El Estadio BBVA vibró hasta el último segundo cuando los Rayados de Monterrey escribieron otra página de su leyenda en torneos internacionales. Un gol de Sergio Canales en el minuto 90+3’ volteó el marcador 2-1 contra el FC Cincinnati, sellando una remontada épica que catapultó al equipo mexicano a los cuartos de final de la Leagues Cup. No fue solo un triunfo: fue un golpe de autoridad ante un rival de MLS que había llegado a Monterrey con la confianza de su invicto en la competición y la solidez de su defensa, la menos goleada del torneo hasta ese momento.

El duelo entre Monterrey vs Cincinnati trascendió lo deportivo para convertirse en un choque de estilos y filosofías. Los norteamericanos, con su juego físico y transiciones rápidas, pusieron contra las cuerdas a una escuadra rayada que tuvo que recurrir a su ADN: resistencia, jerarquía y sangre fría en los momentos clave. Que el partido se definiera en el tiempo añadido no fue casualidad, sino el reflejo de una batalla táctica donde cada detalle contó. Ahora, con este pase a la siguiente ronda, los de Fernando Ortiz reafirman por qué son el único equipo mexicano que sigue en pie en una Leagues Cup donde la Concacaf ya perdió a gigantes como América y Tigres. El Monterrey vs Cincinnati quedará grabado como ese partido que demostró, una vez más, que en el fútbol no hay nada escrito hasta que el árbitro pita el final.

Un Monterrey al borde tras error defensivo clave

El error llegó en el minuto 79, cuando una salida desastrosa de la defensa de Rayados dejó a Brandon Vázquez solo frente al arco. El delantero de Cincinnati no perdonó: remate cruzado, pelota en el fondo de las redes y el estadio TQL explotando en euforia. Era el 2-1 que ponía a los estadounidenses a un paso de la clasificación, con un Monterrey que, por primera vez en el partido, parecía sin respuestas.

La estadística lo confirmaba: en esta edición de la Leagues Cup, los equipos que perdían tras un error defensivo en los últimos 20 minutos solo habían logrado remontar en un 12% de los casos. La presión asfixiaba a los jugadores de Fernando Ortiz, que veían cómo el esquema táctico se desmoronaba por un descuido.

Vázquez, figura del encuentro con ese gol y una asistencia previa, se convirtió en la pesadilla de la zaga regiomontana. Su velocidad expuso las carencias en la marca, especialmente en el costado izquierdo, donde ni Stefan Medina ni el lateral lograron contenerlo.

Pero el fútbol, a veces, premia a los audaces.

El gol de Germán Berterame que revivió la épica

El estadio TQL vibró con un silencio incómodo hasta que el reloj marcó 90+3. Fue entonces cuando Germán Berterame, con la frialdad de un depredador en el área, conectó un remate cruzado que se coló por el segundo palo de Roman Celentano. Un golpe certero, sin opciones para el arquero, que desató el éxtasis en la banca de Rayados y dejó a Cincinnati con la mirada perdida. No fue un gol cualquiera: llegó tras 15 intentos fallidos en el partido, según datos de Opta, y coronó una remontada que parecía imposible cuando el marcador reflejaba 1-0 en contra.

Berterame, el mismo que había sido criticado por su sequía goleadora en partidos clave, respondió con el lenguaje que mejor domina. Su celebración —corriendo hacia la esquina con los brazos abiertos— fue un grito de redención.

La jugada nació de una recuperación en mediocampo, donde Sergio Canales filtró un pase milimétrico entre dos defensas. El delantero argentino no necesitó más: un control orientado y un disparo letal. Analistas destacaron después cómo ese gol encapsuló la esencia del fútbol: un segundo de genialidad que borra 90 minutos de sufrimiento.

Para los de Cincinnati, el mazazo fue doble. No solo perdieron la ventaja, sino que cayeron eliminados en su propia casa, ante un equipo que supo esperar su momento.

Lo que significa este triunfo para la Concachampions

El triunfo del Monterrey no solo revivió su temporada, sino que envió un mensaje claro a la Concachampions: el equipo de la Sultan del Norte sigue siendo un rival de cuidado en torneos internacionales. La remontada en el último suspiro contra el Cincinnati, líder de la MLS, reafirma su capacidad para competir bajo presión, una cualidad que define a los grandes en competiciones continentales.

Con este resultado, los Rayados suman su tercera clasificación dramática en los últimos cinco años en torneos de Concacaf, según datos históricos de la confederación. La resiliencia mostrada —especialmente en partidos donde el marcador los condena— se ha convertido en su sello.

Para la Liga de Campeones de la Concacaf, el avance de Monterrey refuerza el dominio mexicano en el torneo. Desde 2011, clubes de la Liga MX han ganado 10 de las 13 ediciones disputadas. Este tipo de victorias, contra equipos de la MLS con mayor inversión reciente, ratifica que la experiencia y la mentalidad ganadora aún inclinan la balanza.

Analistas destacan que la capacidad de los Rayados para reponerse —como lo hicieron ante el Cincinnati, con un gol en el minuto 90+3— es un activo clave de cara a la fase de grupos del próximo certamen continental. No es casualidad que su último título en la Concachampions (2021) llegara tras una remontada en semifinales.

El partido también expuso las diferencias tácticas entre ambas ligas: mientras el Cincinnati dominó la posesión, Monterrey aprovechó la eficiencia en áreas decisivas. Un detalle que, en torneos de eliminación directa, suele marcar la diferencia.

El Monterrey demostró una vez más por qué su ADN incluye la garra hasta el último segundo: un gol en el 90+3 no solo borró la ventaja del Cincinnati, sino que selló su pase a cuartos con un golpe de autoridad, recordando que en el fútbol los partidos no terminan hasta que el árbitro lo decreta. La Rayada confirmó que su experiencia en torneos internacionales pesa más que cualquier pronóstico, especialmente cuando la presión aprieta. Los equipos que aspiren a competir en la Leagues Cup harían bien en estudiar esta remontada: la mentalidad, más que el talento individual, decide los duelos ajustados. Ahora, con el camino despejado, Monterrey llega a la siguiente ronda con el viento a favor y un mensaje claro: en esta edición, no habrá rival que pueda darles nada por sentado.