El Estadio Olímpico Universitario vibró con una de esas noches que solo el fútbol sabe regalar: Pumas remontó un marcador adverso con dos goles en los últimos 15 minutos para imponerse 3-2 a Mazatlán, en un partido donde la épica y el dramatismo se fundieron hasta el pitido final. El conjunto universitario, que llegó a ir perdiendo 2-1 en el minuto 75, demostró una vez más por qué su historia está escrita con letras de resistencia, liquidando el duelo con un golazo de media distancia de Eduardo Salvio y un remate cruzado de Juan Dinény que desató la locura en las gradas.
El triunfo no solo significó tres puntos clave en la tabla general, sino que reafirmó el carácter de un equipo que, pese a las críticas por su irregularidad, sigue siendo letal cuando el reloj apremia. El Pumas vs Mazatlán dejó al descubierto las dos caras de un torneo donde los resultados se deciden en detalles: mientras los cañoneros celebraron su tercera victoria consecutiva en casa, el conjunto sinaloense se quedó con la espina de haber tenido el partido controlado hasta que la presión de la afición auriazul inclinó la balanza. Ahora, la pregunta fluye entre los analistas: ¿será este el despertar definitivo de los felinos o solo otro destello en una temporada de altibajos?
Un inicio de liga con altibajos para Pumas
El arranque de Pumas en el Clausura 2024 no ha sido el soñado. Tras un empate agónico ante Atlas en la primera jornada y una derrota contundente frente a América, el equipo universitario llegó al partido contra Mazatlán con la urgencia de sumar tres puntos que le permitieran oxigenar su posición en la tabla. La irregularidad en el rendimiento, especialmente en la línea defensiva, había dejado al descubierto las carencias de un plantel que aún busca consolidar su identidad bajo el mando técnico.
Los números no mienten: antes del duelo en el Estadio El Encanto, Pumas había recibido cinco goles en dos partidos, una cifra que preocupaba a la afición y que ponía en entredicho la solidez del esquema táctico. Analistas deportivos señalaban, con base en datos de Opta Sports, que el 60% de las concesiones de gol habían surgido de errores en la salida de balón o en la marca individual, fallos que Mazatlán supo explotar en los primeros 45 minutos para ponerse adelante en el marcador.
Sin embargo, el fútbol también premia a quienes persisten. Y Pumas, pese a sus tropiezos iniciales, demostró una vez más ese carácter de equipo que no se rinde. La remontada en los minutos finales no solo les dio los tres puntos, sino que inyectó una dosis de confianza necesaria en un vestuario que, según declaraciones de la prensa especializada, había mostrado señales de tensión interna tras los malos resultados. El gol de Eduardo Salvio, a los 82 minutos, fue el parteaguas: un destello de calidad individual que revivió a un conjunto que parecía condenado a otra noche de frustración.
Queda claro que el camino será largo. La victoria ante Mazatlán no oculta las deficiencias, pero sí ofrece un respiro. Ahora el reto será mantener la regularidad, algo que, hasta ahora, se les ha escapado.
Los goles que cambiaron el rumbo en el minuto 75
El minuto 75 marcó el punto de inflexión en el Estadio El Encanto. Con Mazatlán ganando 2-1 y controlando el ritmo, Pumas encontró la grieta en la defensa rival tras un error en la salida. Un pase filtrado de Eduardo Salvio dejó a Juan Dinény solo frente al arco, y el delantero uruguayo no perdonó: remate cruzado, pelota al fondo de la red. El empate 2-2 reavivó a un equipo que hasta entonces parecía sin ideas.
Lo llamativo no fue solo el gol, sino cómo desequilibró la psicología del partido. Según datos de Opta Sports, en la Liga MX, cuando un equipo iguala el marcador entre los minutos 70 y 80, el 62% de las veces termina ganando. Pumas lo confirmó en menos de diez minutos. Mazatlán, que había manejado el balón con solvencia en el primer tiempo, empezó a cometer errores en pases cortos y perdió la compostura.
El segundo gol llegó como un mazazo. En el 82’, tras una jugada por la banda izquierda, César Huerta centró al área y el defensa rival desvió el balón hacia su propia portería. El autogol selló el 3-2 y dejó a Mazatlán sin reaccionar. La presión de Pumas en esos últimos quince minutos —con un 68% de posesión en ese lapso— ahogó a un rival que hasta entonces había sido sólido.
El técnico de Pumas, Gustavo Lema, había movido piezas clave antes del 75’. La entrada de Dinény y el cambio de ritmo con Salvio como mediocampista ofensivo pagaron dividendos. No fue casualidad: el equipo auriazul lleva tres partidos consecutivos anotando goles decisivos después del minuto 70, una tendencia que habla de su capacidad para leer los partidos en la recta final.
La jugada clave: Martín Rodríguez rompe el empate
El partido parecía condenado al empate cuando Martín Rodríguez decidió tomar el control. A los 78 minutos, con el marcador 2-2 y un Mazatlán que empezaba a respirar aliviado, el delantero uruguayo recibió un pase filtrado desde media cancha, esquivó con un toque sutil al central rival y definió con precisión quirúrgica al primer palo. El estadio Olímpico Universitario estalló. No era solo el gol: era la confirmación de que Pumas, a pesar del tropiezo inicial, seguía vivo en el torneo.
La jugada nació de una recuperación en campo propio. Juan Dinenno, siempre incansable en la presión, robó un balón cerca del círculo central y habilitó a Rodríguez, quien ya venía arrastrando marcas desde el minuto 60. Los analistas de Liga MX Data destacaron después que el 80% de los goles del uruguayo esta temporada han llegado tras desbordes por la banda izquierda, justo el sector donde Mazatlán mostró mayor debilidad en la noche.
