El Clásico Regio del Apertura 2024 llega con un dato que enciende la rivalidad: Monterrey y Pumas se enfrentan por vigésima ocasión en torneos cortos, con un equilibrio casi perfecto de nueve victorias para cada uno. Pero esta vez, el Volcán no solo vibrará por la historia, sino por las ausencias clave que obligaron a ambos técnicos a reconfigurar sus esquemas. Las alineaciones de Club de Fútbol Monterrey contra Club Universidad Nacional confirmadas esta tarde revelan ajustes tácticos inesperados, con baja de figuras como Arturo González en la defensa rayada y Eduardo Salvio en el ataque universitario.
Para los aficionados, el duelo no es solo otro partido: es la oportunidad de medir el estado real de dos equipos que llegan con ambiciones distintas. Monterrey, con su bloque compacto pero irregular en las últimas jornadas, busca recuperar terreno en la tabla. Pumas, en cambio, necesita puntos urgentes para no perder contacto con los puestos de liguilla. Las alineaciones de Club de Fútbol Monterrey contra Club Universidad Nacional dejan claro que será un choque de estilos: la intensidad física de los regiomontanos contra el juego asociativo de los capitalinos. El silbatazo inicial no perdonará errores.
El histórico rivalidad que divide al fútbol mexicano
La rivalidad entre Rayados de Monterrey y Pumas de la UNAM trasciende lo deportivo para convertirse en un reflejo de las divisiones culturales y sociales que han marcado al fútbol mexicano durante décadas. No es solo un duelo entre dos equipos con estilos contrastantes —el pragmatismo físico de los regiomontanos frente al toque universitario de los capitalinos—, sino un choque de identidades que polariza a la afición. Mientras el Monterrey representa el poderío industrial del norte, con una hinchada que enarbola la disciplina y el trabajo como banderas, los Pumas encarnan el legado intelectual de la Universidad Nacional, donde el juego se mezcla con el simbolismo de ser el equipo «de la casa de estudios más grande del país». Esta dicotomía ha alimentado roces que van desde los graderíos hasta las redes sociales, especialmente en partidos clave como la final del Clausura 2017, donde los incidentes fuera del campo opacaron el título obtenido por los felinos.
El historial entre ambos clubes añade leña al fuego. En 120 encuentros oficiales, Pumas lleva una ligera ventaja con 46 victorias contra 42 de Rayados, mientras que 32 partidos terminaron en empate, según datos de la Liga MX. Pero las estadísticas apenas rasguñan la superficie de una rivalidad que ha escalado a niveles personales. Jugadores como Luis Pérez o Darío Verón, que vistieron ambas camisetas, conocen de primera mano el peso de cruzar de bando. «Es como cambiar de equipo y de país al mismo tiempo», comentó un exfutbolista que prefirió mantenerse en el anonimato, describiendo la presión de enfrentar a su antigua afición.
El clásico también ha sido escenario de momentos que marcaron épocas. Quienes vivieron el «Pumagate» de 2004 —cuando Rayados denunció un supuesto amague de soborno por parte de directivos universitarios— recuerdan cómo el escándalo reavivó la desconfianza mutua. O el gol de Humberto Suazo en el Apertura 2009, que no solo le dio el título a Monterrey sino que profundizó la herida en la memoria colectiva de los auriazules. Estos episodios, más que anécdotas, son capas de una historia que se reescribe cada vez que ambos equipos se enfrentan.
Fuera de la cancha, la rivalidad se extiende a las barras. Los «Libres y Lokos» de Pumas y la «Adicción Rayada» han protagonizado encuentros tensos, con coreografías que van desde lo ingenioso hasta lo provocador. En el Apertura 2022, una manta de los universitarios que decía «Aquí se estudia, no se trabaja» desencadenó una respuesta inmediata de la afición regiomontana, demostrando que el duelo trasciende los 90 minutos.
Para este clásico del Apertura 2024, el contexto añade más dramatismo: ambos equipos llegan con aspiraciones de título y con planteles que mezclan juventud con experiencia. La alineación de Fernando Ortiz y la de Antonio Mohamed no solo definirán un partido, sino otro capítulo de una historia que, lejos de apagarse, sigue escribiendo páginas con tinta de pasión y división.
Las sorpresas en los once iniciales de ambos equipos
El clásico entre Rayados y Pumas llegó con giros inesperados en las alineaciones. Monterrey sorprendió al dejar en la banca a Sergio Canales, su figura ofensiva en las últimas cinco jornadas, donde había aportado tres asistencias y un gol. En su lugar, el estratega Fernando Ortiz apostó por el joven Juan Pablo Rojas, de 20 años, quien solo había sumado 120 minutos en el torneo. La decisión generó revuelo, especialmente porque Canales había sido clave en la victoria 2-1 sobre Necaxa la semana pasada, con un rendimiento evaluado como el mejor del partido por Mediotiempo.
