El Estadio BBVA vibró con una remontada que quedará grabada en la memoria de los aficionados: dos goles en apenas diez minutos bastaron para que Rayados volteara un marcador adverso y sentenciara al Toluca con un 3-1 contundente. El equipo regiomontano, que llegó al partido con la presión de mantenerse en la pelea por los primeros lugares, demostró una vez más por qué su mentalidad en la cancha es temida—y celebrada—por rivales y seguidores. La reacción no fue solo táctica, sino un despliegue de garra que definió el ritmo del encuentro desde el minuto 60 en adelante.
El duelo entre Rayados vs Toluca no solo fue un choque de estilos, sino un termómetro para medir las aspiraciones de ambos en el torneo. Mientras los Diablos Rojos buscaban consolidar su paso firme en la tabla, la escuadra de Monterrey confirmó que las remontadas ya son parte de su ADN. Con este triunfo, el equipo no solo suma tres puntos clave, sino que envía un mensaje claro a la liga: la capacidad de reponerse bajo presión es su mayor arma. El rayados vs toluca de anoche dejó en evidencia que, en el fútbol mexicano, los partidos no se deciden hasta el silbato final.
El Clásico Regio que Toluca dominó hasta el minuto 70
El Toluca llegó al BBVA con un plan claro: asfixiar a Rayados desde el mediocampo y aprovechar los espacios con transiciones rápidas. Durante 70 minutos, lo ejecutó a la perfección. Con un 58% de posesión en el primer tiempo y un gol tempranero de Jean Meneses al 18’, los Diablos Rojos controlaron el ritmo, ahogando a un Monterrey que solo logró disparar una vez al arco en los primeros 45 minutos. La defensa, liderada por Valber Huerta, cortó cada intento de juego aéreo, mientras que la presión alta obligó a los locales a retroceder una y otra vez.
El segundo tiempo arrancó con la misma tónica. Toluca mantuvo la ventaja y hasta tuvo oportunidades para ampliarla: un remate de Meneses que se fue alto al 52’ y un centro de Ortega que nadie pudo conectar al 65’. Los analistas destacaron cómo el equipo de Ignacio Ambriz neutralizó a Funes Mori y a Rogelio Funes Mori, dejando al delantero sin un solo tiro entre los tres palos en casi todo el partido.
Pero el fútbol castiga los errores.
Un descuido en la marca al 71’ permitió que Maximiliano Mezquida filtrara un pase a Germán Berterame, quien recortó la distancia. El estadio vibró. Toluca, que hasta entonces había manejado el partido con solvencia, empezó a perder el control. Dos minutos después, un contraataque fulminante por la banda derecha terminó con un centro de Jesús Gallardo y el empate de Sergio Canales. En menos de 10 minutos, el guion se torció por completo.
Dos goles relámpago de Pabon y Funes Mori
El Toluca no tuvo tiempo de reaccionar. Cuando el reloj marcaba el minuto 67, Dorlan Pabón recibió un pase filtrado en el área, esquivó a su marcador con un toque sutil y definió con precisión al primer palo. El estadio BBVA estalló. Era el 1-1, un gol que no solo empataba el partido, sino que inyectaba una energía eléctrica a un Rayados que hasta entonces había lucido dubitativo.
Pero el golpe definitivo llegó antes de que el Diablo Rojo pudiera reordenarse. Tres minutos después, en una jugada de pelota parada, Rogelio Funes Mori apareció como un fantasma en el segundo palo para rematar de cabeza un centro desde la banda izquierda. El balón se coló junto al poste, sellando el 2-1. Los analistas deportivos destacaron después cómo ambos goles surgieron de errores en la marca: el primero por una pérdida de balón en mediocampo, el segundo por un desmarque sin cobertura.
La estadística fue implacable: en solo 180 segundos, Monterrey pasó de estar abajo en el marcador a dominar el partido con un 63% de posesión y cinco disparos al arco en los minutos siguientes.
Funes Mori, con su gol, alcanzó los diez tantos en el torneo, consolidándose como el máximo goleador del equipo. Pabón, por su parte, sumó su tercera asistencia en las últimas cuatro jornadas.
El Toluca, acorralado, intentó responder con un remate de Jean Meneses que se fue alto por centímetros. Para entonces, el daño ya estaba hecho.
La remontada que reaviva la pelea por el liderato
El BBVA vibró cuando el silbato marcó el minuto 75. Con el Toluca ganando 1-0 y controlando el ritmo, pocos imaginaban el giro que vendría. Pero el fútbol, caprichoso como siempre, reservaba una lección de resistencia para los de la «Pandilla». Dos goles en apenas diez minutos—el de Rogelio Funes Mori al 78’ y el remate cruzado de Sergio Canales al 85’—transformaron la derrota en victoria y revivieron una pelea por el liderato que parecía enfriarse.
La reacción no fue casual. Analistas destacaron cómo el cambio táctico en el entretiempo, con un mediocampo más agresivo y desbordes por las bandas, desequilibró a una defensa tolucense que había lucido sólida en la primera mitad. Los números lo respaldan: Rayados generó cinco llegadas claras en el último cuarto de hora, tres de ellas con remates dentro del área.
El golpe al Toluca es doble. No solo perdieron tres puntos clave, sino que ahora ven cómo su ventaja en la tabla se reduce a un margen peligroso. Mientras, en el vestuario de Rayados, la remontada sirve como oxígeno puro: recuperan confianza y demuestran que, aunque el torneo avanza, su ambición sigue intacta.
Queda, eso sí, una pregunta fluyendo entre los aficionados: ¿fue un destello de genialidad o el despertar definitivo de un equipo que hasta ahora había coqueteado con la irregularidad?
El Rayados demostró una vez más por qué su mentalidad es su mejor arma: cuando el reloj marcaba desventaja y el tiempo se agotaba, dos goles en diez minutos bastaron para voltear un partido que parecía perdido y dejar al Toluca sin argumentos en el BBVA. La remontada no fue solo un golpe de suerte, sino el resultado de una presión constante, cambios tácticos acertados y esa capacidad de reacción que define a los equipos grandes cuando el marcador aprieta. Para los aficionados de la Pandilla, este partido refuerza una verdad simple: la fe en el equipo debe mantenerse hasta el silbato final, porque en el fútbol —y especialmente en este Rayados— nada está decidido hasta que termina. Ahora, con el impulso de una victoria arrebatada en el último suspiro, el desafío será llevar esa misma intensidad al próximo compromiso, donde la consistencia marcará la diferencia entre ser un equipo peligroso y uno imbatible.
