solo han encajado cuatro goles en el Clausura 2024. Su juego físico, la presión alta y la capacidad para aprovechar los balones parados —como el gol de Stefan Medina en la ida— son armas letales que América deberá neutralizar. La clave para los Rayados estará en mantener el ritmo vertiginoso que desequilibró al rival en el primer tiempo del partido de ida, especialmente por las bandas, donde Jesús Gallardo y Sergio Canales han sido determinantes en la creación de juego.
Para el América, la final se reduce a un ejercicio de precisión y frialdad. El equipo de Coapa no puede permitirse el lujo de especular: necesita marcar, sí, pero sin descuidar la defensa, donde la velocidad de Julián Quiñones y Henry Martín podría ser decisiva en la transición. Los Águilas han sufrido en contraataques esta temporada —el 60% de los goles recibidos llegaron en jugadas de menos de tres pases—, por lo que la contención de Álvaro Fidalgo y Richard Sánchez será vital. Un solo error, como el que costó el gol en la ida, podría ser fatal.
El factor mental pesa. Monterrey sabe lo que es ganar en instancias definitivas: tres de sus últimos cinco títulos de liga llegaron tras remontar en la vuelta. América, en cambio, arrastra la sombra de finales perdidas recientes, como la del Apertura 2023 ante Tigres. La experiencia en estos duelos podría inclinar la balanza.
Tácticamente, el partido se definirá en los detalles. Si Ortiz mantiene el bloque compacto y la salida rápida, las opciones de contraataque de los Rayados —con Germán Berterame como referencia— serán un dolor de cabeza. América, por su parte, debe evitar la desesperación: en sus últimos diez partidos, cuando superaron el 55% de posesión, ganaron el 80%. El control del mediocampo, entonces, no es opcional.
La copa no se alza con fórmulas, sino con ejecución. Y en el BBVA, bajo la presión de 50 mil aficionados, el margen para el error es cero.
Más que un título: el futuro de dos gigantes
El Clásico de Clásicos trasciende esta noche el marco de un simple partido. Cuando Rayados y Águilas salten al césped del BBVA con el 1-1 global en la mochila, no solo se definirá un campeón de Liga MX, sino el rumbo de dos instituciones que arrastran décadas de historia, rivalidad y ambición desmedida. América llega como el equipo con más títulos en la era corta (14), pero Monterrey ha construido en la última década una máquina de competir: tres finales en los últimos cinco torneos, incluyendo ese subcampeonato en la Leagues Cup ante Lionel Messi. La presión no es igual para ambos. Los de Coapa cargan con la etiqueta de favoritos eternos; los regiomontanos, en cambio, juegan con el hambre de quienes saben que cada oportunidad perdida duele el doble en un club donde el éxito se mide en trofeos.
El duelo táctico promete ser un ajedrez de alto voltaje. Fernando Ortiz ha moldeado a un Monterrey que domina la posesión (58% de promedio en el torneo) pero sabe golpear en transición, como demostró en el 1-0 de la ida con ese contragolpe letal de Germán Berterame. En la otra trinchera, el América de Fernando «Tano» Ortiz —sí, el mismo apodo, distinta filosofía— apuesta por un bloque compacto y verticalidad extrema: sus 1.2 goles por partido en este Clausura son la mejor marca entre los cuatro primeros de la tabla general. La clave podría estar en los laterales: Luis Fuentes y Álvarez Martínez, con sus desbordes, han sido el 30% de las asistencias de las Águilas en 2024.
Más allá de los diagramas, esta final es un choque de identidades. Monterrey representa el orden, la planificación, ese proyecto deportivo que desde 2019 ha invertido más de $40 millones en cantera y tecnología según informes de la Liga MX. América, en cambio, encarna el caos creativo, el peso de una afición que exige grandeza sin importar los métodos. Basta recordar el escándalo por el «América 200%» o las críticas a su modelo de fichajes estelares (como el fallido experimento con Julián Quiñones). Ganar o perder aquí no es solo cuestión de tres puntos, sino de validar —o cuestionar— años de decisiones.
Y luego está el factor intangible: el BBVA. El estadio donde Monterrey ha perdido solo dos de sus últimos 15 partidos como local en fase final. Donde la afición, con su «¡Arriba Rayados, carajo!», se convierte en un jugador más. América sabe lo que es ganar en casa ajena (lo hizo en el Apertura 2023 contra Tigres), pero también conoce el costo de tropezar en momentos clave, como aquella final del 2021 que perdió ante Atlas tras dominar el partido. Esta noche, el margen de error es cero. Un gol, un error arbitral o un destello de genio individual —como esos que suele tener Alonso Martínez— pueden inclinar la balanza para siempre.
El Clásico de Clásicos dejó todo en la cancha: un empate global 1-1 que obliga a Rayados y Águilas a definir el título en la vuelta con la presión al máximo, donde el más mínimo error o destello de genio podría inclinar la balanza. Fue un partido de ajedrez táctico, con Monterrey dominando el mediocampo pero chocando contra la solidez defensiva de América, que supo golpear con letalidad en los contraataques, aunque sin lograr romper el cerrojo en el BBVA.
Para los aficionados, la recomendación es clara: no se pierdan ni un segundo del duelo de vuelta, porque este tipo de finales suelen resolverse en detalles como un tiro de esquina mal despejado o una jugada individual de figuras como Funes Mori o Julián Quiñones. El Aztecá se vestirá de fiesta, pero también de nervios, y quien mantenga la cabeza fría en los momentos clave levantará la copa. El fútbol mexicano ya tiene su gran noche marcada en el calendario, y la historia recordará al equipo que supiera manejar mejor la tensión cuando todo esté en juego.