Por su parte, Pumas también alteró su esquema habitual al incluir a Eduardo Salvio desde el arranque, un jugador que había sido titular en solo dos de los últimos siete encuentros. El argentino, con experiencia en ligas europeas, reemplaza a Washington Corozo, quien había sido amonestado en tres de los últimos cuatro partidos. La movida de Antonio Mohamed busca mayor solidez en mediocampo, aunque sacrifica velocidad en las bandas.
Otra ausencia notable fue la de Stefan Medina en la defensa de Rayados. El colombiano, pie clave en la línea de tres, cedió su lugar a Héctor Moreno, quien regresa a la titularidad tras superar una lesión muscular. Moreno no jugaba como titular desde la jornada 3, cuando Monterrey cayó 0-2 ante América. Su regreso podría ser vital: en los últimos cinco clásicos que disputó como titular, Rayados mantuvo su arco en cero en cuatro ocasiones.
El once de Pumas también mostró un cambio táctico con la inclusión de Arturo Ortiz como lateral derecho, desplazando a Alan Mozo a la banca. Ortiz, más defensivo, refuerza la idea de Mohamed de contener los desbordes de Rayados por esa banda, donde Jorge Rodríguez había sido letal en las últimas dos fechas, con dos centros que terminaron en gol.
Tácticas clave: ¿Cómo juega cada técnico este clásico?
Fernando Ortiz llega al clásico con una idea clara: presión alta y transiciones rápidas. El técnico de Rayados ha consolidado un bloque compacto que asfixia desde la salida de balón, como demostró en el 72% de recuperaciones en campo rival durante el Apertura 2024. Con Sergio Canales como cerebro en mediocampo y Germán Berterame de referencia ofensiva, el equipo busca desequilibrar con pases filtrados hacia las bandas, donde Maximiliano Mejía y Jorge Rodríguez explotan los espacios. La defensa de tres centrales, anclada por Stefan Medina, permite una salida limpia pero exige precisión en los relevos.
En el otro banco, Gustavo Lema opta por un esquema más posicional. Pumas prioriza la posesión (58% de promedio en el torneo) y la construcción desde atrás, con Eduardo Salvio como pieza clave para desbordar por derecha. La dupla de volantes—Diogo de Oliveira y César Huerta—alterna entre contención y llegada al área, mientras que Juan Dinény, con su movilidad, busca generar superioridades numéricas en mediocampo. La línea defensiva, liderada por Arturo Ortiz, se adelanta para cortar los contraataques, pero deja espacios que Rayados podría aprovechar.
El duelo táctico se definirá en las bandas. Ortiz instruye a sus laterales para que suban con cautela, evitando dejar expuestos a los centrales ante los cambios de ritmo de Pumas. Lema, en cambio, apuesta por sobrecargar el carril izquierdo con Salvio y Huerta, buscando el uno contra uno contra Mejía. Según análisis de Mediotiempo, el 60% de los goles de Universidad Nacional en este torneo han surgido de jugadas por ese sector.
Ambos equipos ajustan detalles en la última línea. Rayados presiona con dos delanteros para forzar errores en la salida de Pumas, mientras que los universitarios buscan atraer a los mediocentros rivales para liberar a Dinény entre líneas. La batalla por el mediocampo—donde Canales y De Oliveira medirán fuerzas—será clave: quien domine ese espacio dictará el ritmo del partido.
Jugadores ausentes que podrían cambiar el partido
La ausencia de Sergio Canales en el mediocampo de Rayados podría dejar un vacío difícil de llenar. El español, clave en la creación de juego con 7 asistencias en el torneo pasado, arrastra una lesión muscular que lo marginó de los últimos entrenamientos. Su capacidad para desequilibrar con pases filtrados y tiros desde segunda línea obligará a Monterrey a replantear su esquema ofensivo, especialmente en un clásico donde la posesión suele ser disputada con intensidad. Sin él, la responsabilidad recaerá en jugadores como Maximiliano Meza, quien deberá asumir un rol más creativo del habitual.
En el banco de Pumas, la baja de Eduardo Salvio pesa más de lo que los números reflejan. Aunque el argentino no ha sido titular indiscutible esta temporada, su experiencia en partidos de alta presión —como los 12 goles anotados en clásicos durante su paso por la Liga MX— lo convertían en un arma letal para los momentos decisivos. Su reemplazo, probablemente el joven Juan Dinény, tendrá que demostrar si puede mantener la misma efectividad en las transiciones rápidas, un aspecto donde Salvio brillaba.
