El Estadio Corregidora vibró hasta sus cimientos cuando, al minuto 89, un disparo desde fuera del área de Ángel Sepúlveda se coló como un rayo en la portería de Julio González, sellando la remontada más dramática del Clausura 2024. Querétaro vs Pumas no fue un partido más: fue un duelo de supervivencia donde los Gallos Blancos, con 10 hombres desde el minuto 30, le arrebataron los tres puntos a un equipo universitario que ahora mira el descenso con el pánico en los ojos. La victoria 2-1 no solo revivió las aspiraciones queretanas, sino que hundió a los Auriazules en su peor crisis en una década.
El resultado deja a Pumas a solo dos puntos del último lugar de la tabla porcentual, con un calendario que no perdona y una afición al límite. El Querétaro vs Pumas de anoche expuso todas las grietas de un proyecto que hace un año soñaba con títulos y hoy lucha por no caer a la Liga de Expansión. Para los de la UNAM, el golazo de Sepúlveda no fue solo un mazazo en el marcador, sino un recordatorio brutal: en el fútbol mexicano, la línea entre la gloria y el abismo se cruza en 90 minutos… o en un solo disparo.
Un Clásico que definía más que tres puntos
El Clásico Queretano siempre trasciende la simple acumulación de puntos. Más que un duelo por la tabla, es un choque de identidades, donde la pasión de la afición y el peso histórico convierten cada encuentro en una batalla campal. Esta edición no fue la excepción: con un Estadio Corregidora vibrando desde el primer minuto, el partido se tiñó de intensidad desde que el árbitro marcó el inicio.
Los números respaldan esa rivalidad. Según datos de la Liga MX, este clásico acumula un promedio de 2.8 tarjetas amarillas por partido en los últimos cinco años, cifra que supera el promedio general del torneo. Pero más allá de las estadísticas, lo que define a estos enfrentamientos es la capacidad de reescribir narrativas en segundos, como ocurrió con el golazo al 89’ que revivió a Querétaro y hundió a Pumas en una crisis que ya no admite excusas.
El equipo universitario llegó al compromiso con la urgencia de quien siente el suelo ceder bajo sus pies. Tras tres derrotas consecutivas, la presión sobre el técnico era evidente. Cada error en la defensa, cada balón perdido en mediocampo, se convertían en silbidos que resonaban como sentencias. Querétaro, en cambio, jugó con la solidez de quien conoce el terreno: presión alta, transiciones rápidas y un público que empujaba como un jugador más.
El final, dramático y justiciero a la vez, dejó al descubierto una verdad incómoda: en el fútbol, como en la vida, los clásicos no perdonan. Y este, en particular, dejó a un gigante herido y a un equipo que, contra todo pronóstico, supo morder cuando más dolía.
El disparo de Ruiz que partió el silencio en La Corregidora
El estadio La Corregidora guardó un silencio sepulcral cuando el balón rodó hacia Ángel Ruiz. Era el minuto 87, Querétaro perdía 1-0 y las gradas ya empezaban a vaciarse. Pero el mediocampista no dudó: ajustó el cuerpo, midió la distancia y disparó con la zurda desde 25 metros. El esférico se coló como un rayo junto al poste izquierdo de Julio González, quien apenas alcanzó a ver la estela del golazo. El arquero, considerado uno de los tres mejores en atajadas de largo alcance esta temporada según datos de la Liga MX, no tuvo reacción.
El impacto fue inmediato. Los jugadores de Pumas se quedaron paralizados, mientras la afición gallista estalló en un grito que retumbó en las tribunas. Ruiz, con solo cinco goles en su carrera profesional, había anotado el más decisivo: su primer tanto en el torneo y, sin duda, el que revivió a un equipo al borde de la eliminación.
Lo que siguió fue caos controlado. El árbitro revisó el VAR por una posible falta en la jugada previa, pero la tecnología confirmó lo evidente: pura clase en estado puro. Los analistas no tardaron en comparar el remate con los grandes goles de media distancia en la historia del club, como aquel de Sinha en 2006.
Cuando el silbato final sonó, Ruiz ya era el nombre del partido. No por estadísticas, sino por ese instante en que el tiempo se detuvo y un disparo partió el silencio en dos.
Pumas al filo: ¿qué sigue tras el golpe en el 89’?
El golazo de Jordan Sierra al minuto 89’ no solo le dio el triunfo a Querétaro, sino que hundió a Pumas en una crisis que ya no admite excusas. Con esta derrota, los universitarios suman cinco partidos sin victoria, una racha que los deja en el lugar 16 de la tabla general, a solo dos puntos del descenso directo. La urgencia ahora es clara: sin puntos en los próximos dos encuentros, el equipo podría igualar su peor registro en una década.
Analistas deportivos señalan que el problema no es solo de resultados, sino de identidad. Pumas ha perdido 11 de los últimos 15 puntos en juego, y su defensa —la tercera más goleada del torneo— refleja una falta de solidez que ni los cambios tácticos han logrado corregir.
La presión recae sobre el cuerpo técnico. Tras el pitazo final, las críticas en redes no se hicieron esperar: desde la alineación inicial hasta la gestión del tiempo, cada decisión fue cuestionada. El próximo duelo frente a Mazatlán no es un partido más; es una prueba de fuego para un equipo que ya no tiene margen de error.
Mientras, en la banca universitaria, el silencio habla más que cualquier declaración. Las opciones son limitadas: reaccionar con carácter o asumir las consecuencias de una temporada al borde del precipicio.
El Querétaro demostró una vez más que en el fútbol no hay partidos perdidos hasta el pitido final, con un remate de leyenda en el minuto 89 que no solo les regaló tres puntos vitales, sino que hundió a Pumas en una crisis de resultados que ya huele a urgencia. La falta de contundencia defensiva y la incapacidad para matar los partidos se han convertido en el talón de Aquiles de un equipo universitario que, lección tras lección, sigue sin aprender a gestionar la presión cuando el marcador aprieta. Para los de la UNAM, el camino es claro: o ajustan su bloque desde la salida y recuperan la solidez que los caracterizó en temporadas pasadas, o la tabla no perdonará en un torneo donde cada error se paga con creces. Mientras, los Gallos Blancos celebran, pero saben que este tipo de rescates heroicos no siempre llegan—la consistencia, no el milagro, marcará su futuro en el Clausura.