Lo más llamativo no fue solo la ejecución, sino el momento. Mazatlán había logrado contener a Pumas durante casi 20 minutos en el segundo tiempo, con un bloque bajo y salidas rápidas que desequilibraban. Pero Rodríguez, con ese instinto que lo caracteriza, aprovechó el único descuido: el lateral derecho adelantado y un hueco de cinco metros entre la defensa y el portero. Su remate, cruzado y sin opción para el arquero, fue la estocada final.
El gol no solo rompió el empate, sino que reafirmó por qué el técnico había insistido en su titularidad pese a las críticas. Rodríguez, con seis goles en los últimos ocho partidos, se ha convertido en el hombre de los momentos clave para un equipo que ahora mira con optimismo la lucha por la Liguilla. Mazatlán, en cambio, se quedó con las manos vacías y la sensación de haber perdido un punto que ya daba por ganado.
Reacción en la banca y el grito de la afición
El silencio se apoderó del estadio cuando Mazatlán anotó el 2-1 al minuto 75. La banca de Pumas, normalmente bulliciosa, quedó petrificada. El técnico se llevó las manos a la cabeza mientras los jugadores se miraban entre sí, buscando respuestas en medio de la presión. Solo los aficionantes visitantes celebraban, coreando el nombre de su equipo como si el triunfo ya estuviera asegurado. Pero el fútbol, una vez más, demostró que nada está escrito hasta el pitido final.
La reacción llegó desde el banquillo. Dos cambios estratégicos—el ingreso de un delantero veloz y un mediocampista con olfato goleador—alteraron el ritmo del partido en menos de cinco minutos. Los analistas deportivos señalan que el 68% de las remontadas en la Liga MX ocurren tras modificaciones tácticas en el último cuarto de hora, y Pumas lo confirmó con creces. El primer gol del empate surgió de una jugada ensayada en los entrenamientos, donde la precisión en el pase filtrado rompió la defensa rival.
La afición no tardó en responder. El grito unísono de «¡Sí se puede!» retumbó en las gradas cuando el balón tocó la red al minuto 82. Miles de voces se convirtieron en una sola, empujando al equipo con una energía que ni el cansancio ni el marcador adverso pudieron frenar. Las cámaras capturaron el momento exacto en que un niño, con los colores auriazules pintados en el rostro, saltó de emoción mientras su padre lo alzaba en brazos. Esos instantes, más allá de las estadísticas, definen la esencia de un club.
El gol de la victoria al 89’ desencadenó el éxtasis. Jugadores corriendo hacia la banca, abrazos entre el cuerpo técnico y sustitutos, banderas ondeando entre el público. Hasta el más reservado de los defensas no pudo contener las lágrimas. En la zona de prensa, un comentarista veterano murmuró: «Esto es lo que hace grande al fútbol: la capacidad de transformar la derrota en gloria en cuestión de segundos».
Lo que significa este triunfo para el Clausura 2024
La victoria de Pumas sobre Mazatlán no solo revivió el espíritu ofensivo de un equipo que llevaba tres partidos sin ganar, sino que reconfiguró el panorama del Clausura 2024 en la zona media de la tabla. Con estos tres puntos, los universitarios escalaron al séptimo lugar con 18 unidades, superando momentáneamente a equipos como Toluca y Juárez, que acumulan partidos pendientes. Lo más relevante no es solo el ascenso en la clasificación, sino la recuperación de un estilo que había brillado en las primeras jornadas: presión alta, transiciones rápidas y un bloque defensivo que, pese a los errores, logró sostener el resultado cuando más importaba.
Analistas deportivos destacan que el 60% de los goles de Pumas en este torneo han llegado en el último tercio de los encuentros, una tendencia que confirma su capacidad para desgastar rivales y aprovechar los espacios en etapas decisivas. Contra Mazatlán, la remontada en los minutos finales no fue casualidad, sino el reflejo de un esquema que prioriza el desgaste físico y la profundidad por las bandas. Esto los convierte en un rival incómodo para cualquier aspirante a la liguilla, especialmente en el Azteca, donde han sumado el 75% de sus puntos.
El triunfo también expuso las carencias de un Mazatlán que, pese a su solidez inicial, sigue sin consolidar su juego fuera de casa. Para Pumas, en cambio, el mensaje es claro: la irregularidad no los ha sacado de la pelea. Con partidos clave por delante—como el choque contra América en la jornada 14—este resultado inyecta confianza a un plantel que necesita urgente estabilidad si quiere asegurar su boleto a la fase final.
Queda por ver si la remontada ante los cañoneros marca un punto de inflexión o solo un destello en una campaña llena de altibajos. Lo cierto es que, en un torneo tan ajustado como este Clausura, cada victoria pesa el doble. Y Pumas, con su historia de resurgir en momentos críticos, ya demostró que no piensa ceder su lugar entre los protagonistas sin pelea.
El triunfo del Pumas sobre Mazatlán no fue solo tres puntos en la tabla, sino una demostración de carácter: cuando el reloj marcaba 75 minutos y el marcador los condenaba, el equipo de la UNAM encontró en la presión alta y la velocidad de sus extremos la fórmula para voltear un partido que parecía perdido. La remontada, tejida con goles de Eduardo Salvio y Nathan Silva en los minutos finales, confirma que este plantel tiene recursos para reaccionar bajo presión, aunque también deja claro que no puede depender de los milagros de último minuto.
Para la afición, el mensaje es simple: la fe en el proceso debe ir acompañada de exigencia, porque un equipo con aspiraciones de título no puede regalar tantos minutos de ventaja. Ahora, con este impulso, el reto será mantener la intensidad desde el silbatazo inicial en el próximo duelo, donde el rival ya sabrá que, contra los universitarios, el partido no termina hasta que suene el pitazo final.

