La Glorieta de Vaqueritos se convirtió este martes en el epicentro de un caos vial y tensiones sociales después de que manifestantes bloquearan la circulación en uno de los cruces más transitados de Ecatepec. Doce personas terminaron detenidas, según reportes de la Fiscalía mexiquense, mientras el cierre de vialidades paralizó a miles de automovilistas por más de cuatro horas. Las imágenes circularon rápido: camiones del transporte público varados, motores apagados y un cordón policial que intentó —sin éxito inicial— contener a los protestantes.

El conflicto no es nuevo en la zona, pero esta vez la Glorieta de Vaqueritos pagó el precio de viejas demandas incumplidas. Ubicada en un punto neurálgico que conecta el Estado de México con la Ciudad de México, la glorieta es clave para el flujo de trabajadores, estudiantes y comerciantes. Su bloqueo no solo afectó a quienes quedaron atrapados en el embotellamiento, sino que revivió el debate sobre cómo las movilizaciones en puntos estratégicos terminan castigando más a la población civil que a las autoridades a las que exigen respuestas.

Un punto crítico de movilizaciones en Ecatepec

Un punto crítico de movilizaciones en Ecatepec

La Glorieta de Vaqueritos se ha convertido en un epicentro de tensiones sociales durante los últimos cinco años. Según datos de la Comisión Estatal de Seguridad, este cruce registra un promedio de 18 movilizaciones anuales, la mayoría vinculadas a demandas por servicios públicos, seguridad o conflictos laborales. Su ubicación estratégica —en la intersección de avenidas como Central y José López Portillo— la hace ideal para maximizar visibilidad, pero también para paralizar el flujo vehicular de un municipio donde transitan diariamente más de 300 mil automóviles.

El diseño mismo de la glorieta, con sus amplias rotondas y accesos múltiples, facilita que manifestantes bloqueen varios sentidos de circulación simultáneamente. Expertos en movilidad urbana señalan que, a diferencia de otros puntos críticos en el Estado de México, Vaqueritos carece de vías alternas eficientes. Cuando se obstruye, el caos se extiende en minutos hacia colonias como San Cristóbal o Las Américas.

Las protestas aquí rara vez son espontáneas. Organizaciones sociales y sindicatos suelen planearlas con días de antelación, aprovechando que la zona concentra oficinas gubernamentales y centros comerciales. El patrón es claro: cortar el tráfico presiona a las autoridades a negociar.

Lo ocurrido este martes no es la excepción, aunque sí escaló en violencia. Testigos reportaron que, tras tres horas de cierre total, elementos de la policía municipal intentaron despejar el área con gases lacrimógenos, lo que desencadenó enfrentamientos.

Detenciones y caos vial tras el bloqueo de manifestantes

Detenciones y caos vial tras el bloqueo de manifestantes

El bloqueo de manifestantes en la Glorieta de Vaqueritos paralizó por más de tres horas uno de los puntos más transitados de Ecatepec. Desde las 10:00 horas, cientos de personas se apostaron en la zona con mantas y consignas, interrumpiendo el flujo vehicular en ambas direcciones de la Avenida Central. La policía municipal intentó negociar durante 45 minutos antes de proceder a los desalojos, que terminaron con 12 detenidos y al menos cinco vehículos dañados por objetos arrojados.

Testigos relataron escenas de caos: automovilistas atrapados tocaban el claxon sin respuesta, mientras motociclistas intentaban abrirse paso entre los manifestantes. Un reporte de la Secretaría de Movilidad estatal confirmó que el congestionamiento se extendió hasta la autopista México-Pachuca, con retrasos de hasta 90 minutos en los tiempos habituales de traslado.

Especialistas en seguridad urbana señalan que este tipo de protestas en glorietas —diseñadas para distribuir el tráfico, no para concentrar multitudes— generan un efecto dominó en la movilidad. En Ecatepec, donde el 68% de los desplazamientos dependen del transporte privado según datos del INEGI, bloqueos como este agravan la saturación de vialidades ya críticas.

Al filo del mediodía, elementos de la Guardia Nacional apoyaron a la policía local para restablecer el orden. Aunque el tráfico comenzó a normalizarse hacia las 14:00 horas, los comercios de la zona reportaron pérdidas por la imposibilidad de recibir clientes durante las horas pico.

¿Qué sigue para la seguridad en la zona?

¿Qué sigue para la seguridad en la zona?

Tras los disturbios en la Glorieta de Vaqueritos, autoridades municipales anunciaron un refuerzo en el operativo de vigilancia con 50 elementos adicionales de la policía local. El despliegue incluye patrullajes constantes y puntos de revisión aleatorios en un radio de 500 metros alrededor de la glorieta, zona crítica por su alta afluencia vehicular.

Especialistas en seguridad urbana señalan que Ecatepec registra un promedio de tres protestas masivas al mes, muchas de ellas derivadas de conflictos entre comerciantes informales y autoridades. La estrategia ahora apunta a coordinar con la Guardia Nacional para evitar bloqueos prolongados.

Vecinos exigen soluciones a largo plazo, no solo presencia policial. La Cámara de Comercio local propuso mesas de diálogo para regular el ambulantaje sin afectar el tráfico.

Mientras tanto, el gobierno estatal evalúa instalar cámaras de monitoreo con reconocimiento facial en puntos clave, aunque esto ha generado polémica por posibles violaciones a la privacidad.

El próximo fin de semana será clave: si no hay incidentes, el operativo podría mantenerse como modelo para otras zonas conflictivas del municipio.

Las protestas en la Glorieta de Vaqueritos dejaron al descubierto no solo la tensión social en Ecatepec, sino también la fragilidad de su infraestructura vial, donde un bloqueo de horas paralizó a miles y derivó en doce detenciones. La respuesta policial, aunque contundente, no logró evitar el caos, evidenciando la necesidad de estrategias más ágiles para gestionar manifestaciones en zonas neurálgicas. Quienes transitan diariamente por la zona harían bien en monitorear alertas en tiempo real y considerar rutas alternas como la Calzada San Cristóbal o el Periférico Oriente ante nuevos anuncios de movilizaciones. Mientras las autoridades revisan protocolos, el episodio queda como un recordatorio de que, en una de las ciudades más pobladas del país, la protesta y la movilidad siguen siendo un polvorín a punto de estallar.