Otro nombre que no estará en la cancha es el del defensa central de Rayados, Héctor Moreno. El capitán, recuperándose de una fractura por estrés, deja un hueco en la línea defensiva que podría ser aprovechado por los delanteros universitario. Analistas de ESPN Deportes señalan que, sin Moreno, Monterrey ha concedido un 30% más de tiros dentro del área en los últimos tres partidos. Stefan Medina y César Montes tendrán que redoblar esfuerzos para contener a un Juan Ignacio Dinenno que llega en racha goleadora.
La lista de ausencias también incluye al lateral izquierdo de Pumas, Alan Mozo, suspendido por acumulación de tarjetas. Su velocidad en el carril y precisión en los centros —con un 40% de efectividad en el último torneo— eran piezas clave en el juego ofensivo de Antonio Mohamed. El técnico deberá decidir entre sacrificar solidez defensiva con un reemplazo natural como Jesús Rivas o arriesgarse con un perfil más ofensivo, como el de Favio Álvarez, en un duelo donde cada error se paga caro.
Estas bajas no solo alteran los esquemas tácticos, sino que añaden un factor psicológico. Ambos equipos llegan con planteles mermados en zonas neurálgicas, lo que podría traducirse en un partido más físico y menos técnico, donde la capacidad de adaptación será tan crucial como el talento individual.
Lo que viene después del pitazo final en el BBVA
El silbatazo final en el BBVA no marcará el cierre de la historia, sino el inicio de un análisis que se extenderá por días. Con dos equipos que llegan al clásico con realidades distintas—Rayados como líder del torneo y Pumas luchando por consolidarse en la zona de clasificación—, el resultado definirá más que tres puntos: será un termómetro para medir la solidez del proyecto de Fernando Ortiz frente a la urgencia de Antonio Mohamed por recuperar el nivel que lo caracterizó en etapas anteriores. Los números no mienten: en los últimos cinco enfrentamientos en Monterrey, el equipo local ha mantenido su invicto, pero esta vez enfrenta a un rival que, pese a sus altibajos, ha mostrado destellos de ese fútbol vertical que lo hizo temible.
Las reacciones en las redes sociales y los medios especializados serán inmediatas. Analistas como los del programa Fútbol Picante ya han señalado que este partido podría ser un parteaguas en la temporada, especialmente para los universitarios, cuyo rendimiento en los últimos tres juegos (dos derrotas y un empate) ha encendido las alarmas. Un triunfo de Pumas no solo les daría oxígeno en la tabla, sino que reafirmaría su capacidad para competir contra los grandes, algo que no logran con consistencia desde el Clausura 2023.
Mientras los jugadores abandonen el terreno bajo aplausos o silbidos, en las oficinas directivas ya estarán revisando cifras. Para Rayados, una victoria consolidaría su favoritismo en el Apertura y justificaría la inversión en refuerzos como el delantero colombiano, cuya cuota goleadora (cinco anotaciones en siete partidos) ha sido clave. En cambio, una derrota de los felinos aumentaría la presión sobre Mohamed, cuyo equipo ha convertido apenas el 38% de sus oportunidades claras en esta campaña, una estadística que contrasta con el 52% de efectividad de su rival.
El lunes, los titulares deportivos desmenuzarán cada jugada: desde la alineación inicial hasta los cambios tácticos en el segundo tiempo. Pero más allá de los nombres en el once ideal, lo que realmente importará será cómo ambos equipos asimilen el resultado. Porque en el fútbol mexicano, un clásico no se olvida en una semana; define rutinas, ajustes e incluso el futuro de algunos técnicos.
Con las alineaciones oficiales sobre la mesa, el clásico entre Rayados y Pumas promete ser un duelo táctico donde la experiencia de Monterrey en mediocampo —con jugadores como Stefan Medina y Sergio Canales— chocará contra la juventud explosiva de los universitarios, liderados por Eduardo Salvio y el emergente Nathan Silva. La ausencia de figuras clave como Arturo González en la defensa rayada o el delantero Juan Dinény en la ofensiva felina obliga a ambos equipos a ajustar sus esquemas sobre la marcha, lo que podría definir el ritmo del partido desde el primer silbatazo.
Para los aficionados que busquen claves más allá del marcador, vale la pena fijarse en cómo maneja Víctor Manuel Vucetich la presión alta de los Pumas, especialmente en las bandas, donde el desborde de Alan Mozzo podría ser letal si no es contenido a tiempo. Mientras, en la banca de la UNAM, Gustavo Lema tiene en Leonardo Suárez un arma de cambio capaz de romper líneas cansadas en la segunda mitad.
Este no es solo un partido por tres puntos, sino un termómetro para medir la solidez de dos proyectos con miras a la Liguilla: quien logre imponer su estilo hoy ganará algo más que un clásico —sentará un precedente para lo que resta del torneo.

